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Sep
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El joven Sherlock Holmes 1. El ojo del cuervo

Título: El joven Sherlock Holmes 1. El ojo del cuervo

Autor: Shane Peacock

Traducción: Maia Figueroa Evans

Editorial: Madrid: Almadraba, 2010

En el ámbito de la cultura popular no es, como cualquier aficionado sabe, práctica inhabitual ni reciente la creación de versiones juveniles o infantiles de personajes populares adaptándolas a grupos de edad distintos (es decir, a potenciales compradores). Las citadas versiones, por la excesiva simplificación y cautela argumental que se les aplica, acaban por resultar a menudo carentes de todo interés o valía.

No es el caso, muy al contrario, de El ojo del cuervo, primer volumen publicado en España de la serie de El joven Sherlock Homes creada por el escritor canadiense Shane Peacock en 2007, y que en el mercado anglosajón ha alcanzado ya su cuarto título con gran éxito tanto crítico como de ventas.

Y sin embargo el lector de cualquier edad no encontrará, ni mucho menos, una narración fácil, simplona o complaciente.

Vaya por delante que Shane Peacock renuncia a asumir el pasado del personaje en el que, más o menos, están (estamos) de acuerdo los aficionados, es decir, la versión establecida, con todos los matices que se quiera, en el indispensable Baring Gould. Además, el autor utiliza para crear su saga un recurso narrativo habitual en la novelística de ciencia ficción y, desde luego, en el mundo del cómic de superhéroes: los mundos paralelos o las realidades alternativas. Así, personajes y situaciones que conocemos sobradamente reaparecen en otro contexto, ligera o fuertemente modificados o distorsionados sin que por ello pierdan su esencia.

Por otra parte, el autor también abandona toda pretensión de elaborar un relato siguiendo el modelo del Dr. Watson y lo hace radicalmente; Peacock crea un relato que bien podría calificarse como neo–dickensiano ya que, no solo la presencia de Charles Dickens en la novela es casi obsesiva, dada la abundancia de citas y referencias, sino que su desarrollo remeda motivos y razones de la obra del inmortal escritor inglés.

El cañamazo de la novela es el viaje inicíatico que, para demostrar su inocencia de un asesinato de una mujer en Whitechapel, debe emprender un adolescente Sherlock Holmes –judío que pertenece a una familia venida a menos– a partir de una falsa acusación de asesinato.

Será durante ese periplo –que, a la larga, restituirá su posición social– cuando encuentre a figuras reconociblemente dickensianas: un mentor y filántropo (llamado Andrew Conan Doyle); su hija Irene (una bella y fascinante damita de la mejor sociedad); una pandilla de truhanes (guiados por un pícaro mayor, Malefactor); a Dupin (un sabio oculto en la piel de un mendigo) y a Adlaji (un árabe, chivo expiatorio del crimen, por su pertenencia a la etnia árabe). Peacock introduce, además, un onírico coro de cuervos edagarllanianos que, siniestros y telúricos, guían y advierten al protagonista.

Muy seguro tenía que estar Shane Peacock al emprender la escritura del El ojo del cuervo para manejar estos arriesgados materiales. No cabe reproche. Ha conseguido una clásica, seria y desconcertante (por inhabitual) novela. No cabe cuestionar ni el éxito ni la calidad de este extraordinario –y excepcionalmente editado– libro juvenil.

Luis de Luis Otero

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5 Responses to “El joven Sherlock Holmes 1. El ojo del cuervo”


  1. 1 belakarloff
    24 septiembre 2010 en 8:38

    Interesantísima reseña de este apetitoso libro, para regalar a un hijo o sobrino y, con esa excusa, leerlo tú mismo…

  2. 2 Jabez Wilson
    24 septiembre 2010 en 9:51

    Si Carlos, como ya digo por ahí arriba, este sombrío libro tiene rasgos llamativos para las retinas de los adultos.

  3. 3 De Maupertuis
    24 septiembre 2010 en 9:57

    Se lo sustraeré discretamente a mi hijo, pues la crítica de Jabez, lector omnívoro, ha excitado mi curiosidad.

  4. 4 Jabez Wilson
    24 septiembre 2010 en 12:39

    Querido Barón,
    como bien sabe es privilegio y maldición de mi estirpe la incontinencia ante la letra impresa.
    Así, convive con la vanidad que me produce que confíe en mis (falta de)entendederas, la preocupación porque su criterio sea cuanto menos imprudente o temerario.

  5. 5 doctorwatson65
    5 octubre 2010 en 20:08

    Habrá que echarle una ojeada…


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