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Dic
09

Elemental, querido Watson (2)

En los 70, Holmes entra, de la mano de Billy Wilder, en una década que nos dejará películas que, lejos de quedarse en simples whodunits, contextualizarán e intentarán dar una mayor profundidad al personaje de Holmes, ejerciendo muchas veces más de complemento a las obras de Conan Doyle que de sustitución o adaptación formal.

Robert Stephens/Colin Blakely
La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Lives of Sherlock Holmes, 1970)

La personalísima visión del siempre genial Billy Wilder fue una ambiciosa adaptación llena de problemas, tomando unos personajes que el director arrastró convincentemente a su mundo particular y convirtiendo la película en una visión wilderiana del universo holmesiano y en la mejor película (no necesariamente adaptación) jamás hecha sobre el detective de Baker Street.

Próximamente nos extenderemos más sobre ella.

Nicol Williamson/Robert Duvall
Elemental, doctor Freud (The Seven Per Cent Solution, 1976)

La película, dirigida por Herbert Ross y escrita por Nicholas Meyer (autor de la segunda entrega de Star Trek, la mejor de la saga), al igual que la obra de Wilder seis años antes, no busca una adaptación propiamente dicha de ninguna historia de Sherlock Holmes, sino que pretende tomar su esencia y su naturaleza para presentar lo que pretendía ser un curioso aporte personal de Meyer (autor de la novela en que se basa) a este universo.

Su título original, The Seven Per Cent Solution, hace referencia a la cocaína tomada por Holmes, que Conan Doyle mencionó repetidas veces y a la que Wilder fue uno de los primeros en dar una marcada importancia.

La historia de esta película, no por casualidad, toma el comienzo del espléndido “El problema final”, con Watson haciendo una visita a su viejo amigo, para descubrirle en un estado de absoluta crispación: Holmes acaba de descubrir a un nuevo criminal. Pero no uno cualquiera, sino la mente delictiva más brillante de todo el país, el pérfido profesor Moriarty.

El giro de tuerca y el mayor atractivo de la propuesta de Meyer llega con su visión personal del susodicho amo del crimen. El siempre magnífico Laurence Olivier encarna aquí, en un breve papel, a un inocente profesor James Moriarty, que se ha visto de pronto acosado por un psicótico Sherlock Holmes. Con la ayuda del sagaz Mycroft, Watson traza un plan para distraer la atención de Holmes y llevarlo a Viena, donde un tal Sigmund Freud, mente maestra del psicoanálisis, podría ayudarle.

El concepto de una aventura compartida entre Freud y Holmes es una idea bizarra y con un enorme potencial, que bien podría haber salido de la mente de Wilder y Diamond. Pero su mano maestra no está detrás de Elemental, doctor Freud, y eso se nota.
El prometedor comienzo termina llevándonos a una historia de misterio al uso, mil veces vista, en la que Meyer hace una simplificación por momentos insultante del psicoanálisis, rebajando su extensión a un par de momentos. Pero su principal fallo no es este resumen de Freud para tontos (que, a fin de cuentas, también se encontraba en la sobrevalorada Recuerda), sino la incapacidad de Meyer por mantener la originalidad de su propuesta. El guionista no tiene el talento ni el ingenio suficiente como para ser coherente con su idea de partida y termina conduciendo la acción hacia caminos ya muy vistos, que se enmarcan en el relato de misterio más tradicional e irrelevante. La sensación final es la de estar frente a la obra de un gran conocedor del universo holmesiano con las agallas de cuestionar parte de sus elementos fundamentales, pero también frente a un guionista irregular, en manos de un director que apenas sabe qué hacer con una cámara.

A esto no ayuda nada la actuación de sus dos estrellas. Mientras Alan Arkin y Vanessa Redgrave cumplen con su trabajo (de forma ajustada), Nicol Williamson retrata a un Holmes psicótico que parece sacado de la etapa más histriónica de Jim Carrey. La visión del psicoanalizado y drogadicto Holmes que nos dan Ross y Williamson encaja mejor en una parodia de Gene Wilder, antes que en una obra seria.

A su lado encontramos al americano Robert Duvall, actor irregular que aquí nos brinda el acento inglés más forzado visto en un cine en mucho tiempo. El doctor Watson de Meyer se aleja, gracias a Dios, del estereotipo cómico tan difundido, para presentar a un personaje maduro y responsable. Si bien no es especialmente brillante, su protagonismo y su iniciativa lo convierten en una adaptación más fiel, echada por tierra por culpa de un error de casting.

Así, de este curioso producto final se salva la idea en sí misma y la divertida partitura musical de John Addison.

 

Christopher Plummer/James Mason
Asesinato por decreto (Murder by Decree, 1979)

Antes de encargarse de la legendaria (o, al menos, conocida) saga de pretensiones cómicas Porky’s, Bob Clark dirigió esta curiosa amalgama que adaptaba tanto los personajes de Arthur Conan Doyle como la teoría propuesta por The Ripper File, libro de Jones y Lloyd sobre los asesinatos de Jack el Destripador, donde los autores planteaban la hipótesis sobre un vínculo con la realeza (este libro fue desacreditada poco después). Nuevamente encontramos una adaptación que se plantea salir de los límites naturales de Sherlock Holmes, para situarle con los más sonados individuos de su época, y nuevamente encontramos una película que termina hundiéndose en su irregularidad.

Las propuestas interesantes y los momentos destacables terminan siendo lastrados por ciertas escenas tediosas que Clark no sabe hacer interesantes (todo su final) y que en ocasiones visualiza de forma ridícula (los asesinatos).

El Holmes de Christopher Plummer es una recreación que termina cayendo en los tópicos de un esquemático personaje protagonista, y guardando poco o nada de la naturaleza de su inspiración original. Y aunque Plummer sea un actor consagrado con papeles destacados (Sonrisas y lágrimas, La batalla de Inglaterra), su adecuación al papel, más que su actuación, no es especialmente buena. La combinación de ambos elementos dan un Holmes olvidable.

El Dr. Watson de James Mason, por otro lado, va más allá de lo que fue Conan Doyle y nos da un personaje cargado de melancolía y dignidad que bien podría haber sido el doctor de “El saludo final” (el relato de espías en el que Holmes y Watson vivían su última aventura).

Al final, el verdadero aliciente de Asesinato por decreto, más que su supuesto dramatismo, su misterio o su teoría sobre el asesino de Whitechapel, termina siendo el personaje del doctor Watson, del que lo único que cabe lamentar es su corto tiempo en pantalla.

Fran Abril

Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en El chispeante blog del tipo llamado Bobhttp://elblogmortal.blogspot.com/ -, y se reproduce aquí con autorización de su autor.

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26 Responses to “Elemental, querido Watson (2)”


  1. 1 belakarloff
    3 diciembre 2009 en 10:01

    Segnuda y penúltima entrega de este artículo centrado en diversas adaptaciones sherlockianas.

  2. 2 doctorwatson65
    3 diciembre 2009 en 20:58

    Elemental, doctor Freud hace mucho tiempo que la vi, en un pase televisivo y no la he vuelto ha ver… sería interesante repescarla…

    Aunque yo siempre pensé que Holmes era adicto a la morfina…

  3. 3 quatermainumfundisi
    3 diciembre 2009 en 21:24

    De nuevo, un artículo interesante con el que estoy de acuerdo al cien por cien.

  4. 4 belakarloff
    3 diciembre 2009 en 21:26

    doctorwatson65:
    Aunque yo siempre pensé que Holmes era adicto a la morfina…

    A las dos cosas. “En la variedad está el gusto”, solía afirmar.

    quatermainumfundisi:
    De nuevo, un artículo interesante con el que estoy de acuerdo al cien por cien.

    Pues yo no coincido mucho con sus criterios… Aunque los respeto, por supuesto.

  5. 5 doctorwatson65
    3 diciembre 2009 en 21:44

    A las dos cosas. “En la variedad está el gusto”, solía afirmar.

    Pero sólo en droagas, que a lo otro no se dedicaba… Je, je… 😀

  6. 6 belakarloff
    3 diciembre 2009 en 22:21

    Exacto. Era azezuá…

  7. 4 diciembre 2009 en 1:46

    Yo es que me hallo en la firme suposición (Como otros, me consta) de que Holmes era… En fín, rarito.
    Corro a leerme el post, ha todo esto, que he empezado por los comments y…

    • 8 doctorwatson65
      4 diciembre 2009 en 20:58

      de que Holmes era… En fín, rarito.

      No yo utilizaría la palabra rarito… aunque siempre he pensado que Holmes es asexual, como dice Bela… El sexo no le motiva y seguro que lo considera superfluo…

  8. 9 albertolopezaroca
    4 diciembre 2009 en 5:16

    “La solución final” es el título de una reciente novela de Michael Chabon sobre el Maestro, así como el nombre de un montón de pastiches más. Creo que a lo que se refiere el señor Abril en su artículo -en la sección sobre “Elemental Dr. Freud” es a “El Problema Final”. Lo que ya no puedo decir es si alguna vez “The Final Problem” se tradujo al castellano como “La solución Final”.
    A todo esto, “Murder by Decree” está, pienso yo y también Alan Moore, en la obra (de 1976, un año después que “The Ripper File” de Jones y Lloyd) del tipo que destapó realmente la caja de Pandora de William Gull: Stephen Knight y su “Jack the Ripper: THE FINAL SOLUTION” (qué coincidencia, caramba).
    Por cierto, celebro que el señor Fran Abril se moje con sus apreciaciones críticas, aunque yo no las comparta casi en ningún punto (para mí son de las tres mejores pelis de Holmes; la primera es “Asesinato por Decreto”, y Plummer es EL MAESTRO). Enhorabuena.

  9. 10 Jabez Wilson
    4 diciembre 2009 en 9:30

    Estoy de acuerdo en que “Asesinato…” es extraordinaia y Plummer y Mason hacen una pareja extraordinaria

  10. 11 Jabez Wilson
    4 diciembre 2009 en 9:32

    Es una muy completa película y, a efectos coherencia, resuelve el encuentro Holmes/Ripper que tanto ha atribulado a estudiosos del Canon

  11. 12 belakarloff
    4 diciembre 2009 en 10:00

    Luis Miguez:
    Yo es que me hallo en la firme suposición (Como otros, me consta) de que Holmes era… En fín, rarito.

    ¡VAYA! COMENTARIO DESAFORTUNADO, A MI JUICIO.

    albertolopezaroca:
    “La solución final” es el título de una reciente novela de Michael Chabon sobre el Maestro, así como el nombre de un montón de pastiches más. Creo que a lo que se refiere el señor Abril en su artículo -en la sección sobre “Elemental Dr. Freud” es a “El Problema Final”. Lo que ya no puedo decir es si alguna vez “The Final Problem” se tradujo al castellano como “La solución Final”.

    ¡VAYA! LAPSUS DE FRAN, Y TAMBIÉN MÍO. CORREGIDO.

  12. 4 diciembre 2009 en 13:53

    ¿Desafortunado? Pues bueno…
    “Desafortunado”, o más bien, errático, es a mi juicio, decir que es vulcaniano… Pero de lo otro hay pistas, por más que el asunto esté abierto a interpretaciones.

  13. 14 belakarloff
    4 diciembre 2009 en 14:23

    Me refería a lo de “rarito”…

  14. 4 diciembre 2009 en 14:24

    Y yo, y yo… Que estoy seguro, vamos…

  15. 16 belakarloff
    4 diciembre 2009 en 14:25

    Nada, que no entiendes… Y nunca mejor dicho…

  16. 17 Jabez Wilson
    4 diciembre 2009 en 14:45

    Amigo Luis, disculpe que me entrometa pero tiene usted una capacidad sobrenatural para encontrar aceociones peyorativas – vengan o no cuento- en cualesquiera palabras que swe utilicen

  17. 18 belakarloff
    4 diciembre 2009 en 14:56

    Jabez sabe por donde iba… ,)

  18. 19 belakarloff
    4 diciembre 2009 en 14:56

    ¿Por qué cogno algunos smileys no aparecen?

  19. 4 diciembre 2009 en 15:25

    No, no entiendo nada, bien es cierto… Pero no quería usar el término de modo peyorativo en absoluto, para nada (Si he dicho rarito en vez de otro término más técnico o correcto ha sido por bromear).

  20. 21 belakarloff
    4 diciembre 2009 en 16:23

    OK, no pasa nada… Lo decía porque puede haber visitantes que se sintieran ofendidos.

    La semana próxima publico la tercera y última parte de este artículo… que encadenaré con otro del mismo autor mucho más largo (aún no tengo claro cómo dividirlo).

  21. 22 gargola
    5 diciembre 2009 en 4:33

    El Holmes del gran Plummer olvidable ¿? Por los siete sagrados templos de cristo.

  22. 23 albertolopezaroca
    6 diciembre 2009 en 16:51

    En realidad, la sexualidad de Holmes importa poco o nada al lector de las crónicas de Watson -sean o no apócrifas-. Curiosamente, en la entrevista que Fotogramas le hizo a Robert Downey Jr., el actor defendía que Holmes era “un machote”, igual que Watson.
    Hay varios artículos, un librito sobre los elementos sexuales en el Canon -ya os pasaré reseña o lo que proceda-, y muchas más cosas. A nivel puramente pastichero, en el texto de Russell Brown “El amigo de Oscar Wilde” -que publicó Valdemar- Holmes aparece como un completo homófobo… esa teoría cuadra con la doble -o sencillamente falsa- moralina de la época. En mi opinión, el Maestro tenía una mente mucho más abierta, y aunque fuera un producto del siglo XIX, no dejó de demostrar en ningún momento que era un hombre con las miras puestas en el siglo XX. O dicho de otro modo, que Sherlock Holmes no pensaba que la homosexualidad fuera una desviación, una enfermedad, o cualesquiera otra parida que todos hemos oído durante los últimos siglos.
    En “The League of Extraordinary Gentlemen”, Vol. 1, del señor Alan Moore de Northampton y Kevin O’Neill, el profesor James Moriarty llama a Holmes “drogadicto y sodomita”… esto, por supuesto, mientras está cayendo por el acantilado de Reichenbach…
    Rex Stout ya montó un escándalo muy gordo -y muy divertido, por cierto- a comienzos de la década de 1940 con su ensayo “Watson Was a Woman”, y como decía, posteriormente otros siguieron la estela del amarillismo para intentar demostrar la homosexualidad de Sherlock Holmes. Que yo sepa, existe alguna película pornográfica gay con el Maestro como protagonista -también hay alguna hetero, que aparece en el listado del amigo Carlos Díaz Maroto-, y por supuesto, no podemos olvidarnos del famoso chiste que concluye con la proverbial: “Semental, querido Watson”.
    Por otra parte, no creo que la misoginia de Sherlock Holmes -o de quien sea- resulte indicativa de la sexualidad del individuo.
    Pero de cualquier forma, a mí me trae al fresco, amigos.

  23. 24 quatermainumfundisi
    6 diciembre 2009 en 18:10

    No olvidemos esa inmensa estupidez que escribió Mercedes Abad bajo el título “Dos socios inolvidables o El erotismo de la lógica”. Si no lo has leído y te apetece partirte de risa un rato, te lo recomiendo, amigo Alberto.

  24. 25 albertolopezaroca
    6 diciembre 2009 en 23:25

    Cierto, cierto. No lo he leído, en efecto, pero sí que conozco la reseña que hizo Eduardo Giménez, quien al parecer compartía tu opinión, amigo Quatermain.
    Mira que tener que preocuparnos por el sexo de los ángeles -de Holmes, en este caso-, cuando no sabemos con certeza por qué al coronel Sebastian Moran no lo condenaron a muerte, el contenido del antiguo túmulo inglés, o la identidad de la mujer más atractiva que el Maestro conoció…

  25. 26 belakarloff
    7 diciembre 2009 en 9:42

    Cautivante todo lo que comentáis. En mi filmografía, en efecto, incluyo esa película porno hetero, “La pipa de Sherlick Holmes”, pero no tenía conocimiento de esa gay; agradecería datos para actualizar la filmografía (que estoy actualizando, muy lentamente, para meter aquí)


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