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Sep
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Cierta reina

En «La aventura del vampiro de Sussex», Sherlock Holmes exculpa a la esposa peruana de Robert Ferguson, sorprendida en dos ocasiones mientras succionaba una punción sangrante en el cuello de su propio hijo, aludiendo al comportamiento de “cierta reina en la historia de Inglaterra que chupó una herida para extraer el veneno de la misma”.

 

Sidney Paget - El vampiro de Sussex The Strand Magazine (1896)

Sidney Paget - El vampiro de Sussex The Strand Magazine (1896)

 

Para el lector español del Canon, la referencia histórica tiene especial interés, ya que la reina en cuestión no era otra que la infanta Leonor (c. 1244-1290), hija del rey castellano Fernando III el Santo y esposa de Eduardo I de Inglaterra (1239-1307), al que acompañó a Tierra Santa cuando éste era aún príncipe heredero.

El supuesto episodio ‘vampírico’ de Leonor de Castilla se sitúa, en efecto, bajo el sol de Siria, en el reducto cristiano de Acre, donde Eduardo desembarcó el 9 de mayo de 1271 con un millar de caballeros cruzados dispuesto a enfrentarse a Baybars al-Bunduqdari (1223-1277), sultán mameluco de Egipto.

Tras intentar en vano una alianza bélica con el Ilján mongol de Persia, Eduardo, consciente de sus escasas posibilidades en el terreno militar, centró sus esfuerzos en la firma de una tregua con Baybars que garantizase durante “diez años, diez meses, diez días y diez horas” la tranquilidad de Acre. Un acuerdo de paz que el gigantesco Baybars, quien no tenía mucho que temer de los insignificantes efectivos cristianos, aceptó con sospechosa rapidez. Sin duda porque le urgía contrarrestar el avance de la Horda de Oro en Asia Menor, pero también porque sabía con certeza que el príncipe inglés no viviría para exigir el cumplimiento del pacto, pues, transcurridos apenas treinta días desde la entrada en vigor de la tregua, el 16 de junio de 1272, Eduardo fue apuñalado por un asesino al servicio del mítico Viejo de la Montaña, tributario por aquel entonces del sultán mameluco.

La daga del sectario ismaelita no penetró lo suficiente en el cuerpo de Eduardo para causar su muerte inmediata, pero la hoja estaba cubierta de un veneno tan letal que el fin del inglés parecía inevitable.

Enfermo durante semanas, delirante, sumido en convulsiones dolorosas, Eduardo sólo pudo seguir con vida gracias a que su esposa chupó la sangre envenenada de la herida, evitando de ese modo que la ponzoña llegara hasta el corazón.

 

Sepulcro de Leonor de Castilla (Abadia de Westminster)

Sepulcro de Leonor de Castilla (Abadia de Westminster)

 

Otros autores atribuyen a Leonor un papel menos activo del que el propio Holmes le asigna, y así la infanta se habría limitado a ordenar aquel mismo tratamiento a los que rodeaban el príncipe herido, pero sea como fuere, en septiembre de 1272 el cruzado regresó a Inglaterra convertido ya en el rey Eduardo I y su esposa, la castellana Leonor, en reina.     

© Juan Requena, 1994

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2 Responses to “Cierta reina”


  1. 1 belakarloff
    20 septiembre 2010 en 11:10

    Cierta reina…

    De nuevo el señor Requena nos obsequia con uno de sus eruditos textos. Que, no por ser breve, es menor en interés.

  2. 2 doctorwatson65
    20 septiembre 2010 en 19:56

    Interesante…


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