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El hombre y el monstruo

Dirección: Rouben Mamoulian.

Productores: Rouben Mamoulian y Adolph Zukor para Paramount.

Guión: Samuel Hoffenstein y Percy Heath, según la novela de Robert Louis Stevenson.

Fotografía: Karl Struss.

Música: Herman Hand, Rudolph G. Kopp, John Leipold, Ralph Rainger, Johann Sebastian Bach.

Montaje: William Shea.

Intérpretes: Fredric March (Dr. Henry Jekyll/Mr. Hyde), Miriam Hopkins (Ivy Pearson), Rose Hobart (Muriel Carew), Holmes Herbert (Dr. Lanyon), Halliwell Hobbes (Sir Danvers Carew), Edgar Norton (Poole), Arnold Lucy (Utterson), G. L.. McDonnell (Hobson), Temple Piggott (Mrs. Hawkins), Sam Harris, Tom London, Robert Louis Stevenson…

Nacionalidad y año: Estados Unidos 1931.

Duración y datos técnicos: 95 / 87 / 79 min. B/N 1.37:1.

El doctor Jekyll tiene la teoría de que químicamente se pueden separar las partes maligna y benigna del ser humano. Tras probar una fórmula consigo mismo se convierte en un ser monstruoso, el señor Hyde, que proyecta los más bajos y primarios instintos que el amable doctor tiene reprimidos.

Sin lugar a dudas, esta es la mejor versión para cine que existe de la novela de Stevenson (seguida muy de cerca de la de Renoir). El mérito, por supuesto, proviene del gran Rouben Mamoulian, cineasta maldito que basculó de un lado a otro en Hollywood, desde su debut con Applause (1929), hasta su último film, La bella de Moscú (Silk Stockings, 1957) -pues fue expulsado del rodaje de la monumental Cleopatra (Cleopatra, 1963), que acabaría Joseph Leo Mankiewicz-. Entre medias, ofrendaría más de una obra maestra a diferentes géneros, así el musical, acaso la mayor de sus constantes –Ámame esta noche (Love Me Tonight, 1932), la referida bella de Moscú-, la aventura -la trepidante y maravillosa El signo del Zorro (The Mark of Zorro, 1940)- el melodrama histórico sin mucha base histórica –La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, 1933)- u otras cintas tan inclasificables como fascinantes –El alegre bandolero (The Gay Desperado, 1936), mezcla de musical, comedia alocada, cine de gangsters y western-.

Unos pocos años después, esta película no hubiese sido la misma. Rodada en 1932, aún no imperaba el feroz y reaccionario código de censura impuesto por el nefasto Will H. Hays en 1934, y que emasculó la libertad de los cineastas norteamericanos hasta finales de los 50. Hoy día, esta sorprendentemente fresca y pícara película plantea que mister Hyde no es la escisión maligna del amable doctor Jekyll, sino que es producto de la represión castrante de una sociedad hipócrita y puritana, que reprime unos estímulos naturales, lo cual conduce a que los fantasmas sexuales del personaje salgan expulsados de manera abrupta y agresiva: el mal está pues no en el individuo, sino en un sistema que cohibe el desarrollo afectivo. Todo ello es narrado por Mamoulian con una impecable caligrafía visual, donde hace un uso arrebatado del encadenado -adelantándose a innovaciones que propondrían treinta años después sobrevalorados realizadores europeos como Jean-Luc Godard o Michelangelo Antonioni-, así, cuando Jekyll abandona la estancia de la prostituta, ésta agita insinuante una pierna, y mientras contemplamos a Jekyll alejarse reflexivo por la calle veremos durante un largo instante esa pierna tentadora basculando sobre él; o el uso de la pantalla dividida, un recurso muy habitual en aquella época para, por medio de una cortinilla, dar paso a una nueva escena, expone, en una escisión oblicua, juntas, a las dos mujeres que turban -reprimiendo o exacerbando- la libido del doctor.

Elegante, inteligente y brillante, la película expone el alto grado de madurez que el cine americano gozaba en aquella época, donde, por medio de los estereotipos genéricos, se lograba reflexionar sobre elementos no precisamente superficiales de un modo que films de mayor alharaca y pretensión no pueden sino sugerir hoy de forma balbuciente.

Carlos Díaz Maroto

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10 Responses to “El hombre y el monstruo”


  1. 1 belakarloff
    10 marzo 2010 en 10:30

    El doctor Jekyll pertenece a la misma época que nuestro Holmes. Así pues, aquí tenéis reseña de un tema afín. Espero que os interese. De hecho, en breve publicaremos algo que aúna ambos personajes.

  2. 2 Quatermain
    10 marzo 2010 en 19:35

    Una película excelente, sin duda.

  3. 3 doctorwatson65
    10 marzo 2010 en 20:07

    Estupenda crítica y película…

  4. 4 doctorwatson65
    12 marzo 2010 en 21:12

    Vaya, pocos post veo…

  5. 5 bohemia
    17 marzo 2010 en 10:14

    Coincido en que la película de Mamoulian es estupenda, pero a mí siempre me ha gustado más la versión muda de 1920, probablemente porque me encanta John Barrymore.

  6. 6 belakarloff
    17 marzo 2010 en 21:18

    Supongo que la tendrás en dvd (la de Barrymore, digo). Si no, ahora tienes oportunidad de hacerte con ella, que sale en una estupenda edición en programa doble con otra joya de Barrymore, “Svengali”.

  7. 23 marzo 2010 en 10:03

    Os recomiendo la página de audiolibros http://www.audiomol.com. Son audiolibros de títulos actuales y narrados por locutores profesionales

  8. 8 belakarloff
    23 marzo 2010 en 10:04

    Gracias, Eduardo.

  9. 23 marzo 2010 en 13:12

    Peliculón, mi versión favorita del mito, rodada con la maestría de un estilista, llena de matices y sugerencias (esa liga de Miriam Hopkins…) Frederic March está sobresaliente, las transformaciones son muy ingeniosas, y la primera secuencia rodada en primera persona es de una enorme audacia técnica.

  10. 10 belakarloff
    23 marzo 2010 en 13:16

    Saludos, Toshiro. Se te ve poco por aquí…


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