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Sherlock Holmes y los zombis de Camford: la reseña

Título: Sherlock Holmes y los zombis de Camford

Autor: Alberto López Aroca

Pie de imprenta: Palma de Mallorca: Ed. Dolmen, 2010

Es comprensible que, ante el título de esta novela, el aficionado no pueda evitar torcer el gesto y descartarla como uno de los (más que) muchos intentos – apresurados e innecesarios – de capitalizar los crecientes y recientes resurgimientos tanto de los muertos vivientes como del detective consultor en todos los ámbitos (literatura, juegos informáticos, cómic, series de televisión) de consumo de cultura popular.

Sería, ya digo, comprensible (y disculpable), aunque significaría no conocer la obra de Alberto López Aroca, quien lleva años dedicado a crear la literatura de género sin complejos, no solo con personalidad y firmeza, sino también con un profunda observancia a la tradición literaria y al legado de los autores que le han precedido.

Alberto López Aroca se plantea su aportación al Gran Juego (esa montaña de escritos en la que participan todos aquellos holmesianos convencidos de que siempre será 1887) desde los presupuestos de la corriente literaria “woldnewtoniana” fundada por Philip Jose Farmer, en la que se relacionan los personajes de distintas y distantes obras literarias con respeto, rigor, humor y, siempre, buscando el entretenimiento y disfrute tanto del autor como del lector.

Mucho me temo que López Aroca no se consentiría que su tercera incursión [1] en la ficción holmesiana se convirtiera en una tópica (y aburrida) novela de zombis; es decir, poco más (o menos) que la narración de un correcalles en que los muertos vivientes corren, de un capítulo a otro, como pollos sin cabeza, perpetrando sin ton ni son homicidios a cual más cruento y sanguinolento, a mayor gloria de un (más que) dudoso disfrute del lector.

Sherlock Holmes y los zombis de Camford  toma, como punto de partida, los personajes y el argumento de La aventura del hombre que reptaba , un cuento tardío, visceral y crepuscular del Dr. Watson publicado en 1923 ( se incluye en El archivo de Sherlock Holmes, la colección de cuentos publicada en 1927, cuarenta años después de la primera aparición del personaje). En el cuento se narra como la ingesta de drogas  para alcanzar la quimera de la juventud convierten al Dr. Pressbury, un eminente profesor de la Universidad de Camford, en una bestia irracional. Es revelador que  La aventura del hombre que reptaba , ambientada en 1903, sea la última aparición documentada del detective antes de su retiro a Sussex.

Como recurso narrativo, el autor descarta utilizar la voz narrativa del Dr. Watson [2] y recurre a la de  Otis Mercer, un colaborador de Holmes de ultima generación (un, por así decirlo, Irregular 2.0) , para relatar como advertido Sherlock Holmes de las anomalías detectadas por Barker [3] en en el domicilio del citado Pressbury se sumergirá en una investigación que llevará al lector a descubrir, de una manera coherente (que relaciona, verosímilmente, los personajes de diversos autores y “mundos narrativos” que confluyen en la novela) y con la veracidad que solo permite la buena ficción: los experimentos – amparados por el Servicio Secreto – que cobijan las aulas universitarias, la aparición de una nueva generación de personajes (The Spider, Zarpa de Acero, Kelly Ojo Mágico…) que poseerá el siglo XX, el triunfo agridulce de los héroes,  la dignidad de los malvados, y mientras lee recuperará, inadvertidamente, el afán por disfrutar de la aventura y ejercer el sentido de la maravilla pasando – con avidez y deleite –  las páginas de Sherlock Holmes y los zombis de Camford, que no otra fue la ambición del autor al escribir la novela.

Luis de Luis Otero


[1] La primera de ellas, la novela corta “Estudio en Esmeralda” (una reproducción en clave de ciencia ficción de la seminal “Estudio en Escarlata”) se encuentra recogida en el libro de relatos A por cadáveres (Los libros de Fábulas Extrañas, 2003). La segunda, “El problema de la pequeña cliente”, un cuento inédito del Dr. Watson que narra un (más que) probable encuentro del detective consultor y la inolvidable Mary Poppins, es uno de los textos de Nadie lo sabrá Nunca (Los libros de Fábulas Extrañas, 2005).

[2] A mi juicio, un acierto. Aunque López Aroca demostró – sobradamente – con la citada “El problema de la pequeña cliente” que carece de dificultad para “tomar” la muy personal “voz” del Dr. Watson, no es menos cierto que la elíptica, contenida, elegante y, en el mejor sentido de la palabra,  pudorosa narrativa del buen doctor resultaría una traba para desvelar los horrores y maravillas de esta novela. 

[3] El impulsivo detective que colaboró con Holmes en La aventura del fabricante de colores retirado.

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16 Responses to “Sherlock Holmes y los zombis de Camford: la reseña”


  1. 1 belakarloff
    19 enero 2011 en 19:12

    Sí, ya sé que ha sido muy caótico la forma de publicar los dos artículos de golpe, el mismo día, pero esta semana estoy muy liado.

    Como homenaje al autor, aparte de estas dos notas, la próxima semana publicaremos una entrevista con él dividida en tres partes, y perpetrada por el responsable también del presente texto.

  2. 2 Jabez Wilson
    19 enero 2011 en 21:12

    Gracias por la parte que me toca

  3. 3 albertolopezaroca
    19 enero 2011 en 22:12

    Menudo disparate de entrevista, por cierto…

  4. 4 Birdy Edwards
    20 enero 2011 en 9:07

    Pendiente de lectura lo tengo, que ultimamente saco poco tiempo para nada…

  5. 24 enero 2011 en 11:36

    También yo tengo ganas de leerlo, y más aún después de tan singular recomendación.

  6. 6 Jabez Wilson
    24 enero 2011 en 11:40

    Javier, te va a gustar seguro.
    Alberto y tu teneis mucho en común.

  7. 7 belakarloff
    24 enero 2011 en 14:04

    Yo tengo el libro aquí a mi lado. Cuando me vaya para casa, en la Renfe, lo comenzaré…

    Aínsssss, qué nerviosssssssss…

  8. 8 belakarloff
    21 febrero 2011 en 13:39

    Terminado de leer el libro. ¡¡¡¡Ahhhhh!!!! ¡¡Qué placer!!! Extasiante, divertido, ingenioso, cómplice, apabullante. Me ha encantado la novela, pero casi igual o más el apéndice onomástico… Qué placer..

    Por cierto, Alberto, ¿me autorizas a escribir una mini-“secuela”, que no es secuela, para incluirlo aquí en el blog?

    • 21 febrero 2011 en 19:23

      Por mí no se corte usted, don Carlos. ¿Tendría yo la vergüenza de negarme a semejante petición, después de saquear, violar, casar y mangonear (con cariño, eso sí) a tantos engendros ajenos?

      A ver, a ver por dónde sales…

      • 10 belakarloff
        22 febrero 2011 en 8:49

        Es solo un pequeño guiñito, que yo estaba esperando y no se dio, pese a las posibilidades…

        Pero para ello habré de dudar de tu autoría del texto, e involucrar a los de Dolmen en un chanchullo…

  9. 11 Birdy Edwards
    21 febrero 2011 en 15:51

    El indice del final es apabullante, hace esperar secuelas con todos esos flecos….

  10. 13 Birdy Edwards
    21 febrero 2011 en 21:20

    Lo ando buscando….

  11. 16 belakarloff
    22 febrero 2011 en 8:48

    Yo compré “Los espectros…” hace un par de semanas. He tomado otro libros, para un descanso “aroquiano”, y después seguramente me ponga con él…

    Y sí, el apéndice hace esperar secuelas por todos los flancos. Incluso los perrunos…


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