06
Mar
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La música de “El Valle del Miedo”

Allí estaban aquellos hombres, familiarizados con el asesinato

 que no sentían ningún remordimiento o compasión por la esposa que lloraba o los hijos que quedaban desamparados

y , sin embargo, lo tierno o patético de la música les hacía llorar

de El Valle del Miedo 

  

–        Nada como un poco de música para hacer olvidar las penas

–         Sí, pero desafina

Diálogo de Odio en las entrañas

Introducción

El intercambio de ideas y la utilización tangencial del conocimiento son muchas veces de extraordinario interés” dice Sherlock Holmes en un momento dado de El Valle del Miedo, y no seré yo quien lleve la contraria al detective consultor. Valga este ejercicio tan inútil como entretenido y voluntarioso que solo pretende espigar una cuantas muestras que hagan las veces de botones de una (im)posible banda sonora – que recorre todo género de música imaginable – de tan extraordinaria novela.

 

1.      Las canciones tradicionales de El Valle de el Miedo

Para conseguir el logro literario de recrear – con versatilidad y credibilidad – un mundo lejano y, en principio, ajeno como es, en el caso que nos ocupa, la vida de un valle minero norteamericano, todo detalle o pincelada que le añada color y verosimilitud es tan válido como necesario. Así, Arthur Conan Doyle, con gran habilidad narrativa, incorpora en la trama del Valle del Miedo, dos canciones tradicionales británicas que cumplen la doble función de relatar, tanto la nostalgia de los emigrantes irlandeses como el intento de integrarse en la cerrada sociedad minera de McMurdo, uno de los protagonistas de la novela.

1.1. I´m sitting on the style Mary (The Irish inmigrant song)

No deja de ser, cuanto menos, curioso que esta bellísima y melancólica canción que ha quedado como epítome de la añoranza del expatriado irlandés fuera compuesta por la doblemente aristócrata (baronesa Dufferin y condesa de Gifford) Helen Sheridan. Donal Lunny, músico empeñado -con éxito y acierto- en incorporar a la música del presente la del pasado hace una exquisita versión (http://www.youtube.com/watch?v=jkcZMMgDc_w) que se nos antoja no muy diferente a la que ofreció McMurdo un anochecer en el Valle de Vermissa.

1.2. On the Banks of Allen Water

Poco pueden imaginar los lectores de la cruenta y atormentada novela gótica El monje que su autor Matthew Gregory Lewis (1775-1818) lo fuera también de esta dulcísima balada que narra la tristeza de una joven que llora su despecho junto a la orilla del, paradójicamente, río escocés Allen Water. http://www.youtube.com/watch?v=C4sAmzHFLsA

 

2. La banda sonora de The Molly Maguires (Odio en las entrañas)

Quedan escasas las palabras para describir el enorme talento de Henry Mancini (1924-1994) que quizás, aventuro, naciera de su desubicación. Me explico. Ni perteneció a la gran generación (Gershwin, Berlin, Cole Porter, Richard Rodgers…) que, con la brillantez de su melodías, creó el hoy llamado (con justicia) Gran Cancionero Norteamericano; ni, por otra parte, podía integrarse en la, no menos extraordinaria, generación (Burt Bacharach, Gerry Goffin y Carole King, John Lennon & Paul McCartney, Bob Dylan, claro…) que dio un vuelco a la música popular.

 

Tengo para mí que fue ese estar a contrapelo lo que le permitió ejercer enorme versatilidad para tomar de aquí y de allá, recrear, retocar y rehacer, ser un músico, si no original (nunca lo fue, pero la excepcionalidad no es un valor indiscutible en la música popular) si creíble, todoterreno y flexible, cualidades que, unidas a un sobrenatural don para crear melodías inolvidables… ¿O alguien pone en duda, o alguien no ha silbado, entre otras muchas, Moonriver, el tema de la Pantera Rosa, Peter Gunn, Días de vino y rosas…?

La facilidad y, repito, versatilidad para recrear cualquier época o estilo musical de Mancini le convirtieron en el compositor por excelencia de las bandas sonoras de las películas del Hollywood de los años cincuenta a setenta.

Entre las partituras más completas y complejas –y, paradójicamente, menos conocidas de Mancini- se encuentra The Molly Maguires (u Odio en las entrañas, como -con título más eficaz para describir los síntomas de una gastroenteritis o de una rueda de prensa de Mourinho- se llamó, torpemente, en España).

En The Molly MacGuires (producción de la Paramount de 1970) el lúcido Martin Ritt filma con eficacia, solvencia y respeto la segunda narrativa de El Valle del Miedo, la brillantísima película (que resultó -quizás por no encontrar un público adecuado- paradójicamente, un fracaso en taquilla). En cualquier caso, la cinta, con su pretensión cuasi- naturalista de narrar con detalle documental el día a día de los habitantes de un valle minero dela América profunda, era todo un reto ante el que Mancini supo estar, nobleza obliga, a la altura.

En la película se enhebran, como en la vida misma, y sin solución de continuidad, secuencias de acción, de virulencia, de cotidianidad y de lirismo; a todas responde, acompaña y realza la, valga la repetición, excelente banda sonora.

 

2.1. La música de la película

Como perro viejo y sabio, Mancini sabe maximizar el efecto de una banda sonora y ponerla al servicio de la película: crea apenas un par de temas que, desarrollados y arreglados en diferentes tonos, instrumentación y sonoridades, prenden en la oreja del espectador y le “introducen” en la narración.

Es, en este sentido modélico, el tema principal de la película (http://www.youtube.com/watch?v=yZbGrOOJfhc), cuya música frágil, melodiosa y suavemente evocadora se repite en los momentos claves del film, subrayando y anticipando la melancolía y desolación de un destino que se prevé fatídico.

Como es norma en toda película de la época (1970) no podía faltar un teme de amor, que en este caso se tituló “The hills of yesterday” (Las colinas del ayer), y que contó con una versión a cargo de Scott Walker, cantante de romanticismo grandioso, exasperado y, sin embargo, convincente (http://www.youtube.com/watch?v=FmrhGpVfDww)

Scott Walker

 

2.2. Las canciones tradicionales de la película

Además, con astucia y talento Mancini no dudó en remar a favor de corriente y adornar y enhebrar su partitura con temas tradicionales pegadizos y tradicionales para dar un barniz de autenticidad a su pentagrama como para lograr la instantánea identificación del espectador.

Entre los citados temas se encuentra Cockles and mussels (Berberechos y mejillones) la narración de una joven pescadera (Molly Malone) que recorre, aún como espectro, las calles de Dublín proclamando la frescura de su género. Su briosa melodía y su demoledor estribillo convirtieron la canción en un clásico de la música infantil irlandesa, sólidamente implantada en el hipotálamo de todo irlandés que se precie. Como bien se comprueba en la emotiva versión en directo del grupo tradicional The Dubliners (http://www.youtube.com/watch?v=pXKLkLcdtjI); en la afectadísima versión de los sobrevaloradísimos U2 (http://www.youtube.com/watch?v=0-Yv3RD9l9s) o en la desfallecida interpretación de la muy anémica Sinead O´Connor (http://www.youtube.com/watch?v=JuRUQ5BLWxw).

Eileen Aroon es otra de las canciones tradicionales incorporadas a la banda sonora. Su letra narra las dudas y la confianza (no son excluyentes) del enamorado ante el futuro de su inagotable. Sabiendo que la canción era un himno en clave de soterrado patriotismo (Eileen es Irlanda, y Aroon es “mi querida”) se entiende fácilmente su ingeniosa (e intencionada) utilización en la música de The Molly Maguires (me resisto a llamarla Odio en las entrañas).

Como curiosidad, cabe recordar que, a menudo, el mítico Bob Dylan ha recordado en directo la influencia que sobre él tuvo esta canción que aprendió de sus maestros Tommy Makem y los Clancy Brothers: (http://www.youtube.com/watch?v=cyvM5yIupHM).

El último de los temas tradicionales es el conocidísimo Garryowen, tema alborotado y alborozado que, si bien originalmente era una canción de bebedores (a drinking song) para acompañar peregrinaciones a santuarios etílicos, se convirtió, nada más llegar a Estados Unidos, en el inconfundible himno del Séptimo de Caballería, esa unidad del ejército yanqui caracterizada por su providencial impuntualidad. Mejor comprobarlo en este clip de ¿dónde si no? “Murieron con las botas puestas”: (http://www.youtube.com/watch?v=w3aMRPz7Jlo)

 

3. Las canciones sobre los Molly Maguires

Evidentemente, un fenómeno como la rebeldía de los Molly Maguires, su arrojo y desafío, no podría por menos que pasar al cancionero popular que les consagró, no sin razón, como héroes románticos e ilusionados.

3.1. The Molly McGuires

Fueron los ya legendarios Dubliners -grupo que celebra este año su cincuentenario- quienes compusieron y popularizaron en los años sesenta la canción The Molly McGuires, una exaltada invocación a dejar paso –son bebedores, son falsos, pero son hombres– a los Mollys (http://www.youtube.com/watch?v=-fJg2QLb1vY), que tuvo una reciente y -como el grito de Pepe Pótamo- huracanada versión, a propulsión a chorro, del grupo Finnnegan´s Hell, exultante de fiereza proto punk: (http://www.youtube.com/watch?v=oNMaE8ZOiKg)

 

3.2. Lament for the Molly McGuires

Los Irish Rovers, otro grupo tradicional dedicado a (como se dice ahora con cursilísima locución) maridar la sensibilidad de ahora con la del ayer quien dedicó Lament for the Molly McGuires, una saltarina jiga a las hazañas de los Molly Maguires: (http://www.youtube.com/watch?v=ynwK7ImVd9w)

 

3.3. The ghosts of the Molly McGuires

La escalofriante canción Ghosts of the Molly McGuires (Los fantasmas de los MollyMaguires) fue popularizada por los Irish Balladeers. Hipnótica y cautivante, cada estrofa narra la orgullosa confesión culpable de un miembro de la organización. Tanto su versión original (http://www.youtube.com/watch?v=w_6_gvxlWTQ ) como la espectral versión a capella del Briarwood Ensemble (http://www.youtube.com/watch?v=pAPMOxjSNPQ ) son deslumbrantemente conmovedoras.

 

4. Las canciones sobre Moriarty. De Berlín a Broadway

Dice Sherlock Holmes “Jonathan Wild era un consumado criminal que vivió en el siglo pasado, hacia 1750 era la fuerza oculta de los criminales de Londres a quienes vendía su talento y organización, a cambio de una comisión del quince por ciento. Todo es cíclico, incluso el profesor Moriarty”

Uno de los elementos esenciales de El Valle del Miedo -como, por otra parte, en el resto del Canon holmesiano– es la presencia sofocante, inevitable e invencible del Mal en todas sus encarnaciones y, de ellas, ninguna como la de James Moriarty, a quien se analiza, discute y, tal vez, entiende en la novela, y a quien Holmes enlaza como eslabón de una cadena iniciada con el popular criminal del siglo XVIII Jonathan Wild, consagrado en la canción popular a partir de la entronización de su figura por autores ilustres como Henry Fielding y Daniel Dafoe.

Dos de las más afamadas personificaciones musicales de Moriarty (o, tanto vale, Jonathan Wild), el celebérrimo Mack Navajas y Maccavity, personajes de respectivamente La Opera de Tres Peniques y Cats musicales que abrieron y cerraron, respectivamente, el siglo XX y nacieron de McHeath, el personaje que abrasaba la seminal, Beggar’s Opera.

Las canciones dedicadas a estas “encarnaciones” de “El Napoleón del Crimen” son, mucho me temo, extraordinarias.

Cabe tomarlas en consideración:

4.1. McHeath (Beggars Opera)

Arrollado por la mística del tantas veces citado célebre criminal Jonathan Wild, John Gay (1685- 1732) concibió, a instancias de Jonathan Swift, una opereta paródica sobre los bajos fondos de la sociedad de su siglo. La Ópera de los Mendigos (Beggar’s Opera) narraba con complacencia las andanzas de McHeath, un criminal rebelde, un truhán y un señor, cuyo irresistible encanto se prolonga hasta la actualidad con actualizaciones tan recomendables como la realizada por la BBC en los años ochenta con Roger Daltrey, el cantante de The Who (sí, han leído bien) ,que interpretó a McHeath con un cherme que jamás concedió a Pete Townshend . (Véase http://www.youtube.com/watch?v=Swt0vXi18Ss)

 

4.2. Mack the Knife (Three Penny Opera)

Fue, por fortuna, irreparable la impresión que la ópera de los mendigos causó en los legendarios Bertold Bretcht y Kurt Weill. La conjunción del talento verbal del primero y del musical del segundo les dio alas para recrear la citada obra como un cabaret intelectualizado ambientado en los sótanos victorianos y recrear a McHeath como el eterno macarra: Mackie the Knife, Mackie Messer o, como siempre se le conocerá, Mack Navajas.

Sería un ejercicio inútil como innecesario intentar un inventario que relatase las versiones de la inmortal canción que tantos intérpretes han intentado.

Valgan solo las inmortales, como la del inimitable e irrepetible Louis Armstrong (http://www.youtube.com/watch?v=hLIrS5dtTZI&feature=fvst); la de un no por tardío menos excepcional Frank Sinatra (http://www.youtube.com/watch?v=nQjZoYRmkQo) y, como excepción, la voluntariosa y bienintencionada del entrañable Miguel Ríos (http://www.youtube.com/watch?v=5bWtqthAtkw).

 

4.3 Maccavity the Mystery Cat (Cats)

Poco podía imaginar el ilustre T.S. Eliot (1888-1965), poeta laureado, premio Nobel, egregio en vida y holmesiano hasta el plagio, que Old Possum’s Book of Practical Cats (El libro de los gatos habilidosos del Viejo Possum), un conjunto de poemas sobre gatos facturado como entretenimiento para sus nietos, concedería la vigencia y la inmortalidad a sus versos y a sus extractos bancarios.

Poco podía imaginar Andrew Lloyd Webber, autor de todo musical que se precie de finales del siglo XX, que su extravagancia de prolongar la fascinación infantil que le produjo el libro de Eliot musicando cada poema con el mimo, brío, respeto y minucia que solo se emplea cuando se emprende algo con despreocupación y descaro.

La colección de canciones de Lloyd Webber se convertiría, bajo el nombre de Cats, en un musical abstracto, fascinante y tan concienzudamente abocado al fracaso que, claro, reventóla Ley de Probabilidades convirtiéndose no solo en un éxito clamoroso sino longevo (se representó en Broadway, a lleno diario, durante casi dos décadas), es decir, tanto para crítica como para público el más exitoso de la historia.

En Maccavity, The Mistery Cat, uno de los poemas más queridos y apreciados de su ciclo gatuno, Eliot no reprime su adoración por Holmes ni la identificación del gato protagonista con Moriarty: desde la evidente eufonía del nombre a citas de casos célebres del detective consultor pasando por la descripción de su naturaleza escurridiza y culpable (Moriarty permanecía en la sombra fraguando conspiraciones sin que nada escapase a su control), detalles en apariencia nimios, como el polvo de tiza en su chaqueta (Moriarty era profesor de matemáticas) y la definitiva identificación con el apelativo con el que el propio Sherlock Holmes le bautizó: El Napoleón del Crimen.

El poema sugirió a Lloyd Webber crear una partitura sinuosa, a medio camino entre el jazz y el cabaret (músicas ambas asociados con la oscuridad, el hampa y el crimen), resultando una canción que, dignamente, hubiera podido figurar en el repertorio que la orquesta de Duke Ellington detonaba, en los años veinte, bajo el amparo del Cotton Club.

En lo que respecta a la obra teatral, su debilísimo hilo argumental (en un vertedero alunado donde un conjunto de gatos aguardan, como a un Godot cualquiera, la palabra providencial del Viejo Deuteronomio que les rescate de la incertidumbre; mientras, felino a felino, entretienen la espera presentándose, canción a canción, al resto) permite, en el mejor sentido de la palabra todo tipo de excesos y libertades, para poner en escena la canción como un ballet selvático, sexualizado y vigoroso que, propulsado por saxos humeantes, pianos canallas y humo de tugurio, narra el rapto del sabio Deuteronomio por el temible Maccavity.

Será mejor que lo vean:

http://www.youtube.com/watch?v=XV6e65konHs

 

4.4. Rattigan ( Basil, el raton superdetective)

En 1986 la productora Disney facturó una excelente adaptación de los libros de la escritora infantil Eve Titus en los que contaba las andanzas de unas versiones roedoras de Holmes y Watson que habitaban los zócalos de la mismísima Baker Street. La cinta, exenta de los ternurismos y ñoñerías que, tan a menudo, lastran las producciones Disney resultó, quizás por eso, encantadora.

Entre sus muchos y recomendables rasgos se encuentra Rattigan, una gigantesca rata que, a la sazón, hacía las veces de villano, tan excesivo, descabalado e histriónico como los que iluminan las mejores películas de la productora. Henry Mancini, autor de la banda sonora, confeccionó para el personaje un vodevilesco y desmesurado vals con el que el legendario Vicent Price (que prestaba su voz al dibujo animado) se tuvo que dar un impagable festín.

 

Ahí queda, sin embargo, la versión castellana:      

http://www.youtube.com/watch?v=1q0_RZGeSxY

Luis de Luis Otero


1 Response to “La música de “El Valle del Miedo””


  1. 6 marzo 2012 en 10:20

    Como complemento, acompañamiento y enriquecimiento del evento anunciado ayer, aquí os ofrecemos este soberbio artículo, característico de Luis de Luis, donde se nos musica la novela de Conan Doyle. Que lo disfrutéis.


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