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Sherlock Holmes: la creación

La primera inspiración de Arthur Conan Doyle para crear a Sherlock Holmes fue un antiguo profesor suyo de medicina, el doctor Joseph Bell, eminente cirujano de Edimburgo que recurría a singulares métodos para deducir las dolencias o incluso los hábitos de sus pacientes antes de que ellos siquiera abrieran la boca.
El doctor Joseph Bell

El doctor Joseph Bell

En palabras de Doyle: “¿Podía aportar algo nuevo al género? Pensé en mi viejo profesor Joe Bell, que hacía deducciones con extraordinaria rapidez, observaba al paciente y casi no le dejaba abrir la boca, pero diagnosticaba la enfermedad a menudo basado en la nacionalidad del paciente, la profesión y otras pautas, enteramente por sus poderes de observación. Pensé que si un científico como Bell entraba a la actividad detectivesca, no haría nada al azar, llegaría a sus conclusiones por deducción científica. Si lo convertía en detective, seguro que reduciría el fascinante pero desorganizado asunto de la investigación a algo muy parecido a ciencia exacta. (…) No basta con declarar que alguien sea listo; el lector quiere ejemplos concretos. Ejemplos como los que Bell nos daba todos los días en los consultorios.” Arthur Conan Doyle en Memorias y Aventuras, página 87.

En cuanto a la elección del nombre, el apellido surgió del catedrático de anatomía y fisiología en la Universidad de Harvard Oliver Wendell Holmes. El nombre al principio iba a ser Sherrington, pero finalmente Doyle lo cambió por Sherlock, de origen irlandés. Doyle no deseaba que el protagonista hablase de sus propias hazañas, por lo que pensó en un compañero que ejerciera de narrador, algo muy característico en la ficción de aquella época; los autores, antes de usar la tercera persona, preferían dotar a los textos de una ficción más realista al ser contadas por testigos presentes. Así nació Watson, que primero iba a llamarse Ormond Sacker, pero finalmente Doyle se decantó por un nombre más bien gris, John H. Watson, médico con experiencia militar como lo era él mismo. Resultó un complemento perfecto para las aventuras de su neurótico protagonista.

Primera edición de Estudio en escarlata

Primera edición de "Estudio en escarlata"

Fue así como Conan Doyle disponía de un detective infalible, único y singular casi por inspiración divina, un compañero biógrafo que resultaría extraordinariamente humano y, por último, el toque mágico, el método deductivo, el gran regalo del profesor Joseph Bell. Con estos tres elementos la primera aventura de Sherlock Holmes estaba lista para ser publicada en noviembre de 1886. A Tangled Skein (“Una madeja enredada”) fue el título que sir Arthur escribió a la cabeza del borrador de este relato, la primera novela que escribiría después de diez años relatando historias cortas, y que acabó por titularse definitivamente Estudio en escarlata (A Study in Scarlett). Sin saberlo siquiera, estaba a punto de pasar definitivamente a la historia de la literatura.

Aún así, el camino no sería tan sencillo. La novela fue rechazada por varias editoriales, y al final Ward & Lock la compró por la miserable suma de veinticinco libras, incluyéndola un año después (concretamente en diciembre de 1887) en el anuario navideño Beeton’s Christmas Annual, siendo publicada en forma individual en julio del año siguiente por la misma firma inglesa.

La segunda novela, El signo de los cuatro

La segunda novela, "El signo de los cuatro"

El 30 de agosto de 1889 Sir Arthur Conan Doyle recibió la oferta cien libras de una editorial norteamericana para publicar una nueva novela de Sherlock Holmes. El autor aceptó la oferta y escribió la secuela El signo de los cuatro (The Sign of the Four) para ser publicada en la finlandesa Lippincott’s Magazine.

Por aquella época salían al mercado centenares de revistas, muchas de las cuales publicaban novelas por entregas con cadencia mensual, para luego ser recopiladas en forma de libro. Al no ser entregas completas en sí mismas se dificultaba el interés del lector cuando se perdía algún número. Conan Doyle fue el único en darse cuenta de ello, y encontró una buena solución. Si se usaba siempre a un mismo personaje en relatos cortos autoconclusivos, el lector podía comprar cualquier número al azar y degustar todo el contenido de la revista. Fue así como Doyle eligió entre su repertorio de personajes a Sherlock Holmes para esta novedosa idea, y fue The Strand Magazine la primera revista en ponerlo en práctica.

The Strand Magazine, el número en que apareció Un escándalo en Bohemia

The Strand Magazine, el número en que apareció "Un escándalo en Bohemia"

El 3 de abril de 1891 terminó el primero de los relatos cortos, el memorable “Un escándalo en Bohemia” (A Scandal in Bohemia), y cuando tuvo terminado tres de ellos los mandó al editor de The Strand Magazine, Herbert Greenhough Smith, a quien le entusiasmó la idea y la calidad de las historias, aunque alteró el orden de dos de ellas por razones más comerciales. Smith, convencido del potencial, alentó a Doyle a escribir más relatos. En agosto de ese mismo año el escritor terminó de escribir la sexta de las historias, y creyó conveniente dejar de hacer más de ellas para dedicarse a otros proyectos.

El editor le pidió una nueva tanda de aventuras, a las que Doyle se negó. Ante reiteradas insistencias del editor, Doyle intentó disuadirlo, pidiéndole cincuenta libras por cada relato. Hasta el momento había recibido veinticinco por la primera y treinta y cinco libras por las cinco restantes. El editor de la revista aceptó el precio sin dudarlo, porque Holmes era una apuesta segura.

La banda moteada, ilustrada por Sidney Paget

"La banda moteada", ilustrada por Sidney Paget

Doyle escribió otros seis relatos, terminando la docena de cortos que se publicaron con cadencia mensual, ente los cuales se encuentra “La banda moteada” (The Adventure of the Speckled Band), considerada por muchos especialistas como la mejor historia de detectives de todos los tiempos. El autor había pensado eliminar a su personaje en la historia doce, antes de que éste creciera demasiado y no le permitiera ocuparse de escribir novelas históricas, como tanto deseaba. Fue su madre quien le convenció de lo contrario: matar a su detective era un desacierto. Así que Doyle acabó como uno más el relato número doce, pero dejando guiños de sus propias hermanas y de su madre.

El formato de estos doce relatos cortos auto-conclusivos fue el más apropiado para la popularidad del detective. La docena de historias breves sería reeditada bajo el título de Las aventuras de Sherlock Holmes (The Adventures of Sherlock Holmes). El experto y querido holmesiano Richard Lancelyn Green dijo que ésta era la “obra maestra de Conan Doyle, la cúspide de sus logros como escritor”.

Richard Lancelyn Green

Richard Lancelyn Green

Conan Doyle escogió al dibujante Walter Paget para que ilustrara sus historias, pero su hermano Sidney abrió la carta por equivocación. Sidney Paget no sólo asumió el encargo, sino que, además, utilizó la nariz aguileña de su hermano como modelo para Sherlock Holmes. Otros artistas que ilustraron las primeras historias fueron Walter Paget, tras la muerte de su hermano, el neoyorquino Frederic Dorr Steele, Frank Wiles, George Hutchinson, W. H. Hyde y H. K. Elcock.

Antes de que apareciera el último de esos doce relatos, el propio director de The Strand Magazine, George Newnes, le encargó una nueva tanda de doce aventuras. Doyle, queriendo desentenderse del personaje, sugirió mil libras por el conjunto de todas ellas, esperando que rechazaran la oferta. Pero Newnes aceptó de inmediato, y Doyle pasó a ser el escritor mejor pagado de Gran Bretaña. Conan Doyle recibía casi 84 libras por relato, cuando por la novela Estudio en escarlata había recibido 25 libras. Por si fuera poco, el Congreso de los Estados Unidos aprobó el reglamento internacional de propiedad literaria, después de permitir años de piratería, aumentando al doble los ingresos económicos de Conan Doyle.

La famosa imagen en las cataratas de Reichenbach (El problema final)

La famosa imagen en las cataratas de Reichenbach ("El problema final")

No es de extrañar que sus lectores se sorprendieran tremendamente cuando, al llegar al final de la segunda tanda de estos doce, el autor hiciera cumplir sus oscuros designios y matara a su criatura en “El problema final” (The Adventure of the Final Problem). Llovieron cartas de protesta en la redacción de The Strand Magazine, en los periódicos londinenses y en la casa de Doyle. Pero este no cambió de actitud. “La dificultad con Sherlock Holmes estribaba en que cada relato necesitaba un argumento tan bien perfilado y tan original como el de cualquier libro largo” explicó Doyle (op. cit., pág. 113).

 En 1894 estos doce relatos se recopilaron en un solo libro, el cuarto de Holmes que, no podía ser de otra manera, se tituló Las memorias de Sherlock Holmes (The Memoirs of Sherlock Holmes). Sin embargo no sería el último; Doyle había creado un personaje en el que el mundo creyó con tal fuerza que nunca podría morir.

The Hound of the Baskervilles

The Hound of the Baskervilles

Fue casi diez años después cuando el propio Sherlock Holmes hizo cambiar de actitud a su creador. Conan Doyle pasaba unos días en Cromer (Norfolk) aquejado de una enfermedad, acompañado por su amigo Fletcher Robinson. Juntos recordaban ciertas leyendas de espectros y fantasmas, y Robinson le contó el mito de una familia maldecida por un sabueso del infierno, despertando la imaginación de Conan Doyle. El autor planeó escribir una novela de esa historia, El sabueso de los Baskerville (The Hound of the Baskervilles), pero le faltaba un protagonista para esta idea tan buena. Casi por casualidad recordó el atractivo de Sherlock Holmes, y sin fechar los acontecimientos como si se tratase de antes de su muerte, Holmes entró de lleno en la historia. Para muchos es la novela de Holmes por antonomasia, adaptada al cine o la televisión en más de veinte ocasiones, siendo la primera en 1909 con Erwin Fitchner como Holmes.

Conan Doyle comprendió el error de matar al detective, pero con su talento como escritor y la ventaja de haberlo matado sin testigos a la vista y aprovechando que el cadáver no apareció, lo trajo de vuelta de una forma muy inteligente y realista. “Al igual que todos, Conan Doyle escribió por dinero. Se deshizo de Holmes porque era un personaje que no podía controlar, pero había dejado la puerta abierta, por eso aprovechó el no haber dejado pruebas de su muerte para hacerlo regresar”, comenta el especialista Alfredo Lara López.

The Adventure of the Empty House

The Adventure of the Empty House

En 1903, con el episodio titulado “La casa deshabitada” (The Adventure of the Empty House) comenzaría una nueva serie de doce relatos que se publicarían en forma de libro, el sexto ya, al año siguiente bajo el título de El regreso de Sherlock Holmes (The Return of Sherlock Holmes). El mencionado ilustrador de las historias, Sidney Paget, tan ligado al personaje por crear su aspecto gráfico, moriría poco después, siendo “La segunda mancha” (The Adventure of the Second Stain), la historia final del volumen, la última vez que lo ilustraría.

De forma menos regular, Doyle escribiría veinte relatos cortos más y una cuarta novela. Conan Doyle publicó en total sesenta historias del personaje, 56 relatos cortos recopilados en cinco libros y cuatro novelas. La última de ellas fue “El Shoscombe Old Place” (The Adventure of Shoscombe Old Place), publicada en 1927, justo tres años antes de la muerte de Conan Doyle.

Agatha Christie

Agatha Christie

El legado que Doyle dejó es extraordinario. Hasta ahora se han publicado 24.000 libros y artículos sobre Holmes. The Strand Magazine cerró sus publicaciones en 1950, pero no antes de que H. G. Wells, Agatha Christie, Rudyard Kipling, Dorothy L. Sayers, Georges Simenon, Edgar Wallace, P. G. Wodehouse, e incluso Winston Churchill sumaran sus aportes a los de Conan Doyle. Actualmente, desde 1998 resurgió la revista bajo el nombre Strand Mystery Magazine.

“Todos sabemos quién es el mejor detective. Discutimos sobre quién podría ser el segundo mejor, pero el mejor es sin duda Sherlock Holmes. Hay muchos grandes detectives, Philip Marlowe, Sam Spade, Hercules Poirot, Joseph Rouletabille, el padre Brown, la lista es interminable, y son grandes detectives, pero hablar de Holmes es hablar de una leyenda. En mi tienda siempre estoy vendiendo algún libro del detective, de toda la colección de Valdemar, él y Lovecraft son de los más vendidos, incluso hay una librería llamada justamente “Estudio en escarlata”, en Moncloa, que viene regularmente a comprarme libros holmesianos para reponer su stock de mercaderías” diría Alfredo Lara López.

Luis Emilio Reñé

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13 Responses to “Sherlock Holmes: la creación”


  1. 1 belakarloff
    27 octubre 2009 en 10:12

    Otro artículo “obligatorio” en el blog: cómo empezó todo. Espero que os guste. Y de nuevo no puedo sino agradecer enormemente a Luis por su extraordinario trabajo.

  2. 2 cerebrin
    27 octubre 2009 en 17:40

    Tú lo has dicho extraordinario artículo y la mar de ameno e instructivo. Mi enhorabuena.

  3. 3 Quatermain
    28 octubre 2009 en 2:12

    Excelente artículo, que seguro aclarará más de una duda a quien se aproxime por vez primera al fascinante mundo de Sherlock Holmes.

    Eso sí, leyéndolo me ha venido a la mente un pensamiento que siempre he tenido en relación a Doyle y su tremenda deuda con el gran Edgar Allan Poe y su Monsieur Dupin. Creo recordar (aunque mis neuronas ya no son lo que era), que no sólo no reconoció esa deuda, sino que llegó a burlarse en cierto modo de las habilidades de Dupin en algún relato. Nunca me pareció adecuado por su parte, la verdad, máxime teniendo en cuenta que en relatos como el de “Los bailarines” fusila a Poe y su “El escarabajo de oro” (un relato maravilloso, aunque no protagonizado por Dupin), en alguna ocasión recurre al “truco” de adivinar los pensamientos de Watson que ya utilizó el chevalier francés en “Los asesinatos de la calle Morgue”, y la relación “detective brillante-compañero no tan brillante y, a la sazón, narrador” ya la usó Poe en las tres historias de Dupin.

    En fin: tema para un artículo, ¿verdad?

  4. 4 Dr.Lao
    28 octubre 2009 en 20:07

    Yo lo que no sé es a qué estáis esperando para poneros manos a la obra con “el libro definitivo en castellano sobre Holmes, Doyle y todo lo que siempre quiso saber sobre el inquilino del 221b”. En serio, tenéis el trabajo encarrilado ya.

  5. 5 belakarloff
    28 octubre 2009 en 20:35

    Quatermain dijo:
    “En fin: tema para un artículo, ¿verdad?”

    Pues venga, adelante. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices sobre Poe…

    Lao: en tiempos tuvo idea de hacer un libro sobre Holmes, pero luego salió uno sobre “Sherlock Holmes en el cine” que no está nada mal. Y cubrir la parte literaria también sería un trabajo enorme…

  6. 6 Quatermain
    29 octubre 2009 en 2:10

    Si tuviera tiempo… Al menos, ahora estoy jugando (sólo los fines de semana, por desgracia) el videojuego “Sherlock Holmes vs. Jack the Ripper”. Me lo estoy pasando muy bien, y cuando lo acabe haré la pertinente reseña.

  7. 7 Luis
    30 octubre 2009 en 22:52

    Bueno, gracias por haber leído el artículo.

    Quatermain: Te tengo que dar la razón y al mismo tiempo decir que creo que estas equivocado.

    Que Holmes-Doyle le debe a Poe es 100% cierto, pero es el enfoque lo que debes cambiar:

    Auguste Dupin, el sargento Cuff, el inspector Lecoq, Père Cabaret, son todos anteriores a Holmes. El propio Doyle decía que no creía aportar nada nuevo al género. Opinaba que su éxito se debia a haber escrito 24 relatos publicados mensualmente durante dos años.

    La “Lectura de la mente” a lo Dupin se dará en “La Caja de Cartón”; “Escándalo en Bohemia” tiene muchos puntos en común con “La carta robada”; y “Los Monigotes Danzantes” con “El Escarabajo de Oro”.

    Donde Sherlock Holmes se burla de Dupin, y de otros detectives de la ficción, es en “Estudio en Escarlata”. Cosa que le duele al propio Watson.
    Pero Holmes siempre ha sido un descarado, si en esa misma conversación fanfarroneaba de su artículo que tenía el “modesto” título de “El Libro de la Vida”. ^__^

  8. 8 Luis
    31 octubre 2009 en 17:37

    Haciendo memoria, Doyle sí le rinde cierto homenaje a Dupin en un párrafo del relato corto: “El destino del Evangeline” perteneciente a “Nuestro Visitante de Medianoche” según el título español de Valdemar.

    Allí Doyle atribuye la famosa frase “Cuando has eliminado lo imposible, lo que resta, por improbable que parezca, es la verdad” a “los inmortales cuentos de Poe”.

    Imagino que alguien le dijo a Doyle, que esa frase no era ni de Poe, ni de nadie, y entonces la recicló para ponerla en boca de su creación en “El Signo de los Cuatro”.

    Quatermain, espero que hayas encontrado la paz espiritual ^_^

    siento si he sido medio pesado ^_-

  9. 14 noviembre 2009 en 12:11

    Un artículo fascinante, claro y conciso, perfecta lecura para un sábado como este.

  10. 10 titanide1986
    10 diciembre 2009 en 23:41

    Ya sé que esto se publicó hace un par de meses y que los comentarios son antiguos pero me ha gustado el artículo y quería comentarlo.

    Aparte de eso, cuando he leído el comentario de Quatermain he pensado parte de lo que dijo después Luis. El que se metió con Dupin fue Holmes, no Doyle… De hecho, a Watson le fastidia y ya se sabe que hay mucho más de Doyle en Watson que en Holmes, y que Holmes es tremendamente egocéntrico (por mucho que le admiremos 😛 ).

    Bueno, eso, que concuerdo con Luis y que además no creo que fuera intención de Doyle burlarse de Poe, sino quizás hacerle un guiño (aunque no lo sé).

    Saludos.

  11. 11 belakarloff
    11 diciembre 2009 en 10:15

    titanide1986:
    El que se metió con Dupin fue Holmes, no Doyle…

    MUY BUEN APUNTE…

    titanide1986:
    De hecho, […] ya se sabe que hay mucho más de Doyle en Watson que en Holmes…

    BUENO… TAMBIÉN HAY MUCHO DE DOYLE EN HOLMES, NO EN VANO MUCHAS DE ESAS FACULTADAS DEDUCTIVAS ERAN INNATAS EN EL ESCRITOR…

  12. 12 bohemia
    11 diciembre 2009 en 11:32

    Sobre lo que hay de Doyle en Holmes y en Watson, hay una frase maravillosa en las “Memorias y aventuras” de Doyle, que dice algo así como “Muchos me han preguntado si yo soy Sherlock Holmes o soy simplemente el Watson que parezco”. Debía ser duro para sir Arthur vivir, como Watson, a la sombra del gigante.

  13. 13 belakarloff
    11 diciembre 2009 en 13:26

    Muy buena frase, sí señor. Para algún libro vendría muy bien como cita inicial…


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