06
Feb
14

El fantasma de Baker Street

El fantasma de Baker Street

Resultaba inevitable que un autor tan aficionado al pastiche y tan fascinado por la figura del Destripador como fue Garland uniera en algún momento al mítico criminal con Sherlock Holmes, como tampoco lo es que no se limitara a ofrecer una mera ficción donde ambos mitos se enfrentaran, sino que, de nuevo, se ciñó a la más estricta realidad efectuando otro interesante estudio sobre la influencia del pasado sobre el presente, entre realidad y ficción, representado en la figura del escritor de novela popular Shylo Harding ―evidente reflejo del propio autor―, involucrado, tras una visita al museo de Sherlock Holmes, en la investigación de un manuscrito supuestamente escrito por un tal doctor Weston, con la que muy a su pesar descubrirá que está más cerca de la figura del detective de Baker Street de lo que podía llegar a imaginar, lo que permite jugosas implicaciones relacionadas con la reencarnación, la vida más allá de la muerte…

Lo que hace Garland, pues, es recrear las acciones de los míticos personajes, a través de sendos émulos, el detective Shelby Hakes (supuesta inspiración para la creación de Doyle) y “el Degollador”, con los cuales, y a través de la investigación de Harding y su relación con las acciones de estos, se imprime a la historia un aura casi fantástica que, unido a la sabiduría del autor a la hora de recrear el paisaje victoriano, triplica el interés de la intriga.

Aquí está, de nuevo, la notable capacidad del escritor para retratar atmósferas tenebrosas y decadentes, particularmente en lo que se refiere a la mansión en torno a la cual se articula el relato, que podría ser a su vez un perfecto émulo de la mansión Baskerville. La descripción de los páramos que rodean el castillo es perfecta y los momentos de tensión, incluso de terror, revelan a un escritor de primer orden que no desmerecería en absoluto la comparación con el mismísimo creador de Holmes.

Curtis Garland [Juan Gallardo Muñoz]

Leyendo las obras de Garland y otros autores relevantes consagrados al formato literario de bolsillo, cabría preguntarse si no sería un buen momento para abandonar la ceguera “oficial” y situarlas en el puesto que merecen. Si estos autores hubieran tenido la suerte de nacer en otros países, ¿quién sabe?

El fantasma de Baker Street; por Curtis Garland [seudónimo de Juan Gallardo Muñoz]. Barcelona: Bruguera, 1976. Colección: Servicio Secreto; nº 1370.

Manuel Aguilar


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