24
Sep
12

Arcano XVIII: La Luna

Y relampagueaba en torno de ella una luz

in­finita de antorchas. A un lado y a otro,

los pe­rros sub­terráneos la acla­maban con agudo aullido.

Apolonio de Rodas, Argonaúticas

Deux ladres se lamentaient sous ma fe­nêtre,

un chien hurlait dans le carre­four, et le gril­lon

de mon foyer va­tici­nait tout bas.

Aloysius Bertrand, Clair de Lune

 

En un páramo desolado, dos cánidos, al pie de dos torres en­frentadas, aúllan a una luna antropomorfa que parece de­rramar lágrimas de sangre y gotas de rocío. En el primer plano del naipe un cangrejo remonta hacia la tierra desde el fondo de un charco de intenso color azul.

La Lune – Tarot de Marsella

La Lune – Tarot de Marsella

La Luna continúa la serie cósmica iniciada con los aeroli­tos de La Torre Abatida,y lo hace siguiendo la ló­gica progre­siva del Tarot, donde la Luna sucede en la no­che a Venus para dar luego paso al Sol, conforme a la im­portancia creciente de cada uno de es­tos astros en nuestro entorno cultural.

Las gotas rojas y los rayos del mismo tono que la cer­can recuerdan a la Luna ensangrentada del Apocalipsis[1]y con­fieren al satélite un carácter ominoso, evocador del mundo oscuro de la noche con su larga cohorte de criatu­ras fantas­males y maléficas. Con independencia de su color (azul, rojo y amarillo), la posición de las gotas es también extraña, ya que no caen, sino que se diría que son atraídas por la Luna. Tal vez tratase el grabador de ilustrar de ese modo el imperio de la Luna so­bre el vaivén de las aguas y los ciclos menstruales o su mucho más discutible in­flujo sobre la conducta de los seres vivos, repre­sentados por los perros alobados y el cangrejo del naipe, o so­bre las emociones y las facultades mentales de los hom­bres, particular­mente en las fases del plenilunio y la luna nueva.

Anotemos por último que los dibujos del Arcano XVIII, número múltiplo de tres, se organizan de acuerdo a los tres grandes ámbitos sobre los que la Luna ejer­cía tradicionalmente su ascendiente: el plano celeste, en el que el astro evolu­ciona y cambia de aspecto cada mes. El plano infernal, representado por los perros y las torres, y el elemento acuático, femenino y pasivo, dominio predilecto, como los dos anteriores, de la dei­dad tri­forme de las encruci­ja­das: Hécate, la Luna Negra.

 

William Blake. Hécate (c. 1795). Tate Gallery

William Blake. Hécate (c. 1795). Tate Gallery

 

Deidad originaria del Asia Menor, Hécate adquirió ya en la Grecia del siglo V a.C. su faceta dominante de divinidad lunar de los in­fiernos y gran soberana de las almas de los muertos, confundida a veces con Per­séfone. No obstante, fue en los textos herméticos de la Alejandría ptolemaica donde alcanzó su definitiva condi­ción de diosa de la brujería y los fantasmas, transmitida luego a la cultura tardo­medieval y renacentista que sirvió de sustrato a la iconografía del Tarot.

De la época helenística procede también la representación de Hécate con tres rostros o tres cuerpos; portadora de an­tor­chas (Hekate Phosphoros) y coronada con ramas de encina o rosas caninas, que merodea por los cruces de caminos y los pa­rajes solitarios en compañía de perros aullantes, “durante las horas de oscuri­dad en las que se intensifican los poderes del mal.”, si se nos permite citar un manus­crito “de principios del siglo XVIII” (nótese el ordinal), contenido a su vez en una crónica larga del Dr. Watson: El Sabueso de los Baskerville[2]

En El Sabueso de los Baskerville, donde se alude a la Luna nada menos que en veinte ocasiones, los motivos lunares apa­recen verdaderamente por doquier.

Tenemos a personajes afectados por ese oscuro don de Hécate que es la lo­cura, como Seldon, el preso huido del penal de Princetown[3], o el litigante compul­sivo Frankland. Lu­nático vecino de los Baskerville “aficionado a la as­tronomía”, queescudriña el páramo desde el tejado de su casa con el teles­copio de que dispone para observar el firma­mento[4].

Tenemos mariposas nocturnas relacionadas con el villano del caso[5]. Lepidópte­ros, que usan la luz de la Luna para orien­tarse, tenidos por almas de di­funtos que visitan a los vivos para traerles noticias no siempre buenas, pues en mu­chos paí­ses son insectos que presagian, al igual que los aullidos de los perros, la llegada de la muerte u otra desgracia inminente.

Y tenemos, por supuesto, todos los demás elementos princi­pales del Arcano Deci­moctavo: los perros gemelos bajo la Luna, las dos torres, la charca, y hasta una refinada alusión al signo astrológico de Cáncer y a su simbolismo específico en el ámbito del Tarot.

Pamela Colman Smith. The Moon (1909) Tarot Rider-Waite

Pamela Colman Smith. The Moon (1909) Tarot Rider-Waite

Comencemos por los perros en la noche.

Animal psicopompo o guía en las tinieblas de la muerte, el perro era, junto con el caballo negro y la serpiente venenosa, uno de los animales emblemáticos de Hécate Lunar[6]. De hecho, el más comúnmente asociado a una diosa llamada no por casualidad la ‘Perra Negra’.

El perro está presente en la historia bajo tres formas.

La primera es la del spa­niel del Dr. Mortimer. El perro de aguas que abre prácticamente la historia de Watson como pre­sagio del tema central, y que reaparece luego al cierre de la misma convertido en esqueleto, victima probable del can gi­gantesco[7] que causó también las muertes de sir Charles Bas­kerville y del hermano loco de su ama de llaves, Seldon, el con­victo escon­dido en el páramo de Dartmoor.

El segundo perro es la criatura espectral descrita en el docu­mento que narra los orígenes de la maldición ligada a la familia del título.

El manuscrito, plagado de simbología lunar, incluida la machacona reiteración del número tres, cuenta la suerte corrida por Hugo de Baskerville después de raptar, ayu­dado por unos amigotes, a la hija de un granjero para abu­sar de ella. Retenida en Baskerville Hall la muchacha lo­gra sin embargo escapar de sus secuestradores, quienes, al descubrir el hecho, se lanzan tras ella, con Hugo a la ca­beza montado en una “yegua negra” (se insiste mucho en este detalle), en una feroz per­secu­ción por el páramo que reproduce el tema de la ‘cacería infer­nal’ en la variante conocida como la del ‘cazador diabólico’ (infer­nalis ve­nator)[8]:

Hugo salió corriendo de la casa y pidió a gritos a sus mozos de cuadra que en­sillaran su yegua y soltaran la jauría; y dando a oler a los perros un pa­ñuelo de la don­cella, los puso sobre su pista y a la luz de la luna salieron au­llando por el páramo.[9]

Hugo no capturará de nuevo a la doncella, pero tampoco logrará ésta recorrer las “tres leguas” que la sepa­raban de su casa, como descubrirán luego “tres jine­tes, compañeros de francachela del noble, al contemplar en una hoya del pá­ramo ilumi­nada por la Luna a tres figuras macabras: el cadáver de la muchacha,el cuerpo sin vida de Hugo de Baskerville, y la “bes­tia negra con forma de sabueso pero mucho más grande que cualquier otro que jamás hayan visto ojos huma­nos[10]que le había desgarrado la gar­ganta en justo pago por su con­ducta blas­fema y las­civa.

Sidney Paget. The Hound of the Baskervilles. The Strand Magazine (1901)

Sidney Paget. The Hound of the Baskervilles. The Strand Magazine (1901)

En relación con esta salvaje mani­festación de la justicia retributiva del Arcano VIII, señalemos que Hugo de Basker­ville es muerto por el perro infernal en la no­che del día de san Miguel[11]; uno de los cuatro días del año en que los terrate­nien­tes de Inglaterra y Gales cobraban tradicionalmente las rentas a sus aparce­ros[12]. Día, en sentido estricto, de rendición de cuentas y pago de deu­das, en que no podía denegarse ade­más justicia al que la pedía contra cual­quier desafuero. En tan opor­tuna circunstancia tem­poral, el castigo de Hugo parece la resulta de un juicio suma­rio donde el sabueso que descabeza al noble de un mordisco es, si­mul­tá­neamente, el cánido Anubis pesador de almas y el mons­truo Ammit, devo­rador de difuntos in­dignos de alcanzar la vida eterna debido al peso de sus actos inmorales.

El tercer perro de la historia es el sabueso real cubierto de fósforo (literal­mente, ‘que trae la luz’, uno de los sobrenom­bres de Hécate) de que se sirve Jack Staple­ton, el descendiente oculto y postergado de los Baskerville, para matar a sus pa­rientes y recuperar la herencia que estima suya.

Con este perro mestizo[13], “que se corresponde exacta­mente con el sabueso infer­nal de la leyenda[14], se completa la figura casi heráldica[15] de la pareja de perros lobunos ladrando a la Luna, o nutriéndose de ella, que custodian el paso en­tre los dos torreones enfrentados del Arcano XVIII.

Las torres de la lámina representan, por supuesto, las puer­tas del infierno, guar­dadas tanto por el can Cerbero de tres ca­bezas como por Hekate Propylaia[16] en su papel de diosa de los puntos liminares entre el mundo normal y el de los espíri­tus. En El Sabueso de los Baskerville tales puertas aparecen también bajo tres formas distintas.

La primera es trasunto preciso del material del naipe, pues son “las torres gemelas, antiguas, almenadas y perforadas por muchas troneras[17] de Bas­kerville Hall. Dos construcciones “altas y estrechas”, visibles también, como las del Tarot, desde la zona pantanosa:

Fuera se estaba poniendo el sol y el poniente resplandecía en escarlata y oro. Su reflejo lo devolvían en manchas rojizas las remotas charcas situadas en medio de la gran ciénaga de Grimpen. Se veían las dos torres de Baskerville Hall.[18]

La segunda variante de las ‘puertas del infierno’es el “largo y tenebroso pa­seo, entre dos altas paredes de setos re­cortados” que da acceso directo al páramo desde Baskerville Hall. Un corredor vegetal denominado, a causa de los árboles que lo formaban, “el Paseo de los Tejos”.

Símbolo de inmortalidad en razón de su pasmosa supervi­vencia, solía plan­tarse el tejo en las necrópolis, donde sus hojas, corteza, semillas y savia veneno­sas[19] alejaban al ganado de las tumbas. A causa de su toxicidad, se tenía por arries­gado quedarse dormido o permanecer mucho tiempo bajo el efluvio de esta conífera, fuente posible de pesadillas, cuando no de espeluznantes visiones es­pectrales (‘hecateas’, en griego) como las que sir Charles Baskerville creyó expe­rimentar antes de morir en el pasillo arbóreo de su mansión[20].

Que sir Charles cayera muerto literalmente de miedo en ese preciso lugar que limita el mundo de los vivos con el reino del perro fantasmal no es cosa extraña, pues el tejo era un árbol funerario consagrado a Hécate.

José Luís Errazquin. La Lune (2009) de El Tarot del Dr. Watson

José Luís Errazquin. La Lune (2009) de El Tarot del Dr. Watson

La tercera variante es la más estilizada. En ella, las puertas de acceso al reino de los muertos, aún visibles en tiempos de Watson, son las “dos grandes piedras, des­gastadas y afiladas en su extremo superior, hasta parecer los enormes col­millos corroídos de alguna bestia monstruosa[21], que enmarcaron las muerte del malvado Hugo y la doncella raptada según el legajo familiar.

En todos los casos, las torres de Baskerville Hall, el Paseo de los Tejos y los menhires fundidos con las fauces de un ani­mal petrificado, dan paso a la vasta geografía de tintes so­bre­naturales for­mada por el tremedal de Grimpen y la para­mera de Dartmoor, con sus cuevas, su mina abandonada y su ne­crópolis neo­lítica como puntos explícitos de entrada al infra­mundo.

El laberinto panta­noso de Grimpen, la charca del naipe, descrito como una suma de “islas separadas del resto por la ciénaga infranqueable[22] en cuyo cen­tro se encuentra el perro homicida, es en realidad un trasunto del Hades de Platón, con sus “muchas bifurcaciones y re­vueltas[23] y sus isle­tas y ríos de aguas turbias confluyendo en el lodazal del Aqueronte, en una de cuyas orillas se abrían las puertas infer­nales defendidas, como ya hemos dicho, por el negro Cerbero.

Por mucho que alardeara Stapleton de orientarse sin dificul­tad por el enorme dédalo y ser el único “capaz de llegar hasta el centro de la ciénaga y regresar vivo[24], lo cierto es

“… que nunca consiguió llegar a aquella isla en la que espe­raba re­fugiarse. […] En alguna parte del fondo de la gran ciénaga de Grimpen, bajo el fétido cieno del enorme pantano que se lo había engullido, está enterrado para siempre aquel hombre cruel y despiadado.[25]

Adúltero, ladrón, estafador y asesino, era poco probable que el retorcido habi­tante de Merripit House (‘la casa del pozo feliz’, aunque ‘Miry pit’, ‘hoyo fan­goso’, le iría mucho mejor) mere­ciera ser salvado por la Providencia de “una horrible hoya” a imagen del justo de los Salmos[26].

Sobre el fondo limoso vagan también los cangrejos de agua dulce, como el de­cápodo agigantado por el efecto del agua del Arcano Decimoctavo.

El cangrejo de andar regresivo, similar al desplazamiento de la Luna en el cielo, vincula en el simbolismo del Tarot al Arcano XVIII con Cáncer, el signo de la ca­nícula[27] regido por la Luna, y a través de éste con la Casa IV de la banda del Zo­díaco en la que el signo influye según las convenciones astro­lógicas occiden­tales.

Conforme a dichas convenciones, la Casa IV gobierna las propiedades familia­res, los fundos, las moradas, las herencias, pero también los pozos, las mi­nas y las tumbas. La Casa IV representa asimismo la estirpe, el lugar del indivi­duo en su hogar o en su propia patria, los secretos de familia que se hacen públi­cos y, por citar de nuevo a Oswald Wirth, lo que éste llama en su glosa del Ar­cano XVIII, “inter­vention mysté­rieuse et profonde de latavisme. Parents, Père. Genitor[28].

Anónimo. The Moon (2012) de A Sherlockian Tarot

Anónimo. The Moon (2012) de A Sherlockian Tarot

Todos estos motivos están presentes con anormal exhausti­vidad en El Sa­bueso de los Baskerville: el legado en disputa, la gran casa solariega, la mina de­sierta en el corazón del tem­bla­deral, el cementerio prehistórico, la familia aristo­crática con su maldición y su peculiar linaje de vástagos torvos de los que Jack Stapleton, el hijo ignorado del hermano menor de sir Charles, es el perfecto co­rolario.

Condenado a ocultar su nombre y a no encontrar su sitio en el hogar ancestral, Jack Stapleton es un apátrida que deja tras de sí su tierra de adopción en el Tró­pico de Cáncer Costa Ricapara marchar a Gran Bretaña, después de robar una con­siderable suma de dinero público; desandando así, como el crustáceo del naipe, el camino de su padre, Rodger Baskerville, huido de Inglaterra a América Central por motivos igualmente oscuros[29].

La regresión, entendida como la reaparición en un indivi­duo de caracteres pro­pios de sus remotos ascendientes lo que Wirth denominaba la “intervención mis­teriosa y profunda del atavismo—, será asimismo la clave para la resolución del enigma de los Baskerville[30]. Una clave, escondida en un re­trato fechado en 1647 (1+6+4+7=18) del odioso Hugo de Bas­kerville, augurada desde el inicio del caso en la producción ensayística del Dr. Mortimer, introductor de Holmes y Watson en la aventura, y autor, entre otros textos, de“¿Es la enferme­dad una regresión?” o “Algunos capri­chos del atavismo[31].

Como el propio Holmes afirmaría: “The odds are enor­mous against its being coincidence[32].

 

© Juan A. Requena, Madrid 2009

 

[Capítulo de El caso de la baraja perversa. El Tarot según John H. Watson (ISBN: 978-84-613-2869-7), reproducido con autorización expresa del autor]

 


      [1]Ap, 6:12: “El sol se volvió negro como un saco de pelo de cabra y la luna se tornó toda como de sangre.

      [2]The Hound of the Baskervilles, The Strand Magazine;Lon­dres, agosto de 1901 a abril de 1902. Trad. castellana de Juan A. Molina Foix, El Sabueso de los Baskerville, cap. II. Valdemar [Enokia S.L.], Madrid 2006.

      [3]A Seldon “se le había conmutado la pena capital en razón de algu­nas dudas sobre el es­tado de sus facultades mentales, precisamente por lo atroz de su conducta.El Sabueso de los Baskerville, cap. VI.   

      [4]El Sabueso de los Baskerville, capítulo VIII. En algunas versiones posrenacentistas del Tarot el Arcano XVIII reproduce precisamente a un astrónomo contemplando la Luna. 

      [5]El apellido Vandeleur [uno de los alias de Stapleton] ha quedado vinculado para siem­pre con cierta mariposa nocturna que él había sido el primero en describir.El Sabueso de los Bas­kerville, cap. XV.

      [6]Algunos de los papiros alejandrinos imaginaban a Hécate con tres cabezas zoomor­fas: una de perro, otra de serpiente y otra de ca­ballo. Puede ser casualidad, pero estos tres anima­les lunares ocupan un puesto privile­giado en el bestiario infernal del Dr. Watson, relacionados a veces entre si y casi siempre con el elemento agua, como instrumentos de la Justicia inma­nente. Esta función retributiva la cumplen a la luz de la luna los perros de «Las Hayas Cobrizas» y «El hombre que reptaba». O la víbora de los panta­nos de «La banda moteada», que se revuelve también como los anteriores contra su amo haciendo exclamar a Holmes, “¡Qué gran verdad es que la violencia se vuelve contra el violento y que el intri­gante acaba por caer en la fosa que cava para otro!” La reflexión del detective es, por cierto, una paráfrasis de Prov, 26:27 y, sobre todo, de Sal, 7:16 (“el que cava y ahonda la cis­terna, caerá en la hoya que el mismo hizo”), ya que la serpiente en­roscada en la cabeza de Gri­mesby Roylott se diría que es una ilustra­ción del versículo siguiente, el 17, del mismo salmo: “Recaerá sobre su cabeza su malicia, y su crimen sobre su mollera”.

      En «Silver Blaze» es el caballo de carreras del título quien mata a su entrenador, el adúltero y tramposo John Straker; dejando su cuerpo coceado en una hoya barrosa del páramo de Dart­moor, bajo la luna en cuarto cre­ciente. El nombre del caballo, ‘Estrella Plateada’ o ‘Fulgor Plateado’, remite a su vez al metal lunar por excelencia y a Sirio, la estrella de “reful­gente plata” de la constelación del Can Mayor. Señalemos, por último, que el silencio de un perro en la noche será de vital importancia para que Sher­lock Holmes pueda esclarecer la desaparición de aquel valioso purasangre. En el capítulo VII de El Sabueso de los Baskerville, Watson, antes de oír por primera vez el aullido del perro en el pantano de Grimpen, nos narrará su visión de un pony agonizando en el lodo. Imagen premonitoria a su vez de la muerte en el fangal de Jack Stapleton.

      [7]El spaniel muerto nos recuerda que Hécate era la Dea Canicida, a la que se inmolaban perros al llegar la medianoche durante sus misterios: “Los lamentables gritos de estos animales, mientras se los sacrificaba, decían que alejaban los horrorosos espectros, enviados a menudo por esta diosa.” Jean-François Michel Noël, Dictionnaire Universel de la Fable et de la Myt­hologie, Le Normand, París 1801. Trad. castellana, Diccionario de Mitología Univer­sal, edi­ción a cargo de Francesc-Lluís Cardona: Edicomu­nicación S.A., Barcelona 1991, vol. 2, pág. 645.

      [8]La persecución de una mujer por perros infernales y caballe­ros blasfe­mos, reos por lo general del pecado de lujuria. El mito, muy anti­guo, está extendido por toda Europa. Vid. Claude Lecouteux, Chasses Fantasti­ques et Cohortes de la Nuit au Moyen Âge. Éditions Imago, París 1999.

      [9]El Sabueso de los Baskerville, cap. II.

      [10]El Sabueso de los Baskerville, cap. II.

      [11]Ocurrió que un día de san Miguel, este Hugo, con cinco o seis de sus ociosos y malva­dos compañeros, entró a hurtadillas en la granja […], y se llevó a la don­cella.El Sabueso de los Baskerville, cap. II.

      [12]¿Era tal vez la doncellez de la joven ‘la renta debida’ en este caso?

      [13]No era ni sabueso ni mastín de pura raza, sino que parecía más bien una mezcla de los dos: demacrado, feroz y tan grande como una leona pequeña.El Sabueso de los Baskerville, cap. XIV.

      [14]El Sabueso de los Baskerville, cap. III.

      [15]En el Tarot de Marsella, los dos perros parecen ejercer de tenantes de una especie de blasón de tres bandas formado por el fragmento del pai­saje que enmarcan.

      [16]En griego, ‘la que está delante de la puerta’. Según Wirth, “de la tour de droite, qui est éclairée, viennent des avertissements raisonnables sur le triste sort des victimes d’Hécate, ex­posées à perdre leur équilibre mental, leur raison, leur santé physique et morale, même leur vie. Le corps de garde obscur de gauche n’est pas plus rassurant.” Oswald Wirth, ob. cit. pág. 231.

      [17]El Sabueso de los Baskerville, cap. VI.   

      [18]El Sabueso de los Baskerville, cap. XI.    

      [19]Con excepción de sus bayas, todas las partes del tejo contienen un poderoso alcaloide, la taxina. Catuvolco, jefe de los Eburones (‘los que cultivan el tejo’), se suicidó con una infusión de esta planta al ser vencido por Julio Cesar, según cuenta éste en el Libro VI, cap. 31, de su Guerra de las Galias.

      [20]En aquel tenebroso túnel debió de ser, en efecto, un horrible espec­táculo ver a aquella enorme criatura negra, de fauces llameantes y ojos que echaban chispas, saltando en pos de su víctima. sir Charles cayó muerto al final del paseo debido al terror y a su corazón enfermo.El Sabueso de los Baskerville, cap. XV.

      [21]El Sabueso de los Baskerville, cap. VIII.  

      [22]El Sabueso de los Baskerville, cap. VII.    

      [23]Pero el viaje no es como Esquilo hace decir a Telefo: ‘Un camino sen­cillo conduce al Hades’. Yo en cambio creo que no es ni simple ni único, de otra forma no habría necesidad de guías, puesto que no podría uno extraviarse en ningún sentido si sólo hubiera un camino. Por el con­tra­rio, me parece que hay muchas bifurcaciones y re­vueltas, lo que conje­turo a partir de las ce­remonias piadosas y los ritos practicados en la tie­rra.” Platón, Fedón, trad. castellana de Violeta García Morales, Edicomu­nicación S.A., Barcelona 1995, cap. LVII (108a), pág. 109.

      [24]El Sabueso de los Baskerville, cap. VII.   

      [25]El Sabueso de los Baskerville, cap. XIV.  

      [26]Y me sacó de una horrible hoya, de fangosa charca” [Sal, 40:3]. O si citamos según la King James Bible: “He brought me up also out of an horrible pit, out of the miry clay” [los resaltados son nuestros]. En el mismo sentido, Sal, 69:3 y 69:15-16.

      [27]Pues cubre el período comprendido aproximadamente entre el 22 de junio y el 22 de julio.

      [28]Oswald Wirth, ob. cit. pág. 357. Véase también, aunque la informa­ción está en cualquier texto básico sobre la materia, Esteve Carbó i Ponce, Manual de astrología tradicional, José J. de Olañeta Editor; Palma de Mallorca 2008, pág. 104.

      [29]El tercero, Rodger, fue la oveja negra de la familia. Era de la vieja estirpe autoritaria de los Baskerville, y la viva imagen, según me han con­tado, del retrato de familia del viejo Hugo. Su situación en Inglaterra le resultaba tan insostenible que tuvo que huir a América Central, donde murió de fiebre amarilla en 1876.” El Sabueso de los Baskerville, cap. III.

      [30]Sí; es un caso interesante de regresión, que parece ser tanto física como espiritual.El Sabueso de los Baskerville, cap. XIII.

      [31]El Sabueso de los Baskerville, cap. I.    

      [32]«The Adventure of the Second Stain». The Strand Magazine, Lon­dres, diciembre de 1904.

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