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Sherlock Holmes en la máquina del tiempo

1. UN POCO DE HISTORIA

Más allá de que esta introducción no pretenda serlo, el tradicional comienzo de las biografías, por menos exhaustivas que sean, establecen, siempre, la fecha en que el biografiado nació y la fecha en que murió. Aunque esto tenga el objetivo de transmitir una admiración individual respecto de alguien que ha marcado con su arte parte de mi vida -y la de muchos- debo comenzar de manera incorrecta.

Héctor Germán Oesterheld nació en Buenos Aires el 19 de junio de 1919 y murió en 1977. La incorrección señalada ya está revelada: no se sabe cuándo ni cómo murió.

Se cree que fue secuestrado por un comando militar de la dictadura argentina en abril de 1977, en la ciudad de La Plata, a unos sesenta kilómetros de Buenos Aires, y sus días finales son inciertos, como la fecha de su muerte.

Fue un hombre que creó los más brillantes e inteligentes comics en Argentina, deslumbrando a muchas generaciones de toda edad; incluso hoy, cuando la totalidad de su obra va apareciendo, lentamente, pero apareciendo al fin, nuevos admiradores dan cuenta de su genio imperecedero.

Oesterheld joven

Oesterheld joven

Durante sus primeros años residió parte en Buenos Aires y otro tanto en una estancia alejada de la ciudad. De escuchar como le enseñaban a sus hermanos mayores aprendió a leer y se dedicó con voracidad a los libros de aventura; luego, mientras estudiaba geología, en sus ratos libres priorizaba las obras de Melville, Salgari, Poe, Conan Doyle, Conrad y compañía.

Dichas lecturas acentuaron su curiosidad ilimitada y, pese a que la carrera le permitió recorrer el país en busca de yacimientos petrolíferos, ésta pasó a segundo plano dedicándose a plasmar su pasión en cuentos y relatos cortos, siempre de corte aventuresco: el western, el policial, las historias bélicas y la ciencia ficción se definen entre sus géneros amados. Premiado por sus primeras obras comienza, a fines de los cuarenta, a trabajar para la editorial Abril y escribe algunas historias donde ya su imaginación incontenible queda exhibida.

En esa misma época colabora con la luego célebre revista de comics Misterix, ya que su arribo funda conceptual y artísticamente la misma.

Hay aquí dos historietas que permanecerán para siempre: Sargento Kirk y Bull Rockett. Una es de cowboys, la otra de ciencia ficción. Hugo Pratt, el genial dibujante con el que Oesterheld se encuentra en Misterix, plasmaba en estos hipnóticos relatos cowboys con el rostro trabajado por el polvo del desierto, con arrugas al costado de los ojos, con pómulos rocallosos al mejor estilo Randolph Scott, cowboys que mostraban los dientes como si le gruñeran a la vida adversa y sin concesiones, cowboys de barba crecida que cargaban unos rifles que hacían unos insólitos sonidos cuando disparaban. Los balazos de Oesterheld y Pratt no hacían ¡Bang!, hacían ¡Crack! Ese ¡Crack! expresaba la sequedad del disparo y su minimalismo mortal.

A principios de la década del cincuenta, Oesterheld abandona Misterix y con su hermano Jorge crea la Editorial Frontera, sacando dos revistas mensuales a la calle: Frontera y Hora Cero. Aparece en esta última, en 1957, la que será su obra maestra: El Eternauta. Una nevada mortal cae sobre Buenos Aires y empieza a aniquilar a todos sus habitantes. El autor, junto al excelente dibujante argentino Solano López -quien comienza su carrera como tal, precisamente, en Hora Cero, y expresa de manera perfecta las intenciones de su guionista-, arma su relato siguiendo la odisea de Juan Salvo y sus amigos que luchan contra el agresor extraterrestre.

El eternauta

El eternauta

El éxito de la editorial Frontera permitió agregar el Suplemento Semanal de Hora Cero, a los que luego se sumaron los Extras mensuales. Sus personajes eran muchísimos y muy populares.

Con el tiempo, Frontera quiebra. Dicen que su carácter romántico y poco comercial enfrentó a Oesterheld con algunos de sus dibujantes y precipitó su caída. Se deprime y busca una alternativa importante viajando a Europa a presentar sus trabajos. Pocos meses después retorna, ya que extraña a su mujer Elsa y sus cuatro hijas.

Durante la década del sesenta su trabajo merma considerablemente y comienza un largo peregrinar por diferentes editoriales. El ámbito social y político del país tampoco era propicio. Trabajó incluso en comics dedicados a la vida de Eva Perón y el Che Guevara.

En 1969 es contratado por la revista Gente y publica una nueva versión de El Eternauta, esta vez con dibujos del uruguayo Alberto Breccia. Esta “remake” fue muy criticada; la incomprendida estética del genial Breccia y la explícita postura ideológica del autor, contrapuesta a la concepción política gobernante en ese momento en la Argentina -dictadura militar-, convirtieron a esa nueva versión, oscura y contestataria, en un fracaso editorial.

Casi desocupado, aunque trabajando en algunas editoriales de menor valía, se mete de lleno en la lucha política. Los complejos pliegues de la izquierda peronista lo cobijan. Ya en 1974 es parte comprometida de la organización montoneros. En 1976 un nuevo golpe militar derroca al gobierno peronista de ese entonces. No obstante ello, fue el año en que se junta nuevamente con Solano López para dar vida a la segunda parte de El Eternauta, esta vez publicada por la editorial SKorpio.

Con su familia

Con su familia

En esta segunda parte, las aventuras de Juan Salvo se tiñen de una clara ideología: sus ideas se expresan con más fuerza. El sangriento final del autor parecía escrito: entre junio de 1976 y abril de 1977 sus cuatro hijas y él fueron secuestrados por la dictadura militar. Ninguno apareció hasta el momento e integran la enorme lista de desaparecidos. Se cree que el gran Oesterheld fue asesinado por sus captores en un pueblo de la provincia de Buenos Aires poco tiempo después del 27 de abril de 1977. Pero todo es incierto, como se dijo al inicio.

2. SHERLOCK TIME

La producción artística del genial dibujante Alberto Breccia era promisoria. Nacido en Uruguay el mismo año que Oesterheld -sus destinos debían cruzarse- pronto se radicó en Buenos Aires.

A principios de los cincuenta, como se dijo, el cómic serio y adulto pasaba por las páginas de las revistas creadas por la editorial Frontera. Oesterheld dictaba impresionantes guiones de sus historias a los grandes dibujantes que trabajaban con ellos, entre los que se encontraban Hugo Pratt y Solano López; poco tiempo después se acercó a ese atelier de genios, Alberto Breccia.

El primer encuentro entre uno de los más grandes guionistas con uno de los mas grandes dibujantes no tardaría en explotar. Así, en diciembre de 1958, en el quinto número de Hora Cero Extra, se presentaba a Sherlock Time, con un Breccia impactando con el blanco y negro y un Oesterheld inspirado y poderoso. Era la misma época en que El Eternauta especialmente, creada un año antes, y otros inolvidables personajes que seguían vigentes y otros nuevos que eran presentados, hacían las delicias de todo el mundo que amara el relato dibujado adulto.

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La serie de Sherlock Time duró apenas once episodios, nueve en Hora Cero Extra y dos en el Suplemento Semanal de Hora Cero, entre diciembre de 1958 y septiembre de 1959.

Luego, los mismos once episodios volvieron a aparecer en diferentes revistas, republicados, hasta poco tiempo antes de la desaparición de Oesterheld.

Pese al éxito del cómic, jamás sus autores retomaron las aventuras de Sherlock Time y su compañero Julio Luna, el Watson argentino.

III. UN DETECTIVE EN EL COSMOS

Como su nombre lo indica, Oesterheld ya nos marca por dónde va a transitar la serie: Sherlock hace referencia insoslayable a lo detectivesco, y Time a uno de los tópicos de la ciencia ficción, los viajes por el tiempo.

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Decíamos que el autor amaba, entre otros, a Conan Doyle, pero también a Ray Bradbury y a toda la literatura de ciencia ficción y cine de género que destacaba en la prolífica década del cincuenta. Todo ello le permitió amalgamar dos de sus grandes pasiones: el eterno detective de Conan Doyle y el género literario y cinematográfico fantástico apuntado.

Los once episodios resultan una perfecta síntesis que fluctúa del policial con toques de ciencia ficción (quinto y sexto episodios) a una de ciencia ficción con toques policiales (séptimo y décimo).

La idea de un detective con una nave espacial instalada en una vieja torre cubierta de enredaderas de un caserón en las afueras de Buenos Aires era el escenario perfecto para que Oesterheld se explayara en el campo de la ciencia ficción y Breccia aportara la oscuridad del policial negro mediante el asentamiento de sus eternas sombras sugerentes.

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La idea fue y es genial: un Holmes del futuro y un Watson porteño, este último encarnado por el mencionado Julio Luna, un reciente jubilado solitario que acaba de adquirir a buen precio, y gracias a un préstamo bancario, el lúgubre caserón que hace las veces del legendario cuarto de 221B de Baker Street.

Sherlock, pese a la edad indefinida que hacen presumir sus viajes al infinito, se muestra joven, vigoroso y atlético, de profundas ojeras oscuras y rasgos duros, acorde al trazo de Breccia y a la negrura de la ambientación. Los fantasmas de Poe y Bradbury se advierten en su figura. La eterna pipa suma a sus momentos de reflexión en cualquier lugar del cosmos donde se encuentre.

La pareja se forma en el terrorífico primer episodio, cuando se nos desvela brillantemente el misterio de la nave espacial que le permite a Time viajar en el tiempo. Cada episodio nos enceguece con las amplitudes del espacio y de nuestro planeta mismo, plagado de criaturas monstruosas y atemporales, como aquella que habita el Ártico y que resulta genialmente inspirada en la película The Thing de su admirado Howard Hawks.

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También resulta inolvidable y asfixiante el genial episodio donde ya desde el comienzo Time plantea la duda acerca de si la Tierra es en realidad una cosmonave que se encuentra volando por el espacio desde hace billones de años con una tripulación de millones de personas.

O aquél en el que el viejo anticuario Eustaquio Méndez acude a contratar los servicios de Sherlock, dadas las consecuencias que un extraño y antiquísimo objeto que llegara a sus manos parecieran excederle.

No vale la pena contar más. Cada episodio es un banquete para disfrutar. Leer y releer este pequeño gran cómic de once aventuras no sólo nos exhibe la intemporalidad de Sherlock Time como argumento de sus historias, sino también la vigencia atemporal de la obra en sí misma.

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No hay carruajes, ni automóviles o trenes para egresar hacia las misteriosas aventuras que pican la curiosidad del detective universal, pero tenemos una nave espacial que le permite acercarse a ellas a través del tiempo y el espacio.

Federico Fornasari (Buenos Aires. Argentina)


5 Responses to “Sherlock Holmes en la máquina del tiempo”


  1. 17 septiembre 2013 a las 11:28

    En breve podré leer esto, pero, desde mi absoluta ignorancia, un par de dudas:

    1. El ayudante de Sherlock se llama Julio Luna. ¿Julio por Verne, y Luna por lo que tiene de espacial?

    2. ¿No podría esto ser un precedente de Doctor Who?

    • 2 Ulmer
      17 septiembre 2013 a las 15:29

      La obra de Oesterherd estuvo siempre influenciada por la literatura clásica de aventuras y el cine de género americano de los cuarenta y cincuenta, especialmente la ciencia ficción y el western. E incluso respecto de los primeros cómics de esa época. Cabe perfectamente como respuesta a tu primera pregunta ya que en sus personajes ha homenajeado dependiendo la temática.
      En cuanto a precedente de Dr. Who, es muy posible; hay cosas en común, incluso apreciables en la segunda parte de El Eternauta.
      Fue una pena que la serie Time durara sólo once episodios. Ello no permitió desarrollar todo el potencial del personaje más allá de su contundencia y personalidad que los mismos ostentan.

  2. 4 doctorwatson65
    17 septiembre 2013 a las 17:42

    Interesante…

  3. 7 octubre 2013 a las 21:05

    Fantástico Sherlock Time, e inmenso, como siempre, Oesternheld…


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