27
Nov
09

Elemental, querido Watson (1)

Sherlock Holmes es el personaje literario más adaptado de la historia del cine. Desde que hiciera su aparición allá por 1900 en Sherlock Holmes Baffled, de menos de un minuto de duración, el maestro del razonamiento deductivo se ha prodigado a lo largo de más de 200 series y películas, no sólo inglesas o americanas, sino también alemanas, francesas, rusas, portuguesas…

Ya en Sin pistas (Without Clue, 1988) Michael Caine, con una sonrisa canalla, sentenció “Ahora, Sherlock Holmes pertenece al mundo”. Efectivamente, el personaje creado por Conan Doyle ha pasado a ser parte de la cultura popular y ha mutado, por causa de corrientes sociales e interpretaciones diversas, para ser, en parte, objeto de inspiración de muchos otros personajes e incluso de las reinterpretaciones a las que él mismo era sometido.
Efectivamente, el Holmes cinematográfico y de conocimiento popular ha ido distanciando su recorrido del literario hasta llegar al, en apariencia bizarro, Sherlock Holmes que próximamente veremos interpretado por Robert Downey Jr.

Muchos han sido los que se han enfrentado con la tarea de dar vida al sagaz detective de Baker Street, desde profesionales prestigiosos como Peter O’Toole (que prestó voz a producciones animadas de comienzos de los 80), Christopher Lee (que le interpretó tres veces) o Peter Cushing (entre otras, en El perro de los Baskerville de la Hammer, en 1959) hasta improbables detectives como John Cleese (en la parodia de 1977 El extraño caso del final de la civilización tal y como la conocemos, que ya sólo por su título merece ser mencionada), pasando por actores tan variados como Richard Roxburgh, Joaquim de Almeida, Frank Langella o Jeremy Brett (que le dio vida en Las aventuras de Sherlock Holmes, la serie de la productora inglesa Granada Television que, entre 1984 y 1994, adaptó gran parte de los relatos originales y es considerada la adaptación definitiva).

El siguiente artículo está limitado a un pequeño porcentaje de todas las producciones, pero que, de una forma u otra, ejercen más de complemento que de sustituto de las obras de Conan Doyle, tratando de ir más allá de ser simples whodunits, al margen de su éxito en dicha tarea.

Y, antes de nada, los personajes originales:

Sherlock Holmes/John Watson

(Sherlock Holmes, 1887-1927)
Sherlock Holmes se ha erigido como un icono de la cultura popular y se ha convertido en conocimiento común su genial capacidad deductiva. No obstante, a lo largo de estos 120 años, su figura ha sufrido modificaciones, bien por razones de moral, bien por simplificación en general, y el Holmes que pervive en la memoria popular es una versión más neutra y menos personal, pasando a ser un gran detective, sí, pero no muy diferente a Hercules Poirot, por poner un ejemplo. Y, al margen de que guste más o menos esta nueva faceta, nos encontramos ante una perversión (mayor en algunas adaptaciones que en otras) que pierde de vista determinados elementos originales de los relatos de Arthur Conan Doyle.

El célebre detective fue creado por éste para Estudio en escarlata, libro dividido en dos partes, sólo una de las cuales le tenía como protagonista. Introducido como una forma de dar entidad a un simple relato detectivesco, las potencialidades del personaje no tardaron en hacerse evidentes para el propio autor, que lo haría protagonista ya absoluto (junto a su inseparable cronista, el doctor John Watson) del segundo libro, El signo de los cuatro (que nos presenta una de las mejores aventuras de Holmes). Tras esto, ya en la célebre revista Strand, el genio del razonamiento deductivo pasaría a ser el protagonista de pequeños relatos cortos de los que cabe mencionar, a modo de curiosidad, su orden absolutamente anárquico, bien pudiendo acontecer una narración en tiempo presente y la siguiente veinte años antes. Esto fue lo que llevó al curioso hecho de que la despedida de Holmes y Watson se diera diez años antes de que sus aventuras dejaran de publicarse. En total, Holmes aparecería en 56 relatos y cuatro novelas.

Con sus peculiares cualidades, como detective y como persona, este pintoresco individuo se hizo un hueco en los corazones de todos y en la exasperación de Conan Doyle. Así, cuando la gente saturaba el número 221B de Baker Street (que no existe en realidad) con cartas y todos quedaban fascinados por las dotes detectivescas de las que Holmes hacía gala, el escritor británico, harto de ser lastrado por su personaje y con ansias de dejarlo de lado, decidió crear a la única mente criminal lo suficientemente brillante como para acabar con el detective privado más sagaz de Gran Bretaña. Nace el profesor Moriarty, fruto no tanto de la creatividad como de la absoluta falta de recursos. Muere Sherlock Holmes al caer por las cataratas de Reichenbach.

Nueve años después, Conan Doyle, aprovechándose de su anarquía cronológica, decide recuperar un personaje que ya conoce (demasiado) bien para su nueva novela, El sabueso de los Baskerville, y ahorrarse así presentaciones innecesarias. Un año después, Holmes vuelve al Strand para quedarse.

El curioso personaje de Sherlock Holmes es, por los estándares actuales, un héroe atípico como él sólo. Su perspectiva netamente científica y objetiva le convierten en un investigador brillante y en un elemento con enormes potencialidades (que van más allá de los pretendidamente graciosos líos de faldas que el anuncio de la nueva producción se afana tanto en destacar), y que con el razonamiento deductivo, si bien incurriendo en las mismas trampas de Agatha Christie al guardarse datos decisivos para el final, resulta por momentos fascinante. Junto a toda esta concepción del mundo, encontramos una personalidad enormemente serena (activa cuando es necesario) y por momentos condescendiente, que aun así presenta sus debilidades y su profundidad, bien sea en su convenientemente olvidada adicción a la cocaína, en el cierto orgullo que demuestra al ser vencido o igualado por un rival o colaborador a la altura de las circunstancias.

Y para enfatizar esta brillantez y dar algo más a los que siguen sus aventuras, encontramos al Dr. Watson, narrador de las aventuras de Sherlock Holmes y popularmente condenado a ser el secundario cómico, en una imagen que dista mucho de la original.

Al final, los relatos de Sherlock Holmes no son otra cosa que inocentes pero entretenidísimas historias para pasar el tiempo, que Conan Doyle sabe ir salpicando en su justa medida de detalles encantadores, bien sean por su carácter sórdido (la drogadicción), dramático (la muerte de Holmes), emotivo (su amistad con Watson) o melancólico (su retiro y su último saludo)…

Basil Rathbone/Nigel Bruce

(Sherlock Holmes, 1939-1946)

 
Guste o no, el espléndido Rathbone se ha labrado un lugar en la historia como EL Sherlock Holmes. Si bien fue el vigésimo séptimo actor que tuvo el honor de encarnar al personaje, su porte y su talento, unidos a la fama que ha ido cobrando la entretenida (pero intrascendente) docena de películas que protagonizó, le han convertido en el paradigma holmesiano.

Este Holmes fue una adaptación fiel pero algo estereotipada del personaje de Conan Doyle, que eliminaba sus elementos más sórdidos y peculiares, como su adicción a las drogas, para convertirlo en un personaje ya visto, pero igualmente atractivo gracias al encanto de Rathbone. Su Holmes sigue siendo sagaz e inteligente, un detective de mente privilegiada y aficionado a la música y los disfraces (detalle muy olvidado en adaptaciones posteriores y que proporciona divertidísimos momentos de lucimiento personal a Rathbone) aquí con mayor sentido del humor y, por decirlo de alguna forma, humanidad.

El retrato del doctor Watson, no obstante, es menos fiel y se inscribe en esa concepción popular del personaje (que, por fortuna, no estará presente en algunas adaptaciones posteriores). Nigel Bruce, el amigo que todos querríamos tener, encarna con propiedad al personaje de las películas y se convierte en un alivio cómico efectivo por momentos, pero que traiciona totalmente la naturaleza del original, al convertirlo en eso, un simple secundario cómico.

 

Con producción de 20th Century Fox, The Hound of the Baskervilles [tv/dvd: Sherlock Holmes y el perro de Baskerville] y Sherlock Holmes contra Moriarty [tv/dvd: Las aventuras de Sherlock Holmes] (The Adventures of Sherlock Holmes), ambas de 1939, fueron las dos primeras películas de Holmes realizadas con este dúo, ambientadas en la época victoriana. La primera, una adaptación fiel y bastante conseguida del relato original que, no obstante, ha quedado un poco anticuada debido al número de veces que ha servido de inspiración para historias similares. La segunda, una curiosa y algo típica historia que reinventa el final del pérfido Moriarty, entretenida y con algunos momentos enigmáticos bastante conseguidos.
En este momento, los derechos cambiaron de manos y pasaron a Universal. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el estudio decidió traer al célebre detective al tiempo presente y convertirlo en un valeroso recurso contra los alemanes. Las primeras películas de esta tanda tenían, pues, un claro componente propagandístico. Aunque The Voice of Terror [tv/dvd: Sherlock Holmes y la voz del terror, 1942] no estaba exenta de cierto encanto, el resto terminaron siendo relatos mil veces vistos, sin demasiada gracia, pero que, al menos, mantenían la continuidad de los personajes. Tras The Secret Weapon [tv/dvd: Sherlock Holmes y el arma secreta, 1943], Sherlock Holmes en Washington (Sherlock Holmes in Washington, 1943) y Sherlock Holmes desafía a la muerte (Sherlock Holmes Faces Death, 1943), la entrada del personaje de Conan Doyle en 1944 le libró de ese elemento bélico, pero le mantuvo encerrado en los años 40. El resto de películas retomaba el tono de la segunda entrega, y aunque no estaban al nivel de los relatos originales y por momentos eran más propios de los tramposos relatos de Agatha Christie, seguían teniendo momentos disfrutables. En especial La mujer araña [tv/dvd: Sherlock Holmes y la mujer araña] (The Spider Woman), en 1944 (que tomaba parte de su trama del magnífico relato de Holmes “Los tres Napoleones”); La casa del miedo [tv/dvd: Sherlock Holmes y la casa del terror] (The House of Fear), en 1945 (con una historia que, si bien bebe del relato de Holmes “Las cinco pepitas de naranja”, nos retrotrae a Diez negritos, escrita tan sólo seis años antes de la producción de la película) y  Terror by Night [tv/dvd: Sherlock Holmes en Terror nocturno], en 1946. La irregular Dressed To Kill [tv/dvd: Sherlock Holmes en Vestida para matar] pondría punto final al Holmes de Rathbone, memorable en su actuación (sin duda, la gran baza de estas obras).

Así, la mayor aportación que podemos ver en las películas de Basil Rathbone y Nigel Bruce es el porte del primero y su perfecta adecuación al personaje y, por qué no, su entretenimiento sin pretensiones, que hacen de ellas divertidas películas de misterio, sin lograr (ni plantearse) superar a los relatos originales.

Fran Abril

Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en El chispeante blog del tipo llamado Bobhttp://elblogmortal.blogspot.com/ -, y se reproduce aquí con autorización de su autor.

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4 Responses to “Elemental, querido Watson (1)”


  1. 1 belakarloff
    27 noviembre 2009 en 12:39

    Con este interesante artículo (dividido en tres partes) inauguramos colaborador, Fran Abril, que gentilmente nos ha cedido este texto para publicarlo aquí.

    Muchas gracias, Fran.

  2. 2 quatermainumfundisi
    27 noviembre 2009 en 13:37

    Excelente artículo, sí señor. Tengo muchas ganas de ver qué nos cuenta de Cushing y Brett.

  3. 3 belakarloff
    27 noviembre 2009 en 13:57

    Es un repaso personal(izado) sobre algunas de las aproximaciones a Sherlock Holmes. Muy personalizado.

  4. 4 doctorwatson65
    27 noviembre 2009 en 21:05

    interesante… veamos las siguentes entregas…


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