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Reflexiones en voz alta (“El Valle del Miedo” vs. “Cosecha Roja”)

Reflexiones en voz alta (“El Valle del  Miedo” vs. “Cosecha Roja”)

(Notas para una intervención en el 47 º Sábado Negro celebrado el 10 de marzo de  2012 en la librería Traficantes de Sueños. C/ Embajadores 35, Madrid)

 

Mi única intención es, a propósito de El Valle del Miedo, hacer un par de reflexiones en voz alta sobre las etiquetas, generalizaciones o convenciones que utilizamos cuando hablamos, debatimos o enredamos sobre eso que convenimos en llamar, dentro del amplio campo de la literatura  policial, novela negra.

 

Así, está comúnmente aceptado que, parafraseando a la Biblia, en el principio solo estaba Dashiell Hammett.  Y que allá por 1929, cual Supremo Hacedor dijo:  Hágase la luz” y la novela policial se volvió negra con la publicación de la justamente célebre y aclamada Cosecha roja, libro que ha sido, merecidamente,  molde y modelo de la literatura policial y cuya vigencia permanece, sin visos de que desaparezca, hasta mañana mismo.

Y, si bien es cierto que el término “novela negra” no se acuñaría hasta ya entrados los años cuarenta (por la intelectualidad francesa con ese don –dicho sea como elogio– del país vecino para apropiarse de toda manifestación cultural ajena, hacerla suya, darle carta de naturaleza y  aprovechar para explicar al resto de la humanidad cómo, dónde y por qué deben leer, ver, comer o beber) no lo es menos que -en palabras del no menos mítico Raymond Chandler- Cosecha roja devolvió la novela policial a la calle y abrió la espita a un aluvión de novelas valientes, agresivas, comprometidas y combativas que explicaban y desvelaban, mediante historias criminales, la podredumbre, miserias y corrupción que ocultaba la desteñida purpurina  de la derrumbada sociedad norteamericana una vez perpetrados los, así considerados, felices años veinte.

Lo noir, en versión fílmica

Lo noir, en versión fílmica

Además, de paso, y como quien no quiere la cosa, la nueva novela negra invalidaba la ficción policial escrita desde mediados del siglo XIX. De repente, ese tipo de novela, la llamada “novela enigma”, se volvió despreciable y despreciada por ofrecer relatos de crímenes con argumentos alambicados, pequeño burgueses y artificiosos;  resueltos, cuales sudokus, por detectives a cuál más extravagante, excéntrico o disparatado, modelados todos en el -súbitamente demonizado- arquetipo encarnado por  Sherlock Holmes. Padecían, esas novelas, una carencia de valor añadido que ostentaba la “novela negra” como instrumento o palanca para conocer, auscultar, comprender o socavar la corrupta moral social. Y ya quedó, esa literatura, descartada como meros pasatiempos, distracciones o meros entretenimientos.  Ya no valía (o, mejor, quizás nunca lo hubiese hecho) para analizar y comprender la sociedad.

Así son las cosas, o así las percibimos o, al menos, así nos las han contado. Aunque no sean exactamente así, ni siquiera lejanamente así. Es el problema de las etiquetas. Por muy cómodas y útiles que sean acaban por resultar simplistas, incómodas y, como poco, engorrosas.

Recordarán, sin duda, la trama de Cosecha roja, en la que un empleado de una agencia de detectives llamadala Continental (un apenas disimulado alias de la todopoderosa agencia de detectives Pinkerton) se infiltra en los diversos ámbitos de poder e  instituciones (prensa, policías, empresarios, mafias…) de Personville (o, mejor, Poisonville), una podrida y ficticia ciudad ubicada en un valle minero para, enfrentándolos desde dentro, “limpiar la ciudad” .

Resulta un argumento, cuanto menos,  sorprendentemente similar a la segunda narrativa contenida en El Valle del Miedo, cuarta y última novela del ciclo narrativo dedicado a  Sherlock Holmes. Se lo cuento: un detective de la agencia Pinkerton se infiltra en los Scowrers, la poderosa asociación que gobierna mediante la extorsión y el crimen organizado la ciudad de Vermissa, casualmente, cabeza de un valle minero. La intervención encubierta del detective, su firme actitud moral ante la podredumbre de la sociedad minera, “limpiará la ciudad” y, de alguna manera, moralizará la vida pública de forma no muy distinta a la realizada por el Agente de la Continental.

Dashiell Hammett

Dashiell Hammett

 

No dejará de resultar, cuanto menos,  curioso, para los amantes de las etiquetas y los tópicos, que esta narrativa provenga de la pluma de Sir Arthur Conan Doyle, epítome, estandarte y bandera de la banal novela policial decimonónica. Es, además, muy revelador que la narrativa sobre los Scowrers conviva bajo las tapas del libro con otra narrativa a la que complementa, titulada “La tragedia de Birlstone”, en la que se llevan hasta la exasperación los presupuestos de la novela enigma o problema, con la narración y resolución de un problema de “cuarto cerrado” que, por supuesto, no les revelaré.

De alguna manera, quiero pensar que Arthur Conan Doyle tuvo la magnífica intuición en 1914 (es decir, quince años antes  de Cosecha roja, interesa resaltar este dato) del anticipar el cambio que se avecinaría en la ficción policial y, me gusta pensar, que publicando en El Valle del Miedo codo con codo estas dos narraciones tan opuestas como complementarias daba, de alguna manera, el relevo y saludo a la novela negra.

No acaban ahí las prodigiosas intuiciones de Conan Doyle;  no solo ya prevé la importancia de las ciencias forenses en la ficción policial (baste citar la omnipresente y celebérrima serie CSI) sino que, también, el police procedural, es decir, la narrativa protagonizada por los cuerpos policiales (baste como muestra otro botón, la célebre Canción triste de Hiill Street).

No es imposible imaginar a un joven Dashiell Hammett que, tras leer El Valle del Miedo, se afane en alistarse en la Agencia Pinkerton (donde trabajó casi una década), que dejó para dedicarse a escribir su primera novela, esa magnífica recreación de El Valle del Miedo que es Cosecha roja.

 

No está en mi ánimo restar mérito alguno a la figura y obra de Dashiell Hammett, al contrario, ya dije que en el Origen solo estaba Dashiell Hammett. Pero, si me permiten una reflexión final, que llevo dos años esperando hacer, antes del principio estaba Sherlock Holmes. Y después, también.

Como podrán comprobar en la extraordinaria  novela de Alberto López Aroca, también protagonizada por una ciudad (tan infecta como Posionville o Vermissa) llamada Candy City a la que solo le falta carbón y sobran caramelos.  

 

Luis de Luis Otero

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12 Responses to “Reflexiones en voz alta (“El Valle del Miedo” vs. “Cosecha Roja”)”


  1. 28 marzo 2012 en 9:16

    Bueno, pues seguimos con el especial EL VALLE DEL MIEDO. Este texto, en teoría, es uno de los que debiera haber declamado Luis de Luis, aunque finalmente hizo un resumen rápido y dejó mucho en el tintero, por lo cual su publicación se hace mucho más valiosa aún.

  2. 2 Birdy Edwards
    28 marzo 2012 en 14:57

    Gran verdad!

  3. 28 marzo 2012 en 17:01

    Absolutamente maravilloso!!

    Muchas gracias 😉

  4. 29 marzo 2012 en 14:49

    Espléndido artículo. Tan solo decir que Estudio en escarlata ya es novela negra.

  5. 29 marzo 2012 en 18:28

    Esa última frase tuya, Irene, daría para un artículo interesantísimo, disertando los orígenes de la novela negra (entre otros orígenes)

  6. 30 marzo 2012 en 11:49

    Gracias por tus halagadoras palabras. Mi comentario se debió a que teniendo la posibilidad, entre varios autores, defenderé siempre a Arthur Conan Doyle, autor que tan buenos momentos me hizo y me sigue haciendo pasar.
    Por cierto, en uno de tus artículos, leí y me pareció entender que tenías una tienda de libros. ¿Dónde está?.
    Seguro que con tus magníficos artículos has de tener de lo mejorcito en cuanto a novelas negras se refiere.

  7. 30 marzo 2012 en 18:13

    ¿Yo, una tienda de libros? Me temo que no leíste bien y era referido a algún visitante habitual. Yo soy solo un mileurista que a duras penas llega a fin de mes… Snif.

    Lo que sí tengo es una web, que te invito a visitar: http://www.pasadizo.com

    Saludos.

  8. 31 marzo 2012 en 12:29

    Ya sé donde reside mi equívoco: yo leí “En mi tienda siempre estoy vendiendo algún libro del detective, de toda la colección de Valdemar, él y Lovecraft son de los más vendidos”. Sin embargo, me he dado cuenta de que ese artículo no lo escribiste tú (pensé que todos eran tuyos),sino de un tal Emilio.
    Te pido disculpas. De todas formas no hay mal que por bien no venga, ya que así conoceré otra de tus páginas web.

  9. 2 abril 2012 en 8:56

    ¿Disculpas? ¿Por qué? 😉

    Te espero por allí… Y por el foro… 😉

  10. 7 abril 2012 en 0:46

    Disculpas por mi confusión en cuanto a la tienda se refiere.
    No sé tú pero entre el valle del miedo y cosecha roja, me quedo sin duda con la primera novela, la trama y narración están mucho mejor elaboradas que la historia que se desarrolla en Poisonville, ya que en esta última no hay más que muertes, además las deducciones que presenta el detective se deben más a intuición que a lógica.
    Donde esté la elegancia y sabiduría de Holmes, que se quite la tosquedad de otros detectives.

  11. 9 abril 2012 en 9:25

    A mí me gustan todos los tonos, mientras el resultado sea positivo. Tanto Conan Doyle como Hammett me parecen excelentes escritores.

  12. 9 abril 2012 en 14:23

    No es que no me guste Hammet, pero el resultado ( a mi parecer), no es tan positivo como el de Doyle.


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