14
Dic
09

Elemental, querido Watson (y 3)

Ya en los 80, encontramos un par de productos destacados que, al margen de su calidad fílmica, parecen emperrados en infantilizar al personaje para utilizarlo como forma de comercializar nuevas chocolatinas. Dejamos atrás adaptaciones fieles y complementos dramáticos, para meternos en películas de índole familiar o cómica. Si bien es cierto que en esta época se enmarca la ya mencionada Las aventuras de Sherlock Holmes con Jeremy Brett, que el que esto firma no ha tenido la oportunidad de ver todavía.

Nicholas Rowe/Alan Cox
El secreto de la pirámide (Pyramid of Fear, 1985)

La colaboración entre Steven Spielberg (productor) y un Chris Columbus (guionista) recién llegado al mundo del cine dio dos productos tan divertidos, honestos y, a la postre, exitosos, como son Gremlins y Los Goonies. El tercer y último film de esa colaboración sería una película para toda la familia con pretensiones de convertirse en una saga de gran éxito, de ahí su título inicial, Young Sherlock and the Pyramid of Fear. En esta obra, echamos un vistazo a la juventud de Sherlock Holmes y John Watson, cuando traban amistad en un internado y deben acabar con una diabólica secta satánica.

Así, pocas cosas hay más inútiles que visionar El secreto de la pirámide como una precuela de las aventuras de Sherlock Holmes, porque si bien se nos avisa al comienzo de la proyección de que la producción se ha realizado con el máximo respeto y cariño a los personajes de Arthur Conan Doyle, queda bastante claro que lo que sin duda respetaban los implicados era al todopoderoso dólar ese. Y es que la película tiene mucho más en común con el por entonces reciente estreno de Steven Spielberg, Indiana Jones y el templo maldito, que con Conan Doyle, como queda claro de sus fantasiosas escenas y su tónica de aventura familiar, que en ocasiones llega a rozar demasiado el infantilismo, con algún que otro momento vergonzoso (“¿Qué quieres ser cuando seas mayor?”).

Igual sentido tiene intentar ver en los personajes de Nicholas Rowe (que posteriormente trabajaría en la opera prima de Guy Ritchie, quien, cosas de la vida, se encarga de la próxima adaptación de Holmes) y Alan Cox (hijo de Brian Cox) algo que no sea unos jóvenes estudiantes de la época victoriana convenientemente sazonados y adecentados para los tiernos prepúberes de la década de los 80. El conocimiento de los responsables de la obra de Conan Doyle, de haberlo, es efímero y superficial, o al menos eso se demuestra de la aleatoria inclusión de referencias a los elementos más icónicos y conocidos, aunque en ocasiones, como en la presentación de Watson y Holmes, el uso del razonamiento deductivo tenga cierta curiosidad. Y, por supuesto, el personaje de John Watson es aquí un secundario cómico en la acepción más desagradable del término. El fiel compañero del detective ha sido convertido en un comilón que habla con pastelitos, no da pie con bola y se tropieza alocada y aleatoriamente durante toda la película. Así, intentar ver un intento serio de explicar ciertos elementos de la naturaleza holmesiana (Moriarty, su relación con las mujeres) sólo conseguirá enervar, y con razón.

Aun así, tomada como una simple película de aventuras de inocentes intenciones, El secreto de la pirámide termina siendo un espectáculo que, aunque vacío, resulta de lo más entretenido y presenta uno o dos detalles interesantes (ciertos momentos dramáticos y una escena tras los créditos finales). Gracias a una resuelta dirección de Barry Levinson, a una factura técnica impecable (no sólo en decorados y vestuario, sino también en efectos, incluyendo el primer efecto digital de la historia, obra y gracia del Pixar de Steve Jobs) y a una ambientación la mar de agradable en las espectaculares localizaciones de Oxford, esta aventura del joven Sherlock Holmes resulta una película tan amena como inocente.

Por supuesto, de obligada mención es la brillantísima banda sonora de Bruce Broughton, que probablemente sea una de las mejores partituras musicales de aventuras de los últimos veinticinco años.

Basil de Baker Street/Dr. David Q. Dawson
Basil, el ratón superdetective (Basil of Baker Street, 1986)

Si hablamos de la traslación de los personajes de Conan Doyle a la pantalla en este clásico Disney, estos no pueden haberse dejado más intactos, pues su brevísima aparición es brillantemente visualizada mediante sombras en una pared, con la reutilización de voces del serial radiofónico con Basil Rathbone. No, Basil, el ratón superdetective es un estudio de la vida de los roedores del 221b de Baker Street.

Llegada en un mal momento de la compañía Disney, Basil pasó tan desapercibida como la mediocre Tarón y el caldero mágico, a pesar de ser uno de los mejores clásicos Disney jamás hechos. Divertida como ella sola, la película presenta a los álter egos del célebre detective y su doctor, que, convenientemente adaptados para el niño y la abuela, hacen tanta justicia a los personajes originales como las películas de Basil Rathbone. Por supuesto, adiós al razonamiento deductivo y la cocaína. Y durante 80 entretenidísimos minutos, uno ni lo echa de menos.

La recreación de esta Inglaterra victoriana ratonil es magnífica, con unos diseños impresionantes a disposición de algunas escenas que, a día de hoy, no han perdido un ápice de su emoción. Momentos como el de la loca persecución en la tienda de juguetes (concluyendo con una maravillosa escalada final) o la pelea final en los engranajes del Big Ben dejan en evidencia al cine de aventuras actual y resultan más visualmente fascinantes que, por poner un ejemplo malintencionado, Tim Burton y su particular y (añado yo) repetitivo universo.

La función es salteada con el perverso Rattigan, uno de los mejores villanos Disney quien, con la voz de un descontrolado Vincent Price, nos brinda momentos tan hilarantes como el descacharrante número musical.

Y, por último, pero no por ello menos importante, uno no puede dejar de mencionar la contribución de Henry Mancini. Su partitura juguetona, divertida y, sobre todo, elegante, pone la guinda al pastel que es un producto que no por familiar o animado tiene menos valor que algunas de las películas ya mencionadas aquí.

 

Michael Caine/Ben Kingsley
Sin pistas (Without Clues, 1988)

La última película a comentar es esta curiosa comedia disparatada con reparto de primera fila. A los ya mencionados Caine y Kingsley cabe añadirles el hoy perdido Jeffrey Jones y Paul Freeman (el legendario Belloq de En busca del arca perdida).

El argumento nos sitúa en una realidad en la que Sherlock Holmes es un apreciado y amado detective privado capaz de resolver los casos más complejos. Hasta ahí, todo bien. El universo de Conan Doyle se vuelve boca abajo cuando descubrimos que en realidad Holmes es un actor contratado por el prodigioso John Watson, que le utiliza como fachada para evitar problemas.

Si algo caracteriza esta película de Thom Eberhardt es una absoluta falta de personalidad y un socarrón sentido del humor en todos los implicados. El resultado es una parodia del universo creado por Conan Doyle, pero desde una perspectiva más realista y razonable, no necesariamente mejor, que la que adoptó Gene Wilder en El hermano más listo de Sherlock Holmes. Esta comedia tontorrona, hecha sin más pretensión que la de hacer pasar un buen rato, tiene su principal aval en su dúo protagonista.

Michael Caine, probablemente uno de los mejores actores del panorama actual, realiza aquí su única interpretación del célebre detective, como un borracho canalla y con unos cuantos pelos de tonto. ¿Y qué podemos esperar de un actorazo que hasta cuando pone cara de aburrido y cobra el cheque tiene un carisma arrollador?

Exactamente lo mismo podemos decir de Ben Kingsley, tipo irregular donde los haya, pero que es capaz de darnos una buena interpretación cuando quiere. Su Watson crispado por Holmes no pasará a la historia del celuloide (ni debiera), pero termina siendo, nuevamente, un personaje de lo más encantador.

Son Caine y Kingsley los que, con su interpretación, hacen que Sin pistas merezca un poco la pena, pues si ésta destaca por algo es por su factura absolutamente plana, capaz de combinar estos dos actores y la partitura del siempre maravilloso Henry Mancini, con un equipo que no está a la altura ni de una telenovela mexicana.

 Veintiún años después de esta película llegará a las pantallas una nueva versión, de manos del temible Guy Ritchie, con un felizmente recuperado Robert Downey Jr. como Holmes y un siempre eficiente Jude Law como Watson. Y aunque prejuzgar es de mentes cerradas y fanáticos a ultranza, lo cierto es que esta nueva película parece enmarcarse más en esta última etapa, con obras que utilizan el universo holmesiano como simple excusa para salirse por la tangente. El tema que queda por ver es si, como muestra el trailer, toda la innovación se compondrá de ralentizaciones y patadas en la entrepierna, o será al menos un divertimento para pasar el rato. El 15 de enero lo sabremos.

Fran Abril

Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en El chispeante blog del tipo llamado Bobhttp://elblogmortal.blogspot.com/ -, y se reproduce aquí con autorización de su autor.

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21 Responses to “Elemental, querido Watson (y 3)”


  1. 1 belakarloff
    14 diciembre 2009 en 9:01

    Última entrega del artículo de Fran.

    Próximamente os ofreceremos otro, mucho más largo…

  2. 2 Quatermain
    14 diciembre 2009 en 10:54

    De nuevo coincido con todas sus apreciaciones.

  3. 3 doctorwatson65
    14 diciembre 2009 en 20:23

    Interesante artículo. a mi El secreto de la pirámide no me gustó nada…

  4. 14 diciembre 2009 en 20:46

    Pues a mí tanto “El secreto de la Pirámide” como “Sin pistas” las recuerdo con batante simpatía. El duo Caine-Kingsley espectacular. Lástima que fuera para un producto tan plano.

  5. 5 belakarloff
    14 diciembre 2009 en 21:04

    “El secreto de la pirámide” me pareció una chorradilla.

    Respecto a “Sin pistas”, ya haré reseña.

  6. 6 albertolopezaroca
    15 diciembre 2009 en 0:16

    Pues a mí sí que me gustan las tres. Son muy divertidas. Y Reginald Kincaid era un gran actor, sin duda.

  7. 7 belakarloff
    15 diciembre 2009 en 10:21

    La tercera yo no la he citado porque ya publiqué aquí una reseña. Búscala.

    Y sí, Reginald Kincaid era un grandioso actor. Y Michael Caine también lo es.

  8. 16 diciembre 2009 en 11:48

    Pues no sé, en serio, encontrarle momentos vergonzosos por lo infantiloide… ¡¡A un filme infantil como es “El Secreto de la Pirámide”…!!

    Sinceramente, creo que esa película es bastante mejor (Funcionando siempre como aventura descacharrante para su público objetivo y homenaje paródico para los mayores acompañantes) que más de un pastiche supuestamente serio. Y simplemente con comparar la aparición de Mortiarty con la de “La liga de los Hombres Extraordinarios” con Sean Connery, se ve que incluso en el cine de aventuras superficiales hay diferencias abismales de calidad…

    En otro orden de cosas, y ya que estoy, me atrevería a pedir alguna reseña de “El hermano más listo de Sherlock Holmes”, a ver que juicio os merece.

  9. 9 belakarloff
    16 diciembre 2009 en 11:57

    Es que, dentro del concepto de lo “infantil”, para mí hay niveles. Yo puedo ver una peli con esos objetivos y lograr implicarme en ella; otras, sin embargo, son incapaces de lograr eso. Una buena película sería aquella que es capaz de llegar a un público diverso, como con el buen cine clásico americano: si buscan entretenimiento, esa película sería un entretenimiento de primera fila, sin más; si buscas profundizar en ella, también puedes.

    Respecto a “El hermano…”, ¡qué casualidad! Hace unos días la conseguí. Quizás me ponga con ella… Recuerdo que la vi en el cine de mi barrio en la época de su estreno.

  10. 10 Quatermain
    16 diciembre 2009 en 12:09

    “El hermano más listo de Sherlock Holmes” me parece una auténtica estupidez, llena de escenas ridículas. Gene Wilder queriendo ser Mel Brooks sin conseguirlo…

  11. 16 diciembre 2009 en 12:12

    Precisamente. Y precisamente, “El Secreto de la Pirámide” creo que consigue bastante eso que dice usted, hasta el punto de que, como los pastiches que son buenos pero infieles al canon (Y conste que a mí algunos me consideran, probablemente con razón, un intransigente en materia pastichera, con lo que se me hace algo incómodo aceptar esto) tiene de alguna manera su propio ambiente, su propia lógica interna e incluso sus propios méritos como producto de entretenimiento, aunque sean ajenos, insisto, a la obra de Doyle.
    Simplemente, no entiendo porqué se supone que “Basil el Ratón Superdetective” es una obra a ensalzar y esa otra despreciable, cuando más o menos las características de ambas son comparables. Bueno, eso y que ya he echado la instancia de ingreso en el Ramatep, claro.

    Y le vuelvo a animar con lo de “El Hermano…” ese, claro.

  12. 12 belakarloff
    16 diciembre 2009 en 13:15

    Tal vez esa diferencia estribe tanto en el enfoque concreto de cada una de ellas, como en la calidad de la puesta en escena, que para mí el señor Chris Columbus es un director muy muy muy limitado…

  13. 13 albertolopezaroca
    16 diciembre 2009 en 14:12

    Estoy de acuerdo con la apreciación de Quatermain acerca de “El hermano ridículo…” Gene Wilder podría haberse tocado las narices en vez de ponerse a dirigir, que es cosa de Mel Brooks. Ya puesto, debería haber hecho una parodia de las películas de Rathbone de la Universal, como luego hicieron con “El Jovencito Frankenstein”.
    Y sí, Columbus es un director bastante regulero, pero “El Secreto de la Pirámide” es todo eso que decís…” Una aventura del Sherlock Holmes, de Tierra-2, con su lógica interna y tal.
    “Sin pistas” corresponde a Tierra-3, ¿no?

  14. 16 belakarloff
    16 diciembre 2009 en 14:20

    ¿Y el Holmes de anti-Tierra?

    Mmmmm… Qué idea me está dando…

    • 17 albertolopezaroca
      16 diciembre 2009 en 14:29

      Ese es el Moriarty que saca Neil Gaiman en su “A Study in Emerald” (nada que ver con mi “Estudio en Esmeralda”, por supuesto).

  15. 18 belakarloff
    16 diciembre 2009 en 20:18

    Pero bueno… Lístame TODO lo que tengas publicado por ahí…

  16. 19 albertolopezaroca
    17 diciembre 2009 en 15:43

    Mira, mejor te doy la referencia de wikipedia inglesa: http://en.wikipedia.org/wiki/Alberto_L%C3%B3pez_Aroca
    Tengo a medio hacer por ahí un blog con mi bibliografía exhaustiva, pero se queda de momento en el 2005; ya la completaré cuando tenga tiempo. El catálogo de publicaciones está aquí: http://matildabriggs.blogspot.com/2009/11/catalogo-de-publicaciones-de-alberto.html
    Muy incompleto, porque como te digo, faltan mis últimos libros, los ensayos sherlockianos, las colaboraciones de los últimos cuatro años y tal. Ya no tengo tiempo ni de llevar un registro de todo lo que hago por aquí y por allá.
    Entiendo que esto de tener una bibliografía razonada online puede ser útil, pero mirarme el ombligo no es uno de mis pasatiempos favoritos actualmente.
    En la entrada de wikipedia vienen especificados los pastiches, pero por ejemplo, no se meciona la novela “Card Nichols investiga… el Misterio de la Armadura Pródiga”, donde se habla de la muerte de Holmes en Reichenbach, y aparece algún que otro personaje del Canon, como el inspector Wilson Hargreave de New York.
    En fin, gracias por tu curiosidad. Espero que todo esto te sea de utilidad.

  17. 20 belakarloff
    17 diciembre 2009 en 18:24

    Esto… mi curiosidad es mayor. ¿Cómo puedo conseguir esos libros?

  18. 21 albertolopezaroca
    18 diciembre 2009 en 11:21

    Contacta con la librería Estudio en Escarlata. El listado de títulos disponibles está aquí: http://www.estudioenescarlata.com/listalibros.php?searcha=Lopez%20Aroca%20%20Alberto
    Con respecto a los títulos que están agotados… pues eso, supongo que algo habrá en ebay y tal. O no.


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