20
Sep
12

Estudio en Esmeralda, de Alberto López Aroca

 “ … aparentaba estar cerca de los treinta años, más o menos y tenía un aspecto que resultaba, cuanto menos, inquietante. Su piel albina como la cal y totalmente opaca contrastaba con el pelo negro que cubría su cabeza, destelleante bajo la luz amarilloverdosa de Doilette. Los rasgos aguileños de su cara, la nariz grande y puntiaguda, los ojos pequeños y oscuros pero perspicaces, unos labios prácticamente momificados, inmóviles; todo esto le confería un aspecto zorruno que llevaba  a pensar en alguien muy astuto y sagaz. Por otro lado, la ridícula vestimenta que lucía alegremente, ese gabán sucio y raido del que ya he hablado con anterioridad, le hacia ostentar el estandarte de la ridiculez por encima de su cabeza. Pero en pocas horas, tan singular personaje consiguió ganarse no sólo mi simpatía, sino todo mi respeto.”

 

Así describía a Sherlock Holmes (para la ocasión, rebautizado Sholomon Hume) en 1996, un veinteañero Alberto López Aroca que se había propuesto rendir homenaje tanto al detective consultor como  a la ciencia ficción pulp  que, como  tantos de nosotros, nos permitieron ejercer el sentido de la maravilla, narrando  – con el descaro y osadía propios de su juventud – una historia de proporciones cósmicas utilizando, nada más y nada menos, la estructura de la seminal Estudio en Escarlata.  

Así, López Aroca, fiel al principio (al que sirve, inexorable, hasta mañana mismo) de que la literatura es sinónimo de disfrute, y que el primero que debe pasárselo teta es el autor, no dudó en recurrir“ … a los textos más viejos del planeta del Imperio: la literatura del planeta 1” y convocar a “los viejos fantasmas, capitán, [que] de cuando en cuando nos echan una mano piadosa”, es decir, a los héroes eternos –Holmes, Watson, Challenger…-  para pulular por el planeta Doilette, retablo de Maese Pedro alentado por el hálito de Julio Verne, donde tendrá lugar esta historia de historias   “…reconstruida, como pueden ver a partir de retazos de otros mapas mayores, ahora perdidos en gran parte” que no otra cosa es este reluciente, y felizmente reeditado por Ilarión, Estudio en Esmeralda.

 

Luis de Luis Otero

 

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