Archive for the 'Entrevista' Category

06
Feb
13

Una conversación con Alberto López Aroca sobre los secretos de las ratas gigantes, los náufragos venusianos, las mitologías creativas y eso que llaman “crowdfunding”

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Como Super Ratón, supervitaminado y mineralizado, Alberto López Aroca vuelve, de nuevo, a la carga. Con más brío que nunca, la creatividad en ebullición y la férrea decisión de escribir – sin trabas, cortapisas o melindres – al riguroso dictado de su imaginación resetea su narrativa holmesiana bajando a los intestinos de las tinieblas desde donde toma impulso para capitanear una expedición a Venus, y así lo cuenta, jura y perjura. Pasen, vean y tomen nota:

En primer lugar, enhorabuena Alberto por la publicación de Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra; de alguna manera, la operación de, por decirlo en términos eclesiásticos, “sacar de pila” esta novela, ha sido la más especial de tu carrera, ya que has utilizado el sistema de “crowdfunding” o financiación colectiva…

Muchas gracias, Luis. Ha sido un trabajo duro, emocionante y muy, muy satisfactorio, sobre todo por el método. Mi amigo Sergio Bleda que, a la sazón, ha ilustrado la cubierta del libro y realizado sendas láminas para este proyecto (y algunas cosas más) me habló de ese sistema de financiación hace ya un par de años. No ha sido hasta ahora que me he decidido a comprobar de primera mano cómo funciona eso del crowdfunding, pues quería saber si realmente se puede convertir en una vía factible para el proceso de edición de libros. Y, por el momento, yo diría que sí, que estamos ante el futuro.

El crowdfunding es, para entendernos, una suscripción como las que se hacen desde el siglo XIX, pero con la particularidad de que la convocatoria se lleva a cabo por medio de internet. Se suele realizar a través de plataformas virtuales creadas con este objetivo (el crowdfunding de Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra lo hicimos con lanzanos.com), aunque el autor también se lo puede montar por su cuenta, claro.

El mecanismo es el siguiente: Yo pido una cantidad X (en el caso de La rata…, pedimos 4.000 euros), y ofrezco una serie de “recompensas” o productos a los interesados: Por 15 euros te envío el libro firmado, por 20 euros te doy el libro firmado y te menciono expresamente en los agradecimientos impresos, por 25 euros, todo lo anterior y además un relato especial y exclusivo; por 30 euros, todo lo anterior más una carta escrita por Sherlock Holmes que te llega a tu casa… Y así sucesivamente, pues ofrecimos bastantes más recompensas. Entonces, los interesados pueden elegir la recompensa, la pagan a través de la plataforma, y si se alcanza la cantidad que nos hemos propuesto, el proyecto se lleva a cabo. Si no se consigue la cantidad, a nadie se le cobra ni un solo euro, pues los pagos sólo se ejecutan cuando se alcanza la cantidad propuesta. Vamos, que es una apuesta sobre seguro: los que apoyan, o bien reciben su recompensa, o no han perdido nada durante el proceso.

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¿Nunca pensaste “¡Dónde coño me he metido!? ¿Quién me manda no acudir a un editor como Dios manda?”

Pues no, no pensé en acudir a una editorial, entre otras cosas porque esa obra ya había estado rondando a algún editor (no existía un compromiso en firme, claro). De hecho, a mitad del crowdfunding recibí varias ofertas de editores que se interesaron por la novela. Por lo demás, sí que hubo una cantidad tremenda de problemas técnicos que, por suerte, logramos salvar al final.

Por otro lado, es una auténtica locura estar atendiendo a los contactos, haciendo la promoción y, en resumen, viviendo en Internet y, al mismo tiempo, estar escribiendo la novela… Pero se puede hacer, vamos. O al menos, yo he podido hacerlo. Tanto es así que lo estoy haciendo de nuevo con Los náufragos de Venus, de la que ya te iré contando.

Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra te ha obligado a convertirte en un autor 2.0 del siglo XXI: un escritor que debe multiplicarse por redes sociales, blogs, twitters, filmar videos, etc. y, en general, no desentenderse nunca del recorrido comercial de la novela… ¿Se ha acabado el autor que vive en su Torre de Marfil esperando que la “buena novela en el arca se venda”?

No sé si esa “Torre de Marfil” ha existido realmente alguna vez… Dickens, por ejemplo, se pegaba unas panzadas tremendas a leer sus obras en público (y a trabajar en su casa, o mejor, en sus casas), y Conan Doyle también hacía sus giras por Estados Unidos para promocionar sus novelas… Hasta donde yo sé, todos los autores tienen que hacer esos fatigosos trabajos de promoción, lo cual incluye, hoy en día, estar presente en Internet. Y cuanto más, mejor. Si además te conviertes en autor-editor (cosa que yo ya era hace ya muchos años), hay que utilizar las herramientas de que disponemos. Y la Red de Redes es ideal para estas cosas. ¿Es cansado? Sí. ¿Merece la pena? Te aseguro que sí. Este sistema da muchas más alegrías que disgustos,… Tener contacto directo con los lectores no es fatigoso, sino una experiencia muy gratificante. De este modo sé de primera mano lo que quieren y lo que esperan… para así sorprenderlos con algo totalmente distinto. Lo que la gente que me lee sabe a ciencia cierta de antemano cuando se acercan a una obra mía es que no tienen la más remota idea de adónde los voy a llevar en esta ocasión… por mucho que en el título ponga “Sumatra” o “Venus”…

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Además, da toda la sensación de que escribiendo CM y la Rata… has disfrutado de manera especial…

Ya sabes que, en realidad, yo siempre me lo paso bomba escribiendo. Mi principio fundamental es que yo lo pase bien cuando trabajo; eso suele significar que el lector también disfrutará. No termino de comprender a los autores que “sufren” cuando escriben. Entiendo que lo puedes pasar mal escribiendo ciertas escenas especialmente truculentas o dramáticas, pero no me cabe en la cabeza que sentarte a escribir sea una tortura o, sencillamente, una putada…

En el caso de Charlie Marlow… me he puesto el salakot y los pantalones cortos y me he ido a la selva a cazar monstruos, huir de científicos locos y enfrentarme a unos tipos tan malos que no te lo podrías creer… ¿Cómo no me lo iba a pasar bien si encima iba acompañado por un tipo tan majo (aunque tan cáustico) como Sherlock Holmes?

En CM y la Rata… “cierras” o, al menos, dejas entrecerradas (que contigo nunca se sabe) líneas argumentales que iniciaste hace seis años con la publicación del “Cuaderno de Bitácora del Matilda Biggs” y de “Sherlock Holmes y lo Outré”, dos cuadernos victorianos, exclusivos y auténticos publicados por la Academia de Mitología Creativa Jules Verne de Albacete (que vuelve al mundo editorial con La Rata).

Claro, claro; he cerrado algunas insinuaciones que hice en esos artículos y ensayos, pero como bien sabes, cuando una puerta se cierra, otra se abre. Una de esas nuevas puertas se llama Los Náufragos de Venus, que es mi próximo proyecto de crowdfunding (lo he mencionado ya, ¿verdad?), pero hay otras muchas. Por ejemplo, estoy trabajando en una novelita que se menciona en el índice onomástico y toponímico de Charlie Marlow…, una obrita que se titula J.C. vs The Devil Dinosaur, y que se atribuye a un tal Jubelo Fowler… Esta va a ser una obra muy, muy especial en muchos aspectos, no sólo por los festivales de referencias y guiños que suelen poblar mis historias, sino por su carácter cuasi experimental… J.C. contra el Dinosaurio Diablo, que será su título en castellano, transcurre en la década de 1960, y ahí vamos a tener a Burroughs (a William, no a Edgar Rice) y al hijo de un héroe de los años treinta y cuarenta.

Y sí, antes de que lo preguntes, tendremos dinosaurios parlantes (y posiblemente algún mono), adoradores de dioses primigenios, al viejo y bueno (o malo) Fred Porlock (al que los sherlockianos conocen de la novela El valle del miedo de Conan Doyle, y al que mis lectores recordarán de Candy City, Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra, y La rata gigante de Sumatra en el Oeste), y un montón de realidades o dimensiones paralelas que se van a superponer de un modo bastante distinto al habitual… Y ya no cuento más por el momento. Que tenemos que hablar de Los náufragos de Venus (¡apoyad el crowdfunding, amigos!).

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Todo se andará, pero antes de continuar y para dejarlo claro de una vez, ¿qué narices es eso de la mitología creativa?

¿Y quieres que lo explique con claridad…? Ufff, veamos: es una disciplina literaria que engloba todas las demás disciplinas. Para que nos hagamos una idea: ¿qué sucede si planteamos toda la ficción como una única realidad? Pues que Sherlock Holmes convive en el mismo mundo que Drácula, que Hércules Poirot o que Tarzán. Por lo tanto, se puede encontrar con ellos en cualquier momento. (Ese es el planteamiento, por cierto, que Alan Moore realiza en su magnífica The League of Extraordinary Gentlemen). Además, ¿y si esa realidad es también la nuestra? Pues que Sherlock Holmes no sólo se puede encontrar con el Capitán Nemo o con Mary Poppins, sino también con Sigmund Freud o con Nikola Tesla.

Al final, resulta que mitología creativa es lo que hizo Homero en La Ilíada y La Odisea, o lo que hicieron los autores medievales que gestaron el ciclo del Rey Arturo y más concretamente, el concepto de los caballeros de la Tabla Redonda: reunieron a los mayores héroes, de procedencias muy diversas (Tristán o Parsifal, por ejemplo) para llevar a cabo la mayor aventura posible (la búsqueda del Santo Grial). A todos los efectos, las sagas artúricas son un pastiche y un crossover. Que por cierto, es lo yo he hecho en Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra. ¿Queda más claro así? (Supongo que no, pero en fin…).

Para que ningún lector se asuste, extrañe o salga corriendo, se le puede tranquilizar diciéndole que leyendas de Alta Literatura como Joan Perucho o Gonzalo Torrente Ballester también practicaron la mitología creativa…

Por supuesto, por supuesto. A Perucho no le temblaba la mano a la hora de tomar prestado a Poirot, a Holmes, a Allan Quatermain o al profesor Challenger, por ejemplo, para contar nuevas aventuras sobre ellos. La mitología creativa tiene mucho que ver con los pastiches, porque se utilizan personajes ajenos (que conviven en el mundo de la ficción) para generar nuevas historias. Perucho era un gran mitógrafo (y polígrafo) creativo, y a él dediqué mi libro Los Espectros Conjurados.

Professor Challenger

Además, hoy en día en España, además de ti, otros autores ejercen sin pudor la mitología creativa como Félix J. Palma, Rodolfo Martínez o Juan García Ródenas. ¿Qué os distingue? ¿En que os pareceréis?

Vaya pregunta… Pues supongo que cada cabra tira hacia su propio monte, ¿no? Cada autor tiene su distintivo, su insignia, su impronta. Félix se ha convertido en un superventas gracias al cultivo de esta disciplina, cosa que me congratula, pues hace que mucho más público se abra mentalmente a los dislates que yo cultivo. Y Rodolfo es un grande, un clásico ya, a estas alturas, y sus pastiches sherlockianos tienen reconocimiento internacional, al igual que el resto de su obra. Es otro gigante entre nosotros. Y Juan, mi amigo Juan García Rodenas, es un escritor brillante cuyas obras deberían conocerse (y se conocerán) mucho más: sus aproximaciones mitógrafo-creativas son deliciosas, y deberían estar en todas las bibliotecas de los aficionados a la figura del Maestro de Baker Street. Tiempo al tiempo.

Habrá que poner en nómina a Alejandro Castroguer y su próxima novela, de acróstico título, HYECDLOE

Alejandro es un tío cojonudo, todo un caballero, y un autor que está dando mucho que hablar (La guerra de la doble muerte y El manantial son dos obras suyas que están en boca de los aficionados al terror), y que dará más que hablar todavía.

Aún no he podido echarle un vistazo a HYECDLOE, pero por lo que el amigo Castroguer me ha adelantado, estamos ante un pastiche holmesiano bastante insólito y experimental… Tengo mucha, mucha curiosidad por leerlo. Y no voy a decir ni una sola palabra de lo que Alejandro me ha adelantado, porque no tengo autorización para ello… (Pero puedo mencionar el hecho de que, en algún momento, tendremos que leer ese libro sentados boca abajo… en serio).

Volvamos a CM y la Rata…, que es primordialmente, o al menos así me lo ha parecido, una novela de aventuras. De hecho, su estructura, muy medida y pensada, en capítulos cortos y agitados no dan, en la mejor tradición de la literatura “pasapáginas”, respiro al lector procurando que se haga las preguntas “¿Y ahora que va a pasar?”; “¿Como saldrán de esta’” o “¿qué coño se le ocurrirá al autor?”

Pues esa fue la idea desde el principio, Luis: no dar tregua al lector y, sobre todo, que se olvide de que tras la obra hay un autor. También es verdad que esa estructura estaba pensada para que yo me lo pasara bien, claro…

Tampoco creas que yo me dedico a planear las estructuras, ¿sabes? Lo tengo todo en la cabeza siempre. Sólo apunto este o aquel detalle, y más por miedo a que se me olvide que otra cosa…

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De hecho, quizás sea solo una sensación mía, pero el molde de la novela de aventuras por excelencia (La Isla del Tesoro, claro) se ve en CM y la Rata…: la relación entre Sigerson (un extraño y misterioso aventurero) y el (a pesar de todo inocente) capitán Charlie Marlow recuerda, inevitablemente, a la de Long John Silver y Jim Hawkins; la estructura del viaje por mar (preparación, singladura, llegada a una isla), la isla como cárcel que obliga a su conquista…

Pues la verdad es que es pura casualidad, Luis; ni se me había pasado por la cabeza… salvo por el hecho de que Long John Silver aparece en una de mis entradas favoritas del índice onomástico (la entrada de la botella de Armagnac). Ahora que lo dices… Pero no, no: Sigerson no es Long John Silver, lo mires como lo mires, y el veterano Marlow no es ningún chavalito advenedizo, sino un marino experimentado y además un agente del Club Diógenes. Su relación es otra. Tiene un punto humorístico que…

Yo qué sé…

Por cierto ¡Menuda isla! Su orografía es un espléndido homenaje al gran Mr. Walker (para los amigos “El Fantasma que Camina”, para los demás “El Hombre Enmascarado”), la extraordinaria – y algo injustamente olvidada – creación de Lee Falk.

Bueno, sí que se habla un poco de Christopher Standish (o Kit Walker) en la novela, pero en realidad, la Isla de la Niebla hace referencia al paraje real en el que se basó Edgar Wallace para crear King Kong, y que en la película original se llamaba Isla del Cráneo… aunque lo cierto es que en la peli nadie se refiere nunca a la isla con esa denominación, sino que llaman así tan sólo a la Montaña del Cráneo.

Esa montaña me recuerda, por supuesto, a la Cueva del Fantasma, que también parece un cráneo, y que es propiedad del Fantasma Que Camina. Pero esa cueva no está en la Isla de la Niebla, sino en otro lugar, un pequeño país llamado Bangalla… Pura coincidencia, vamos. (Bueno, en realidad no… pero para eso, lo mejor es consultar el índice onomástico de CM y la Rata…).

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Utilizas, una vez más, una de tus señas de identidad, el índice onomástico como un elemento narrativo en el que aprovechas para sugerir, proponer, esbozar nuevas historias, pasados y futuros de los personajes…

Hay quien dice que es “otra novela” añadida al final… Yo lo veo como una colección de cuentos muy cortos (no sé cuántos, ¿más de cien?), que complementan la historia principal y abren montones y montones de puertas… Confieso que es, sin duda alguna, lo que más me divierte escribir e imaginar y es la parte de la novela que muchos lectores leen con mayor fruición. Si alguien quisiera dedicarse a ponerle notas al pie, terminaría rellenando otro volumen tan largo o más que la novela original…

Por cierto, esa técnica ya la utilizaba ese enorme mitógrafo que fue el gran Álvaro Cunqueiro, otro escritor criminalmente infravalorado…

Cunqueiro lo hacía, sí. Y también Juan Perucho y Néstor Luján. Estamos hablando de tres mitógrafos creativos del copón, tres pasticheros de pro (los tres le metieron mano en su día al maestro de Baker Street), y eso son palabras mayores. Y no creo que Cunqueiro, Perucho y Luján estén infravalorados, sino que están cayendo en el olvido, sencillamente. Hay que rescatarlos, sin duda. Y también estoy seguro de que si no lo hacemos nosotros, alguien lo hará. Son demasiado brillantes como para perderse en la miríada de libros que se producen anualmente en España.

Hablando de escritores injustamente desdeñados, por CM y la Rata… planea la sombra de Rudyard Kipling, en concreto de la excepcional El hombre que pudo reinar y de Capitanes Intrépidos, un riguroso relato del mar oculto por su, por así decirlo, sensible versión cinematográfica.

Kipling es un autor extrañísimo: un inglés nacido y criado en la India, en la época colonial. Y es el creador del más directo (e ilustre) predecesor de Tarzán de los Monos: Mowgli. Y por si no lo sabes (que seguro que sí lo sabes), Kipling colaboró con Rider Haggard en la que, en mi opinión, es la mejor y más amena (y más imaginativa) novela de la serie del cazador Allan Quatermain: “Allan y los dioses de hielo”. Es una auténtica pasada y se la recomiendo a todo el mundo. ¡Buscadla!

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Seguimos hablando de marinos. Al igual que no hay una buena novela sin buenos secundarios no hay buena historia marina sin una buena tripulación, ¡y la del Friesland (el buque a la caza del Matilda Briggs) es un dream team!  Entre otros se enrolan el futuro caballero Archibaldo de Hadoque (confirmas la teoría de Steven Moffat de que conoció a la Rata) y el intrigante irlandés O´Rourke..

Sobre Hadoque no quiero extenderme demasiado, salvo para apuntar que, cronológicamente, no está metido con calzador, sino perfectamente meditado y barruntado. Y puedo demostrarlo.

Y O’Rourke… Bien, O’Rourke es un préstamo muy interesante pues, en principio, el señor Arn McConnell, un mitógrafo creativo de la escuela de Philip José Farmer, afirmó en un artículo de los años setenta que Orc O’Rourke era un personaje de dime novels (novelas de a duro) de los años de 1890. Durante el proceso de redacción de CM y la Rata… decidí contactar con el señor McConnell, quien me explicó que, en realidad, O’Rourke era la creación de la época universitaria de otro mitógrafo creativo, el señor Todd Rutt. El Rutt, responsable de las crónicas de O’Rourke, tuvo a bien autorizarme para utilizar a este marino yanqui en la historia… Y por eso le estoy sinceramente agradecido.

La isla está poblada por animales mutados y mutantes que siempre te han fascinado y son característicos de la ficción de género, especialmente los simios (recordemos Kina Kong, Gorilla Grodd, Planeta de los Simios et al)…

Como a Homer Simpson, a mí me fascinan los primates. En los años cincuenta los editores de tebeos de Estados Unidos descubrieron que, cada vez que sacaban un mono en la portada de un cómic, las ventas aumentaban. Se multiplicaban. ¿Por qué? Pues porque los monos ejercen una extraña, pero irresistible, atracción sobre nosotros… Son un espejo en el que mirarnos. Cuando ves a un grupo de chimpancés arrojándose puñados de mierda los unos a los otros, no puedo menos que visualizar a nuestros políticos, que tienen la misma (o inferior) talla mental que esos animalitos, aunque carezcan de la nobleza de los bichos. (Porque los monos son nobles incluso cuando se están tirando mierda).

En la Isla de la Niebla no hay políticas, sino nobles, simpáticos, salvajes monstruos gigantes de toda catadura (Charlie Marlow hace una clasificación zoológica propia, de tantos que aparecen) que se dedican a devorar a innobles, antipáticos, civilizados humanos. ¿Entiendes por qué soy fan de los monstruos? Y de los monos que aparecen en la novela no voy a hablar, porque no quiero destriparle nada a los lectores…

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Habrá aficionados a Sherlock Holmes que se acerquen a la novela, y habrá que advertirles que se encontrarán con el segundo hombre más peligroso de Londres…

…Y quizá el hombre más peligroso de la Isla de la Niebla, sí… El coronel Sebastian Moran es uno de los personajes más atractivos del Canon sherlockiano: era el lugarteniente del profesor Moriarty, y estuvo a punto de machacar a Holmes con una roca en el acantilado de Reichenbach, y años más tarde casi se lo carga en Baker Street. A mí me parece un personaje fascinante sobre el cual no se ha dicho tanto como debería. Se supone que es un depravado, pero lo que vemos en el Canon holmesiano (en “La aventura de la casa vacía”) es que era un ludópata y un tramposo (y sí, un asesino, vale). Pero eso no te califica como “depravado”… Así que, en CM y la Rata… vamos a explicar un poquito cuán depravado era el coronel Moran, cómo conoció a Moriarty, y qué sucedió durante los años en que persiguió a un explorador noruego llamado Sigerson…

…Y con un enigmático y parco sicario de quien te vuelves el cronista…

Si estás hablando de Fred Porlock, has dado en el clavo. Este secundarísimo personaje que apareció por primera vez en El valle del terror, de Conan Doyle, ya tuvo una nueva vida en mi novela Candy City (Ilarión, 2010), y ahora ha vuelto a las andadas en Charlie Marlow… y también como protagonista absoluto en La rata gigante de Sumatra en el Oeste. Y no creas que se va a quedar sólo ahí… Porlock tiene tras de sí una historia fascinante, y se mueve entre las páginas de unas y otras obras de un modo realmente único…

Antes de que se me olvide, aún no hemos hablado de la cuidadísima edición en la que os habéis volcado en todos los detalles: color de portada reminiscente del Baker Street Journal, elegantes ilustraciones de Sergio Bleda, anuncios de época, escogida tipografía…

Los anuncios, en contra de lo han pensado algunos lectores, son reales como la vida misma, y los anunciantes han pagado sus buenos euros por ello. Eso sí, hemos intentado que estas publicidades estuvieran en consonancia con la estética de la novela que, como bien dices, es un homenaje a aquellos primeros volúmenes del Baker Street Journal, que son una auténtica delicia para la vista y para el tacto…

Sergio Bleda es un artista del copón, sin duda alguna uno de los mejores del mundo, y ha sido un honor, un privilegio y una suerte contar con él para este proyecto. Uno de los puntos más importantes que han permitido que La rata de Sumatra llegara a buen puerto ha sido la presencia e implicación de Sergio en el crowdfunding. Eso es así, lo mires como lo mires.

La edición está tan cuidada como nos ha sido posible, y los fallos que pueda tener son responsabilidad mía exclusiva, por supuesto.

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Hemos conseguido no hablar de Sigerson, ese inquietante aventurero que recorre la novela sabiendo más de lo que dice, sobrellevando la adicción a la nicotina, exhibiendo una irracional manía a los nativos de Escocia y tratando a los primates con, ums, mano de santo…

Sobre Sigerson también se ha escrito mucho, muchísimo… Y no sé por qué dices que le tiene manía a los escoceses, pues él mismo lo niega en la historia… En fin. No, no pienso hablar aquí de Sigerson. Mejor que el lector se acerque a “La aventura de la casa vacía”, de Conan Doyle, y después a CM y la Rata…, y entonces vea por sí mismo de qué va todo esto…

Y, ya por último, solo cabe advertir que , como todas las buenas historias, Charlie Marlow y la Rata Gigante de Sumatra no acaba del todo y que ya está en marcha el crowdfunding de Los Náufragos de Venus… Embáucanos para participar, que ya toca hablar de la nueva novela…

No se trata de que tenga que embaucar a nadie, Luis, sino de ser sincero: Los náufragos de Venus va a ser una novela necesaria para cualquier ser humano (o divino) que se precie de serlo. Las generaciones futuras, cuando nosotros no seamos más que polvo, nuestros ríos sean caldo de cultivo para especies de cucarachas mutantes acuáticas, nuestras montañas sean llanos poblados por ratas gigantes y los vergeles naturales se hayan convertido en desiertos por donde vagabundearán manadas de neosaurios, los cerebros flotantes que nos sustituirán cantarán las alabanzas de esta novela de fantasía, misterio, terror, pornografía, ciencia ficción, aventura, humor, romance, gore, comedia y paladas de monstruos. Los náufragos de Venus no se olvidará fácilmente, te lo digo yo…

Es un manual de supervivencia para todo aquel que, de improviso, se vea teletransportado a Venus; y también una historia de aventuras, y un relato muy oscuro sobre lo que les sucede a un grupo de marinos (hombres y mujeres) del siglo XIX cuando se ven arrojados a un lugar hostil y desconocido: el planeta Venus. Los lectores de Charlie Marlow… ya saben por dónde van los tiros, saben que el Club Diógenes de Mycroft Holmes tiene mucha relación con esta historia (y por lo tanto, el señor Sherlock Holmes de Baker Street), y también saben que el misterio de Matilda Briggs (ahora no estamos hablando de un barco, sino de una mujer) está muy lejos de estar resuelto…

A los amigos sherlockianos y holmesianos, debo decirles que, si quieren saber LA VERDAD ÚLTIMA sobre el caso que John Watson vino en llamar “El extraordinario gusano desconocido para la ciencia”, tendrán que aproximarse a esta nueva novela… Los lectores deben dirigirse al blog oficial de la novela, http://naufragosdevenus.blogspot.com.es/, pero, sobre todo, a la página donde podrán apoyar el crowdfunding: http://www.verkami.com/projects/4370-los-naufragos-de-venus.

Desde 15 euros pueden recibir en su casa la novela firmada por servidor, y existen opciones con las que conseguir algunos relatos exclusivos (como “Cuatreros de Venus”, de la colección Bisonte Futuro, o “Sherlock Holmes y el gusano desconocido para la ciencia”), o una lámina exclusiva de Sergio Bleda (un mapa de Venus), e incluso el original de la ilustración de Sergio…

Y bueno, eso no es todo, pero por ahora tendrá que ser suficiente, Luis. Muchas gracias por aguantar mis “disparates”.

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Gracias a ti por contármelos. Y ahora, con tu permiso, me largo a apuntarme a la cola como un náufrago más. Y, en las inmortales palabras del gran Porky Pig: “Eso es to…, eso es to…, eso es todo, amigos”.

  

Una entrevista de Luis de Luis

Servida gentilmente por 221B

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Oct
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Entrevista con Anthony D.P. Mann

 Anthony D. P. Mann es un joven y entusiasta aficionado canadiense a Sherlock Holmes, que como tal ha trasladado su pasión a su trabajo (qué envidia) y ha interpretado el personaje en diversos medios (radio, televisión, teatro y cine). Ahora, aprovechando que está rodando la película Sherlock Holmes and the Shadow Watchers aprovechamos para tener una grata charla con él.

 

Ante todo, cuéntanos cómo surgió tu historia de amor con Sherlock Holmes. Porque resulta innegable que surgió hace tiempo…

Mi primer contacto con Sherlock Holmes lo tuve a una edad bastante temprana, a mediados de los años ochenta, cuando se emitía la serie de Jeremy Brett en televisión. Me encantaron los oscuros elementos de misterio y horror que aparecían en ella. Entonces perdí interés (como hacen todos los niños) y me distraje con otras cosas por un tiempo, pero redescubrí al personaje en algunos filmes de principios de los noventa, Hands of a Murderer, con Edward Woodward (1) –un telefilm que me encanta- y las dos películas de Christopher Lee (2). En el instituto decidí que quería empezar a explorar el mundo literario de Holmes, y mi primera lectura fue El signo de los cuatro, que sigue siendo a día de hoy mi historia favorita escrita por Doyle. A partir de ahí me enganché, y nunca he dejado de estarlo.

Si no me equivoco, tu primera aproximación al personaje de Arthur Conan Doyle acontece en 1995-1996, con un serial radiofónico titulado The Chronicles of Sherlock Holmes. ¿Qué nos puedes contar de él? ¿Interpretabas ahí a Holmes?

Sí. En realidad tuve la oportunidad de escribir y protagonizar varias obras de Sherlock Holmes en la radio entre 1995 y 1998. Llamamos a nuestra “casi serie” The Chronicles of Sherlock Holmes, y presentamos misterios originales tanto en la CKUT como en la emisora CJAD de Montreal. Empecé cuando tenía unos dieciocho años, lo cual me convierte en uno de los Sherlocks más jóvenes que ha habido, creo. Todavía tengo algunas de esas grabaciones… Algunas eran algo tontas, pero hicimos lo mejor que pudimos. He tenido mucha suerte con las oportunidades a lo largo de los años, y he estado interesado en esta carrera desde que tengo memoria.

Su encarnación teatral de Holmes

Y en 1998 vuelves a tratarlo en teatro, con la obra Sherlock Holmes and the Eye of Liraz

Cada pocos años me gusta volver a Holmes. Todavía estoy convencido de que algún día figuraré en los libros como un intérprete legítimo del personaje. La obra de teatro The Eye of Liraz fue uno de esos primeros intentos. Fue representada en un café teatro en Montreal, y presenta a un Holmes retirado que tiene que volver a la acción en una nueva aventura, ¡con Irene Adler, nada menos! Una secuela de esta obra, The Cursed Casket, se representó en 2005, justo antes del lanzamiento de The Hound…

Al fin, en 2005, lo llevas al cine con un cortometraje amateur titulado The Hound of the Baskervilles. ¿Cómo pudiste abreviar la novela a ese formato?

Ah, sí, The Hound of the Baskervilles… Mi versión ha sido calificada como Plan 9 From Dartmoor (3). Es una versión resumida de la historia que dura 35 minutos, con un cambio de importancia al final. Se rodó con un presupuesto muy pequeño, y fue mi primer esfuerzo en ese campo, así que es una obra que está muy lejos de ser perfecta. Yo tenía bastante sobrepeso por aquel entonces (pesaba unos 45 kilos más que ahora), y admito que no era adecuado para interpretar a Holmes. Mucha gente criticó el corto (y todavía lo hacen), y se hicieron muchos comentarios desagradables… muchos de los cuales los hice yo. Dicho esto, hubo unas cuantas personas que disfrutaron con él, y todavía recibo algún ocasional correo electrónico de alguna parte del mundo en el que alguien me comenta que le gustó nuestro pequeño film. La nueva película no tiene nada en común con esta primera producción.

También has aparecido en televisión en la serie de la CTGC The Chronicles of Sherlock Holmes, que no conocemos. ¿Qué nos puedes contar de ella? ¿En qué consistió tu participación?

¡La esquiva serie de la GTGC! Fue, lisa y llanamente, horrible. Televisión local, sin presupuesto y con los peores decorados imaginables. Escribí dos de los cuatro episodios (los otros dos adaptaban historias de Conan Doyle), y aparecí como Holmes. Todo lo que puedo decir es que debíamos habernos quedado en la radio. Tengo en video tres de los cuatro episodios… pero nadie los verá nunca.

En tu blog referías tu retorno con el personaje a la radio con un nuevo serial, The Fantastic Adventures of Sherlock Holmes, que estaría disponible para cd y en descarga a finales de 2009…

The Fantastic Adventures of Sherlock Holmes se grabará y estará disponible en algún momento (espero que este mismo año). He escrito dos series de seis episodios basados en las aventuras originales. Son obras de audio breves, y en ellas aparecerán muchos de los miembros del reparto de la nueva película. Todos estábamos preparados para grabar estos episodios cuando surgió la oportunidad de rodar la película, y esta tiene prioridad, por supuesto. Una parte de mí también tiene la esperanza de que podamos reunir el dinero suficiente (unos 10.000 dólares canadienses –cerca de 7325 euros-) para poder filmar la primera temporada de seis historias como una serie “de televisión” para internet. ¿Alguna idea?

Anthony hinca el diente a su afición

Veremos… Y al fin te lanzas al formato de largometraje con Sherlock Holmes and the Shadow Watchers. ¿Cómo ha sido el proceso hasta llegar ahí?

Sherlock Holmes and the Shadow Watchers… Todo lo que he hecho hasta ahora me ha conducido a realizar esta película. Recibí un terrible diagnóstico hace dos años, un par de días después de mi trigésimo aniversario. Descubrí que era diabético. Fue aterrador. Sabía que tenía exceso de peso, pero no me había dado cuenta de lo seria que era la situación. Cambié mi estilo de vida: empecé a ingerir comida sana y a hacer footing (corro veinticinco kilómetros cada semana), y perdí todo el peso que me sobraba. Como ahora me parezco más a Holmes que nunca, consideré que esta era una oportunidad, ¡un regalo!, para volver al papel e intentar dejar huella como mi personaje favorito (no me importaría que me encasillaran). Sin embargo, me di cuenta de que si íbamos a hacer una nueva película, teníamos que hacerla bien. El único modo de hacerlo era crear una historia original –utilizando localizaciones y gente a las que tenía acceso- para maximizar su potencial. Para hacerlo, tuvimos que preparar un acuerdo con la Conan Doyle Estate, ya que todavía hay derechos en los Estados Unidos para cualquier “nuevo” uso del personaje. Se llegó al acuerdo, y finalmente hemos empezado a rodar la película…¡y me encanta lo que hemos filmado hasta ahora! Tiene un aspecto profesional y pulido. Creo que a los fans les gustará.

El primer día de rodaje

Por el título da la impresión de que tiene algo que ver con el mundo de H. P. Lovecraft. ¿Me equivoco?

No, no hay ninguna referencia a Lovecraft… Pero qué gran idea. ¿Secuela…?

Me encantaría. ¿Qué nos puedes contar de tus compañeros de reparto? En especial de Terry Wade, que encarna a Watson, y Richard Kerr, que es Lestrade…

Tengo tanta suerte de estar trabajando con un grupo de personas tan fantásticas… Algunos nuevos, y algunos viejos amigos. Para mí, lo más importante era encontrar al Watson perfecto, y Terry Wade es el mejor que hay. Tenemos una camaradería natural, y es un actor de gran talento. Aparecimos juntos el año pasado en una obra de Ken Lugwing titulada Post Mortem (es un misterio de tipo holmesiano, ¡y yo hacía de William Gillette!). Terry interpretaba a un actor que hacía de Moriarty… Una gran obra.  Es una delicia trabajar con él.

Richard Kerr y yo hemos sido amigos durante varios años, trabajando juntos para la televisión. Es un actor consumado, y lleva mucho tiempo en el negocio. Creo que es un Lestrade fantástico –con aspecto de comadreja y estrafalario, pero con mucha dignidad-, un buen policía. En el reparto también tenemos a mi buena amiga Angella Scott, una actriz y directora con mucho talento… También están Ilke Hincer (también escritor y director), Mike Pontbriand (hemos actuado juntos durante la mayor parte de una década) y, por supuesto, mi querido amigo y co-productor Richard Piperni como “el estrangulador”. En papeles menores tenemos a la impresionante Noelle Piche, al entusiasta Ian Brannan, y a unos pocos compañeros maravillosos. ¡No podría haber pedido un grupo de actores con mayor talento!

Otro instante del rodaje, con su inseparable Watson

Si no me equivoco, también eres el director, guionista y co-productor. ¿En cuál de estas tareas te sientes más cómodo, aparte de la de actor?

Sí, escribí la película y la dirijo (y también compuse la música). Soy un auteur (Charlie Chaplin hacía lo mismo), pero ante todo un intérprete. El único modo en el que voy a conseguir los papeles que deseo en este punto de mi carrera es creando mis propias oportunidades. Así lo he hecho siempre. Como mínimo, hago el tipo de películas que a mí me gustaría ver.

Repasando tus créditos interpretativos, tanto en teatro, cine, radio o televisión, aparte de la reincidencia con Sherlock Holmes es innegable tu atracción hacia el género fantástico…

Ah, sí… Tengo una inclinación natural hacia la fantasía y el horror: ¡soy muy bueno en ambos! Pero el melodrama me es muy querido y está muy próximo a mi corazón.

El avaro Mr. Scrooge, en teatro

En diversos medios has interpretado clásicos como Drácula, Frankenstein, Jekyll & Hyde, el Fantasma de la Ópera… Es innegable que te atraen los personajes clásicos… ¿Encarnaste a todos ellos, o tuviste otros cometidos?

En su momento –en el escenario, en la radio, en televisión- he interpretado a monstruos, maníacos y locos… Intento encontrar un cierto pathos en todos los papeles que interpreto. A todo el mundo le gusta ser el héroe, ¡pero yo adoro ser “el malo”!

En tu website refieres una película titulada Son of the Devil, fechada en 2007 y en estado de pre-producción. ¿Qué fue de ella? ¿Está acabada? ¿De qué va?

Son of the Devil vuelve a narrar Drácula en clave musical, incorporando elementos de la novela de Stoker nunca vistos en la pantalla. Es tan sólo uno de varios proyectos a los que espero volver una vez termine el rodaje de la nueva película… ¡Tengo muchas ideas! También me encantaría hacer algo con Sweeney Todd…

Durante la producción de "Dracula"

Cuando tengas acabada la película y esté disponible nos gustaría volver a conversar contigo. En todo caso, ¿tienes alguna idea de qué será lo próximo que te traigas entre manos?

Me encantaría volver a charlar contigo, una vez hayas tenido la oportunidad de ver la película. En lo que respecta a qué haremos después, espero seguir con Holmes y conseguir finalmente que se me valore (positivamente) por mi contribución al papel.

Por último, si deseas añadir algo dirigido a los lectores de 221B…

Quiero agradecerles a todos su interés por mi trabajo, ya sea este positivo o negativo. Lo que realmente deseo recalcar para todos los devotos holmesianos es mi amor por el personaje y por sus fuentes literarias. Sherlock Holmes es una de mis pasiones, y lo ha sido durante la mayor parte de mi vida. He leído todas las historias, he visto todas las películas, exactamente igual que muchos de vosotros. Esta es mi contribución, y –aunque no espero que se me considere en la misma categoría que Jeremy Brett- espero que mi trabajo continúe obteniendo reconocimiento, y que disfrutéis con Sherlock Holmes and the Shadow Watchers, y con cualquier otra obra en la que utilice al personaje. Siempre habrá críticos, ya que los fans de Holmes pueden llegar a ser muy difíciles de complacer, pero espero que aquellos que se interesen en la película se acerquen a ella con una mente abierta y la valoren como lo que es: básicamente un trabajo fruto de mi amor por Holmes. Leo toda la correspondencia que recibo, y espero vuestros comentarios. Nos encaminamos hacia algo muy especial –“¡Comienza el juego!”- y espero que muchos de vosotros se nos unirán en nuestras emocionantes aventuras.

¡Gracias y salud, amigos y amigas!

Entrevista realizada por Carlos Díaz Maroto

Traducción de José Rafael Martínez Pina

(1) Dirigido por el curioso Stuart Orme, con John Hillerman como Watson y Anthony Andrews como el profesor Moriarty, a partir de un guión de Charles Edward Pogue. Que sepamos, en España no ha tenido estreno.

(2) Se refiere, en realidad, a dos mini-series televisivas, Sherlock Holmes y la prima donna (Sherlock Holmes and the Leading Lady, 1991), de Peter Sasdy, e Incidente en las cataratas Victoria (Incident at Victoria Falls, 1992), de Bill Corcoran. Lee también interpretó a Holmes en El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das Halsband des Todes/Sherlock Holmes and the Deadly Necklace, 1962), de Terence Fisher y Frank Winterstein.

(3) Alusión a Plan 9 from Outer Space (1959), de Ed Wood, film de bajísimo presupuesto y calificado por muchos estudiosos como la peor película de la historia.

11
May
11

Entrevista con Rodolfo Martínez

Rodolfo Martínez ha ofrecido al aficionado cuatro libros (con seis aventuras) centrados en la figura de Sherlock Holmes y su universo (y algunos otros universos). Bueno motivo, pues, para establecer una interesante charla con él y que nos cuente cómo se fraguó todo.

221B: Aparte de Sherlock Holmes, como escritor has cubierto otras temáticas…

Rodolfo Martínez: He cubierto unos cuantos géneros, sí, aunque siempre con una clara orientación al fantástico. He hecho ciencia ficción, fantasía oscura, thriller, novela de misterio, novela de espías, incluso western.

            Soy un apasionado de la literatura de género, qué le vamos a hacer, y tengo una tendencia inevitable a mezclar todos los géneros que me gustan, en un cóctel que a priori parece resultar imposible pero que a mí, como autor, me funciona. Y espero que a los lectores también, claro.

El autor, escuchando paciente las preguntas

221B: ¿Existe algún otro género o temática que aún no hayas tocado, y que te apetecería hacerlo?

RM: Seguramente, cientos de ellos. Mi problema… bueno, no es realmente un problema, supongo, o no lo ha sido hasta ahora. El caso es que tiendo a improvisar sobre la marcha, a dejarme llevar y nunca sé realmente qué va a aparecer en el horizonte.

21B: Como gran amante de la obra sherlockiana, ¿cuál es tu obra favorita dentro del canon?

RM: Difícil me lo pones. Me gusta mucho la segunda mitad de El valle del terror que es, precisamente, la parte no holmesiana de la novela. Más que cuentos concretos, me gustan momentos del personaje. Chandler decía algo así como que Holmes es “una actitud y media docena de líneas de diálogo brillantes” y algo de eso hay.

            Así que me venga ahora mismo a la memoria me encanta el momento en que Sherlock y Mycroft, ante un asombrado Watson, se ponen a deducir cosas sobre un tipo que pasa frente a ellos. Creo que es en “El tratado naval”. Pero si me preguntas dentro de cinco minutos es muy posible que sea otra la escena que me venga a la cabeza.

221B: ¿Y con respecto a los pastiches escritos por otros autores?

RM: Me gusta mucho la primera novela de Nicholas Meyer, Elemental, doctor Freud, y también Adiós, Sherlock Holmes de Robert Lee Hall, que creo que fue el primer pastiche holmesiano que leí. Me encantó el modo en que Hall usaba elementos del canon para llevar al personaje por lugares totalmente inesperados.

            Confieso que los pastiches de Adrian Conan Doyle me resultan bastante aburridos. Intentan seguir demasiado de cerca el modelo original, con el resultado de que… bueno, ya tienes los originales, ¿para qué leer una copia que se limita a repetir lo mismo?

            Los pastiches que me gustan tienden a ser aquellos que, siendo siempre coherentes con el canon, intentan llevar al personaje por caminos nuevos.

221B: ¿Qué es lo que más te seduce del personaje de Conan Doyle?

RM: Dicho en una palabra: que es insufrible. Holmes es un compendio de arrogancia, vanidad y con un carácter que a menudo es como un niño malcriado que no soporta no salirse con la suya. Eso, unido a ese intelecto analítico, implacable y a pequeños destellos de, podríamos llamarlos empatía con los demás, compasión, tal vez… bueno, la mezcla funciona. No sé muy bien por qué, pero funciona.

 

221B: La sabiduría de los muertos llevaba mucho tiempo escrita. De hecho, recuerdo que me pasaste una versión muy primitiva, que después revisaste y ampliaste…

RM: Creo que las escribí allá por 1993 y es posible que fuese por esa época cuando la viste. La presenté al Premio Asturias de Novela dos años más tarde, gané, y la publicaron en el 96. Cuando Luis G. Prado me comentó la posibilidad de reeditarla en Bibliópolis, en 2004, volví sobre ella, repasé algunas cosas, intenté mejorar sobre todo la ambientación y la caracterización de los personajes.

221B: ¿Cómo se te ocurrió el mezclar a un personaje tan lógico como es Sherlock Holmes con algo tan irreal como los mitos de Cthulhu?

RM: Ni idea. En serio, la mayoría de las veces no sé cómo funciona mi mente, qué se está cociendo exactamente en ella. Recuerdo que cuando me senté a escribirla no tenía gran idea del argumento, más allá de que me apetecía jugar con el personaje y, de paso, resolver los tres casos que Watson menciona en “El problema del puente de Thor”. La historia fue surgiendo casi por sí misma y, de algún modo, todo iba encajando. Desde el momento en que decidí que la clave del misterio estaba en un libro, ir al Necronomicón fue inevitable. Y, a partir de ahí…

            No tardé en comprender que la idea tenía muchas posibilidades. Holmes es un racionalista extremo y, precisamente por eso, no negará los elementos fantásticos, sino que intentará explicarlos, buscar un modo racional de que encajen en el mundo. Eso se va viendo más claro en las siguientes novelas que escribí. Podríamos decir que la serie empieza siendo fantasía y que, a medida Holmes va lanzando su mirada implacable y racional sobre lo que pasa, se va transformando en ciencia ficción.

221B: Dado que se trata de una novela corta, cuando apareció publicada como libro lo acompañaste de dos relatos, uno de ellos, “Desde la tierra más allá del bosque”, donde nuestro personaje conoce a Drácula. ¿No hubiera merecido un tema así más bien una novela completa?

RM: Sin duda. Y ésa era mi idea de partida. Pero, de algún modo, la historia perdió fuelle a mitad de camino y nunca llegué a rematarla como se merecía. Esas cosas pasan, a veces.

221B: El libro alcanzó un enorme éxito, y sacaste una secuela, Sherlock Holmes y las huellas del poeta. Esa secuela, ¿vino motivada por el éxito, o desde el inicio tenías pensado proseguir con las aventuras del detective?

RM: Cuando terminé La sabiduría de los muertos decidí que había terminado mi relación con el personaje, que simplemente había contado todo lo que quería sobre él. Y así siguió durante casi diez años. Fue ponerme a revisar la novela para la edición de Bibliópolis, antes de saber si iba a tener éxito o no, lo que hizo que desease escribir más historias holmesianas. Y, en aquel momento, sólo tenía eso, el impulso de volver sobre el personaje, pero nada más.

221B: En este libro haces llegar a Holmes a plena guerra civil española…

RM: Sí, ahí está lo que te decía sobre el cúmulo de coincidencias. Por aquella época estaba leyendo una biografía de Franco (y otras cosas, estaba bastante interesado en general por la Guerra Civil y la posterior dictadura, así que sin saberlo me estaba documentando para una novela que no tenía ni idea de que iba a escribir en breve) y allí me encontré con una mención a un tal Lord Phillimore, que estuvo en la corte franquista como enviado oficioso de los ingleses.

            Relacionar a lord Phillimore con el James Phillimore que entra a buscar su paraguas y se desvanece sin dejar rastro que sale en La sabiduría de los muertos fue casi inmediato. Empecé a pensar. ¿Un descendiente del personaje literario? Podría ser. ¿Holmes en la guerra civil? Según Baring-Gould, era factible. ¿Y por qué? Y, de nuevo, el Necronomicon apareció en medio. Pero, ¿para qué quería Franco el Necronomicón? Respondiendo a esas preguntas fui armando la novela, casi sobre la marcha.

221B: En la novela también haces aparecer otra de tus pasiones, Supermán, lo cual despertó polémica entre algunos lectores. ¿Qué opinas de esa polémica? Visto en perspectiva, ¿crees que estaba bien introducido, o por el contrario no casaba con la tónica atmosférica del relato?

RM: Comprendo la polémica, y entiendo que choque. Sabía que mi segunda novela holmesiana no iba a ser del agrado de los aficionados más… cómo decirlo… más puristas, tal vez. Ya desde el momento en que tenía la osadía de situarlo en un marco temporal y geográfico distinto y con una historia en la que elemento fantástico era mucho más explícito que en la anterior, sabía que eso iba a pasar.

            Mi primera idea era que el personaje de Kent hiciera un breve cameo y se desvaneciera de escena, como otros personajes que aparecen en la novela.

Pero luego comprendí que no, que funcionaba, que tenía cabida en la trama que estaba creando y que, incluso, podía explicar su origen de un modo que encajase en la historia y viniera a cuento.

            Como digo, comprendo que choque. Y acepto que la reacción pueda ser de rechazo por ser una mezcla demasiado extrema. Contaba con ello y estaba preparado.

            Lo que no me esperaba era la… bueno, llamémosla por su nombre, la ignorancia de cierto sector de la crítica que echó abajo la aparición del super hombre por no encajar en esa época. Eso demuestra no tener la menor idea de lo que estás hablando. Superman aparece por primera vez en el número uno de Action Comics, en junio de 1938. No sólo pertenece por completo al momento en que se desarrolla Las huellas del poeta, sino que, en realidad, pertenece mucho más que Sherlock Holmes.

            No me gusta fustigar a los críticos. Creo que hacen un trabajo importante. Pero, bueno, ya que a mí se me exige que haga bien mi trabajo y se me da caña cuando no es así, creo que a ellos habría que exigirles lo mismo. Por lo menos, que sepan de qué están hablando cuando lo hacen. Creo que eso es lo mínimo.

El mítico nº 1 de "Action Comics"

221B: En ese lapso, surgió otra secuela a tu primera novela sherlockiana, esa escrita por Rafael Marín, Elemental, querido Chaplin. ¿Cómo surgió ese libro? ¿Lo hablaste con Rafa, y era algo planeado entre ambos? ¿O te sorprendió de pronto con un “mira lo que he hecho”?

RM: Por lo que recuerdo, era una idea que Rafa tenía desde hacía bastante tiempo. Me la comentó por primera vez en los años noventa, tras leer la primera versión de La sabiduría de los muertos. Me dijo entonces que sería una buena idea mezclar a Holmes con Chaplin, quien por edad podría haber sido un Irregular de Baker Street. Varios años más tarde, supe que por fin se había puesto a ello. Y el resultado, debo decir, fue excelente.

            De hecho, mientras la estaba revisando, me la pasó, con la consecuencia de que decidí hacer que las dos novelas, dentro de lo posible, fueran coherentes entre sí. De ahí esos comentarios en mi novela al encuentro de Wiggins en el fumadero de opio con el malvado chino, una secuencia que se narra en detalle en la novela de Rafa.

221B: Sherlock Holmes y la boca del infierno se adelantó a la anunciada Sherlock Holmes y el heredero de Nadie. ¿Por qué motivo decidiste intercalar esta historia?

RM: La casualidad, de nuevo. Tenía escrito más o menos lo que ahora es la primera parte de El heredero de Nadie, toda la trama que gira alrededor del asesinato de Kennedy.

            Por aquel entonces me invitaron a Portugal. Acababa de salir la edición portuguesa de La sabiduría de los muertos y la presenté en un congreso de ciencia ficción en Lisboa. Mi editor portugués fue tan amable de servirme de cicerone (a mí, a León Arsenal, a Juan Miguel Aguilera y a Christopher Priest) por los alrededores de Lisboa. Y uno de los lugares a los que nos llevó fue Boca do Inferno, donde Crowley había fingido su suicidio con ayuda de Pessoa a principios de los años treinta.

            El lugar impresionaba. Mucho. Y Crowley ya había aparecido brevemente en La sabiduría de los muertos. Algo hizo “click” en mi cabeza. Y una vocecita dentro de mí dijo: “¿Y si…?”.

            Empecé a pensar y no tardé en dar con una historia donde Holmes encajaba. Tenía que escribirla, simplemente, era algo que no podía evitar.

Christopher Priest y Rodolfo Martínez

221B: En ella presentas a otro personaje enigmático, pero real, Alastair Crowley…

RM: Como te digo, lo usé porque el elemento real que utilicé de partida lo incluía. Preferiría no haberlo hecho. Cuanto más sabía sobre él, mientras me iba documentando para la novela, peor me caía. Cuanto más descubría sobre lo que había hecho, cómo había vivido, no podía quitarme de la cabeza la idea de que no era más que un teatrero pagado de sí mismo, un tipo inflado de vanidad, lleno de ínfulas y, básicamente, un timador.

            Le tomé antipatía desde el principio y creo que eso se nota en la novela.

La auténtica Boca do Inferno

221B: Quizás este haya sido el libro de la saga que peor ha sido recibido, por los intencionados cabos sueltos que dejaste para después ligarlos todos al final de la tetralogía…

RM: Cierto. Era consciente de ello. Estaba contando una historia que, en cierto modo, funcionaba sólo dentro de un todo mayor. Por un lado, estaba mostrando los bastidores, los entresijos, lo que había pasado en otras partes del mundo un poco antes, durante y algo después de Las huellas del poeta y, al mismo tiempo, iba anticipando la siguiente.

Sabía que para muchos eso sería insatisfactorio. Curiosamente, sin embargo, encontré lectores para los que era la mejor novela de la serie.

Placa en la Boca do Inferno que describe la presencia de Crowley en el lugar

221B: Y por fin, tras mucha espera de los seguidores, apareció Sherlock Holmes y el heredero de Nadie. A esas alturas, ¿estabas ya cansado del personaje?

RM: No sé si cansado es la palabra exacta. Pero sí con la sensación de que ya había contado todo cuanto quería decir de él. Había tratado su madurez en la primera novela, su vejez en la segunda y la tercera y ahora me disponía a narrar su juventud en la cuarta.

Suficiente, creo yo. Me había aproximado al personaje en tres momentos distintos de su vida y había intentado dar mi versión de él, siempre desde el respeto a Conan Doyle, pero siempre intentando buscarle nuevas facetas, nuevos aspectos de su mundo y su personalidad.

            Creí, y lo sigo creyendo, que era suficiente.

221B: En este caso, las referencias y fusión de elementos ya es apabullante…

RM: Es lógico, si lo piensas un poco. El cosmos de ficción que he ido recreando en estas cuatro novelas va creciendo y volviéndose más complejo con cada una. Parto de una situación muy cercana al canon holmesiano en la que introduzco un solo elemento discordante: el elemento fantástico al final de la primera novela. Y luego, poco a poco, voy a añadiendo más elementos. Acumulando vapor, por así decir.

            Cuando llega la última novela, todo ese vapor está listo para… bueno, para que la cosa entre en ebullición, por seguir con la metáfora. Y lo hace.

            Todo esto que acabo de describir y que parece un proceso muy meditado por mi parte ha sido, en buena medida… iba a decir que improvisado, pero supongo que eso no es cierto. De algún modo toda esa idea de tomar buena parte de los iconos culturales de mi infancia, ir metiéndolos en una coctelera y agitarlos a ver qué pasaba, tuvo que estar cociéndose un buen tiempo en mi subconsciente, en el sótano mental que todos llevamos dentro, digamos. Y de algún modo, Holmes acabó haciendo de foco alrededor del que todo eso se fue aglutinando y tomando forma.

221B: También te has dado aquí el gustazo de escribir un western. ¿Te gusta este género en particular?

RM: Ya lo creo. Desde niño, desde que vi mis primeras “vaqueradas” en el cine del pueblo o empecé a leer aquellas novelas de Marcial Lafuente Estefanía que había en casa de mi abuela y luego los libros de Zane Grey que me pasó mi padre.

            La épica del western me fascina. Y además me fascina por igual la épica clásica, noble, podríamos decir, que la más sucia y realista. Disfruto por igual con un Río Bravo que con un La muerte tenía un precio. O un Deadwood, por mencionar un ejemplo más reciente.

            Sabía que tarde o temprano escribiría un western. Era cuestión de tiempo. Lo que ignoraba era que acabaría siendo un western con Sherlock Holmes.

221B: Y con El heredero de Nadie finaliza tu saga dedicada a Sherlock Holmes. ¿No vas a volver al personaje? ¿Te has quedado con ganas de alguna otra historia que tuvieras en mente sobre él?

RM: Nada concreto. Me gustaría, en algún momento, a medio o largo plazo, volver al canon. Volver a la fórmula del relato largo narrado por Watson a la luz de gas del siglo XIX. Hacer un libro de cuentos holmesianos, en suma.

            Pero no sé si lo haré. La idea está ahí, me apetece… pero ya veremos qué pasa.

El adepto de la reina

221B: Y ahora acabas de sacar otro libro…

RM: Exacto. Se llama El adepto de la Reina y en él, una vez más, estoy mezclando distintos géneros. La novela de espías a lo Bond, por un lado. De hecho, mi personaje central intenta ser una versión “realista” de 007; para entenderos, es un poco el tipo de psicópata que sería realmente Bond si alguien así existiera. El reto ha sido hacer un personaje sin escrúpulos, carente por completo de remordimiento por las cosas que hace y que, al mismo tiempo, no le cayera mal al lector. Ha sido como patinar al borde de un abismo: interesante, estimulante y un tanto estresante a la vez.

            Y, al mismo tiempo, el ambiente en el que se desarrolla la historia es un mundo totalmente nuevo. Una amalgama de épocas y lugares distintos que me han ido gustando con el correr de los años y que he integrado en un solo universo de ficción.

            Un universo que, por otro lado, me gusta mucho. Tanto el personaje como su entorno fueron creciendo y ganando complejidad a medida que escribía. Así que no os sorprendáis si El adepto de la Reina acaba teniendo una continuación. O varias.

Bond, James Bond

221B: Por último, si deseas añadir algo más por tu parte…

RM: Sólo que ha sido un placer conversar un rato contigo. Y darte las gracias por permitirme rememorar alguna de estas “batallitas” de escritor. Y, por supuesto, que espero que los lectores no se hayan aburrido demasiado y hayan seguido hasta el final. Y ya, si de paso, alguno se ha encontrado de pronto con ganas de leer algún libro mío, pues que no se corte.

            Que para eso estamos.

 Carlos Díaz Maroto

30
Ene
11

Una conversación con Alberto López Aroca (y III)

En la última parte de la entrevista Alberto López Aroca habla su recientísima Sherlock Holmes y los zombis de Camford y da un avance sobre Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra, su inminente nueva novela  holmesiana.

Apenas faltaban unos días para agotar 2010 y publicas, con la editorial Dolmen, tu primera novela dedicada al detective consultor, Sherlock Holmes y los zombis de Camford. ¿Cómo nace la novela? ¿Cómo fue su proceso de creación?

Pues fue una propuesta que Jorge Iván Argiz, director de la Línea Z de Dolmen, me realizó durante el pasado julio, en la Semana Negra de Gijón. Estábamos hablando con Jesús Palacios, y Jorge Iván me dijo: “¿Tú escribirías un Sherlock Holmes Z?” Y a mí aquello me pareció un disparate, así, en frío. No sabía si tomarme aquello en serio, y así lo expliqué. Y debo decir que fue Jesús el que me convenció con argumentos de peso, yo diría que bastante irrefutables, como la frase “¡hay que matar a la gallina de los huevos de oro!”, entre otras cosas.

Lo que yo no quería de ningún modo era hacer una revisión de algún texto canónico, como esas cosas que se hacen ahora con Orgullo y prejucio, por ejemplo, que respetan el texto original y le meten zombis, y hala, a vender. Eso no me interesa en absoluto. Pero los zombis eran una excusa tan buena como cualquier otra para contar un caso de Sherlock Holmes y el reto de reunir a Holmes con los zombis sin hacer una cosa obvia (“Moriarty monta un ejército de zombis”) me convenció.

Además, tener un contrato firmado hace que las cosas sean más fáciles, eso tenlo por seguro. Incluso diría que, en algunas ocasiones, es lo que lo hace factible el proceso creativo que consistió, como en tantas otras ocasiones, en sentarme delante del ordenador y escribir y fumar como si me fuera la vida en ello. Y ya está.


¿No temes que la palabra “zombi” eche a los lectores para atrás? ¿Que lo identifiquen con entretenimiento barato?

Los lectores pueden pensar lo que mejor les plazca, la verdad. Y lo de barato, si echas un vistazo al precio de los libros en cualquier tienda, verás que eso es muy relativo…

Al margen de esto, creo firmemente en el entretenimiento, que es el objetivo último de leer: pasar un buen rato (como el sexo con condón, como diría mi amigo Sergio Bleda). La gente no va al cine para que le enseñen gramática, historia del arte o la teoría de cuerdas, sino para que le cuenten una historia. El concepto de que la literatura debería ser, de forma sistemática, didáctica, me parece aborrecible, insultante y perversa, propia de dinosaurios que deberían estar extinguidos. Leer es un proceso intelectual que requiere un esfuerzo notable y voluntario, y debe ser premiado con la obtención de algún tipo de placer, por retorcido que sea ese placer. Es lo que sucede con las “lecturas obligatorias” de los actuales planes de enseñanza…

Vamos a ver, ¿qué cojones es eso de “lectura obligatoria”? Por esa regla de tres, quizá tendría que haber también “visitas al bar obligatorias”, o “merendolas obligatorias”, o lo que sea. Mira, el esfuerzo de leer, el proceso de la lectura, ya genera bastantes beneficios por sí mismo, nuevos enlaces sinápticos en el cerebro, e insisto, si lo que lees te agrada —aunque sea la lista de la compra—, llega al centro del placer del cerebro y da gustito. A los chavales no se les muestra eso, sino que les enseñan que leer es un coñazo insufrible… porque si no, no sería obligatorio, ¿verdad?

Con respecto a los zombis del título de mi novela, veamos, ¿estaríamos hablando de una novela más seria si se titulara “Sherlock Holmes y la heterogeneidad del ser”, o bien “Aprenda tópicos victorianos con Sherlock Holmes”? ¿O simplemente parecería mucho más peñazo y menos atractiva que Sherlock Holmes y los zombis de Camford?

Te garantizo que si una obra, literaria o no, consigue entretenerme y hacerme pasar unas horas agradables, el precio me habrá parecido justo. Incluso barato, si me apuras.


¿Por qué crees que los zombis han resurgido como personajes de la novela popular?

Pues no tengo ni idea. Hay un montón de explicaciones psicológicas que relacionan la figura deshumanizada del zombi con los tiempos que corren y tal, y seguro que son ciertas, pero yo ni me lo planteo. Supongo que sí, que el zombi (el muerto viviente de Romero, ojo) es el monstruo de nuestra época, y ha conseguido conectar con las generaciones más jóvenes a través del cine. Esto retroalimenta a otras industrias, como la de los vídeo-juegos, o la literatura, que se está volcando mucho en este subgénero de terror. Al tiempo, hay que añadir que hay buenos autores haciendo buenos trabajos; yo leí hace unos años Mi vida entre los muertos, del francés Serge Brussolo, y me gustó mucho, y sin duda la magistral Guerra Mundial Z de Max Brooks también ha tenido mucho que ver en todo esto.

La duda que a mí me queda es si los zombis han venido para quedarse, o si son una moda pasajera que se está prolongando más de la cuenta. Yo apuesto por lo primero, no por nada, sino porque creo que el zombi ya se ha establecido como icono monstruoso. O lo que es lo mismo: que si hay que hacer un crossover de Drácula, la momia, el monstruo de Frankenstein y el hombre lobo, ya hay que incluir también al zombi en la historia (o la horda de zombis, en su defecto).


La novela tiene una honda raíz canónica, tomas como punto de partida el argumento y los personajes de ese enigmático, triste, crispado e inquietante relato que es “El hombre que reptaba”, que ya llevaba tiempo rondándote por la cabeza…

“El hombre que reptaba” es uno de los dos relatos de ciencia ficción pura y dura que aparecen en el Canon (el otro, por si alguien tiene dudas, es “La aventura del pie del diablo”). Estuve examinando los textos canónicos en busca de referencias a zombis, a vudú, o lo que fuera, y localicé en “El pabellón Wisteria” la cita del falso libro de Eckerman, El vuduismo y las religiones negroides, y en principio pensé que iba a tirar por ahí. Pero después de pensarlo un poco, opté por “El hombre que reptaba”, que, como dices, siempre me ha rondado la cabeza un poco.

Y es que la historia de un “elixir rejuvenecedor” es tan sumamente atractiva, y al tiempo, tan poco holmesiana… Sé que muchos críticos “duros” consideran “El hombre que reptaba” poco menos que un agravio, un chistecillo sherlockiano que no cuadra con el Canon. A mí me parece que es todo lo contrario: más allá de todas las referencias outré de casos no contados, este relato abre las puertas de Baker Street a planteamientos y argumentos fantásticos, y hace que la relación entre Holmes y, digamos, el profesor Challenger, sea mucho más cercana.

Es una historia que podríamos definir como bizarra, casi psicotrónica, y lleva implícitas un montón de connotaciones sexuales, pues el elixir no sólo rejuvenece, sino que “vigoriza”, como se muestra en el relato. Para mí, “El hombre que reptaba”, uno de los últimos textos canónicos de Doyle, fue un intento de llevar a Sherlock Holmes al territorio de lo desconocido.

La narración es en primera persona, pero no utilizas a Watson sino a Otis Mercer (un ex presidario y sabueso a sueldo de Sherlock Holmes) para contarla.

Watson no es el narrador más apropiado para dar detalles escatológicos, obscenos, o sencillamente desagradables. Y en una historia de zombis suele haber mutilaciones, desmembramientos, canibalismo, y lindezas que un autor como Watson le ahorraría al público. Y yo no quería eso, sino a un narrador victoriano que no tuviera tantos prejuicios y pudiera ser algo más explícito. De ahí la elección de un hombre de la calle como Mercer, que hace una velada aparición en “El hombre que reptaba”. Además, si Mercer le fue útil a Sherlock Holmes durante la ausencia del doctor Watson, ¿por qué no habría de servirme a mí?


Las posibilidades que desarrolla el argumento, que gira sobre la mutación genética y las creencias sobre cómo la ciencia puede vencer a la muerte, ya se planteaban en el relato de Conan Doyle (digo, del Dr. Watson). Tu novela las exprime y las lleva a las últimas consecuencias basándose (en el mejor estilo woldnewtoniano) en las investigaciones de los doctores Moreau y Jekyll…

En realidad tampoco queda muy claro ese aspecto, me refiero a la implicación de los doctores de Wells y Stevenson. De hecho, el verdadero responsable de todo el asunto es H. Lowenstein, a quien conocimos en “El hombre que reptaba”. Y ya ves lo que sucede al final… (Mejor no lo destripamos, ¿verdad?)

Me gustaba la idea de explicar las implicaciones que tenía el suero del langur de Lowenstein, un tema que, al ser un tanto cienciaficcionero, los sherlockianos han dejado bastante de lado tradicionalmente. Esto es algo que me sorprende, pues al tratarse de un elemento “no real”, cualquier autor podría explayarse buscando explicaciones de todo tipo. Al menos yo me he dado el gusto… Y aún así, he dejado unas cuantas lagunas.


Además, en la novela desarrollas esas relaciones personales, atroces y ocultas que laten en el Canon y que, pudorosa y elegantemente, el doctor Watson nos ocultaba (matrimonios por interés, con edades desiguales, incestos…)

Claro, claro; de ahí lo que te decía del narrador: necesitaba a alguien con bemoles para decir las cosas con todas sus letras, alguien como Otis Mercer. En el Canon hay montones de detallitos que uno puede leer entre líneas, verdaderas monstruosidades que podemos intuir aquí y allá. Te recomiendo una relectura en clave “obscena” de “Las Hayas Cobrizas”, por ejemplo, que ya es un relato bastante fuerte por sí mismo, y descubrirás muchas cosas extrañas aquí y allá, y lo mismo te digo del asunto de “Lady Frances Carfax”, que antes comentábamos… Warren Ellis, por ejemplo, realizó una adaptación al cómic, fidelísima, de “El vampiro de Sussex”. Pero hay un par de viñetas al final, donde Sherlock Holmes explica qué recomienda hacer con el jovencito, y las imágenes dan una idea bastante clara de a qué me estoy refiriendo. El texto es, literalmente, el del cuento del Canon, pero las imágenes dan una interpretación muy distinta de las palabras de Holmes…

La acción de la novela es trepidante y su tiempo se desarrolla en poco más de un día muy largo y en un escenario cerrado (la Universidad de Camford), la estructura y prosa de la novela transmiten al lector una (imprescindible) sensación de agobio y claustrofobia….

La claustrofobia y el agobio pueden proceder de las muchas horas que he tenido que estar sentado delante del ordenador, casi sin descanso y en una atmósfera irrespirable, en el más puro estilo Baker Street.

¿Qué problemas y retos te planteó la novela?

Lo más jodido fue intentar comprender cómo diablos funcionan las universidades inglesas. A mí me pasa como a Mercer, que no tengo ni idea de esas cosas. El sistema de Oxford y Cambridge es un lío de mil demonios, y a día de hoy, sigo sin terminar de entender todo ese complejo entramado de colegios, departamentos, rectorados…

También resulta complicado representar determinados conceptos actuales que, en teoría, eran desconocidos para la época. Por ejemplo, el helicoche de Seth Pride: tenía que describirlo, pero no podía decir en ningún momento “bueno, pues es como un helicóptero”. Eso habría sido lo fácil… y también habría sido incorrecto, pues en ese momento histórico, no existían los helicópteros. Lo mismo sucede con nuestro concepto moderno de “zombi” o “muerto viviente”: En las obras actuales, se asume que todos los personajes han visto la película de Romero, y saben lo que es un zombi. Pero en los tiempos de Holmes y Watson, esa película no existía… Por suerte, Holmes sí que había leído la obra de Eckermann, y rápidamente hizo la asociación de ideas entre “muertos que caminan” y “zombis haitianos”.

Por lo demás, siempre resulta un tanto confuso trabajar con muchos personajes que entran y salen de la acción, y luego vuelven a entrar, y luego… Y más todavía cuando narras en primera persona. ¿Cómo te las ingenias para contar algo de lo que el narrador no ha sido testigo? Pues te tienes que buscar las castañas y recurrir a los consabidos “fulano nos contó que…”, “más tarde supimos que…”, y todas esas viles artimañas que, como no estén bien traídas, quedan como metidas con calzador.

Y luego siempre hay detallitos absurdos que pueden interrumpirte el trabajo: Me pasó con la “wisteria”, que no sabía cómo narices se llamaba en castellano, o ya puestos, qué clase de planta trepadora era. O los consabidos lanzallamas. ¿Cuándo se inventaron? ¿Los tenía el ejército británico en 1903? ¿Cómo funcionaban? En fin, ese tipo de paridas te pueden costar algún que otro disgusto.


No es, desde luego, una novela de zombis al uso: hay reflexión, respeto por el desarrollo de la vertiginosa trama, cuidado a los personajes, y las atrocidades se reducen a lo imprescindible…

Hombre, yo no diría que todas esas cosas (la reflexión, los personajes, etc.) no existan en las novelas de zombis, que como te he dicho antes, las hay muy buenas y muy cuidadas, claro que sí. Por otra parte, por supuesto que no es una novela de zombis “al uso”, y esa era mi intención desde el principio. El zombi-muerto viviente es una excusa estupenda para ver cómo los muchachos (Holmes y Watson, Pride, Tim Jekyll, Crandle, MacDare) disfrutan de las carnicerías, o compiten en crueldad, inteligencia, ingenio, o lo que sea.

Habrá quien piense que los zombis aparecen poco, pero quizá haya que señalar que cuando salen, la lían gorda. Y me apuesto dos perras gordas con quien sea a que nunca antes se había visto una solución final para el problema zombi como la que yo he planteado… (¿Te había dicho que para leer los últimos capítulos de la novela, recomiendo escuchar la Obertura 1812 de Chaikovski?).


En la novela utilizas también a Bernard Barker, un personaje de “La aventura del fabricante de colores retirado”…

Sí, el “rival de esta orilla de Surrey”, o algo así. En el Canon, de cuando en cuando, aparecen “competidores” de Holmes, otros detectives, aunque casi nadie los recuerda. Holmes tenía relación con algún agente de Pinkerton, por ejemplo, y estaba el neoyorquino inspector Wilson Heargreave, al que yo mismo rescaté en mi novelita Card Nichols investiga… El misterio de la armadura pródiga. Y en “La casa deshabitada” Watson menciona a un hombre alto y fuerte, con gafas de color, que también era detective, y que yo creo que era Bernard Barker.

La idea de un detective privado masón me resultó muy interesante, y decidí incluirlo, desde el principio, en este relato. La verdad es que en el futuro me gustaría recuperar a Barker, al que he tratado como un personaje casi humorístico, aunque pienso que tiene un trasfondo bastante más siniestro… En el índice onomástico del libro, incluso sugiero algunos títulos para diversos casos de este curioso investigador privado.


Durante toda la novela Holmes va dejando caer ya la inevitabilidad de desaparecer al ser consciente de que su tiempo ya ha pasado, de que el siglo XX (la novela se data en 1903, la fecha de la retirada de Sherlock Holmes) pertenece a otro tipo de héroes…

…O mejor dicho, otro tipo de monstruos.

Esto es un ejemplo de metaficción al más puro estilo de Alan Moore —eso sí, salvando las distancias con respecto al Maestro de Northampton, ¿eh?—, pues lo que dice Holmes es cierto a distintos niveles: el siglo XX es una época para otro tipo de héroes… Pero en realidad, todos ellos son descendientes, de algún modo, de Sherlock Holmes. En la historia, además, Holmes está a punto de retirarse, y los acontecimientos que se suceden a su alrededor no hacen más que confirmar la idea de que él empieza a estar obsoleto, o al menos, que debe dejar paso a los “nuevos monstruos” que vienen detrás.


De hecho, en la novela introduces —en un fabuloso guiño para lectores atentos y avisados— a los héroes de la IPC británica, como Zarpa de Acero o El Hombre Araña, quienes tienen una parte esencial en la trama…

Vamos a ver, vamos ver… Tengo que decir que no son ellos, ¿de acuerdo? En todo caso, se trata de los “personajes reales” en los que, años más tarde, se basaron los autores de IPC para escribir relatos de unos “personajes ficticios”. Por ejemplo, Charlie Peace, que fue un criminal auténtico y real como la vida misma (y amigo de Sherlock Holmes, tal y como se menciona en el Canon), fue reutilizado por algunos autores para escribir tebeos sobre él entre 1964 y 1974, creo… Lo mismo puedo decir de Seth Pride y de los demás.
 

Es curioso que hoy esos personajes —que gozaron de una enorme popularidad—hayan caído —salvo para el libro Albion de Alan Moore & Co.— en el olvido. ¿Qué te inspiró para recuperarlos?

Mi propia afición y devoción por ellos. Son lecturas de mi niñez, y convengo con el maestro Moore en que todos ellos eran, de un modo u otro, monstruos, como te decía antes. Esa idea un tanto sadomasoquista que poseen los ingleses de lo que es un héroe me resulta fascinante, y completamente opuesta a la de los norteamericanos, que piensan más en términos de Superman o Capitán América. Incluso el mismo Sherlock Holmes tiene un cierto aire de monstruosidad, con su ego e inteligencia sobrehumanas, al tiempo que posee debilidades —pensemos en las drogas— que autores mojigatos le atribuirían a los villanos. A Charlie Peace, que ya hemos dicho que fue un criminal convicto, los autores de IPC lo convirtieron en el protagonista de una disparatada serie de tebeos que en España sólo hemos podido atisbar en parte, y de esto hace cuarenta años por lo menos.

En otro orden de cosas, se nota mucho que Albion no es una obra de Alan Moore, sino de su hija Leah y del yerno, John Reppion (que por cierto, han hecho un buen tebeo sherlockiano, The Trial of Sherlock Holmes). La idea de Albion es cojonuda, y se nota que el concepto es de Moore padre, pero el desarrollo deja bastante que desear, en mi opinión.

La novela está plagada de guiños para los iniciados —coherentes, por cierto, con el resto de tus escritos sobre Holmes— y, sin embargo, es accesible para cualquier lector…

Pues eso me gustaría a mí, que fuera accesible para cualquiera. Una cosa es salpicar una obra con referencias a esto y aquello (lo que podemos llamar “enriquecer”), y otra cosa es convertirla en un “quién es quién” sin mayor sentido. Para eso, mejor me dedico a hacer diccionarios de personajes e historias, y terminamos antes.

Mi idea no era hacer que la lectura de la novela sea insufrible por la cantidad de cosas que el lector se pierde, sino que sienta la inquietud de averiguar quién es ese fulano de la mano de metal, o si el mono que fuma tiene alguna historia previa que todo el mundo debería conocer… Ya era así mi trabajo en Los espectros conjurados, y espero haberlo conseguido en este Sherlock Holmes y los zombis de Camford.
Con respecto a lo anterior, ¿te planteaste que la novela pudiera quedar en una “tierra de nadie”? Es decir, ¿que no agradase ni a los aficionados holmesianos ni al, por así decirlo, aficionado de “a pie”?

Claro que lo he pensado, pero, ¿quién puede saber cómo va a reaccionar tal o cual lector? Si uno se dedica a cavilar en esos menesteres, puede acabar sin escribir una sola palabra, por miedo a la incomprensión o a la falta de aceptación. Por lo que a mí respecta, quería ser fiel a Holmes y al Canon, y también quería demostrar que se pueden escribir historias de zombis sin recurrir al manidísimo argumento de la “supervivencia post-apocalíptica”, que ya estaba presente en La noche de los muertos vivientes de Romero, y que parece que nos estará persiguiendo eternamente.

Creo que la figura del zombi ya tiene una entidad propia, como la del vampiro o el licántropo, y los autores deberían ir pensando en contar historias en las que el zombi sea un elemento, y no necesariamente un argumento. Es como si el concepto de “extraterrestre” se hubiera quedado estancado en las historias de “invasiones alienígenas”. Hay que dar un paso adelante, hombre…

Y bueno, como veo que ya has leído la novela, te habrás dado cuenta de que lo conflictivo en esta historia no es la presencia de los zombis, sino todos los demás elementos fantásticos, netamente británicos, por cierto. Quería que esta disparatada mezcolanza pudiera funcionar. Espero que así sea.

Es una novela arriesgada que cuadra la acción y la reflexión, es holmesiana y heroica, es terrorífica y elegiaca, es nostálgica y, a la vez, diferente a todas las novedades que plagan las mesas de novedades…

Hombre, pues gracias por esas apreciaciones. Sí que es una obrita algo arriesgada por los motivos que antes comentábamos, sí; y en cuanto a que sea diferente de otras obras que andan ahora por las librerías… Pues me gustaría pensar que estás en lo cierto, y que los lectores sabrán valorarlo y disfrutarlo. Por lo que a mí respecta, estoy hasta las narices de clichés.

¿Cómo han sido las reacciones iniciales? ¿Qué expectativas tienes para el libro?

A los correctores les ha gustado mucho, y parece que nadie se ha tirado demasiado de los pelos al ver a Holmes empuñando una escopeta para disparar contra… en fin, ya lo verán los lectores. En cuanto a las expectativas, pues habrá que tener paciencia y esperar a ver las cifras de ventas. Los editores de Dolmen han depositado muchas esperanzas en este libro. Yo qué sé, Luis, el tiempo lo dirá…

Actualmente, estás sumido en la escritura una nueva novela holmesiana: Charlie Marlow y la rata gigante de Sumatra, en la que recuperas a dos de tus personajes preferidos: Marlow y a Sebastian Moran…

Pues sí, en eso andamos ahora mismo. Con Marlow ya jugueteé un poco en el relato “El mundo volverá a saber de mí”, del que hablábamos antes, y la verdad es que lo maltraté un poco. Ahora veremos sus verdaderas posibilidades, y qué sucede cuando su camino se cruza con el de un tal Sigerson, notable explorador noruego.

El coronel Moran, como tantos otros personajes del Canon, merece un trato deferente en cualquier historia sobre el Gran Hiato holmesiano… Ya lo verás, ya…


La novela transcurre durante el Gran Hiato y te dejas caer en la tentación de contar tu versión de La rata gigante de Sumatra, uno de los temas favoritos de escritores, ensayistas y aficionados…

Es el pastiche que más veces se ha escrito, cierto. Y tienes razón en describirlo como “una tentación”, por lo sugestivo del caso, y por la cantidad de buenas plumas que se han atrevido con la historia.

Lo interesante del caso de la rata de Sumatra es la cantidad de información canónica de que el pastichero dispone para trabajar, tanta que, en ocasiones, los autores olvidan este o aquel punto. Se sabe que en el caso hay, al menos, una “rata gigante de Sumatra”, que hay un barco llamado “Matilda Briggs”, que es un caso “para el que el mundo aún no está preparado”… y casi todos los autores se olvidan del bufete de abogados expertos en tasación de maquinaria Morrison, Morrison & Dodd. Y, por supuesto, que es un asunto desconocido para Watson, lo que ha llevado a los cronologistas y pasticheros a situarlo tradicionalmente en la época previa al encuentro entre el detective y el doctor, en 1881. Creo que nadie había caído en la cuenta de que era muy probable que el asunto tuviera lugar durante el Gran Hiato de 1891-1894, aunque no estoy del todo seguro.

Sobre la rata de Sumatra hay versiones para todos los gustos: epidemias de peste bubónica, historias a lo “Isla del doctor Moreau”, un monstruo pariente del gran Cthulhu, y un camión de variantes más. Mi opción, lo admito, no es original mía, sino que procede de… ya lo verás. Y si te digo que de por medio hay una isla llamada “de la Niebla”, “Kho-Pha-Nong”, y también “del Cráneo”, seguro que adivinarás por dónde van a ir los tiros…

(¿Te imaginas al coronel Moran, con su rifle de matar tigres, en medio de cierta jungla perdida, con el monótono e inquietante sonido de tambores de fondo, y los pasos retumbantes de algo enorme que se está acercando cada vez más, y más, y…?)


¿Qué más nos puedes contar de esta novela? ¿Cuándo la podremos disfrutar? ¿Quién la editará?

Si te cuento mucho más, igual nos quedamos sin novela, que por aquí ya he hecho algún spoiler… Aunque te diré que da comienzo en los años treinta, en el Billiards Club de Londres (donde, como todo el mundo sabe, no se juega al billar, sino que se bebe whiskey con soda); allí se han reunido unos tipos muy curiosos, entre ellos el narrador de la historia, el señor Richard Hannay y el señor Joseph Jorkens… todos ellos son viejos amigos del desaparecido capitán Charlie Marlow. Y hasta aquí puedo leer.

El cuándo se editará depende del editor, que hasta que se demuestre lo contrario, será Salto de Página, y de cuándo entregue yo, que espero será a primeros de febrero.

Y ya por último, ¿crees que te cansarás de Holmes alguna vez? ¿Que llegará el día en que no te haga disfrutar más?

Je, eso tendría mucha gracia… Si alguna vez me canso —y no descarto que eso suceda— de escribir relatos sobre Holmes, quizá tenga que enviarlo por segunda vez a las cataratas de Reichenbach… Aunque estoy seguro de que no sería algo definitivo. A Holmes no se le puede matar así como así. Y si no, que se lo pregunten al profesor Moriarty, a Sebastian Moran… o a Conan Doyle.


 ¿Y Holmes? ¿Crees que llegará el día en que se canse de nosotros? ¿En que dejará de estar presente en todos los aspectos de la cultura popular? ¿Crees que morirá, alguna vez, el Mito?

Ya sabes que Sherlock Holmes siempre ha sido un caballero muy discreto, que gusta de disfrutar de largos retiros fuera de la circulación, y que observa el mundo desde una granja apícola, o quizá en algún lugar secreto, reunido con otros extraordinarios individuos que, como él, velan por nosotros. Sinceramente, espero que no nos desahucie nunca, que nunca se desentienda de nosotros, pobres mortales. Porque Sherlock Holmes es necesario. No puedo imaginar cómo serían las investigaciones policiales de hoy en día sin el trabajo previo de Holmes, o cómo serían nuestros libros, nuestras películas, nuestros tebeos, nuestros héroes, si no hubiéramos tenido las crónicas de Watson. De verdad te digo que si Sherlock Holmes no existiera, tendríamos que inventarlo.

Y si muriese, tendríamos que resucitarlo.

 

Luis de Luis Otero

Fin

 

Una entrevista de Jabez Wilson (Luis de Luis Otero) para el Círculo Holmes, y reproducida aquí con permiso del autor.

26
Ene
11

Una conversación con Alberto López Aroca (II)

En la segunda parte de la conversación Alberto López Aroca repasa sus sorprendentes ensayos holmesianos contenidos en el Cuaderno de Bitácora de Matilda Briggs y Sherlock Holmes y lo outré.

En la recopilación de tus relatos Nadie lo sabrá nunca (Los libros de Fábulas Extrañas, 2005), se incluye “El problema de la pequeña cliente”, un delicioso cuento escrito muy canónicamente. Es, creo, la única vez que “tomas la voz” literaria del Dr. Watson con notables resultados.

Es lo que te decía de calzarse las zapatillas viejas; “tomar la voz” de Watson es una experiencia que toda persona, y ya no digo escritor ni holmesiano ni nada, debería hacer al menos una vez en la vida.

“La pequeña cliente” es un cuento bonito, cierto, pero también es una humorada que no cuadra del todo con el resto de mi producción sherlockiana, precisamente porque da la sensación de que Watson queda al margen de lo que realmente sucede durante el caso, e incluso le da ese aire tontorrón que a mí no me termina de convencer. El título, por cierto, es el mismo que el del primer episodio de la serie de Sherlock Hound que se emitió en España. Un guiño más, como de costumbre.

Además, con este cuento se da inicio a una constante en tus escritos holmesianos: la búsqueda de una conexión entre el Canon y lo outré.

Es que esa conexión ya existía en el Canon. Lo outré es la expresión con que Holmes denominaba a sus casos más esperpénticos como, por ejemplo, “La liga de los pelirrojos”.

En lo que respecta a casos verdaderamente outré, o que rozan el mundo de lo oculto, lo paranormal, lo sobrenatural, la criptozoología, etc., hay diversos ejemplos en el Canon, como “El hombre que reptaba”, así como muchas referencias a “Casos Mencionados Pero No Contados”: Phillimore, la Sanguijuela Roja, la Rata de Sumatra, y un largo etcétera.

En mi opinión, “La pequeña cliente” se acerca mucho a lo outré, pero se aleja demasiado del Canon… Si hubiera de existir un Canon Sherlockiano de Alberto López Aroca, ese relato quedaría fuera de cronologías, como una “historia imaginaria”.


En “La pequeña cliente recuperas a la sin par Mary Poppins, ese maravilloso (y desconocido) personaje, desfigurado por la, por otra parte excelente, versión Disney…

En su día, cuando empecé a escribir el relato, me estuve informándome acerca de Pamela Lee Travers, la creadora de Mary Poppins, y descubrí que se le atribuían ciertos contactos con satanistas, nada menos… Al parecer, conoció a Gurdjieff en 1938, y estaba interesada en el ocultismo y esas cositas tan curiosas… Me llamó la atención de que un personajillo tan simpático como la niñera buena y mágica pudiera tener un trasfondo mucho más siniestro que el de la versión Disney…

Me sentí tentado de tirar por ese camino en el relato —habría sido interesante presentar a Mary Poppins como una versión moderna de la bruja Baba Yaga, y quizás lo haga alguna vez—, pero al final decidí ser algo más simpático y aprovecharme de la bondad de corazón de los sherlockianos

De vez en cuando hay que dejar a un lado las torturas, crímenes y desmembramientos, y arrancarle al público una sonrisilla.


El cuento iba a formar parte de una antología holmesiana coordinada y editada por ti…

La antología fue uno de esos proyectos que no llegó a fraguar del todo. El título previsto iba a ser Cox & Company, por aquello de la cajita de Watson. Y se escribió cierta cantidad de material. Había una novela de mi amigo Francisco Alfaro Tercero, en tres partes, y protagonizada por Holmes y por una versión decimonónica del cazador de psicópatas Rafael Núñez (uno de mis personajes) titulada se titulaba El peor amigo de Sherlock Holmes. Era un texto muy, muy revisionista —demasiado, quizás— y bastante disparatado, que a mí me gustó mucho. También contaba con “El crimen protector”, un pequeño poemario de Julián Cañizares Mata (escrito después de ver Grupo salvaje de Pekinpah, ¡agárrate a las mantas!) y, si no me equivoco, los dos relatos holmesianos de Juan García Rodenas, el ya citado de “La guerra del doctor Watson” y “La aventura del magnicidio resuelto”, ambos publicados en el volumen Antes de Baker Street. La idea era, además, incluir los pastiches en castellano que andan por ahí sueltos: el de Juan Perucho, el de Torrente Ballester, el de Néstor Luján, el poema de Borges… La cosa al final no cuajó. Aunque no me importaría retomar el proyecto si tuviera a algún editor que me respaldase. En fin, tiempo al tiempo…

También incluyes en Nadie lo sabrá nunca dos relatos (“La extraña colección de Sebastián Morán” y “El candor del padre Hacha”) ambientados en la España actual y pertenecientes a la serie de otro de tus personajes, Rafael Núñez, el cazador de psicópatas, en los que rindes un nada disimulado homenaje a otro de tus personajes favoritos del Canon: el coronel Sebastian Moran…

Bueno, es que Rafael Núñez nació como una versión actualizada de Sherlock Holmes, y no es extraño que en su primer relato oficial recurriera al nombre del viejo shikari, el coronel Moran, que, en efecto, es uno de mis favoritos, sí. Un guiño más, para mi colección de homenajes.


“¿Cree usted que el señor James Phillimore pudo salir de su casa volando? –me dijo Sherlock Holmes una mañana de abril…” es la frase con la que inicias “La pequeña cliente”, y habrá que retroceder y acudir a Los espectros conjurados (Biblioteca Baskerville, 2004), tu libro, en mi opinión, más personal y reflexivo o meditabundo, en el que se incluye el ensayo “El caso del paraguas olvidado”, en el que sigues el rastro del paraguas a través de la literatura holmesiana para acabar en ¡Nietzsche! Y en la promesa de una narración que lo aclare (o enrede) todo…

Vaya, no recuerdo haber prometido nada… Tendré que mirarme el libro, a ver qué disparates dije… Pero sí, aquello parece que llevaba a Nietzsche, y era por una referencia en Espolones, un libro del filósofo Jacques Derridá, ¿no?

Y sí, tengo en mente al señor James Phillimore, estoy trabajando en un proyecto de cómic con Luis Miguez, El ídolo de Roca Negra, donde aparece nuestro señor Phillimore… La cosa va despacio, porque ahora voy muy justo de tiempo y horarios… Si quieres una pista, échale un vistazo a la cubierta, precisamente, de Los espectros conjurados, que tiene un interesantísimo dibujo de mi gran amigo Sergio Bleda… El tipo al que retrata es Phillimore, por supuesto.


En 2006 publicas Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs, un delicioso cuadernillo cosido a mano con una contraportada que reproduce el “Agony Column” de los periódicos de la época con el que da la impresión de que te das “el gustazo” de incluir anuncios irresistiblemente canónicos: “Libros de ocasión El Viejo Raro”, “Viaje a Oriente con Sigerson, notable explorador noruego”, “Extraviado cachorro de dogo. Se asusta ante el sonido de violines”.

Los anuncios fueron lo más divertido de todo, sin duda. Creo que casi todos hacían referencia a los diversos disfraces que Holmes utiliza en el Canon, no creo que estén todos, pero casi… Por cierto, sobre los diversos personajes que Holmes encarna en el Canon, hay un estudio muy interesante de Marvin Kaye.

El Cuaderno… fue un experimento que nació cuando cayeron en mis manos cuatro ejemplares de la serie original -la de los años cuarenta- del Baker Street Journal. Esos libritos son la cosa más bonita que he visto en mi vida, y los estudios holmesianos que recogen representan el más puro espíritu sherlockiano.

Así, el Cuaderno… está realizado a imitación (pobre imitación) de aquellos volúmenes, y me lo autoedité en plan “yo me lo guiso, yo me lo como”, porque tampoco se me ocurrió que a ningún editor le fuera a interesar. El aspecto artesanal es un capricho, para darle un poco de encanto al volumen… Y creo que lo tiene, ¿no?

El primer volumen recoge las primeras entradas de mi blog (más algún inédito), y resultó sorprendente encontrarme con que los sherlockianos estaban encantados de adquirir un producto que, en realidad, ya estaba casi todo disponible en la Red de Redes. Fue una experiencia muy gratificante, y la verdad es que me gustaría ver más productos como ese en las tiendas, especializadas o no.


El Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs es toda una declaración de principios de tu militancia en la corriente literaria llamada “Mitología creativa”.

Es curioso que digas eso, cuando en realidad quería ser una declaración de principios sherlockiana, y un homenaje a los Irregulares norteamericanos que fundaros el BSJ. Aunque también es verdad que fueron ellos los que sentaron las bases de la mitología creativa moderna al introducir en el campo de la especulación sherlockiana a personajes externos al Canon, como Drácula, Tarzán, El Prisionero, y otros muchos. Philip José Farmer (quien acuñó el término mitología creativa) retomó muchos de esos conceptos para construir el Universo Wold Newton, y los desarrolló hasta extremos que rozaban la locura… Una maravilla, aquello.
 

En el libro abordas el problemático (des)encuentro de Jack el Destripador (o el Salsitas) con el detective consultor y reivindicas tanto las tesis mantenidas por la extraordinaria Asesinato por decreto y From Hell de Alan Moore (otra de tus grandes influencias), como una verídica (y documentada) teoría…

Es que las teorías de Asesinato por decreto y From Hell parten ambas del libro de Stephen Knight The Final Solution (título que tiene reminiscencias sherlockianas, por cierto). Y aunque la obra de Knight se pierde un poco, en mi opinión demuestra que sí que hubo conspiración, y que la Casa Real británica estuvo metida en el ajo. Me consta que, posteriormente, se ha intentado desacreditar el trabajo de Knight, pero a mí eso me suena a cuerno quemado, para qué te voy a decir otra cosa…

Y también te diré que si Sherlock Holmes intervino en el asunto del Destripador, lo hizo de un modo muy parecido a como se refleja en Asesinato por decreto, eso también lo tengo claro.

Por cierto, la pareja Christopher Plummer y James Mason son unos extraordinarios detective y doctor…

Son los mejores, y punto. Así lo veo yo.

El lector del Cuaderno… se enterará también de la relación —y actividades— de los agentes del Club Diógenes, entre quienes se incluye a Charlie Marlow (el protagonista de varias novelas del gran Joseph Conrad, entre otras, la excepcional El corazón de las tinieblas), que es sujeto de una carta de Fu Manchú a Mycroft Holmes…

Ahí sí que entré de lleno en mi vena litográfico-creativa, aunque creo que en los tres casos que menciono (Marlow, Peachey Carnehan y Daniel Dravot —de Kipling— y John Clayton —el padre de Tarzán—) la cosa está bastante bien justificada, ¿verdad?

La carta de Fu Manchú es una de esas humoradas negras que tanto me gustan, sí. Me encanta el personaje que, por cierto, está basado en un individuo real, un criminal que estuvo en activo en París hacia 1906, un tal Hanoi Shan, que se hacía llamar L’Aragne (La Araña). Sin embargo, las novelas de Sax Rohmer no me agradan demasiado: consiguió crear un icono inmortal, un súper villano, heredero de Moriarty, pero los relatos originales a mí no me enganchan. Aunque hay que admitir que Cay Van Ash hizo un trabajo estupendo en su Ten Years Beyond Baker Street, que aquí se tituló Sherlock Holmes contra Fu Manchú. Alguien debería reeditar ese pastiche.


En 2007 publicas Sherlock Holmes y lo outré, un nuevo cuadernillo al estilo del Cuaderno de bitácora…, en el que reúnes ensayos aún más sugerentes y vuelves a explorar la conexión outré del Canon.

Sencillamente, quería hacer otro volumen, pues tenía un puñado de ideas sobre diversas conexiones canónicas con temas bastante outré. Creo que es un volumen bastante aparente, y del que tengo pensado realizar alguna que otra continuación. Aunque ya veremos…

Me parece extraordinario cómo desarrollas el verosímil vampirismo de Lady Frances Carfax y su encuentro con el mismísimo Conde Drácula…

Pues muchas gracias, a mí también me gusta cómo quedó aquella piececita sherlockiana. La pista estaba en un ensayo de Kelvin I. Jones que a estas alturas aún no he podido leer, The Carfax Syndrome. Al releer “La desaparición de Lady Frances Carfax” y encontrar detalles tan sugerentes como el entierro en vida de una dama, pues en fin, las conexiones se hicieron más y más evidentes con el vampirismo. Las fechas cuadraban, y estaba la referencia al “viejo Abrahams”, que evocaba la figura del doctor Abraham Van Helsing.

De hecho, yo casi me atrevería a pensar que Doyle acababa de leer (o releer) la novela de Stoker cuando escribió su relato… Aunque esto está más allá de toda demostración, claro.

También explicas los porqués del gusano de Isadora Persano, hilvanando las obras de autores tan (sólo en principio) dispares como Philip José Farmer (otro de tus maestros) o C. C. Beck (el autor de los deliciosos cómics del Capitán Marvel o Shazam).

Es que el misterio del “gusano desconocido para la ciencia” es, probablemente, mi favorito, y ha despertado la imaginación de montones de autores. Las referencias en la obra de Farmer son explícitas (en Escape de Loki y en “El problema del puente dolorido”), y lo de C. C. Beck y su Mr. Mind, el gusano inteligente de Venus, era, sinceramente, demasiado bueno como para dejarlo pasar.

Estos dos autores, a su manera, poseen el espíritu literario o narrativo o creativo o llámalo que mejor te parezca, que a mí me interesa: el de la ausencia de prejuicios. Me maravilla la naturalidad —que no ingenuidad, como se empeñan en subrayar algunos— con que Beck trazaba sus historias. ¿Un gusano extraterrestre parlante? ¡Pues claro que sí! Y Farmer… bueno, Farmer nunca tuvo problemas en cruzar los caminos de Holmes y Tarzán, por ejemplo… y con naturalidad, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Cuando uno trabaja en el terreno de la ficción, puede permitirse el lujo de utilizar a personajes más o menos “terrenales” y especular sobre lo que sucedería si se encontraran con problemas ya no diré sobrenaturales, sino aparentemente absurdos y disparatados… El caso del gusano, una auténtica “historia no contada por Watson”, es uno de ellos.


Aunque nada iguala en disfrute e imaginación al maravilloso texto que titulas “Algunos derivados de alquitrán”, un apócrifo veraz en el que coinciden Thomas Carnacki y Sherlock Holmes para desvelar a “Los pitufos negros” de Peyo (extraordinaria obra del cómic europeo antes de ser desfigurado por ñoñerías y merchandising).

Por ahí, por ahí iba yo, ¿sabes? Decía Alan Moore en alguna parte que “si algo es impensable, escríbelo”. ¿Los Pitufos conocen a Sherlock Holmes? ¡Había que hacerlo, leches! Y como tú dices, el resultado yo creo que es bueno y no resulta tan chirriante como podría haber parecido a priori.

Y es que los Pitufos son lo mejor del mundo, ya te lo digo yo. Para aquellos que no se han acercado a los álbumes originales de Peyo y Delporte, los Pitufos son unos enanitos ñoños, como tú dices, que cantan bakalao en los discos de “Lo mejor del verano”… y eso en el mejor de los casos. En realidad, aquellos primeros álbumes estaban compuestos con unas dosis de maldad sibilina que harían temblar a nuestros modernos censores, amigos de los “políticamente correcto”.

“Los pitufos negros” es una historia de zombis (o de vampiros) que da verdadero pavor, la historia de “La pitufita”, si la leyeran algunos de nuestros políticos, acabaría en la hoguera por su incorrección, su sinceridad y su mala virgen, y El pitufísimo… Bueno, El pitufísimo es un V de Vendetta para niños, ¿sabes? No he visto otro análisis mejor de cómo funciona una democracia —que es inevitablemente corrupta y está abocada al fracaso—, y cómo de ahí se llega a la tiranía y al fascismo.

“El pitufísimo” comienza cuando el Gran Pitufo se marcha de la aldea para hacer un viaje y les pide a los pitufos que ellos mismos se organicen durante su ausencia. Los pitufos deciden hacer elecciones para ver quién se queda de jefe. Y claro, a la primera vuelta, todo el mundo se ha votado a sí mismo. Entonces, cuando se vuelven a convocar elecciones, un pitufo (yo lo llamaría “el pitufo cabroncete”) decide realizar promesas electorales a cambio de votos… y gana. Y cuando, como nuevo jefe, comienza a incumplir sus promesas, los pitufos se mosquean y envían al “pitufo fuertote” para que le dé una buena paliza. Esa es una gran escena: el pitufo fuertote entra en casa del pitufísimo, y todos esperan, expectantes, a ver qué ha sucedido. Entonces, la puerta se abre, y aparece el pitufo fuertote y el pitufísimo, que dice: “Os presento a mi jefe de policía”. Alucinante…

Por cierto, en el Cuaderno anuncias la publicación de Sherlock Holmes y el Ojo en el Laberinto. ¿Qué nos puedes contar de este proyecto?

 Pues que llevo escribiéndolo desde 1996, que está casi terminado, y que espero que salga a la luz más pronto que tarde. Es un “Sherlock Holmes y los Mitos de Cthulhu”, narrado, por cierto, con la voz de un Watson más auténtico que nunca. Lo llevaba muy bien encaminado hace unos años, pero coincidió que por esas fechas salió a la venta la excelente novela de Rodolfo Martínez Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, y me dije: “Mejor te esperas a terminarla en otro momento”, porque si la movía por editoriales, no quería caer en agravios comparativos ni rollos raros. Así que, quizá ahora sea el momento de ponerle un punto y final y sacarla al público. Creo que es el Holmes más Holmes que he escrito nunca.


 “Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs” da nombre a tu página (http://sherlockholmes.lacoctelera.net), donde ejerces, desde 2006 , el holmesianismo en la red, y en la que abordas temas tan variados como la relación entre Pinocho y Sherlock Holmes (que también trata Jaume Gabaldá en sus Novísimas Aventuras de Sherlock Holmes publicadas en el Jezail Bulletin del Círculo Holmes); la recuperación de Rancho Drácula —un olvidado western de González Ledesma— o despliegas tu faceta de cartoonist victoriano con los Steamgags

Mi blog es donde mis ensayos sherlockianos y litográfico-creativos tienen un espacio donde caer muertos. Y la verdad es que no funciona del todo mal. Desde que lo fundé, hace ya años, la cosa ha tenido sus altibajos, sobre todo porque no siempre puede uno tener la producción que desearía, pero en fin…

No sabía que Jaume Gabaldá había escrito sobre Pinocho y Holmes, me gustaría mucho ver ese trabajo… Y con respecto a cosas como la recuperación de Rancho Drácula y otros aspectos, pues bueno, ya ves que al final, el Cuaderno de bitácora se ha convertido en una especie de cajón de sastre para todos mis caprichos y para airear cositas que no podrían ver la luz de otro modo… y también para publicitar mis trabajos y los de mis amigos, claro.


El pasado verano publicas Candy City con la editorial Ilarión, una novela-homenaje sin remilgos al gran Jim Thompson, narrada con el descaro, crudeza y sarcasmo del gran autor estadounidense y que, ambientado en una boom town estadounidense de principios del siglo XX, narra las actividades de la mafia primeriza desde la perspectiva de un sicario…

Y te olvidas de mencionar las fantásticas ilustraciones y la portada de Sergio Bleda, que son acojonantes.

Pero bueno, Candy City es un ejemplo de que “no sólo de Sherlock vive el hombre”, y que mis intereses literarios van más allá de Baker Street. Como debe ser.

Es una novelita dura, y escribirla me llevó más tiempo del previsto. Pero la verdad es que no para de darme alegrías. Considero que es un buen trabajo, y como homenaje no sólo funciona para Thompson, sino también para Hammett, para Donald Westlake, y para los clásicos de la serie negra que a mí más me interesan. No es una novela policíaca o negra al uso, sino una cosa un poco distinta…


En la novela rescatas a Fred Porlock, uno de los más enigmáticos personajes del Canon, como un implacable ejecutor…

Es que, aunque no sea una obra sherlockiana, no pude resistirme a meter alguna referencia canónica. De hecho, Porlock es mi personaje favorito en Candy City.

La identidad de Fred Porlock es uno de los problemas más debatidos del Canon. Se ha argumentado que es uno de los tres hermanos Moriarty, Watson, un esbirro innominado o, incluso, ¡la propia señora Hudson! ¿Cuál es tu opinión?

Hay incluso más teorías. Al principio de los tiempos, Ronald Knox hablaba de Mycroft, y… Ahora que lo pienso, empecé a escribir un articulillo sobre el tema, e intenté reunir las diversas teorías. En la lista de “sospechosos” también estaba la señora Forrester, el mismísimo coronel Moran, y hasta Arthur Conan Doyle, no te lo pierdas… Cualquier día de estos dirán que Porlock era Toby, el sabueso al que Holmes recurría de vez en cuando.

Yo creo que Porlock era el mismo tipo que aparece en Candy City, una especie de entidad que roza lo sobrenatural, y que anda entrando y saliendo de imperios criminales como Pedro por su casa.

En cualquier caso, nunca sabremos la verdad… Si es que hay una verdad, claro.


El personaje de Fred Porlock procede de El valle del miedo, una novela injustamente olvidada o ignorada que, en mi opinión, es una de las grandes aportaciones del Canon. Es una novela pulp, una novela negra antes de que esos términos existieran. El argumento que cuenta de un infiltrado en una organización mafiosa (la segunda parte de la novela) es Hammett antes de Hammett; la resolución del caso por miembros de varias fuerzas policiales es un police procedural mucho (pero que mucho) antes de que se inventase el término…

¿Y qué quieres que te diga? Pues tienes toda la razón del mundo, claro que sí. Conan Doyle no sólo se inventó el relato detectivesco moderno, sino que también inventó —o fue precursor— de la serie negra o del relato policial, casi del criminal. En Estados Unidos se reeditó recientemente El valle del terror dentro de la colección HardCase, donde están rescatando cosas de Westlake, Himes, y otros muchos autores de la serie negra más dura.

Los críticos “serios” no han tenido nunca en gran estima a Conan Doyle, supongo que por culpa de Sherlock Holmes, o porque no han leído el Canon, o porque están demasiado ocupados sacándose las pelotillas del ombligo. Doyle inventó todo esto, y también la novela de aventuras y fantástica moderna (piensa en la ejemplaridad de El mundo perdido, y en todas la imitaciones que ha tenido detrás), y aunque no soy un experto en el terreno, creo que su concepto de “novela histórica” también iba un paso por delante de sus contemporáneos y se aproxima más al modo en que hoy día se hacen este tipo de obras.

Umberto Eco le rindió homenaje, y también George MacDonald Fraser, y Stephen King, y Alan Moore, y Neil Gaiman… Los más grandes han leído a Doyle, y le han rendido tributo de un modo u otro, porque es una influencia ineludible para cualquier autor. Eso, a estas alturas, debería significar algo. Pero sigue sin tener el reconocimiento que merece.

Por otra parte, ¿a quién coño le importa que la crítica académica lo reconozca? A mí, por lo menos, no. Y supongo que en el fondo, Conan Doyle se limpiaría las lágrimas con libras y dólares…


La segunda parte de la novela –basada en hechos reales- se filmó como Odio en las entrañas (The Molly McGuires, 1969) una extraordinaria película, con unos gigantescos Sean Connery y Richard Harris, hoy olvidada…

Sí, la historia de los Chirrioneros (Scowrers) de El valle del miedo está basada en la historia real de los Molly McGuires. De hecho, el personaje real —que tiene su equivalente holmesiano en Edwards “El Pajarraco”— aparece en la serie de novelas de El Mundo del Río de Philip José Farmer como un maestro del espionaje y la infiltración. Y sí, la película es una obra maestra. Y eso que hace tiempo que no la veo…

 

Luis de Luis Otero

 

Fin de la segunda parte

Una entrevista de Jabez Wilson (Luis de Luis Otero) para el Círculo Holmes, y reproducido aquí con permiso del autor.

24
Ene
11

Una conversación con Alberto López Aroca (I)

Una de las vertientes de la obra literaria de Alberto López Aroca es la dedicada a Sherlock Holmes. Con motivo de la publicación de Sherlock Holmes y los zombies de Camford (Dolmen 2010) y su presentación en Madrid (el pasado viernes 21 de enero en la librería Estudio en Escarlata) hemos conversado, largo y tendido, con el autor sobre su larga y fructífera relación como crítico, autor y lector con el detective consultor.

En esta primera parte de la conversación López Aroca habla sobre su fascinación inicial con el personaje, la creación de “Estudio en Esmeralda” (su primer pastiche) y la extensión y alteración del Canon.

En el “Post Scriptum” de Nadie lo sabrá nunca (Los Libros de Fábulas Extrañas, 2005) admites, orgullosa y rotundamente: “Soy un friki de Sherlock Holmes”. ¿Cuándo “conociste” a Sherlock Holmes? ¿En qué momento te diste cuenta de que la afición “iba a más” y que te habías convertido, por usar tus palabras, en un “friki”?

La verdad es que tengo la impresión de haber conocido a Holmes de toda la vida, ¿sabes? Mi padre tenía, junto con sus novelas del Oeste, del El Coyote, de ciencia ficción y demás, un ejemplar de Reaparece Sherlock Holmes de Molino (la edición de 1966, en concreto), y creo que fue el primer Conan Doyle que cayó en mis manos. Recuerdo hojear el libro con fascinación, y cuando vi aquellos monigotillos que aparecían en algunas páginas, pensé: “¿Pero esto qué es?”. Eran fascinantes; por supuesto se trataba de “La aventura de los bailarines”, pero yo entonces no lo sabía. También por aquellas fechas (pensemos que debía ser el año 1982 u 83, y yo tenía seis o siete años) se emitió una noche por televisión Asesinato por decreto de Bob Clark, que en mi opinión es la mejor película que se ha hecho sobre el Maestro, y probablemente sobre Jack el Destripador. Esa película me mató, y creo que fue el verdadero desencadenante de mi afición. (Tendría narices que la culpa de todo esto la tuviera un pastiche cinematográfico, ¿verdad?)

Conseguí que mi hermano Daniel me comprara la edición de Molino de El sabueso de los Baskerville y un Estudio en escarlata de Bruguera (creo que los leí en ese orden). Y ya quedé enganchado, claro.

Creo que fui consciente de ser un “friki” (aunque yo entonces no habría utilizado esa palabra, porque no existía) cuando empecé a grabar en un radiocasete los audios de la serie de dibujos de Miyazaki, la de Sherlock Hound, y escuchaba una y otra vez las cintas antes de dormirme. Si lo piensas ahora, cuando tenemos acceso a reproducciones de lo que sea bien a través de Internet, bien en la tienda de la esquina, y es de locos lo que yo hacía… Pero es que por aquel entonces, las cintas vírgenes de vídeo costaban un riñón, y no olvidemos que yo era un niño. Por aquel entonces mi hermano me regaló Las memorias y El archivo, (también en ediciones de Molino, que se vendían a través del catálogo de Discoplay, nada menos)…. Moriarty no era el mismo payasete simpático (¡ja, je, ji, jo, ju!) de la serie de Miyazaki, eso estaba claro…

¿Cuáles son tus narraciones favoritas del personaje y por qué? Y viceversa, ¿cuáles son las historias que no te gustan y por qué?

Quizá mi favorita sea El sabueso…, y supongo que se debe a la artimaña literaria de hacer que Holmes desaparezca de la historia al poquito de arrancar la novela. No sabría decirte si es la historia más redonda del Canon, pero sin duda, para mí es la que más encanto tiene, pues posee un puntillo de terror y de aproximación a lo sobrenatural que siempre me ha gustado. Además, aquí queda bien claro que Watson no es ningún panoli, en contra de lo que el mundo del cine se ha empeñado en demostrar durante cien años.

Y luego, claro está, tenemos Estudio en escarlata, que tiene el mérito de ser la primera historia de Holmes, y cuyo comienzo es un verdadero manual literario de cómo presentar a dos personajes… Por cierto, que me parece curioso que el encuentro en el Hospital de San Bartolomé entre Holmes y Watson sólo se haya llevado a la pantalla (hasta donde yo sé) en la nueva serie de televisión, Sherlock, que tanto gusta a los aficionados.

Mi historia canónica “menos favorita”, por decirlo de algún modo, es “El problema del puente de Thor”, porque la resolución con toda esa zarandaja del puente, la pistola y la cuerda y la piedra me parece, sencillamente, una tontería y una mala idea. Personalmente, no me puedo creer que Doyle le dedicara más de cinco minutos al argumento. Eso sí, por otra parte, es en dicho relato donde Watson menciona la existencia de la famosa cajita guardada en la banca Cox & Company de Charing Cross, y los famosos tres casos que Holmes no pudo resolver (el cúter Alicia, James Phillimore, y Persano y el gusano desconocido). Aunque solo fuera por eso el cuento merece la pena, pero por poco más.
 

A lo largo de tu carrera literaria has desarrollado (y saciado) tu “holmesianismo” en tres vertientes: como crítico y divulgador, como literato y como ensayista sobre diversos aspectos del Canon…

Hombre, es que el “holmesianismo”, como dices tú, tiene muchos niveles literarios. Se puede tratar a Holmes como personaje de ficción, y también como figura histórica, más luego su relación con otros personajes. Podemos hablar del Canon, esto es, de los defectos y virtudes que posee la obra de Conan Doyle. Y luego, desde dentro, partiendo de la base de “jugar el juego”, esto es, que Sherlock Holmes fue un personaje real, el análisis es muy distinto y mucho más divertido que las superficiales diatribas literarias académicas. Las propuestas para conciliar los problemas y contradicciones de los textos de Watson (las fechas, localizaciones, pasado de los personajes, etc.) dan pie, por supuesto, no sólo a artículos especulativos, sino también a nuevas obras que intentan explicar todas esas contradicciones y conexiones.

De hecho, no es raro que los autores se basen en ensayos sherlockianos previos para realizar sus pastiches: Por ejemplo, Philip José Farmer desarrolló en The Other Log of Phileas Fogg una idea del profesor H. W. Starr, y si tomamos la biografía que escribió William S. Baring-Gould (que podemos tomar como un largo ensayo con ínfulas literarias), nos encontramos con que muchísimos autores pasticheros han tomados estas especulaciones (que, por cierto, se basaban en otras muchas especulaciones) para escribir montones y montones de pastiches.

Por cierto, que no me parece buena idea tomar a Baring-Gould como “palabra de Dios”, pues no es el Canon. Pero admito que resulta mucho más cómodo utilizarlo como libro de cabecera que andar releyendo las sesenta historias oficiales una y otra vez. No obstante, yo recomiendo ir a las fuentes.

A por cadáveres (Los Libros de Fábulas Extrañas, 2003) incluye la novela Estudio en esmeralda, uno de tus primeros acercamientos al personaje, que reproduce la estructura de la inolvidable Estudio en escarlata para contar una novela de ciencia ficción…

Es que la estructura de Estudio en escarlata es muy interesante, pues plantea la vieja idea de la “historia dentro de la historia”. Aunque bien mirado, en Estudio sucede que no está muy claro cuál es la historia que está dentro y cuál es la que está fuera (me refiero a que, en realidad, Doyle realizó un sencillo ejercicio de desordenamiento cronológico), y esa ambigüedad la hace más atractiva. Conozco a varias personas que cuando concluyeron la primera parte de la obra, la del “Extracto de las memorias de John H. Watson, M.D.”, abandonaron la lectura pues pensaban que el relato había terminado, porque lo que venía detrás era una especie de novela del Oeste.

Mi Estudio en esmeralda es un homenaje sincero no sólo a Conan Doyle y sus personajes, sino también a esa estructura, que prácticamente calqué punto por punto. Incluso hice algún que otro juego de palabras con los títulos de las partes y los capítulos, si no recuerdo mal… En cuanto al proceso, es una de las pocas obras en las que he trabajado con un esquema previo de capítulos y argumento, y así la pude escribir en diez días de septiembre de 1996, mientras estaba enfermo de varicela… No obstante, el final no estaba previsto, y a mí me parece sorprendente y satisfactorio, la verdad. También es cierto que hace años que no la releo, así que no sé cómo le habrá sentado el paso del tiempo…

En Estudio en esmeralda el Dr. Watson aparece como un hombre de acción e iniciativa…

En este caso no era “Watson”, sino “Walruss”, que en la primera versión de la novela, la que se publicó en dos entregas del fanzine Fábulas Extrañas, tenía un nombre mucho más absurdo e impronunciable (algo así como “Wok’trupf”, creo). Bien, pues Walruss, como Watson, era un veterano del ejército, un hombre valiente y decidido. Creo que el Watson de Holmes también era así, y eso se trasluce constantemente en los textos del Canon, cuando empuña su Webley y se marcha a los bajos fondos con su amigo. Nunca fue un gordito simpático y tontorrón, sino un hombre de mundo, experimentado y supongo que algo viciosillo (lo digo por el juego y las mujeres) aunque, eso sí, honesto y fiel. Mi doctor Walruss también es un poco así, aunque en la novela deja claro que no se anda con chiquitas y tiene cierta tendencia a repartir estopa aquí y allá.

En Estudio en esmeralda también aparece el profesor Challenger, otro de tus “personajes fetiche”:..

Es que Challenger es la otra gran creación de Doyle, y no pude resistirme a realizar una versión “futurista” o “cienciaficcionera” del personaje, que en Estudio en esmeralda se llamaba “Chaliengger”. Soy un pastichero impenitente, lo admito…

Sobre Challenger no hay tantos pastiches ni de lejos, pero de vez en cuando aparece alguna cosilla: Hay un “Challenger en el espacio” que no he podido leer, Ralph Vaughan escribió un “Challenger en las Tierras del Sueño de Lovecraft” y Juan Perucho utilizó el final de El mundo perdido (todo aquello del pterodáctilo suelto en Londres) como base para el inicio de su pastichera novela La guerra de la Cochinchina. Yo mismo utilicé a Challenger en un relato que se titula “Los sabios en Salamanca, en el que los protagonistas son el mismo Challenger y el profesor-doctor Van Helsing. Y luego hay diversos crossovers entre Holmes y el profesor, por supuesto, uno muy antiguo que se titula “La pisada en el techo”, o algo por el estilo, y varios sobre La guerra de los mundos


Por cierto, Neil Gaiman te “copió” el título de Estudio en esmeralda con “A Study in Emerald, su aportación a Sombras sobre Baker Street, el libro colectivo que homenajea a Lovecraft y a Conan Doyle…

Estoy seguro de que el señor Gaiman jamás ha posado sus ojos sobre A por cadáveres o sobre los dos fanzines donde apareció originalmente mi Estudio en Esmeralda. Es, sin duda alguna, una de esas coincidencias cósmicas que suceden de tanto en tanto. En su momento, cuando pensé en escribir la novela, intenté encontrar un color que sonara a “scarlet”, que tuviera la misma resonancia, las mismas sílabas, para que el título sonara igual… y la elección inmediata fue “emerald” (el verde es mi color favorito, por cierto). Lo mismo debió sucederle a Gaiman. Está claro que a todos los tontos nos da por lo mismo…

Por otra parte, el relato de Gaiman (que por cierto, conserva la “A” de “A Study…”, cosa que no sucede en mi título) también es un pastichaco con referencias a otros muchos autores y personajes. Por ahí desfilan Drácula, el doctor Jekyll, los monstruos de Lovecraft, y muchos más. Es una historia breve y excelente, que la recomiendo encarecidamente. Y no lo digo por peloteo ni leches en vinagre. Es la pura verdad.
Ese tipo de mescolanzas literarias entre dos universos creativos muy definidos y distintos (como en el caso de Sombras sobre Baker Street), además de ser muy polémicas suelen ser rechazadas por algunos aficionados. Tú no eres de la misma opinión, ya que ejerces de “woldnewtoniano”…

Hombre, yo diría que el rechazo, a priori, procede de algunos integristas o fundamentalistas que, por rechazar, rechazan cualquier cosa que no sea el Canon propiamente dicho. Allá cada cual, por supuesto; no seré yo quien le diga a nadie qué tiene y qué no tiene que leer.

Una prueba de lo que yo digo es que se siguen escribiendo crossovers de Holmes y otros personajes de las más diversas procedencias que no solo se publican, sino que, en algunos casos, hasta tienen buenas cifras de ventas. El caso que mencionas, el de unir Baker Street y los mitos de Cthulhu, encima es que está bastante justificado y ya se ha hecho en varias ocasiones anteriores a la antología que citas: Lovecraft, cuando era niño, montó una agencia de detectives (creo que se llamaba directamente Agencia Sherlock Holmes), un juego de chiquillos, claro. Además, en la obra de Lovecraft se nota cierta influencia de Doyle —sobre todo, curiosamente, de los relatos de Sherlock Holmes—: los cuentos de terror del Maestro de Providence no tenían como base las ideas sobrenaturales tradicionales (fantasmas, vampiros, hombres lobo, y demás topicazos), sino que su trasfondo era de pura especulación científica, esto es, seres extraterrestres que antaño poblaron la Tierra, y que de vez en cuando regresan gracias al brujo o culto malvado de turno, para darnos un sustito. En mi opinión Lovecraft era, a su manera, un tipo muy racional. Y no nos olvidemos del punto de intersección entre los mitos de Cthulhu y el Canon sherlockiano: August Derleth y su Solar Pons, el trasunto holmesiano por excelencia. Así que todo esto de las mezclas y tal no me parece tan disparatado. Aunque claro, ¿qué voy a decir yo…?


Entonces, en tu opinión, ¿qué requisitos y características debe tener un buen pastiche holmesiano?

En otros tiempos te habría dicho que, para empezar, un buen pastiche tendría que estar escrito por Watson, pues es una voz cálida y cómoda, que suena a cosa familiar, casi como ponerse unas zapatillas viejas. Ahora ya no pienso así.

Mi amigo Juan García Rodenas escribió hace algunos años el relato “La guerra del doctor Watson” (incluido en el volumen Antes de Baker Street) y cuando me comentó el proyecto, le recomendé (iba a decir que casi le ordené) que lo escribiera en primera persona, con la pluma del doctor. Y no me hizo ni puñetero caso, e hizo bien, porque el resultado es una obra maestra. Resulta que escribir un pastiche sherlockiano en tercera persona funciona… si el autor es bueno. Y eso sirve para los cruces que decíamos antes.

Ahora bien, requisitos reales para un buen pastiche de Holmes: pues creo que el autor debe empaparse bien, y no sólo de la información del Canon, sino del tono, el ambiente, determinada terminología, e incluso el lenguaje de la época. Los autores que escribimos en castellano lo tenemos un poco más difícil, pues tenemos que estar familiarizados con las traducciones tradicionales y en concreto con las expresiones antiguas, para conseguir dar un poco el pego y que la cosa suene a auténtica. Por ejemplo, en castellano, casi todo el mundo hace que Holmes y Watson se traten de usted, cosa que en inglés resulta inapreciable. Y si se hiciera de otro modo, al lector de habla hispana le resultaría extraño, de eso estoy seguro.

Por lo demás, una buena premisa es procurar ir más allá del original, esto es, no limitarse a contar “otro caso más”. Esto ha devenido, en muchos casos, en los pastiches revisionistas, esto es, los que alteran o son incompatibles con el Canon.

Algunos de ellos son excelentes, quizá los mejores pastiches que se hayan escrito nunca (estoy pensando en Elemental, doctor Freud de Meyer, y en Adiós, Sherlock Holmes de Robert Lee Hall, por citar un par de clásicos que a mí me parecen muy buenos), pero no es la línea pastichera que a mí me interesa producir, pues resulta muy fácil decir “¡Sherlock Holmes era un hombre lobo!”, o “¡Watson era un marciano de Barsoom!”.

Me gusta jugar con la posibilidad de esos encuentros disparatados y aventuras inconcebibles para con el Maestro, y que al mismo tiempo sean compatibles con el Canon. Así, yo descarto al Holmes lobo y al Watson marciano.


Volvamos a Estudio en escarlata; como todas las novelas de Holmes suelen considerarse —incluso por fervientes aficionados— de segunda categoría. ¿Qué te parece la novela?

Pues ya te he dicho antes que es una mis narraciones favoritas, así que… Pero no entiendo eso de “segunda categoría”. ¿Le pasa algo a la historia? ¿Faltan helicópteros de combate o algo así?
Una de las “culpas” que se le achaca a la novela es la inclusión de “El País de los Santos”; sin embargo, Consuelo Sanchidrián y Sandra Borreguero (las responsables de la reciente edición de Castalia) lo consideran un signo de modernidad narrativa…

A ver, a ver; ya he dicho que la estructura de la novela me gusta tanto que incluso la repliqué en Estudio en esmeralda. Dicho esto, debo añadir que la originalidad del asunto es relativa: en cuanto a modernidad y complejidad formal de “historias dentro de historias”, me remito a clásicos anteriores como La piedra lunar de Wilkie Collins, que es una obra maestra de mucho cuidado y utiliza una estructura parecida, pero más compleja, que la de Estudio en escarlata. Y la técnica en realidad es mucho más antigua: Échale un vistazo a Don Quijote, o El Conde Lucanor, o incluso al Calila e Dimna, y hablamos…

Mi teoría, en realidad, es que Conan Doyle quería escribir una novela histórica, y la disfrazó de relato detectivesco. Y, si lo piensas bien, es lo que sucede con las cuatro novelas de Sherlock Holmes: El valle del terror remeda punto por punto la estructura de Estudio en escarlata (entre otras cosas porque le funcionó bien la primera vez), y resulta que es una versión sobre un hecho histórico documentado; El signo de los cuatro se basa en hechos sucedidos años atrás en determinado contexto histórico y El sabueso de los Baskerville hace lo propio con una leyenda del siglo XVIII. Doyle nunca negó su admiración por Walter Scott y, como demuestra su amplia producción, su verdadera vocación era la de escritor de novelas históricas.
“El País de los Santos” es, por otra parte, una novela corta excepcional, y una influencia más que evidente en ficciones como la celebérrima Único testigo y El Bosque de M. Night Shalayaman …

Y Único testigo… ¿era aquella del niño mormón o amish, en la que salía Harrison Ford? Nunca se me habría ocurrido relacionarla con Estudio en escarlata, la verdad, pero ahora que lo dices…


¿Leeremos alguna vez la recientemente descubierta Angels of Darkness en castellano? La crítica holmesiana lo está utilizando para reinterpretar el Canon; de hecho, la primera mujer del Dr. Watson ha pasado a ser Lucy Ferrier…

Pues estaría bastante bien que alguien la tradujera, sí. Yo no he tenido ocasión de leerla, pero tengo mucha curiosidad.

Ya en 1949, John Dickson Carr había tenido acceso al texto, tal y como se deja entrever en su Life of Sir Arthur Conan Doyle. Creo que Baring-Gould también le echó un vistazo, y lo utilizó para meter en Sherlock Holmes de Baker Street las referencias a una supuesta estancia de Watson en San Francisco, aunque creo que Gould no citaba Angels of Darkness en ninguna parte.

Si tomáramos al pie de la letra esta obrita de teatro, que Doyle escribió entre 1889 y 1890, nos meteríamos en un lío de narices, pues no deja de ser una versión teatral —según he leído por ahí— de algunas partes de Estudio en escarlata; de ahí la inclusión de Lucy Ferrier.

Yo, personalmente, no me tomaría todo esto muy en serio, pues me parece que “canonizar” Angels of Darkness supondría cargarse Estudio en escarlata, lo cual es un disparate. Pero quizá cambie de opinión cuando tenga acceso a la obra; texto que, dicho sea de paso, el mismo Conan Doyle descartó.

¿Qué opinas de una posible revisión del Canon? ¿Estás en contra o a favor?

Últimamente he oído voces que proponen “revisar el Canon”, esto es, incluir obras de Doyle que no están dentro del Canon tradicional. Estoy hablando de este Angels of Darkness, las dos piececitas costumbristas sobre Baker Street, los relatos “El hombre de los relojes” y “El tren especial desaparecido”, y alguna cosita más.

Yo me declaro abiertamente en contra, pues el Canon ya está bien como está, y si el problema es tener acceso a esas piezas, pues bueno, salvo en el caso de Angels of Darkness, lo demás está casi todo reeditado y conseguible. Estoy en contra de tocar el Canon porque en el pasado, se habló de revisarlo… para recortarlo.

Muchos críticos, además muy, muy respetables, hablan con ligereza (pero con conocimiento de causa, todo hay que decirlo) de que los últimos volúmenes de relatos no son “puro Watson”, o “puro Holmes”, y en muchos casos, llegan a considerarlos apócrifos o meros pastiches perpetrados por Doyle. A mí esto me parece ya excesivo. También se generó, hace muchos años, la polémica de reabrir el Canon cuando apareció The Case of the Man Who Was Wanted, que se atribuyó a Doyle, y luego resultó ser de un tal Whitaker. Imagínate que lo llegan a incluir por las bravas…

Luis de Luis Otero

Fin de la primera parte

 

Una entrevista de Jabez Wilson (Luis de Luis Otero) para el Círculo Holmes, y reproducido aquí con permiso del autor.