03
Abr
12

Una tarde en El Valle del Miedo

La figura de Sherlock Holmes, lejos del mero arquetipo decimonónico que pretenden sus detractores, conlleva multitud de matices y posibilidades en los que, a poco que se indague, pueden llegar a encontrarse descubrimientos más que interesantes; es por eso laudable la labor de la asociación cultural Sábados Negros que, precisamente el pasado día 10 hizo de la tarde sabatina un agradable encuentro entre todos aquellos que en su día nos dejamos hechizar por la atmósfera misteriosa del Londres victoriano en el que, a través de la prosa de Arthur Conan Doyle, el inmortal habitante del 221B de Baker Street tuvo a bien hacernos partícipes de su método deductivo.


Del conjunto de novelas y relatos que forman el canon oficial del universo holmesiano (es decir, aquel escrito por Doyle), quizá sea la última novela, El Valle del Miedo, la más atípica por  muchas razones: porque se ubica en un suceso real -la rebelión minera de los “Molly McGuires”- alejado del marco urbano victoriano característico de las aventuras de Holmes, por su atmósfera opresiva, preludio de lo que pronto derivará en la novela negra y, no lo olvidemos, supone el reencuentro con un viejo conocido: Moriarty.


De todas las facetas y posibilidades que esta novela ofrece y su reflejo en otros ámbitos versó, pues, nuestra reunión; se inició con un interesante itinerario por la influencia que la citada rebelión ejerció sobre la música folk irlandesa (lo que supuso todo un descubrimiento para quienes, como el autor de este artículo, aman este género), a cargo de Luis de Luis, seguida de una exposición de Juan Antonio Molina Foix acerca de las asperezas que la traducción de esta novela en concreto implica, dado el ambiente en que transcurre y la considerable cantidad de modismos en ella empleados; así, el insigne traductor nos reveló una buena cantidad de formas en que una jerga local puede encontrar sentidos en otro idioma como el nuestro.

Miembros de los Molly Maguires marchando hacia su ejecución. Pottsville, 21 de junio de 1877.

 

Al fin, Juan Carlos Monroy pasó a centrarse en los acontecimientos reales que dieron lugar a la segunda parte de la novela de Conan Doyle, y presentó el nacimiento de los Molly Maguires así como, en concreto, los sucesos que acontecieron por medio de la investigación de un detective dela Pinkerton, agencia de detectives que, por otro lado, sonará a todos aquellos que amamos el género del western.

Jack Kehoe, líder de los Mollys en Girardville, Pensilvania

Como extensión y demostración definitiva de esta tesis, Carlos Díaz Maroto pasó a exponer la más que sospechosa similitud (en estructura y tono) de la narración escrita por Doyle con la película de Martin Ritt Odio en las entrañas, centrada en la mencionada rebelión como expresa su significativo título original, The Molly Maguires. Una vez comentada dicha semejanza, el interés de la ponencia pasó sin embargo a centrarse en un análisis crítico de la película en sí, potenciado con la proyección de algunas secuencias reveladoras en las que, como era de esperar, se mostraron los inevitables encontronazos con la sempiterna censura franquista.

 

Se concluyó el recorrido con la re-presentación de la novela de Alberto López Aroca Candy City,  novela negra ambientada en la localidad del título, de la que su autor hizo un  muy divertido análisis propiciando no solo el deseo de adentrarnos en la lectura de tan curiosa propuesta, sino rubricando las muchas posibilidades que tanto el relato, por así decirlo, holmesiano como la propia novela negra aún pueden ofrecer (hay que decir que Aroca es un gran conocedor del universo de Sherlock Holmes y tiene ya más de una interesante hibridación con el detective de Baker Street como protagonista).


Con el paréntesis de una emotiva conmemoración de la tragedia de Fukushima, concluyó así este viaje a través del semblante más desconocido de Sherlock Holmes; hubo espacio para un karaoke, a tono con el ambiente, de Celtas Cortos -irónicamente, quizá el momento más triste de la velada-, presentaciones, encuentros, saludos, tertulias a pie de calle y la sensación general de que todo podría ir a más. Faltó, quizá, una mayor dedicación a la figura de Moriarty, a la que apenas se hicieron algunas breves menciones (al fin y al cabo, es una figura de gran importancia, no ya en la propia novela, sino en todo el universo sherlockiano general), pero no era este el tema a debatir; con toda probabilidad, el Napoleón del crimen será tratado con exhaustividad en otra ocasión. A los que regresamos nos quedó el buen sabor de un agradable viaje y el deseo sincero de que esa ocasión llegue cuanto antes.

 Manuel Aguilar

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3 Responses to “Una tarde en El Valle del Miedo”


  1. 3 abril 2012 en 8:00

    Continuamos con nuestra crónica sobre el Sábado Negro dedicado a “El Valle del Miedo” con los comentarios de alguien ajeno a la mesa, pero que comparte con esta su pasión sherlockiana.

  2. 3 doctorwatson65
    4 abril 2012 en 19:20

    Interesante visón del evento…


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