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Ene
14

“El manuscrito de Yo, el Destripador”: un díptico de Curtis Garland

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Curtis Garland, el más célebre de los numerosos pseudónimos de Juan Gallardo Muñoz (1929-2013) fue, sin duda, uno de los más populares y mejores exponentes de la tan denostada por los sectores oficiales literatura popular, más en concreto de aquellas entrañables novelas “de a duro” o “bolsilibros” que en los años 70 y 80 pululaban en los quioscos.

Dentro de su ingente producción (¡más de 2.000 títulos!), caracterizada por un gran amor al mestizaje y la mezcla entre diferentes mitos literarios, caben destacar las obras que dedicó a un personaje que le fascinaba en particular: la de Jack el Destripador. A medio camino entre la leyenda y la historia, esta enigmática figura constituye una excelente materia prima para cualquier autor que se atreva a indagar en el sórdido mundo que rodeó al asesino de Whitechapel, y nuestro autor, tomando buena nota de ello, puede decirse que indagó en las posibilidades literarias que esta figura le ofrecía con un tesón que hubiera provocado la envidia del mismísimo Abberline.

Buena muestra de ello son las dos novelas referidas a continuación, obras muy diferentes entre sí, no tanto en la forma como en el fondo, pues en ambos casos asistimos, durante el núcleo central de la trama, a la fría descripción de los hechos conocidos por parte del propio asesino, lo que aporta una verosimilitud bastante notable sin perjuicio del interés narrativo.

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Sin embargo, ambas obras difieren en su ubicación temporal, pues mientras Yo, el Destripador ofrece una trama acaso más convencional, ajustada a la época en que transcurrieron los hechos y cercana a los esquemas tradicionales de la intriga detectivesca, El manuscrito… se aventura a transgredir los límites temporales para efectuar un paralelismo entre los hechos del pasado y el presente donde ambos acaban influyéndose mutuamente, revelando el magnetismo que el personaje aun ejerce, tanto a nivel individual como colectivo, y testimonio a la vez del influjo sobre el propio autor.

Un autor, como vemos, al que los retos no asustan, capaz de ofrecer visiones diferentes desde un mismo ángulo (privilegio que a muy pocos está reservado), gracias ante todo a un gran dominio del ritmo y el retrato de atmósferas tétricas, con el que logra trascender los esquemas más trillados. Por ejemplo, si en Yo, el Destripador, la estructura se apoya en la línea de Agatha Christie, con diversos sospechosos ubicados en un mismo escenario, la recreación de la época, la envolvente capacidad del escritor para sumergirnos en la mórbida mentalidad del asesino obligan al lector a olvidar con rapidez cualquier referencia previa, por evidente que esta pueda ser.

No le faltaron defectos, empero, al autor, siendo quizá, el mayor lo que paradójicamente debería ser virtud, y es una gran honradez hacia el lector, al que proporciona con generosidad pistas y evidencias que, en muchas ocasiones, desgranan la trama, algo que en absoluto desvirtúa la calidad de la obra ni disminuye el placer del afortunado lector que se sumerge en sus páginas.

Yo, “El Destripador”; por Curtis Garland (seudónimo de Juan Gallardo Muñoz). Barcelona: Bruguera, 1979. Colección: Selección Terror; nº 352.

El manuscrito del “Destripador”; por Curtis Garland (seudónimo de Juan Gallardo Muñoz). Barcelona: Bruguera, 1972. Colección: Servicio Secreto; nº 1145.

 

Manuel Aguilar


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