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Abr
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El secreto de la pirámide

Título original: Young Sherlock Holmes / Pyramid of Fear

Dirección: Barry Levinson.

Guión: Chris Columbus, basado en los personajes creados por Sir Arthur Conan Doyle.

Productores: Mark Johnson, Harry Benn, Steven Spielberg, Kathleen Kennedy, Frank Marshall, Henry Winkler.

Fotografía: Stephen Goldblatt, Stephen Smith

Música: Bruce Broughton.

Intérpretes: Nicholas Rowe (Sherlock Holmes), Alan Cox (John H. Watson), Sophie Ward (Elizabeth Hardy), Anthony Higgins (profesor Rathe), Susan Fleetwood (Sra. Dribb), Freddie Jones (Craigwitch), Nigel Stock (Profesor Waxflatter), Roger Ashton-Griffiths (inspector Lestrade), Patrick Newell (Bentley Bobster)…

Nacionalidad y año: Estados Unidos, Reino Unido 1985.

Duración: 109 min. Color 1.85:1.

El adolescente Dr. Watson es enviado a una escuela privada para continuar con sus estudios de medicina donde conocerá al joven Sherlock Holmes, un muchacho con unas increíbles dotes deductivas. Cuando empiecen a ocurrir unas extrañas muertes, una de las cuales afecta personalmente al futuro Maestro de los Detectives, relacionadas con un antiguo culto del Egipto, los dos muchachos se pondrán en acción para esclarecer los hechos…

La película de Barry Levinson parte de una premisa interesante: ¿Qué habría ocurrido si Sherlock Holmes y el doctor John H. Watson se hubieran conocido durante sus años de Instituto? Esta pregunta podría dar de sí a un sinfín de variables sobre ambos personajes, pero en el caso que nos ocupa, la respuesta parece ser que ambos hubieran vivido una serie de aventuras, más cercanas a las de Indiana Jones (en especial a la segunda entrega del aventurero interpretado por Harrison Ford) y a las de otras producciones de la factoría Spielberg, que no a las narradas por Arthur Conan Doyle.

Y es que el toque spielberguiano del film está presente en todas partes, en la fotografía, en el uso de fanfarrias que ponen énfasis a las acciones de los personajes, en las escenas de acción donde las situaciones se resuelven de un modo muy deus ex machina, en el modelo básico de lo que es el bien y lo que es el mal (no se le hinca el diente a asuntos como, por ejemplo, los motivos por los cuales el malvado de la historia desea vengarse de los ingleses, los cuales arrasaron todo su pueblo, por ejemplo; es un villano simplemente porque sí). No por ello deja de ser un film de aventuras muy entretenido con algunos homenajes (los justos) a los legendarios personajes, incluso superior a muchas producciones destinadas a un público juvenil que asolaron las carteleras en aquellos años, teniendo un poquito más de miga las acciones que llevan a los dos personajes a comportarse como tal, y que en parte justifican cómo serán en años venideros…

…O quizá no del todo. La película tiene una visión “muy americanizada” de cómo son Holmes, y en especial, Watson. Este personaje es presentado a lo largo del film como un muchachillo bastante tonto, sin valor, aficionado a los pastelitos y con muy pocas luces. Es casi un precedente (en edad) de lo que sería el Nigel Bruce de las películas de Basil Rathborne, una especie de recurso cómico, más que un colaborador útil. Al igual que ocurría en las películas de aquél, no es que este personaje falle en el contexto de la historia que nos están contando (a lo que ayuda la corrección con las que se toma su papel Alan Cox), pero desde luego no es el mismo que había narrado Conan Doyle. También los excesos en la acción parecen un poco indicar que lo que vemos es casi una precuela de la popular saga de los años 30 y 40, donde Holmes era espía y hombre de acción, aunque algo menos detective.

El mayor acierto del casting fue Nicholas Rowe, cuyos rasgos físicos y gestos realmente parecen indicar, si no un Holmes cien por cien fidedigno, sí algo muy parecido. Sophie Ward, por otro lado, el interés romántico del detective, parece pasarse toda la película con la mirada perdida sin terminar de conseguir que su personaje resulte del todo interesante, más parece la fantasía de un muchacho de la época victoriana que otra cosa, y Anthony Higgins, correcto en su papel de mentor primero, y enemigo después del protagonista, exagera un tanto en sus movimientos en ocasiones su papel de malvado (levantamientos de ceja, agachar la cabeza para parecer amenazador), funcionando mucho mejor en escenas más tranquilas en las cuales no tiene que demostrar lo temible que es.

Finalmente, indicar que la película resuelve, a su particular manera, algunas de las cuestiones que han intrigado a los seguidores holmesianos desde hace más de un siglo: su rechazo a las mujeres, de doóde sacó la pipa y el abrigo Inverness (de nuevo, la pipa es de calabaza, como las que usaba Rathborne, y el abrigo lo popularizó William Gillette en su obra de teatro sobre el personaje), cómo conoció al inspector Lestrade (que si nos atenemos al canon holmesiano, si fuera tal y como se dice en la película ya sería casi un anciano en las novelas de Doyle)… y en los créditos finales, una última sorpresa, quizá la más estimulante de todas.

El resultado final es una obra divertida y carente de pretensiones, con algo más de tragedia de lo que suele ser habitual en este tipo de filmes (y que realmente funciona). No es descabellado imaginar que la película debería haber sido la primera entrega de una saga centrada en los años mozos del dúo de Baker Street, sin embargo, el fracaso considerable en taquilla (costó más de 18 millones de dólares y recaudó poco más de 4 en Estados Unidos) dio al traste con cualquier posibilidad de secuela.

Javier J. Valencia (Barcelona, España)

 

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37 Responses to “El secreto de la pirámide”


  1. 1 belakarloff
    30 septiembre 2009 en 9:54

    Bueno, pues hoy os ofrecemos reseña de esta película, celebrada por muchos, pero que a mí no me entusiasma precisamente.

  2. 30 septiembre 2009 en 10:09

    He visto mil veces esta película y sigo disfrutando con ella como un crío.

    Dando por sentado que me parece un comentario notable, como todo escrito que he leído hasta el momento de Javier J. Valencia, creo que discrepo en un par de puntos.

    Y son precisamente en aquéllos en los que se anima a tomar esta película como antecedente de la serie de Basil Rathbone. No me parece en absoluto que este Watson sea el patán bobalicón que interpretó -notablemente- Nigel Bruce, como tampoco creo que sea, efectivamente, un reflejo fiel del dibujado por Doyle. Aquí tenemos a un muchacho tímido, inseguro y timorato, pero cuya relación con Holmes nos resulta creíble (al contrario que en la serie clásica, si atendemos a la lógica).

    Por otro lado, habiendo acción tal y como se apunta, no me parece que el personaje se desvirtúe tanto como en la serie clásica. En el marco de una cinta de aventuras, tenemos a un Holmes más en la línea del perfilado por Peter Cushing para la Hammer, atlético, valiente, y dispuesto a hacer uso de su cuerpo tanto como de su lógica, que emplea también en no pocas ocasiones.

    Pero, como todo, entiendo que es cuestión de percepción y opinión. En cualquier caso coincido en que se trata de una película de aventuras como pocas y un gancho inmejorable para atraer a jóvenes lectores al universo holmesiano.

  3. 30 septiembre 2009 en 11:21

    Tengo muy buenos recuerdos de esta película, no estaba nada mal. Creo que fue la primera en utilizar los efectos infográficos mediante ordenador.
    Por cierto, no recuerdo la sorpresa de los créditos. ¿Cual era?

  4. 4 Quatermain
    30 septiembre 2009 en 11:26

    La sorpresa de los créditos tenía que ver con la identidad de cierto Profesor, némesis de Holmes…

    La película es simpática, tipo “Los Goonies” y similares, y tiene un par de buenas escenas del Holmes detective (la de la apuesta, o cuando deduce cosas sobre Watson), pero no deja de ser demasidado alejada del Canon para mi gusto…

  5. 5 belakarloff
    30 septiembre 2009 en 12:06

    Pues para mí es tirando a penosa, directamente. Me parece infantil en el peor sentido del término, mucha bobaliconería como lo de las galletitas, y sí, los innovadores efectos infográficos, para mí, son pésimos y desvirtúan aún más los resultados…

    De acuerdo en lo de tipo “Los Goonies”, que tampoco es santo de mi devoción.

  6. 6 cerebrin
    30 septiembre 2009 en 13:30

    Tal vez en mi opinión pese mucho lo que magnificamos los recuerdos de nuestra infancia, pero yo la recuerdo como una película muy notable y con momentos muy inspirados. Pero también creo que, despojada de ese aura mítica que para algunos de nosotros tienen títulos como la citada “Los goonies”, “Willow”, “Gremlins” y tantas otras películas de la época cortadas por similar patrón, tal vez no la vieramos con los mismos ojos. Es por ello que, por ejemplo, ya de adulto nunca me he atreviso a revisar esta “El secreto de la pirámide”…

  7. 7 belakarloff
    30 septiembre 2009 en 14:14

    No veas tú la bronca que tuvo a la salida del cine con un amigo después de ver “Willow”, yo considerándola una tomadura de pelo y él defendiéndola porque “es lo que al público le gusta”

    Ahora admite avergonzado que yo tenía razón. Como, por otro lado, siempre sucede.

  8. 8 cerebrin
    30 septiembre 2009 en 16:23

    ¿Y la abuela qué tal? 😛

  9. 30 septiembre 2009 en 16:29

    Buena reseña del film, que realiza unos apuntes interesantes.

    Yo coincido con cerebrin en que quizá el hecho de que la viera a la edad para la cual se supone que va dirigida, hizo que para mí se convirtiera en una referencia en aquellos años. Vista hoy, me parece todavía un producto entrañable, con un correcto uso de los efectos especiales en puntuales escenas (las de las ensoñaciones prácticamente) y bien interpretada además. La banda sonora inolvidable. Junto a “Regreso al futuro” mi favorita de aquellas pelis para adolescentes que Spielberg produjo en los 80.

    Por cierto, nadie ha mencionado en la película otro guiño Holmesiano: Nigel Stock (el Profesor Waxflatter), era el magnífico Watson que acompañó a Peter Cushing en la serie de la BBC durante 29 episodios, si bien aquí es difícil reconocerlo, es cierto.

    Saludos!

  10. 10 Luis
    30 septiembre 2009 en 21:37

    Muy bueno el artículo, siempre me pareció una pena que la película no profundice más eso de “cómo Sherlock Holmes se convirtió en Sherlock Holmes” y se quede a medio camino.

    Hay un documental protagonizado por Christopher Lee sobre las películas de Holmes, hecho justamente por el estreno de esta película. Se puede ver en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=fefxO6W06aU

    Si no entendí mal, Chaplin hacía de Billy en las tablas.

    Volviendo a Young Sherlock Holmes no recuerdo si fue la primera en usar efectos infográficos con el ordena, pero sí sé que fue nominada a los óscar en el apartado de mejores efectos especiales.

    También recuerdo lo imaginativo del afiche: “Antes de una vida de aventuras, vivieron la aventura de sus vidas”.

    pd: Bela Karloff, intenta contactar con el chacal del conocido “Blog del Chacal”, que es fan de Holmes, y a lo mejor les hecha un cable para promocionarlos a ustedes.

    • 11 Luis Miguez
      6 abril 2011 en 18:10

      Efectivamente, Chaplin hacía de Billy en el teatro, usando Rafael Marín ese extremo como premisa de su “Elemental, Querido Chaplin”, muy divertida novela…

  11. 12 belakarloff
    30 septiembre 2009 en 22:12

    Gracias. Investigaré…

  12. 1 octubre 2009 en 21:21

    Efectivamente, Luis. Charles Chaplin apareció en la obra Sherlock Holmes creada por William Gillette en 1899, interpretando al botones Billy en la versión que se estrenó en Londres en 1903, protagonizada por H. A. Saintsbury.
    Poco más tarde, en 1905, cuando el propio Gillette se trasladó a Londres para representar su drama “Clarice”, como pequeño entremés interpretaba a Holmes en la pequeña obra “The Painful Predicament of Sherlock Holmes” (curioso experimento en el que Holmes no soltaba ni una sola palabra, de eso se encargaba su cliente que no paraba de hablar ni un momento). Pues bien, en esta pequeña obra también aparecía un momento Billy, y en su versión londinense volvió a ser interpretado por Chaplin. Cuando “Clarice” fue cancelada, “The Painful…” siguió y esto dió pie a que Gillette se planteara representar dos años después de su estreno, él mismo en Londres su “Sherlock Holmes”, para lo que escogió, ¡cómo no! de nuevo a Charles Chaplin para el papel de Billy.
    Como curiosidad, reseñar que en la representación que se montó en 1977, en el Williamstown Theatre Festival, Williamstown, Massachsetts, con Frank Langela interpretando a un bastante acertado y simpático Holmes, también aparecía un Billy que más adelante también sería un conocido actor, Christian Slater. Por suerte, pese a que la pasaron hace mucho tiempo en TVE, conservo una copia de esta representación.

  13. 14 belakarloff
    2 octubre 2009 en 9:21

    Harold, me alegra mucho verte por aquí. Y también que nos obsequios con esa información tan suculenta.

    Yo, ay, presté esa grabación y no la he vuelto a ver…

  14. 16 belakarloff
    2 octubre 2009 en 19:33

    Gracias, tío.

    Yo la recuerdo bastante buena. Sin interés cinematográfico, claro, porque era un rodaje de la obra de teatro tal cual. Pero como obra de teatro era gloriosa, y Frank Langella era un estupendo Sherlock Holmes.

    Recuerdo que cuando la vi no reconocí a Christian Slater, y cuando leí los créditos finales me quedé a cuadros.

  15. 17 Luis
    21 octubre 2009 en 22:20

    Gracias por la data Stackhurst.

    Si continúo con la hipótesis, entonces podríamos decir que Charles Chaplin inventó al personaje de Billy que más adelante aparece en las novelas de Doyle.

    También recuerdo la versión de Frank Langella, la mejor forma de conocer la famosa obra de Gillete.

  16. 18 Luis Miguez
    6 abril 2011 en 18:17

    Por cierto, no puedo dejar de comentar que esta película me parece entrañable y divertidísima (como “Willow” también), que la vi de pequeño (y me llevó a hacerme un poco mejor persona, si a un incondicional de lo retrofuturista y lo victoriano se le considera por ventura “mejor persona”) y que estoy de acuerdo con don Javier Márquez en que el joven Sherlock que nos ocupa tiende más hacia un “futuro” Peter Cushing que otra cosa… A fin de cuentas, investiga una secta maléfica de asesinos rituales basados en la religión egipcia, bastante “Hammer”, el argumento…

    • 19 De Maupertuis
      7 abril 2011 en 11:55

      “El Secreto de la Pirámide” siempre me ha parecido una película de aventuras agradable y, como apunta el Sr. Miguez, “hammeriana”, con sus sectarios egipcios a lo Golden Dawn —la parafernalia está claramente inspirada en la de la Orden— y su Londres colorista y muy mil y una noches. El reparto es solvente, en particular Nicholas Rowe, con su punto pijo, melancólico y doliente o el propio Anthony Higgins, quien luego haría de Holmes deshibernado en una serie televisiva que nunca fue y que compone, más allá de su gimnasia ciliar, un villano correcto.

      El film, que prefigura en la escena del sacrificio a “Indiana Jones y el Templo Maldito” (o al “Sherlock Holmes” de Ritchie), tiene asimismo abundantes referencias literarias (ese perro llamado Uncas…), cinéfilas (la recuperación ya citada de Nigel Stock, el inicio evocador de la sombra móvil con que arrancaban las películas de Rathbone, una gárgola voladora digna de Harryhausen…),y, por supuesto, canónicas: un duelo singular y una muerte aparente en el agua que augura Reichenbach; el fuego de artificio al final de los títulos de crédito; la apuesta construida en torno a la ocultación de un objeto que “anticipa” la aventura de los napoleones de escayola; una sustancia alucinógena que remite a la terrible “Radix piedis diabolis”… Detalles que convierten a este ya vieja cinta de Barry Levinson (26 años han pasado desde su estreno) en una alternativa aún idónea para quien sólo busque distraerse. Para los demás está el cine kazajo o iraní, o el cine francés, que no existe.

  17. 21 belakarloff
    6 abril 2011 en 18:45

    Curioso que compares esta con la muy diferente “Willow”. Película esta última que odio entrañablemente.

    • 6 abril 2011 en 18:57

      Yo me apunto a hacer un club de odiar “Willow”. Sin ánimo de ofender a nadie, por supuesto…

      • 23 Luis Miguez
        6 abril 2011 en 19:21

        Las comparo a rebufo de la comparación surgida más arriba, por lo demás no tienen tanto que ver…

        • 24 belakarloff
          7 abril 2011 en 8:43

          ¡Ah! Yo mismo lo mencioné… Jejej… Es que como escribí eso hace AÑOS… no he vuelto a leer las respuestas cuando he reflotado este texto.

          • 25 Luis Miguez
            7 abril 2011 en 9:48

            Que, todo sea dicho, yo también estoy a favor de hacerlo, que es lo “malo” del formato Blog, que lo que tiene algún tiempo, aunque, venga a cuento, cae en el olvido… Es el signo de la época, supongo.

  18. 26 belakarloff
    6 abril 2011 en 19:09

    ¿A ti tampoco te gusta?

    Lo único que me agrada de esa peli es la gran Jean Marsh como bruja malvada.

  19. 7 abril 2011 en 19:40

    No sigo mucho l historia de este detective, pero esta pelicula de pequeña nada. Una obra que sin pretender nada, consigue lo mas dificil, entretener sin estar exenta de calidad. No raya a la altura de el hermano mas listo de Sherlock Holmes,para mi la mejor version. Pero si a una altura mas que decente

  20. 32 Luis Miguez
    8 abril 2011 en 14:00

    Bueno Rassendyll, tampoco se exceda, que habitualmente suelo estar de acuerdo con usted pero creo que se pasa en lo de “los libros”, hombre…

    No así en lo de “las películas”, pues, efectivamente, algunos pensamos que algunas como estas dos que aquí se enjuician, por más que no tuvieran pretensiones eran al menos… Pues eso, películas… Que algunas de estos últimos tiempos tal vez no puedan decir ni eso…

    • 8 abril 2011 en 18:50

      Je, curioso esto. Yo tampoco soy precisamente un aficionado a Tolkien… Soy incapaz de terminarme “El señor de los anillos”, y las películas… en fin, me quedé en la segunda, que era una digna película de caballos…
      (Sin acritud digo todo esto, ojo…)

      • 34 Rassendyll
        12 abril 2011 en 21:16

        … o una gran degollina de orcos manufacturados y decapitados en serie. Hale hop, que pase el siguiente que este ya está muerto. Y Frodo, entre tanto, poniendo carita de mucho sufriento y gran dolor de piés. Gollum, por suerte, acaba por comerse a todo el reparto con su depurada técnica del Actors Studio. En cuanto a los libros, conseguí terminarlos, pero a costa de pagar un alto precio. Los tomos de Minotauro eran caros, tal vez porque no debe ser fácil imprimir el cloroformo.

        • 14 abril 2011 en 23:47

          Yo, por mi parte y ya que estamos, les diré que no he visto la tercera película sobre todo por lo soberanamente aburrida que me pareció la segunda, cuando a mí aburrirme con Tolkien me es imposible.
          De todas formas quiero comentarle, Rassendyll, que, aunque imagino que a usted le amenazarían de muerte, si no es ese el caso no me explico por qué se acabó usted semejante tomo si no era de su agrado. Tal vez no lo sepa, pero los libros que se empiezan no hay por qué terminarlos. Aunque sean muy buenos, como es el caso: Si no es para uno, pues no es para uno. De verdad.

          • 36 Rassendyll
            15 abril 2011 en 16:08

            Los leí en una época en que crees que te vas a perder lo esencial si no sigues leyendo y en que, falto aún de criterio, tratas de descubrir a costa de tu tiempo y tu paciencia lo que hizo disfrutar supuestamente a otros que vaya usted a saber si alguna vez leyeron en realidad lo que con tanto esnobismo recomendaban. Una época en que era incapaz también de tirar un libro por malo que fuera. Ahora no, ahora, me lo pienso mucho antes de comprar cualquier obra y si el libro no me gusta, pues nada, lo cierro y lo regalo. O lo tiro al contenedor de los papeles o lo abandono en un banco público, para que el azar le proporcione un lector inesperado y más bondadoso.

  21. 15 abril 2011 en 17:25

    “(…) Tratas de descubrir a costa de tu tiempo y tu paciencia lo que hizo disfrutar supuestamente a otros que vaya usted a saber si alguna vez leyeron en realidad lo que con tanto esnobismo recomendaban.”

    Buff, lleva eso a muchos tragos difíciles no sólo literarios sino también fímicos y de otros tipos, sí…


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