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Sherlock Holmes en Washington [Universal: 03]

Título original: Sherlock Holmes in Washington

Director y productor: Roy William Neill

Productor asociado: Howard Benedict

Guión: Bertram Millhauser, Lynn Riggs, según argumento de B. Millhauser, basado en los personajes de Arthur Conan Doyle

Fotografía: Lester White

Música: Frank Skinner

Intérpretes: Basil Rathbone (Sherlock Holmes), Nigel Bruce (Doctor Watson), Marjorie Lord (Nancy Partridge), Henry Daniell (William Easter), George Zucco (Heinrich Hinckel / Richard Stanley), John Archer (teniente de navío Pete Merriam), Gavin Muir (Mr. Lang), Edmund MacDonald (detective teniente Grogan), Don Terry (Howe), Bradley Page (Cady), Holmes Herbert (Mr. Ahrens), Thurston Hall (senador Henry Babcock), Mary Gordon (Mrs. Hudson), Caroline Cook, Gilbert Emery, Alice Fleming, Gerald Hamer, Jason Robards Sr., Ian Wolfe…

Nacionalidad y año: Estados Unidos 1943

Duración y datos técnicos: 71 min. B/N 1.37:1

Dos son los elementos que bajo mi perspectiva dotan de un cierto interés a Sherlock Holmes en Washington (Sherlock Holmes In Washington, 1943), tercera apuesta cinematográfica del conocido detective bajo la égida de la Universal en la década de los cuarenta, abrumadoramente llevada a la pantalla bajo la dirección de Roy William Neill. La primera de ellas, obvio es señalarlo, corresponde a la habilidad con la que la figura del detective Sherlock Holmes y su fiel ayudante Watson –encarnados como siempre por la inseparable pareja formada por Basil Rathbone y Nigel Bruce– es trasladada a la actualidad de su rodaje, integrando a ambos en un contexto de espionaje nazi. Para ello, bastará en este caso con insertar un rótulo apelando a la pervivencia de la pareja creada por Conan Doyle, para de manera rápida introducir a estos en una trama de misterio que, en este caso, no procede de ninguna de las obras creadas por el conocido escritor, escorándose de manera más acusada en uno de tantos relatos de dicho género insertos en la serie B de aquel tiempo. La ventaja con la que parte esta película es que ese anacronismo se encuentra incorporado de manera desprejuiciada, logrando con ello evitar los existentes en algunos otros títulos de la serie, de menos credibilidad en ese aspecto.

La otra característica digna de ser resaltada es el acertado protagonismo que tiene el mcguffin de la película. Ese microfilm incrustado en un lugar que no revelaré para evitar restar el interés de cualquier espectador que se muestre interesado en contemplar esta modesta pero simpática propuesta, que permite con apenas escasos elementos y una duración siempre ajustada de poco más de setenta minutos, conformar un relato que, si bien no cabe situar entre los títulos más valiosos de este ciclo de adaptaciones –que cada día más, me doy cuenta alberga exponentes de verdadera valía–, sí que emerge como una propuesta atractiva y con algunos tours de force que, en última instancia, logran envolver y dotar del suficiente atractivo al conjunto del film.

Estamos en plena II Guerra Mundial, y desde Londres se destina a Estados Unidos un agente secreto para trasladar un documento de vital importancia en el desenvolvimiento de la contienda en su lucha contra los nazis. Para ello, las autoridades británicas utilizarán la vieja fórmula de enviar un profesional más o menos reconocible, aunque este sea utilizado como señuelo para remitir el documento con otro agente anónimo. Con lo que no contarán estos es que por parte del bando enemigo –que sin citarlos expresamente se trata de enviados nazis–, tres personas comandadas por William Easter (el siempre magnífico Henry Daniell) capturarán en pleno traslado en tren al agente Alfred Pettibone –que viaja bajo alias como John Grayson (Gerald Hamer)– forzando un apagón en el ferrocarril y secuestrándolo con la intención de que les entregue el codiciado documento. La realidad será que este, consciente de la situación extrema a la que se ve sometido, se deshará del mismo sin que sus captores lo adviertan, desapareciendo a continuación y cerniéndose sobre él la invisible amenaza bajo el previsible uso de la tortura. Conscientes las autoridades inglesas de dicha contrariedad, no tendrán más remedio que recurrir a la figura de Holmes –y Watson– para que se trasladen hasta la capital norteamericana. Antes de efectuar dicho viaje, y en propio terreno inglés –en su visita a la vivienda de Pettibone–, la organización enemiga que anda detrás del citado secuestro deseará con la misma contundencia eliminar a Holmes –este sufre un atentado en la puerta de la casa del desaparecido–. Será poco antes de que el detective descubra que el documento ha sido trasladado en forma de microfilm –momento en el que el espectador advertirá la manera con la que el agente inglés se deshizo de la documentación antes de ser capturado–.

A partir de este momento, Sherlock Holmes en Washington apuesta de una parte por una especie de relato turístico de los lugares emblemáticos existentes en el poco monumental centro administrativo de Norteamérica, en donde Holmes muy pronto detectará la trama y la amenaza que se cierne no solo en torno a él, sino también sobre una anónima muchacha que viajaba en tren junto al desparecido agente inglés, y que de manera involuntaria se convirtió en cómplice de este al portar el objeto que contenía el documento que finalmente costará la vida al infortunado Pettibone –a partir del instante en el que de forma elíptica se descubre el cadáver de este la acción cobrará un tinte mucho más dramático–. Pero ya antes la película habrá mostrado un episodio espléndido en el traslado del posteriormente secuestrado, en donde a partir del temor de este y el apercibimiento de sus secuestradores, irán acompañados en la pantalla de la descripción de una galería de excéntricos personajes, todos ellos convergentes en la cafetería del ferrocarril. Allí, desde un político parlanchín, hasta una anciana que esconde en una jaula a unos roedores, la sensación de amenaza sobre Grayson / Pettibone se hará casi tangible, evocando con ello ecos de la estupenda Alarma en el expreso (The Lady Vanishes, 1938) de Hitchcock. No será en este sentido el único tour de force que nos brindará el seguimiento de ese codiciado macguffin, ya que otro de similares características, aunque de resultado más insustancial, tendrá lugar en la fiesta de despedida de soltero que brindará Nancy Patridge (Marjorie Lord) quien, sin ella saberlo, porta entre sus objetos personajes ese deseado microfilm. En el marco de dicha celebración, el objeto irá discurriendo de manera ingeniosa e inesperada por parte de muchos de los comensales, varios de los cuales se permitirán comentarios sobre dicho tema sin saber que tienen a su alcance el tan codiciado documento.

Más allá de estos dos fragmentos, impregnados de una plasmación coreográfica del suspense, lo cierto es que el film de Neill discurre por unos senderos más o menos eficaces, concisos y por lo general dotados de una atractiva movilidad con la cámara, aunque no nos evitará la presencia de personajes insustanciales como la del prometido de Nancy, el teniente Merriam (John Archer), trasladándonos en sus minutos finales hacia una tienda de objetos antiguos, donde Holmes se enfrentará con el cabecilla del grupo de espías –Richard Stanley / Heinrich Hinckel (un magnífico George Zucco, atención a la mesura de su dicción)–, componiendo un episodio en el que el riesgo y el peligro irá de la mano de un marco estético rodeado de bellos y antiguos objetos, en donde Holmes se introducirá simulando ser un molesto y cargante comprador. Serán unos atractivos minutos de duelo dialéctico entre ambos personajes –en los que de nuevo se encontrará patente la presencia de ese macguffin que todos buscan y solo Holmes sabe dónde se encuentra–, culminando el mismo con la llegada de la policía –alertada por Watson–, y llegando a tiempo para evitar una situación de extremo peligro, tanto para Holmes como para la secuestrada Nancy. La redada servirá para eliminar o detener a los secuaces de Stanley, mas este logrará huir, teniendo Holmes que plantear una última argucia para alcanzar de forma definitiva ese objeto tan codiciado por todos.

En última instancia, más allá de la efectividad como humilde relato de misterio en el que la presencia actualizada de Holmes está incorporada con tanta ligereza como efectividad –no así la de Watson, al que se ofrecen demasiadas licencias de dudosa comicidad–, y al margen de las dos circunstancias que comentaba al inicio de estas líneas, Sherlock Holmes en Washington revela el interés de la Universal de sumar esta propia serie de misterio dentro del esfuerzo antinazi, lo cual fue algo común en la producción hollywoodiense de aquel tiempo. Que para ello se llegara a actualizar la figura del conocido detective resulta al menos una singularidad –o quizá un sacrilegio para cualquier seguidor más purista–, pero no por ello podremos desdeñar la efectividad de su modesto resultado.

Juan Carlos Vizcaíno

NOTA: Este texto se publicó originalmente en la web Cinema de perra gorda, http://thecinema.blogia.com/, y ha sido tomado de ahí con el consentimiento del autor.

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19 Responses to “Sherlock Holmes en Washington [Universal: 03]”


  1. 1 belakarloff
    9 junio 2010 en 7:41

    Nueva entrega del ciclo Universal/Rathbone/Holmes, que habíamos dejado un poco abandonado.

    Fijáos el peinado con que nos presentan a Rathbone y que, por suerte, duró pocas entregas. No sé qué estarían pensando los estilistas de la Universal…

  2. 2 Jabez Wilson
    9 junio 2010 en 8:53

    ¡Espléndido texto!

    Es curioso que en “Alarma en el Expreso” hay una deliciosa referencia a Sherlock Holmes:

    http://www.circuloholmes.org.es/cholmes/index.php?option=com_content&task=view&id=369&Itemid=38

  3. 3 belakarloff
    9 junio 2010 en 9:17

    Sí, espléndido texto, como todos los de Juan Carlos. Este es su blog: http://thecinema.blogia.com/

    Vaya, no recordaba ese detalle de “Alarma en el expreso”. Tendré que vérmela, que hace mucho no la reviso…

    Por cierto, la peli de Hitchcock está basada remotamente en un caso real, llevado al cine en varias ocasiones con mayor o menor fidelidad. Durante la Exposición Mundial en París, a fines del XIX, dos hermanos, hombre y mujer, llegaron a un hotel, y se alojaron en habitaciones diferentes. A la mañana siguiente, la mujer se levantó, no se encontró con su hermano, y cuando preguntó por él le dijeron que ella había venido sola. Cuando se dirigió hacia la habitación del hermano se topó con la pared lisa…

    La mejor adaptación del suceso fue, precisamente, “Extraño suceso”, de Terence Fisher: http://www.pasadizo.com/peliculas2.jhtml?cod=59&sec=11

  4. 4 Jabez Wilson
    9 junio 2010 en 9:56

    ¡Que casualidad que también te interese esa leyenda urbana!
    llevo un tiempo siguiéndole el rastro para un artículo sobre Ramón Gómez de la Serna , a quien tanto le interesó que le dedicó una novela “El cólera azul”. También llamó la atención de Ernest Hemingway que la incluyó en su primera novela “The Torrents of Spring” y a Alfred Hitchcock para su serie televisiva y la concibió como un regalo para que su hija Pat pudiera desplegar sus cualidades interpretativas.
    El episodio, de la primera temporada de la serie (1955), se titula “Into Thin Air”.

  5. 5 Jabez Wilson
    9 junio 2010 en 9:58

    ¡Ah!
    Se puede ver en YouTube en:


  6. 6 belakarloff
    9 junio 2010 en 10:27

    ¿Es una leyenda urbana? Yo creía que era un suceso real…

    También forma parte de una de las historias del film expresionista alemán mudo UNHEIMLICHE GESCHICHTEN.

    Respecto al libro de Gómez de la Serna, sólo he localizado esta edición:

    Gómez de la Serna, Ramón (1888-1963)
    El cólera azul
    Buenos Aires : Sur, 1937
    227 p. ; 19 cm

  7. 7 Quatermain
    9 junio 2010 en 10:41

    Sobre esta película siempre he tenido una duda: ¿por qué odiaba tanto a Rathbone su peluquero?

  8. 8 Jabez Wilson
    9 junio 2010 en 10:43

    Pues parece ser que era leyenda propagada por los “bien informados” de la sociedad parisina de entonces en tertulias y cafés. Se daba, además, una explicación:la divulgación de la irrupción de un brote de cólera en la capital francesa podría dar al traste con las expectativas económicas generadas por la Expo y había propiciado un pacto de silencio entre autoridades y agentes económicos.
    Esta razón sanitario – económica es, o así parece, la base racional de la leyenda.

    En este link se cuenta más y mejor (eso si, está en inglés)
    http://www.snopes.com/horrors/ghosts/hotel.asp

    Como verás, la historia da de sí.

    ¡ah! la obra de Ramón está, también, en el volumen cinco de “Novelismo” una de las partes en que se dividen las “Obras Completas” editadas por Galaxia Gutenberg

  9. 9 belakarloff
    9 junio 2010 en 11:34

    Sí, el motivo de la “tapadera” lo sabía… Gracias por ese link, lo leeré con detenimiento.

  10. 10 De Maupertuis
    9 junio 2010 en 14:27

    Magnífica reseña. La película, como todas las de Rathbone, es entrañable y amena, y el peinado neroniano chateaubriandesco del bueno de Basil, único.

    Es cierto que hay un guiño holmesiano en “The Lady Vanishes” de 1938: Michael Redgrave, en pleno ejercicio reflexivo se cubre con un deerstalker de guardarropía, mientras chupetea una pipa apagada ante la mirada cómplice de Margaret Lockwood. La película sufrió un remake en 1978, de la Hammer, creo, con Eliot Gould (extraño Philip Marlowe en otro film) y Cybill Shepherd antes de “Luz de Luna”. El tema, como he podido descubrir gracias a vuestras informaciones, da para mucho y tiene pasado (asombrosas referencias, mon cher Jabez). Su última expresión debe ser probablemente “Flightplan” de la (a mi juicio) siempre presuntuosa y muy gélida Jodie Foster.

  11. 11 belakarloff
    9 junio 2010 en 16:50

    DE MAUPERTIUS:
    “Eliot Gould (extraño Philip Marlowe en otro film)”

    Sí, en la espantosa EL GRAN ADIÓS, del sobrevalorado Robert Altman. Todo un insulto al género negro. Y eso que contaba con guión de Leigh Brackett.

  12. 12 doctorwatson65
    9 junio 2010 en 19:05

    Buena crítica…

    Y también muy interesante lo de Paris…

  13. 13 belakarloff
    9 junio 2010 en 19:11

    A mí la crítica, desde luego, me gusta mucho cómo está escrita. Pero la película me parece de las más flojotas del ciclo. Lo peor del mismo son los inicios, luego va tomando más prestancia.

  14. 14 doctorwatson65
    9 junio 2010 en 19:32

    Yo tengo una memoria muy mala para estas pelis… Apenas las recuerdo… Hay una que siempre me viene a la mente, una sobre unos presos que hacen unas cajitas, creo, para mandar mensajes a la malos…

  15. 15 belakarloff
    10 junio 2010 en 7:42

    Ahora no recuerdo cuál es. Adapta “Los seis napoleones”, pero libérrimamente.

  16. 16 Jabez Wilson
    10 junio 2010 en 17:22

    Gracias Baron por su amabilidad.
    Yo añadiría que la última Jodie Foster, usa y abusa de un gesto de crispación contenida, como si se le hubiera enquistado un flato, que amanera y hace rutinarias sus interpretaciones.
    Creo recordar haber visto con desgana,en su momento, aquella adaptación que pasó sin pena ni gloria por las carteleras. Mis gustos son , al menos en este caso, mayoritarios.

  17. 17 belakarloff
    11 junio 2010 en 7:48

    Perdona, Jabez, pero no termino de entener tus comentarios…

  18. 18 Jabez Wilson
    11 junio 2010 en 10:41

    perdóname tu a mi Bela.

    Desagrego:

    De Maupertuis:

    “La película sufrió un remake en 1978, de la Hammer, creo, con Eliot Gould (extraño Philip Marlowe en otro film) y Cybill Shepherd antes de “Luz de Luna”.

    Jabez:

    “Creo recordar haber visto con desgana,en su momento, aquella adaptación que pasó sin pena ni gloria por las carteleras. Mis gustos son , al menos en este caso, fueron mayoritarios.”

    De Maupertuis:
    “de la (a mi juicio) siempre presuntuosa y muy gélida Jodie Foster.”

    Jabez:
    Yo añadiría que la Jodie Foster de la última época , usa y abusa de un gesto de crispación contenida, como si se le hubiera enquistado un flato, que amanera y hace rutinarias sus interpretaciones.

  19. 19 belakarloff
    11 junio 2010 en 10:49

    Jeje…

    Gracias.


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