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Entrevista con Rodolfo Martínez

Rodolfo Martínez ha ofrecido al aficionado cuatro libros (con seis aventuras) centrados en la figura de Sherlock Holmes y su universo (y algunos otros universos). Bueno motivo, pues, para establecer una interesante charla con él y que nos cuente cómo se fraguó todo.

221B: Aparte de Sherlock Holmes, como escritor has cubierto otras temáticas…

Rodolfo Martínez: He cubierto unos cuantos géneros, sí, aunque siempre con una clara orientación al fantástico. He hecho ciencia ficción, fantasía oscura, thriller, novela de misterio, novela de espías, incluso western.

            Soy un apasionado de la literatura de género, qué le vamos a hacer, y tengo una tendencia inevitable a mezclar todos los géneros que me gustan, en un cóctel que a priori parece resultar imposible pero que a mí, como autor, me funciona. Y espero que a los lectores también, claro.

El autor, escuchando paciente las preguntas

221B: ¿Existe algún otro género o temática que aún no hayas tocado, y que te apetecería hacerlo?

RM: Seguramente, cientos de ellos. Mi problema… bueno, no es realmente un problema, supongo, o no lo ha sido hasta ahora. El caso es que tiendo a improvisar sobre la marcha, a dejarme llevar y nunca sé realmente qué va a aparecer en el horizonte.

21B: Como gran amante de la obra sherlockiana, ¿cuál es tu obra favorita dentro del canon?

RM: Difícil me lo pones. Me gusta mucho la segunda mitad de El valle del terror que es, precisamente, la parte no holmesiana de la novela. Más que cuentos concretos, me gustan momentos del personaje. Chandler decía algo así como que Holmes es “una actitud y media docena de líneas de diálogo brillantes” y algo de eso hay.

            Así que me venga ahora mismo a la memoria me encanta el momento en que Sherlock y Mycroft, ante un asombrado Watson, se ponen a deducir cosas sobre un tipo que pasa frente a ellos. Creo que es en “El tratado naval”. Pero si me preguntas dentro de cinco minutos es muy posible que sea otra la escena que me venga a la cabeza.

221B: ¿Y con respecto a los pastiches escritos por otros autores?

RM: Me gusta mucho la primera novela de Nicholas Meyer, Elemental, doctor Freud, y también Adiós, Sherlock Holmes de Robert Lee Hall, que creo que fue el primer pastiche holmesiano que leí. Me encantó el modo en que Hall usaba elementos del canon para llevar al personaje por lugares totalmente inesperados.

            Confieso que los pastiches de Adrian Conan Doyle me resultan bastante aburridos. Intentan seguir demasiado de cerca el modelo original, con el resultado de que… bueno, ya tienes los originales, ¿para qué leer una copia que se limita a repetir lo mismo?

            Los pastiches que me gustan tienden a ser aquellos que, siendo siempre coherentes con el canon, intentan llevar al personaje por caminos nuevos.

221B: ¿Qué es lo que más te seduce del personaje de Conan Doyle?

RM: Dicho en una palabra: que es insufrible. Holmes es un compendio de arrogancia, vanidad y con un carácter que a menudo es como un niño malcriado que no soporta no salirse con la suya. Eso, unido a ese intelecto analítico, implacable y a pequeños destellos de, podríamos llamarlos empatía con los demás, compasión, tal vez… bueno, la mezcla funciona. No sé muy bien por qué, pero funciona.

 

221B: La sabiduría de los muertos llevaba mucho tiempo escrita. De hecho, recuerdo que me pasaste una versión muy primitiva, que después revisaste y ampliaste…

RM: Creo que las escribí allá por 1993 y es posible que fuese por esa época cuando la viste. La presenté al Premio Asturias de Novela dos años más tarde, gané, y la publicaron en el 96. Cuando Luis G. Prado me comentó la posibilidad de reeditarla en Bibliópolis, en 2004, volví sobre ella, repasé algunas cosas, intenté mejorar sobre todo la ambientación y la caracterización de los personajes.

221B: ¿Cómo se te ocurrió el mezclar a un personaje tan lógico como es Sherlock Holmes con algo tan irreal como los mitos de Cthulhu?

RM: Ni idea. En serio, la mayoría de las veces no sé cómo funciona mi mente, qué se está cociendo exactamente en ella. Recuerdo que cuando me senté a escribirla no tenía gran idea del argumento, más allá de que me apetecía jugar con el personaje y, de paso, resolver los tres casos que Watson menciona en “El problema del puente de Thor”. La historia fue surgiendo casi por sí misma y, de algún modo, todo iba encajando. Desde el momento en que decidí que la clave del misterio estaba en un libro, ir al Necronomicón fue inevitable. Y, a partir de ahí…

            No tardé en comprender que la idea tenía muchas posibilidades. Holmes es un racionalista extremo y, precisamente por eso, no negará los elementos fantásticos, sino que intentará explicarlos, buscar un modo racional de que encajen en el mundo. Eso se va viendo más claro en las siguientes novelas que escribí. Podríamos decir que la serie empieza siendo fantasía y que, a medida Holmes va lanzando su mirada implacable y racional sobre lo que pasa, se va transformando en ciencia ficción.

221B: Dado que se trata de una novela corta, cuando apareció publicada como libro lo acompañaste de dos relatos, uno de ellos, “Desde la tierra más allá del bosque”, donde nuestro personaje conoce a Drácula. ¿No hubiera merecido un tema así más bien una novela completa?

RM: Sin duda. Y ésa era mi idea de partida. Pero, de algún modo, la historia perdió fuelle a mitad de camino y nunca llegué a rematarla como se merecía. Esas cosas pasan, a veces.

221B: El libro alcanzó un enorme éxito, y sacaste una secuela, Sherlock Holmes y las huellas del poeta. Esa secuela, ¿vino motivada por el éxito, o desde el inicio tenías pensado proseguir con las aventuras del detective?

RM: Cuando terminé La sabiduría de los muertos decidí que había terminado mi relación con el personaje, que simplemente había contado todo lo que quería sobre él. Y así siguió durante casi diez años. Fue ponerme a revisar la novela para la edición de Bibliópolis, antes de saber si iba a tener éxito o no, lo que hizo que desease escribir más historias holmesianas. Y, en aquel momento, sólo tenía eso, el impulso de volver sobre el personaje, pero nada más.

221B: En este libro haces llegar a Holmes a plena guerra civil española…

RM: Sí, ahí está lo que te decía sobre el cúmulo de coincidencias. Por aquella época estaba leyendo una biografía de Franco (y otras cosas, estaba bastante interesado en general por la Guerra Civil y la posterior dictadura, así que sin saberlo me estaba documentando para una novela que no tenía ni idea de que iba a escribir en breve) y allí me encontré con una mención a un tal Lord Phillimore, que estuvo en la corte franquista como enviado oficioso de los ingleses.

            Relacionar a lord Phillimore con el James Phillimore que entra a buscar su paraguas y se desvanece sin dejar rastro que sale en La sabiduría de los muertos fue casi inmediato. Empecé a pensar. ¿Un descendiente del personaje literario? Podría ser. ¿Holmes en la guerra civil? Según Baring-Gould, era factible. ¿Y por qué? Y, de nuevo, el Necronomicon apareció en medio. Pero, ¿para qué quería Franco el Necronomicón? Respondiendo a esas preguntas fui armando la novela, casi sobre la marcha.

221B: En la novela también haces aparecer otra de tus pasiones, Supermán, lo cual despertó polémica entre algunos lectores. ¿Qué opinas de esa polémica? Visto en perspectiva, ¿crees que estaba bien introducido, o por el contrario no casaba con la tónica atmosférica del relato?

RM: Comprendo la polémica, y entiendo que choque. Sabía que mi segunda novela holmesiana no iba a ser del agrado de los aficionados más… cómo decirlo… más puristas, tal vez. Ya desde el momento en que tenía la osadía de situarlo en un marco temporal y geográfico distinto y con una historia en la que elemento fantástico era mucho más explícito que en la anterior, sabía que eso iba a pasar.

            Mi primera idea era que el personaje de Kent hiciera un breve cameo y se desvaneciera de escena, como otros personajes que aparecen en la novela.

Pero luego comprendí que no, que funcionaba, que tenía cabida en la trama que estaba creando y que, incluso, podía explicar su origen de un modo que encajase en la historia y viniera a cuento.

            Como digo, comprendo que choque. Y acepto que la reacción pueda ser de rechazo por ser una mezcla demasiado extrema. Contaba con ello y estaba preparado.

            Lo que no me esperaba era la… bueno, llamémosla por su nombre, la ignorancia de cierto sector de la crítica que echó abajo la aparición del super hombre por no encajar en esa época. Eso demuestra no tener la menor idea de lo que estás hablando. Superman aparece por primera vez en el número uno de Action Comics, en junio de 1938. No sólo pertenece por completo al momento en que se desarrolla Las huellas del poeta, sino que, en realidad, pertenece mucho más que Sherlock Holmes.

            No me gusta fustigar a los críticos. Creo que hacen un trabajo importante. Pero, bueno, ya que a mí se me exige que haga bien mi trabajo y se me da caña cuando no es así, creo que a ellos habría que exigirles lo mismo. Por lo menos, que sepan de qué están hablando cuando lo hacen. Creo que eso es lo mínimo.

El mítico nº 1 de "Action Comics"

221B: En ese lapso, surgió otra secuela a tu primera novela sherlockiana, esa escrita por Rafael Marín, Elemental, querido Chaplin. ¿Cómo surgió ese libro? ¿Lo hablaste con Rafa, y era algo planeado entre ambos? ¿O te sorprendió de pronto con un “mira lo que he hecho”?

RM: Por lo que recuerdo, era una idea que Rafa tenía desde hacía bastante tiempo. Me la comentó por primera vez en los años noventa, tras leer la primera versión de La sabiduría de los muertos. Me dijo entonces que sería una buena idea mezclar a Holmes con Chaplin, quien por edad podría haber sido un Irregular de Baker Street. Varios años más tarde, supe que por fin se había puesto a ello. Y el resultado, debo decir, fue excelente.

            De hecho, mientras la estaba revisando, me la pasó, con la consecuencia de que decidí hacer que las dos novelas, dentro de lo posible, fueran coherentes entre sí. De ahí esos comentarios en mi novela al encuentro de Wiggins en el fumadero de opio con el malvado chino, una secuencia que se narra en detalle en la novela de Rafa.

221B: Sherlock Holmes y la boca del infierno se adelantó a la anunciada Sherlock Holmes y el heredero de Nadie. ¿Por qué motivo decidiste intercalar esta historia?

RM: La casualidad, de nuevo. Tenía escrito más o menos lo que ahora es la primera parte de El heredero de Nadie, toda la trama que gira alrededor del asesinato de Kennedy.

            Por aquel entonces me invitaron a Portugal. Acababa de salir la edición portuguesa de La sabiduría de los muertos y la presenté en un congreso de ciencia ficción en Lisboa. Mi editor portugués fue tan amable de servirme de cicerone (a mí, a León Arsenal, a Juan Miguel Aguilera y a Christopher Priest) por los alrededores de Lisboa. Y uno de los lugares a los que nos llevó fue Boca do Inferno, donde Crowley había fingido su suicidio con ayuda de Pessoa a principios de los años treinta.

            El lugar impresionaba. Mucho. Y Crowley ya había aparecido brevemente en La sabiduría de los muertos. Algo hizo “click” en mi cabeza. Y una vocecita dentro de mí dijo: “¿Y si…?”.

            Empecé a pensar y no tardé en dar con una historia donde Holmes encajaba. Tenía que escribirla, simplemente, era algo que no podía evitar.

Christopher Priest y Rodolfo Martínez

221B: En ella presentas a otro personaje enigmático, pero real, Alastair Crowley…

RM: Como te digo, lo usé porque el elemento real que utilicé de partida lo incluía. Preferiría no haberlo hecho. Cuanto más sabía sobre él, mientras me iba documentando para la novela, peor me caía. Cuanto más descubría sobre lo que había hecho, cómo había vivido, no podía quitarme de la cabeza la idea de que no era más que un teatrero pagado de sí mismo, un tipo inflado de vanidad, lleno de ínfulas y, básicamente, un timador.

            Le tomé antipatía desde el principio y creo que eso se nota en la novela.

La auténtica Boca do Inferno

221B: Quizás este haya sido el libro de la saga que peor ha sido recibido, por los intencionados cabos sueltos que dejaste para después ligarlos todos al final de la tetralogía…

RM: Cierto. Era consciente de ello. Estaba contando una historia que, en cierto modo, funcionaba sólo dentro de un todo mayor. Por un lado, estaba mostrando los bastidores, los entresijos, lo que había pasado en otras partes del mundo un poco antes, durante y algo después de Las huellas del poeta y, al mismo tiempo, iba anticipando la siguiente.

Sabía que para muchos eso sería insatisfactorio. Curiosamente, sin embargo, encontré lectores para los que era la mejor novela de la serie.

Placa en la Boca do Inferno que describe la presencia de Crowley en el lugar

221B: Y por fin, tras mucha espera de los seguidores, apareció Sherlock Holmes y el heredero de Nadie. A esas alturas, ¿estabas ya cansado del personaje?

RM: No sé si cansado es la palabra exacta. Pero sí con la sensación de que ya había contado todo cuanto quería decir de él. Había tratado su madurez en la primera novela, su vejez en la segunda y la tercera y ahora me disponía a narrar su juventud en la cuarta.

Suficiente, creo yo. Me había aproximado al personaje en tres momentos distintos de su vida y había intentado dar mi versión de él, siempre desde el respeto a Conan Doyle, pero siempre intentando buscarle nuevas facetas, nuevos aspectos de su mundo y su personalidad.

            Creí, y lo sigo creyendo, que era suficiente.

221B: En este caso, las referencias y fusión de elementos ya es apabullante…

RM: Es lógico, si lo piensas un poco. El cosmos de ficción que he ido recreando en estas cuatro novelas va creciendo y volviéndose más complejo con cada una. Parto de una situación muy cercana al canon holmesiano en la que introduzco un solo elemento discordante: el elemento fantástico al final de la primera novela. Y luego, poco a poco, voy a añadiendo más elementos. Acumulando vapor, por así decir.

            Cuando llega la última novela, todo ese vapor está listo para… bueno, para que la cosa entre en ebullición, por seguir con la metáfora. Y lo hace.

            Todo esto que acabo de describir y que parece un proceso muy meditado por mi parte ha sido, en buena medida… iba a decir que improvisado, pero supongo que eso no es cierto. De algún modo toda esa idea de tomar buena parte de los iconos culturales de mi infancia, ir metiéndolos en una coctelera y agitarlos a ver qué pasaba, tuvo que estar cociéndose un buen tiempo en mi subconsciente, en el sótano mental que todos llevamos dentro, digamos. Y de algún modo, Holmes acabó haciendo de foco alrededor del que todo eso se fue aglutinando y tomando forma.

221B: También te has dado aquí el gustazo de escribir un western. ¿Te gusta este género en particular?

RM: Ya lo creo. Desde niño, desde que vi mis primeras “vaqueradas” en el cine del pueblo o empecé a leer aquellas novelas de Marcial Lafuente Estefanía que había en casa de mi abuela y luego los libros de Zane Grey que me pasó mi padre.

            La épica del western me fascina. Y además me fascina por igual la épica clásica, noble, podríamos decir, que la más sucia y realista. Disfruto por igual con un Río Bravo que con un La muerte tenía un precio. O un Deadwood, por mencionar un ejemplo más reciente.

            Sabía que tarde o temprano escribiría un western. Era cuestión de tiempo. Lo que ignoraba era que acabaría siendo un western con Sherlock Holmes.

221B: Y con El heredero de Nadie finaliza tu saga dedicada a Sherlock Holmes. ¿No vas a volver al personaje? ¿Te has quedado con ganas de alguna otra historia que tuvieras en mente sobre él?

RM: Nada concreto. Me gustaría, en algún momento, a medio o largo plazo, volver al canon. Volver a la fórmula del relato largo narrado por Watson a la luz de gas del siglo XIX. Hacer un libro de cuentos holmesianos, en suma.

            Pero no sé si lo haré. La idea está ahí, me apetece… pero ya veremos qué pasa.

El adepto de la reina

221B: Y ahora acabas de sacar otro libro…

RM: Exacto. Se llama El adepto de la Reina y en él, una vez más, estoy mezclando distintos géneros. La novela de espías a lo Bond, por un lado. De hecho, mi personaje central intenta ser una versión “realista” de 007; para entenderos, es un poco el tipo de psicópata que sería realmente Bond si alguien así existiera. El reto ha sido hacer un personaje sin escrúpulos, carente por completo de remordimiento por las cosas que hace y que, al mismo tiempo, no le cayera mal al lector. Ha sido como patinar al borde de un abismo: interesante, estimulante y un tanto estresante a la vez.

            Y, al mismo tiempo, el ambiente en el que se desarrolla la historia es un mundo totalmente nuevo. Una amalgama de épocas y lugares distintos que me han ido gustando con el correr de los años y que he integrado en un solo universo de ficción.

            Un universo que, por otro lado, me gusta mucho. Tanto el personaje como su entorno fueron creciendo y ganando complejidad a medida que escribía. Así que no os sorprendáis si El adepto de la Reina acaba teniendo una continuación. O varias.

Bond, James Bond

221B: Por último, si deseas añadir algo más por tu parte…

RM: Sólo que ha sido un placer conversar un rato contigo. Y darte las gracias por permitirme rememorar alguna de estas “batallitas” de escritor. Y, por supuesto, que espero que los lectores no se hayan aburrido demasiado y hayan seguido hasta el final. Y ya, si de paso, alguno se ha encontrado de pronto con ganas de leer algún libro mío, pues que no se corte.

            Que para eso estamos.

 Carlos Díaz Maroto

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21 Responses to “Entrevista con Rodolfo Martínez”


  1. 1 belakarloff
    19 noviembre 2009 en 11:04

    Muchas gracias, Rodolfo, por responder a estas preguntas. Una conversación sumamente interesante.

  2. 2 Quatermain
    19 noviembre 2009 en 13:35

    Excelente entrevista, que se me ha hecho corta. Espero que ese proyecto de relatos holmesianos vea la luz algún día.

  3. 3 belakarloff
    19 noviembre 2009 en 14:06

    Eso, sí. Le presionaré…

    La semana que viene publicaremos una colaboración de Rodolfo. No es inédita, pero considero que tiene un gran interés, y Rodolfo me ha autorizado a reproducirla.

  4. 4 Quatermain
    19 noviembre 2009 en 17:25

    Excelente noticia.

  5. 19 noviembre 2009 en 17:59

    Una gran entrevista. Ha sido una delicia leer todas esas aproximaciones de Rodolfo a sus obras holmesianas. Le deseo toda la suerte del mundo con su nueva novela.

  6. 6 belakarloff
    19 noviembre 2009 en 18:51

    La presenta la semana que viene. ¿Adivinas dónde? Sí: en Estudio en Escarlata. Iré allí…

  7. 7 Doctor Watson
    19 noviembre 2009 en 21:26

    Excelente entrevista y muy ilustrativa. Habrá que leerse esas novelas…

  8. 8 Doctor Watson
    19 noviembre 2009 en 21:29

    Se me olvidaba algo… con lo de Superman, se demuestra que muchos periodista no se documentan nada…

  9. 9 Luis
    19 noviembre 2009 en 23:46

    Madre mía, escribir pastiches de Holmes y confundir El Tratado Naval con El Interprete Griego…

  10. 20 noviembre 2009 en 10:07

    Uf, ahí me han dado fuerte. Para dos cuentos en los que sale Mycroft, voy y cito el que no es.

    No tengo perdón de Dios, está claro.

  11. 11 Jabez Wilson
    20 noviembre 2009 en 11:26

    Buena, muy buena entrevista C.

    Te me has adelantado… ya que tenía la intención de proponer una entrevista a Rodolfo para el Círculo Holmes (donde sus libros han sido aún más polémicos).

    A mi, sin embargo, me gustaron muchisimo ya que los ví como literatura generacional. Quiero decir,Rodolfo Martínez debe tener mi edad o por ahí(tengo 45 )y las referencias que aparecen en la novela son las que los crios, más o menos curiosos por la tinta y el papel, teníamos hace ya (ays) 30 años.

    Su tetralogía me parece, desde este punto de vista, un disfrute.

    Ya te daré la tabarra sobre esto cuando nos veamos.

    A cambio, tu me la das con tus proyectos holmesianos.
    😉

  12. 12 belakarloff
    20 noviembre 2009 en 12:48

    Creo que Rodolfo es algo más jovencillo. O al menos, lo aparenta. Claro que hace mucho que no le veo…

  13. 20 noviembre 2009 en 13:03

    Sí, Carlos, como apuntas soy más jovencillo…. en un año, aproximadamente.44, para ser exactos. 🙂

    Aunque se agradecen los comentarios sobre mi apariencia de juventud, no obstante. (Deberías ver el retrato mío que oculto en el desván, la pinta que tiene el pobre).

  14. 14 Jabez Wilson
    20 noviembre 2009 en 13:15

    Ah!
    ¿ves?
    Año arriba, año abajo en la tetralogía se incluyen los “descubrimientos” de hace 30 años:
    los tebeos de superhéroes de Novaro, Las portadas de las revistas con la cara de Franco fallecido o a punto de hacerlo; las joyas Literarias Juveniles de Julio Verne, las novelas o tebeos de terror y, además, las pelis del Oeste del sábado por la tarde,
    y sobre todo el sentido de juego y de maravilla.

    a eso me rfería con lo de generacional.

    Si hubiera tenido Rodolfo 10 años menos ( o más´) lo habría escrito distinto.
    Las referencias serían otras.

  15. 15 belakarloff
    20 noviembre 2009 en 13:53

    Pues sí, tienes razón. Yo lo achacaba a que, siendo Dorian, perdón, quiero decir, Rodolfo más joven, sin embargo su educación e interés en determinadas temáticas le hayan hecho ir por delante de los gustos de su edad.

    Es curioso cómo, una tarde conversando con Guillermo del Toro, él en México y yo en España, ambos sin embargo tuvimos en nuestra infancia-juventud exactamente las mismas influencias. Era como hablar con alguien de tu misma ciudad. (¿Recuerdas cuando pusieron en la tele…?)

  16. 16 doctorwatson65
    20 noviembre 2009 en 22:22

    Tenemos la misma edad, y hasta nos gusta el mismo superhéroe con capa… je, je…

  17. 21 noviembre 2009 en 11:46

    Lo de las generaciones es lo que tiene.

    Me pasó algo parecido con Ricghard Morgan mientras leía “Leyes de mercado”. No pude quitarme de la cabeza la idea de que ese tío y yo habíamos leído lo mismo y visto las mismas películas de críos. Y en efecto, cuando lo conocí en una Semana Negra no tardamos en descubrir que así era.

    Lo cierto (y sí, es que a veces soy un poco lento) nunca se me pasó por la cabeza la idea que comentaba Jabez Wilson sobre “literatura generacional” mientras escribía estas novelas. O sea, ni de lejos pensé que alguien de mi edad o una parecida y, seguramente, sometido a las mismas influencias y lecturas y visionado de cine de serie B, se pusiera a leerlas y “redescubriera” su infancia, en cierto modo.

    Me alegro de que pase, por supuesto. Siempre resulta interesante cuando lo que escribes cuasa efectos con los que no contabas,

  18. 19 Jabez Wilson
    21 noviembre 2009 en 14:30

    No es tan sorprendente, amigo Rudy, ser uno “hijo” de una época, unas circunstancias y unas influencias.Adem´ás, no se es “hijo único”. Creo que no solo yo, sino cualquiera de aquel entonces, verá sus influencias reflejadas.

    Y no es, en absoluto, algo malo.

    Su tetralogia fue, para mi, un formidable disfrute.

    Mil disculpas.

    😉

  19. 21 noviembre 2009 en 23:03

    Vaya, espero que no me desautoricéis por aquí por aquello de la edad. Soy el benjamín de nuestro Baker Street particular…

  20. 21 belakarloff
    22 noviembre 2009 en 10:08

    Pues no sé yo… Me lo estoy planteando…

    Jiji.


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