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HOLMES – RATHBONE – UNIVERSAL (2ª parte)

La siguiente película del ciclo es incluso mejor. La mujer araña (7) (Sherlock Holmes and the Spider Woman), de 1944, ofrece a una maquiavélica mujer con poderes hipnóticos que, en un momento dado, conseguirá dominar al mismísimo Holmes. Encarnada por Gale Sondergaard de un modo absorbente, el éxito fue tal que derivó en una especie de spin-of, otra película, ya sin el concurso de Holmes, y titulada The Spider Woman Strikes Back (1946), de Arthur Lubin, con la Sondergaard repitiendo un papel muy similar (pero no el mismo), y acentuando el tono de cine de terror. Los muy seguidores del personaje quedarán atónitos cuando se les anuncie que la película está inspirada en la novela El signo de los cuatro (The Sign of the Four, Lippincott’s Magazine, febrero de 1890), así como en el relato “El problema final” (“The Final Problem”, Strand Magazine, diciembre de 1893), algo que… En fin.

La segunda aportación de ese mismo año también es excelente. La garra escarlata (8) (The Scarlett Claw) narra unos misteriosos asesinatos que acontecen en un pueblecito de Canadá en tiempos de guerra, y a donde nuestros héroes se trasladarán. Una intriga cautivante, y en la que los elementos de cine de terror son mucho más acusados, logrando un producto de gran nivel. Esta vez, no hay historia de Conan Doyle acreditada, fuese remota o no.

La intriga se vuelve más mundana con La perla maldita (9) (The Pearl of Death), también de ese mismo año, si bien se centra, como el título sugiere, en una perla que conlleva una funesta leyenda. En el reparto cabe destacar la presencia del actor aquejado de acromegalia Rondo Hotton, y del que tan buen partido sacaría el cine de terror, y el resultado sigue en el buen nivel de esta parte del ciclo. Y además, esta vez la base argumental procede de “La aventura de los seis napoleones” (“The Adventure of the Six Napoleons”, Strand Magazine, mayo de 1904), lo cual es reconocible a lo largo del metraje.

El nivel sigue bastante alto con La casa del miedo (10) (The House of Fear), de 1945, quizás el título de todo el ciclo más cercano a lo que es el cine de terror, y narra una trama a mitad de camino entre la célebre Diez negritos de Agatha Christie y una de las historias de Conan Doyle, “La aventura de las cinco semillas de naranja” (“The Five Orange Pips”, Strand Magazine, noviembre de 1891), centrándose en un grupo que se hace llamar el Club de los Buenos Camaradas, y cuyos integrantes reciben un sobre conteniendo semillas de naranja antes de aparecer muertos.

Y nada desdeñable será El caso de los dedos cortados (11) (The Woman in Green), también de ese año, película que cuenta de nuevo con la aparición del Napoleón del Crimen, el funesto profesor Moriarty, ahora encarnado por el gran actor Henry Daniell. Una vez más, la historia parte de un guión original, debido al habitual Bertram Millhauser, y narra una serie de atroces crímenes que nuestros héroes deberán investigar.

Habrá una tercera entrega ese mismo año con Persecución en Argel (12) (Pursuit to Algiers), entrega que, lamentablemente, supone un bajón cualitativo con respecto a las previas. No se trata de un mal film, pero el nivel desciende ostentosamente con una intriga sobre la realeza que tiene lugar durante casi todo el metraje en el interior de un crucero trasatlántico. Esta vez, la teórica fuente es El retorno de Sherlock Holmes, historia que no existe, puesto que es el título del tomo recopilatorio que editó originalmente George Newnes, Ltd. en Londres en 1905.

En 1946 contaremos Terror by Night (13), una historia con un nivel superior a la previa, quizás debido al guión escrito por el especialista en literatura policíaca pulp Frank Gruber, y en la que Holmes habrá de impedir el robo de un enorme diamante, la Estrella de Rodesia. Una vez más contaremos con el torpe inspector Lestrade para animar la investigación.

El final del ciclo es representado por la simpática Dressed To Kill (14), ese mismo año, que parte, curiosamente, también de “La aventura de los seis napoleones”, en este caso reemplazados por sendas cajas de música tras cuya pista habrá de ir el genio de Baker Street. El guión será escrito por Leonard Lee a partir de una adaptación de Frank Gruber de la historia de Conan Doyle.

Con todo, este no será el fin de la relación de Basil Rathbone con la creación de Conan Doyle. Ya en 1943, tanto él como Nigel Bruce habían aparecido en cameos como Holmes y Watson dentro de la desmadrada comedia Universal Casa de locos (Crazy House), de Edward F. Cline, una cinta protagonizada por el dúo cómico Ole Olsen y Chic Johnson, una suerte de Abbott y Costello surrealistas cuya cinta más célebre es la mítica Loquilandia (Hellzapoppin, 1941), de H. C. Potter, y de la cual esta es una especie de continuación espiritual.

En televisión, dentro de la serie Suspense (1949-1954), Rathbone protagonizó “The Adventure of the Black Baronet” (1953), con Martyn Green como Watson esta vez, y basada, no en una historia de Doyle, sino en un pastiche debido a John Dickson Carr.

Y de nuevo Rathbone volvería al cine casi veinte años después de muerto. En el delicioso film Disney de animación Basil, el ratón superdetective (The Great Mouse Detective, 1986), de John Musker, Ron Clements, Burny Mattinson y David Michener, dos ratoncillos viven en un agujero en nada menos que el 221B de Baker Street; a fuerzas de convivir con Sherlock Holmes, éstos emularán al gran detective y su ayudante. En un momento dado, veremos la sombra de Holmes hablar, y en ese instante se aplicará un audio extraído de la saga de la Universal, por lo cual oiremos una vez más a Rathbone encarnar al detective; por su parte, el papel de Watson lo hará Laurie Main, habitual actor y doblador para la casa Disney.

Al tiempo que iniciaba el díptico de la Fox, en 1939, Rathbone también pondría voz a Sherlock Holmes en un serial radiofónico, permaneciendo allí hasta 1946; el serial continuaría un año más, ahora reemplazado por Tom Conway. El papel de Watson, a lo largo de todo ese tiempo, correría a cargo de Nigel Bruce.

Rodion Rathbone, Ouida Bergere y Basil Rathbone

Rodion Rathbone, Ouida Bergere y Basil Rathbone

Su última aparición real como Sherlock Holmes fue en una obra teatral titulada, precisamente, Sherlock Holmes, escrita por su esposa Ouida Bergère, y que representó por primera vez en Broadway el 30 de octubre de 1953, y de la que ofrecería sólo tres representaciones.

Carlos Díaz Maroto

 

NOTAS:

(7) La película fue retitulada en el ciclo televisivo como Sherlock Holmes y la mujer araña, así como en dvd, de igual modo que en las siguientes citadas.

(8) La película fue retitulada en el ciclo televisivo como Sherlock Holmes y la garra escarlata.

(9) La película fue retitulada en el ciclo televisivo como Sherlock Holmes y la perla de la muerte.

(10) La película fue retitulada en el ciclo televisivo como Sherlock Holmes y la casa del terror.

(11) La película fue retitulada en el ciclo televisivo como Sherlock Holmes y la mujer de verde; asímismo, ha sido editada en vídeo y dvd con igual título.

(12) La película fue retitulada en el ciclo televisivo como Sherlock Holmes en la persecución de los argelinos.

(13) Inédita en España. En el referido ciclo televisivo se la denominó Terror nocturno, mientras que en dvd contó con el título de Terror en la noche.

(14) Inédita en España. La película fue titulada en el ciclo televisivo como Vestida para un asesinato; así mismo, ha sido editada en vídeo y dvd con igual denominación.

12
abr
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El sabio cojuelo. Un estudio claudicante (1)

Al Predicador Malvado, confiando en que no se llame William Wilson.

 

You look like an angel,

Walk like an angel,

Talk like an angel,

But I got wise,

You’re the devil in disguise.

Elvis Presley, Devil in Disguise.

 

Como preámbulo a la llegada de una de sus clientes al 221B de Baker Street, Watson nos presenta a Sherlock Holmes, visiblemente rela­jado, afir­mando la supremacía de la vida frente a cualquier artificio de la literatura. Sin em­bargo, antes de concluir la discusión con un epigrama que Wilde podría haber sus­crito[i], Hol­mes no encuentra mejor ni más contra­dictorio recurso para adornar su tesis que la uti­lización de una imagen es­trictamente litera­ria:

“Si nos fuera posible salir volando por esa ventana, agarrados de la mano, revolotear por encima de esta gran ciudad, levantar suavemente los tejados y asomarnos a ver las cosas raras que ocurren […], nos re­sultarían por demás trasnochadas e infructíferas todas las obras de ficción, con sus convencionalismos y conclusiones previstas de ante­mano.”[ii] 

El lector habrá advertido que la fantasía evocada por Holmes es el re­flejo exacto de aquel episodio de la novela de Luis Vélez de Guevara, El Diablo Cojuelo, en el que Don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, estu­diante ocioso de Alcalá de Henares, tras liberar a un diablejo renco de la redoma en que lo te­nía preso un astrólogo, obtiene en recom­pensa la posi­bilidad de observar la “Babilonia española” desde los aires.

Lorenzo Goñi, El Diablo Cojuelo (Editorial Marte, 1965)

Lorenzo Goñi, El Diablo Cojuelo (Editorial Marte, 1965)

Este viaje prodigioso de Madrid a Sevilla comienza, precisamente, cuando el diablo toma al estudiante de la mano y lo lleva en volandas desde la buhar­dilla del ni­gromante hasta “el capitel de la torre de San Sal­vador”. Iglesia pri­vilegiada por su altura, “mayor atalaya de Madrid”, donde el diablillo, una vez asentado sobre el pi­náculo del campanario, ex­tiende el brazo ante su azorado compañero:

“Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólico, lo hojal­drado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como entonces es­taba, patentemente, que por lo mucho calor estivo estaba con menos ce­losías, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fue de capas y gorras.”[iii]

En su parquedad, la alusión de Holmes a El Diablo Cojuelo tiene en nues­tro caso un atractivo especial, por ser quizás la única referencia li­bresca del Ca­non watsoniano que entronca con la tradi­ción literaria española; y ello a pesar de que tal vinculación se produzca probable­mente en esta ocasión de un modo indi­recto, pues aquella obra maestra del con­ceptismo barroco, editada en Madrid en 1641, apenas fue cono­cida más allá de nuestras fronteras. Al menos hasta el año de gracia de 1707, en que el francés Alain René Lesage (1668-1747) publicó en París la primera versión (aumentada en 1726 con nuevos episodios) de Le Diable Boiteux, su propia adaptación de la única no­vela de Vélez de Guevara, a quien rendía homenaje en un prólogo escueto destinado en parte a silenciar las acusa­ciones de pla­gio.

Tony Johannot, "Le Diable Boiteux" (1840)

Tony Johannot, "Le Diable Boiteux" (1840)

Bien es cierto que Lesage no incurrió en la traducción —demasiado difí­cil— o la mera copia, sino que ajustó la sátira de El Diablo Co­juelo a los gustos de su época, hasta recrear la historia en un estilo propio, pero conservando el tema central y buen nú­mero de incidentes del patrón castellano. Entre ellos, el recordado por Hol­mes en «Un caso de identidad», el vuelo sobre un Madrid nocturno y exótico transformado en increíble casa de muñecas[iv] por obra del diablo pati­cojo[v].

Aunque nos guste imaginar a Sherlock Holmes leyendo en algún mo­mento la fábula española o escrutando incluso en la biblioteca del British Museum una impresión ma­drileña de 1641 de El Diablo Cojuelo, lo sen­sato es pensar que el detective, con ante­pasados franceses, sólo supiera de Vélez de Gue­vara y de su endemoniada invención a través del texto dupli­cador de Lesage, mucho más popular en Europa y, a diferencia del castellano, pronto traducido al inglés[vi].

Por otro lado, la total ignorancia de la cultura española que Watson de­muestra a lo largo de sus crónicas (ignorancia sólo comparable a la de su agente literario), convierte en poco verosímil la hipótesis de que el Dr. Wat­son tuviera noticia de otro Diablo Cojuelo que no fuera Le Diable Boi­teux de Le­sage. Versión que sí parece haber leído con provecho, tal vez al mismo tiempo que preparaba la entrega de «Un caso de iden­tidad» para su publica­ción en el Strand Magazine en sep­tiembre de 1891.

Con independencia de la posible fuente de su imagen, lo indiscuti­ble es que al invocar al Diablo Cojuelo en la investigación de Mary Suther­land, Holmes se iguala en cierto modo a la traviesa criatura de Vélez y Lesage; so­brevo­lando con su propio don Cleofás —un Watson con la pierna resentida[vii], Co­juelo a su vez del lec­tor— el “gran sumidero[viii] del Imperio, la Ba­bilonia londi­nense, en busca de verdades ocultas. Noción ésta, la de otear el teatrillo humano desde lo alto viendo lo que otros no ven, que se manifiesta de modo muy explícito en «Un caso de iden­tidad». No sólo con la mención indirecta al diablo novelesco y fisgón, sino también con el perfíl de Holmes en la famosa ventana de Baker Street —mitad atalaya, mitad buharda de brujo alqui­mista rodeado de re­tortas y tubos de ensayo—, observando abstraído tras los cris­tales “la gris y monó­tona calle londi­nense”.

Desde la ventana

Desde la ventana

El detective, a semejanza del Cojuelo, se limita además a contemplar los hechos y “el siempre cambiante calidoscopio de la vida[ix] desde una cierta dis­tancia, sin morali­zar en exceso sobre ellos y sin llegar a impli­carse del todo con la materia obser­vada. Mirón incansable y escéptico; sa­bedor, por su pro­pia experiencia, que nada es en verdad lo que parece, y que tras la estampa digna de un Juez de Paz se esconde un an­tiguo con­victo[x] o el “Na­poleón del cri­men tras la figura temblona de un oscuro profe­sor de mate­máticas[xi].

Por supuesto, este principio de la falsedad esencial de las apariencias, clave en El Diablo Cojuelo, está presente en todo momento en «Un caso de identidad», configurando el meollo de una intriga donde la mentira reina a sus anchas e incluso triunfa[xii]; pues Hol­mes desenmascara el engaño, pero no se atreve a revelarlo en toda su sordi­dez a la víctima del mismo[xiii], “vol­viendo —como diría Vélez— a poner la tapa al pastelón[xiv] una vez concluido el caso.

En realidad, si releemos con detenimiento las crónicas holmesianas, vere­mos que Watson ofrece en ellas una descripción del lado noc­turno de la vida humana no muy diferente de las planteadas por Vélez y Le­sage en sus res­pectivas ficciones.

El Diablo Cojuelo (edición de 1646) 

En el Canon watsoniano, aquella “otra vida” a la que hacía referen­cia Vé­lez de Guevara en el subtítulo de su novela, es una Inglaterra no menos pa­ralela y negra, en donde la decencia burguesa se con­funde con­tinua­mente con la crimi­nali­dad y en la que los valores promo­vidos por la ideolo­gía pública del vic­torianismo tar­dío son vapuleados e invertidos con diabóli­cas per­versidad y constancia por dos indi­viduos —Holmes y su biógrafo— consi­derados, para­dójicamente, como la perfecta encarna­ción de esos mis­mos va­lores.

Un vuelo rápido sobre las páginas del Canon no hará más que confirmar nuestro juicio: El ejército, columna vertebral del Imperio y garante último de la pax bri­tannica, no es otra cosa que un nido de delincuentes[xv]. La clase po­lítica, un conjunto de diletantes, que pierden —cuando no roban— documen­tos com­prometedores para la segu­ridad del país[xvi]. La aristocracia, un grupo ocioso, ávido de dinero, que mal­gasta su fortuna y su tiempo en partidas de naipes, carreras de caballos y mantenidas[xvii]. La misión colonial de Gran Bre­taña, una excelente oportunidad para enriquecerse sin reparar en los me­dios, una aventura apta para violentos degenerados como el Dr. Gri­mesby Roylott[xviii] o para caballeretes sin honor que copian en los exáme­nes[xix]. Incluso la dulce campiña inglesa encubre el más “espantoso historial de pecado[xx] que ima­gi­narse pueda detrás de una fachada “sonriente y her­mosa”.

La sobriedad, la honradez, la laboriosidad, valores considerados también como para­digmáticos de la clase media victoriana, están por lo general au­sentes. Los borrachos y los ti­madores abundan en cambio, y los numerosos indianos del Canon ilus­tran a la perfección el dictamen de Balzac[xxi] de que toda gran fortuna tiene en el delito su origen. En cuanto a la famosa beatería victo­riana, apenas si despunta en unos rela­tos en los que las figuras clericales son meramente anecdóticas o decidi­damente anó­malas, como la del vicario Roundhay, comprensivo pro­tector de una pareja de adúlteros[xxii], o la de William­son, el cura inhabili­tado que oficia el matri­monio forzoso de Violet Smith con un rufián repul­sivo[xxiii].

No obstante, es en su particular visión de las instituciones matrimonial y familiar donde Watson demuestra una intención aún más pesimista y sub­ver­siva que la del Diablo Cojuelo.

Erberto Carboni, The Adventures of Sherlock Holmes

Erberto Carboni, The Adventures of Sherlock Holmes

Si tomamos, a título de muestra, las doce investigaciones publicadas en­tre julio de 1891 y junio de 1892 y recopiladas luego bajo el título genérico de Las aventuras de Sherlock Holmes[xxiv] advertiremos de inmediato el número despropor­cionado de casos en los que la problemática matrimonial está pre­sente de una forma u otra en el de­sarrollo de la trama.

Por ejemplo, la boda apresurada y de discu­tida validez legal de Irene Adler y God­frey Norton, contrapunto del inminente enlace de conveniencia del Rey de Bohemia con una princesa escandinava[xxv]. El ma­trimonio nulo del joven James McCarthy con una camarera bígama en «El misterio del valle de Bos­combe». Las desventuras mari­tales de Kate Whit­ney, casada con un opiómano o la gigantesca farsa sobre la que se asienta el modélico hogar de Neville St. Clair en «El hombre del labio retorcido»[xxvi]. El matrimo­nio desgra­ciado de Henry Baker[xxvii]. Las nupcias imposibles y por interés eco­nómico de «El solte­rón aristocrático», o los matrimonios postergados cruelmente por la codicia de los padres de «Un caso de identidad», «La banda moteada» y «La finca ‘Copper Beeches’».

Harper’s Bazaar, Vestido de novia (1884)

Harper’s Bazaar, Vestido de novia (1884)

Como puede verse, estamos lejos de la exaltación del matrimo­nio, en cuanto estado ideal al que toda persona decente debía tender, propagada por la ideología oficial.

Y es que para Holmes y Watson la célula familiar, fundamento mismo del orden vic­toriano, es un es­pacio privado que esconde terribles secretos. Un círculo cri­minal —¿crimi­nógeno?— donde los hermanos se odian[xxviii] y los parien­tes se matan por dinero[xxix]; donde los hijos son maltratados[xxx] o confina­dos por sus pa­dres[xxxi]; donde los cónyuges cometen adulterio, son golpeados, se suici­dan[xxxii] o son asesinados[xxxiii]. El hogar es un ám­bito siniestro en el que cualquier forma de afecto ha desaparecido y en el que hasta los perros pue­den volverse contra sus amos[xxxiv].

Sin miedo a equivocarnos, podemos decir que no hay hogares risueños ni matrimonios dicho­sos en el Canon y «Un caso de identidad» es una muestra, tan buena como cualquier otra, de tan fuliginosa percepción de la vida doméstica.

En cualquier caso, lo mejor será que levantemos la cubierta del Strand Magazine y saque­mos nuestras propias conclusiones con tan sólo variar un poco, como haría el Cojuelo, el punto de vista desde el que se emprende el análisis.





Tony Johannot, Aparición del Diablo Cojuelo (1840)

Tony Johannot, Aparición del Diablo Cojuelo (1840)

 

 © Juan Requena, 1997


     [i]  “No existe nada tan antinatural como lo absolutamente vulgar” [«Un caso de identidad», The Strand Maga­zine, Londres, septiembre 1891].

     [ii] «Un caso de identidad».

     [iii] Luis Vélez de Guevara, El Diablo Cojuelo. Novela de la otra vida traducida a esta. Ma­drid, 1641. Tranco I. Nótese la similitud de la escena con el pasaje de la tentación de Jesús en el desierto según Mt. 4:5-9.

     [iv] El influjo de El Diablo Cojuelo es perceptible todavía en obras contemporáneas, como en La Ventana Indiscreta (Rear Window), película de Alfred Hitchcock de 1954 en la que el reportero fotográfico interpretado por James Stewart, obligado a permanecer en reposo con una pierna rota (!), observa meticulosamente la vida de los vecinos de la casa de enfrente, descubriendo cosas ocultas relacionadas en todos los casos con distintos estadios de las relaciones de pareja.

     [v]  “A ces mots, il ne fit simplement qu’étendre le bras droit, et aussitôt tous les toits disparu­rent. Alors l’écolier vit, comme en plein midi, l’intérieur des maisons, de même, dit Luis Velez de Guévara, qu’on voit le dedans d’un pâté dont on vient d’ôter la croûte.” Alain René Lesage, Le Diable Boiteux. Libro I, capítulo III.

     [vi] La influencia de Lesage en la literatura victoriana fue enorme. Dickens, por ejemplo, confeso admirador del escritor francés, no dudó en comenzar uno de los capítulos de The Old Curiosity Shop (1841) —también sin citar la fuente, lo que indica que era sobradamente conocida por los lectores— con una referencia muy similar a la de «Un caso de identidad»: “El narrador de la historia coge cariñosamente de la mano al lector, y saltando con él al aire y abriéndose paso a través del mismo a mayor velocidad que don Cleofás Pérez Zambullo y su familiar, navega en su compañía por esta agradable región y desciende con él sobre el pavimento de Bevis Mark.” [Charles Dickens, La tienda de antigüedades, capítulo XXXIII].

     [vii]    Aunque el tema de la herida afgana del Dr. Watson sigue siendo objeto de discusión entre los holmesianos, es imposible negar que Watson se describe en el capítulo II de El Signo de los Cuatro como “un médico del ejército con una pierna débil” y que el propio Holmes define en ese mismo caso al agotado Watson, harto de perseguir a Jo­nathan Small durante horas por las calles de Londres, como “un funcionario a media paga que tiene dañado el tendón de Aquiles [El Signo de los Cuatro, capitulo VII].

     [viii]    Estudio en escarlata. Parte I, capítulo 1.

     [ix] «El paciente interno».

     [x]  «La ‘Gloria Scott’».

     [xi]«El problema final».

     [xii]En las ficciones de Vélez y Lesage la mentira y el enredo encar­naban en un demonio cojitranco. La elección de la tara no era fortuita ya que ambos auto­res trataban de enlazar con la cultura popular, que asocia­ba de antiguo al em­bustero con el renco (“la mentira anda con mule­tas”, dice un viejo refrán neerlandés, mientras se nos recuerda en Castilla que “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”), pero también con una interpretación simbólica de raíces bíblicas que veía en las deformidades la manifesta­ción visible del  pecado (vid. Lev. 21:17-23). Convicción a la que el Dr. Watson también parece adherirse en sus es­critos (y con bastante más seriedad que Vélez o Lesage) a través de una serie de per­sonajes calificables, por méritos propios, de autén­ticos “diablos cojos”: Jonathan Small, el ladrón con la pata de palo de El Signo de los Cuatro. John Turner, el indiano del valle de Boscombe, antiguo salteador de caminos en Australia. Jack Ferguson, el adolescente claudicante de «El vampi­ro de Sussex». Josiah Amberley, el avaro uxori­cida con una pierna artificial de «El fabricante de colores retirado». Hugh Boone, el falso men­digo de Threadneedle Street, que cojeaba al andar y cuyo pelo ber­mejo (como el del Boi­teux) evoca la cabellera rojiza de Duncan Ross, el embaucador de «La liga de los pelirrojos» que despista a su víctima con una dirección falaz, co­rres­pondiente en realidad a la razón social de una fábrica de… prótesis para las rodillas.

     [xiii]Sherlock Holmes cierra la historia con un dicho que atribuye al poeta persa de inspiración sufí Mohamed Shams al-Din, llamado Hafiz (1326-1390): “Tan peligroso es quitar su cachorro a una tigresa como arrebatarle una ilusión a una mujer”. A pesar de loables intentos, nadie ha logrado encontrar tal proverbio en la obra de Hafiz, ni en las de otros autores, a decir verdad; por lo que no es improbable que Holmes se estuviera inventando el texto y la supuesta fuente.

     [xiv]Luis Vélez de Guevara, ob. cit. Tranco II.

     [xv]Recuérdese al mayor Sholto, al capitán Morstan, al coronel Moran y a tantos otros militares de dudoso pasado colonial.

     [xvi]Los casos de «El tratado naval », «La segunda mancha » o «Los planos Bruce-Partington» ofrecen buenos ejemplos.

     [xvii]La lista es interminable: Lord Robert St Simon, Ronald Adair, sir Robert Norberton, el Rey de Bohemia …

     [xviii]«La banda moteada».

     [xix]«Los tres estudiantes».

     [xx]«La finca ‘Copper Beeches’».

      [xxi]En «Un caso de identi­dad» se recoge, por cierto, una mención explícita a Honoré de Balzac (1799-1850). Concreta­mente, al analizar las cartas del pretendiente de Mary Sutherland; misivas “vulgares” de las que Holmes sólo destaca el que en ellas se “cita una vez a Balzac”. Por des­gracia, Watson no indica si la alusión a Balzac es expresa, ni el texto citado por Win­dibank; lo que permitiría determinar el grado de conocimiento que Sherlock Hol­mes tenía de un autor que tal vez fuera de su gusto. No se olvide que Balzac —calificado por uno de sus amigos como “el Lesage del siglo XIX”— era un apasionado de la frenología de Gall, la fisonomía de Lavater, las investigaciones científicas de Cuvier y el mundo de los criminales en general. As­pectos que no eran ajenos ni a la profesión ni al bagaje intelectual de Holmes. Es po­sible además que éste apreciara en particular el Etude des moeurs par les gants (1830); un autén­tico ejercicio deductivo basado en la observación de un par de guantes donde Balzac anticipaba a su manera los métodos —y las monografias expertas— del propio Holmes. El cual, dicho sea de paso, tam­bién extrae conclusiones sobre las costumbres de Mary Sutherland al ojear su guante roto.

     Las razones del interés de Windi­bank por el novelista se nos escapan; aunque no deja de ser curioso que este sacacuartos, casado con una viuda entrada en años, cite a un autor eternamente endeudado al que se le daban bien las maduritas adineradas. Mujeres siempre mayores que él, como Mme. de Berny, Mme. Carraud o Mme. Hanska, de las que el literato obtuvo consuelo amoroso y amparo económico.

     En otro orden de cosas, la concepción de un grupo secreto que regía la vida parisina bajo la dirección del antiguo galeote Ferragus (“La Sociedad de los Trece”) o las figuras demiúrgicas del ex-presidiario Jacques Collin (Vautrin), un genio del crimen que opera en la sombra, y del barón Nucingen (“el Napoleón de las finanzas”), un ser brumoso que lo puede todo gracias a su domi­nio de la abstracción máxima (el dinero), son referencias que inducen a pensar que Balzac pudo ser también un autor muy estimado por el Profesor Moriarty.

     [xxii]«El pie del Diablo».

     [xxiii] «El ciclista solitario».

     [xxiv]The Adventures of Sherlock Holmes. Newnes, Londres 1892.

     [xxv]«Un escándalo en Bohemia».

     [xxvi]Neville St Clair en su papel del falso mendigo ‘Hugh Boone’ es heredero directo de los pedigüeños simu­lado­res de Lesage que gastaban en bacanales noctur­nas los cuartos mendigados durante el día en las iglesias de Madrid: “Regardez attentivement les trois qui vont ensemble du même côté. Celui qui s’appuie sur des béquilles, qui fait trembler tout son corps et semble marcher avec tant de peine, qu’à chaque pas vous diriez qu’il va tomber sur le nez, quoiqu’il ait une longue barbe blanche et un air décrépit, est un jeune homme si alerte et léger, qu’il passerait un daim à la course. L’autre, qui fait le teigneux, est un bel adolescent dont la tête est couverte d’une peau qui cache une chevelure de page de cour. Et l’autre, qui paraît un cul-de-jatte, est un drôle qui a l’art de tirer de sa poitrine des sons si lamentables, qu’à ses tristes accents il n’y a point de vieille qui ne descende d’un quatrième étage pour lui apporter un maravédis.” [Alain René Lesage, ob. cit. Libro II, capítulo VI]. Estos libertinos de buena familia que vivían “en communauté comme des moines”, bien podrían ser el antecedente litera­rio de “la Sociedad de Mendigos Aficionados”; una misteriosa cofradía, investigada por Holmes, que celebraba sus reuniones en el sótano lujoso de un guardamuebles [«Las cinco pepitas de na­ranja»].

     [xxvii]«El carbunclo azul».

     [xxviii]«El colegio Priory», «El vampiro de Sussex»…

     [xxix]El sabueso de los Baskerville, «El pie del diablo», «El detective moribundo»… Recuérdese también el terrible comentario con que Holmes sorprende al Dr. Watson en El Signo de los Cuatro: “la mujer más atractiva que conocí fue ahorcada por haber envenenado a tres niños para cobrar el dinero del seguro”.

     [xxx]«La banda moteada», «Peter ‘El Negro’».

     [xxxi]«La cara amarilla», «El soldado de la piel decolorada».

     [xxxii]«Los lentes de oro», «El problema del puente de Thor».

     [xxxiii]«La granja Abbey», «La segunda mancha», «El cliente ilustre», «La caja de cartón», «La inquilina del velo», «El fabricante de colores retirado».

     [xxxiv]«La finca ‘Copper Beeches’», «El hombre que reptaba».

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HOLMES – RATHBONE – UNIVERSAL (1ª parte)

Cuando Sir Arthur Conan Doyle publicó su novela Un estudio en escarlata (A Study in Scarlet) en el Beeton’s Christmas Annual en 1887 dio lugar a uno de los personajes más míticos de la historia de la literatura… y el cine. En efecto, Sherlock Holmes es una de las figuras más fértiles que han aparecido dentro del Séptimo Arte, en dura pugna con Drácula, Tarzán y Jesucristo. En esta ocasión, sin embargo, nos centraremos en un período muy concreto…

Las últimas aventuras que había ofrecido la pantalla sobre la figura de Sherlock Holmes habían aparecido en 1937, procedentes de Alemania e Inglaterra, encarnado por actores como Arthur Wontner (protagonista de un ciclo amplio hoy totalmente olvidado, y que merecería una resurrección) o Herman Speelmans. Sólo habría dos años de descanso, cuando en 1939 una nueva productora decidió echar el ojo sobre la creación de Conan Doyle. Ese año, la 20th Century Fox ofrece The Hound of the Baskervilles. Era, desde luego, una adaptación de la novela publicada originalmente por partes en el Strand Magazine entre agosto de 1901 y abril de 1902. La estrella principal del film fue Richard Greene (1) encarnando a Sir Henry Baskerville. Pero el público se fijó, obvio es, en el actor que encarnaba a Sherlock Holmes: Basil Rathbone.

Basil Rathbone nació el 13 de junio de 1892 en Johannesburg, África del Sur, y fallecería el 21 de julio de 1967 en Nueva York, víctima de un ataque al corazón. A los tres años de edad, la familia Rathbone ha de huir por ser acusado el padre de espía británico por parte de los boers, y se afincan en Inglaterra. Durante sus estudios en la Repton School, el joven Basil se interesa por los deportes y el teatro, y tras la graduación decide seguir esa última carrera. Sin embargo, su padre le insta a trabajar, al menos un año, en algún otro cometido, con el fin de que el joven olvide esas fantasías; Basil trabaja durante un año, pues, en una compañía de seguros, y justo después contacta con un primo suyo que trabaja en una compañía shakespeariana. Su trabajo en teatro se dispara, y en 1915 debe servir en el ejército durante la Primera Gran Guerra, recibiendo la Cruz Militar por su valentía. Después prosigue su carrera en el teatro, y a principios de los 20 debuta en Broadway y en el cine, en este último con el film Innocent (1921), de Maurice Elvey.

Durante la década de los 20 Rathbone alternará sus actuaciones entre Broadway y Londres, sin olvidarse del cine. En los años 30 se afinca en Estados Unidos, definitivamente, y ahí se convierte en un fijo del cine de Hollywood. En esa década ya comienza a destacar con papeles importantes en filmes como David Copperfield (The Personal History, Adventures, Experience, and Observation of David Copperfield, the Younger), de George Cukor, Ana Karenina (Anna Karénina), de Clarence Brown, Los últimos día de Pompeya (The Last Days of Pompeii), de Ernest B. Schoedsack, Merian C. Cooper y Lothar Mendes, donde encarna a Poncio Pilatos, El capitán Blood (Captain Blood), de Michael Curtiz, o Historia de dos ciudades (A Tale of Two Cities), de Jack Conway, todas en 1935. Pronto se convertirá en un malvado esencial para el cine de aventuras, a lo cual ayuda su enorme capacidad en el manejo de la espada, de la cual será un maestro.

Rathbone y Errol Flynn en Robín de los Bosques

Rathbone y Errol Flynn en "Robín de los Bosques"

En contraposición a otros actores, Rathbone no se afilia a una productora, y trabaja por libre, yendo de una a otra según le llamen. En 1939 trabaja para la Universal encarnando a un descendiente del Barón en La sombra de Frankenstein (Son of Frankenstein), de Rowland V. Lee, y con ésta se convertirá igualmente en un mito del cine de terror, desarrollando una carrera paralela dentro de ese género. Inmediatamente después, la Fox le llama para The Hound of the Baskervilles [tv/dvd: Sherlock Holmes y el perro de los Baskerville, 1939], y su nombre queda indisolublemente unido al de Sherlock Holmes, compartiendo podio sólo con Peter Cushing y Jeremy Brett (el puesto en ese podio es constante tema de disputa, sosegada o no tanto, entre los aficionados sherlockianos).

Si Rathbone es contratado como Sherlock Holmes, en el papel de su insparable Dr. Watson tendremos a Nigel Bruce. Éste nacería el 14 de febrero de 1895 en Ensanada, una localidad de la Baja Ensenada de México, y fallecería el 8 de octubre de 1953 en Santa Monica, California, de un ataque al corazón, igual que sucedería con Rathbone. Su debut en el cine acontecería en 1929 con Red Aces, dirigida por Edgar Wallace (sí, el famoso escritor de novelas de misterio y co-partícipe en el guión de King Kong), y tras trabajar en Inglaterra se traslada a los Estados Unidos. Pronto ahí será un sólido secundario, principalmente en películas de aventuras, donde por lo general encarna a militares británicos. Al contrario que con Rathbone, su asociación con el doctor Watson no ha deparado tantos entusiasmos entre muchos seguidores del Canon. Entendámonos: Nigel Bruce fue un actor excelente, y que en el ciclo fue instado a interpretar de un modo concreto, algo que cumplió; el Watson que aportó la pantalla en esta saga era un Watson torpe, simple, de escasas luces; en cierto modo, representaba al público –qué idea del público tenían los guionistas, vaya-, para que Holmes le explicase –a Watson, a ese público- lo que estaba sucediendo. El Watson de Doyle no era un tonto, precisamente, pero la imagen que ofreció Bruce se institucionalizó tanto como el celebérrimo “Elemental, querido Watson” que jamás se pronuncia en la obra de Conan Doyle, y que procede igualmente de estas películas.

Así pues, como dijimos, se estrena The Hound of the Baskervilles, dirigida por Sidney Landfield, y el éxito es tremendo. No así en España, donde no es autorizada, acaso por la alusión a la adicción a las drogas que tiene Holmes –alusión eliminada con posterioridad en las copias de re-estreno, y no reincorporada hasta una restauración habida en 1975-. La película no se vería en España, pues, hasta un ciclo televisivo del personaje, y donde fue exhibida como Sherlock Holmes y el perro de los Baskerville, y recientemente se ha editado en dvd en una espléndida edición. La película se muestra aceptablemente fiel a la novela, siendo el cambio más llamativo el del nombre del mayordomo, cambiándose a Barryman el original literario de Barrymore, por ser éste un apellido demasiado popular en Estados Unidos por la mítica familia de actores que detenta ese patronímico.

Sherlock Holmes contra Moriarty. En el medio, Ida Lupino.

"Sherlock Holmes contra Moriarty". En el medio, Ida Lupino.

Una inmediata secuela se plantea, y el resultado, curiosamente, sí podemos verla en España: Sherlock Holmes contra Moriarty (2) (The Adventures of Sherlock Holmes), se estrena ese mismo año, dirigido por Alfred L. Werker. Curiosamente, esta vez no se parte de ninguna novela –ni relato- de Conan Doyle, sino de la obra de teatro Sherlock Holmes (1899) debida al escritor y actor William Gillette, y la cual sería tan importante, en tiempos, para el estereotipo del personaje como las creaciones originales, o los dibujos de Sidney Paget, si bien la adaptación será de lo más libérrima. A nuestros dos amigos acompañan en el reparto la hermosa Ida Lupino y el impresionante George Zucco como el pérfido profesor Moriarty.

Tras este díptico, Rathbone y Bruce proseguirían sus carreras en otras muchas películas. Según parece, la Fox ya no estaba interesada en proseguir el ciclo, y tras una negociación pasa los derechos a otra productora, la Universal, famosa por su ciclo de cine de terror, que ya en los 40 languidecía. Así pues, tras ese díptico, se inicia un nuevo ciclo, éste mucho más extenso. La característica fundamental con sus precedentes es que, si las producciones Fox respetaban la ambientación de época característica de las novelas, y que en gran medida es la que otorga de magia y fascinación a las películas del personaje, la Universal decidió trasladar la acción a la época actual de rodaje.

La primera película del ciclo será Sherlock Holmes and the Voice of Terror (3), dirigida en 1942 por John Rawlins con un evidentísimo tono de cine de serie (4), aprovechando incluso planos de otras películas, como el accidente ferroviario, que procede de El hombre invisible (The Invisible Man, 1933). No sólo se había trasladado la acción al presente (de aquel momento) sino que se había introducido en tiempos bélicos, ofreciéndose un típico film de propaganda de la época. Se suponía que la historia estaba inspirada en el relato de Conan Doyle “Su último saludo” (“His Last Bow”, Strand Magazine, septiembre de 1917), pero los cambios perpetrados lo hacían prácticamente irreconocible, consiguiendo un arranque del ciclo poco valioso.

La segunda entrega del ciclo será Sherlock Holmes and the Secret Weapon, también de 1942, y esta vez dirigida por Roy William Neill, el realizador más activo del mismo, pues a partir de ahora se hará cargo de éste hasta su finalización. Una vez más se halla inmersa en período bélico, por lo cual la censura española lo prohibió, pues el régimen franquista apoyaba al nazismo (5). Esta vez, el mismo profesor Moriarty (ahora encarnado por Lionell Atwill) sirve a la causa nazi, y otro personaje propio de las historias de Conan Doyle, el torpe inspector Lestrade, hace su aparición, encarnado por el actor Dennis Hoey, quien aparecerá ocasionalmente a lo largo del ciclo. De nuevo la película se basa libérrimamente en un relato de Doyle, “La aventura de los bailarines” (“The Adventure of the Dancing Men”, Strand Magazine, diciembre de 1903), y el ingenio citado en el título acerca la historia casi al terreno de la ciencia ficción.

Nuestro perspicaz detective se acerca hasta los Estados Unidos en Sherlock Holmes en Washington (Sherlock Holmes in Washington, 1943), la primera película del ciclo Universal en estrenarse en España. Si el ambiente victoriano desaparecía, aquí inclusive lo hacía el contorno londinense, y quedaba ya casi patente que el ciclo era de Sherlock Holmes porque así lo rezaban los créditos y así se denominaba al personaje, pero inclusive las deleitables deducciones holmesianas hacían poco acto de aparición en la película. Si en la segunda película del díptico Fox aparecía George Zucco encarnando a Moriarty, aquí hará de nuevo aparición el actor, pero dando vida a otro personaje (6). Esta vez, no se acredita historia de Doyle alguna, y los guionistas Bertram Millhauser y Lynn Riggs son responsables totales de los resultados.

Ese mismo año Sherlock Holmes desafía a la muerte (Sherlock Holmes Faces Death). Parecía claro que el tono de las historias poco tenían que ver con los originales, así pues, a partir de esta película, se varía éste para aproximarlo más a los relatos de Conan Doyle o, al menos, para pergeñar historias con un tono más próximo al cine de misterio. Será a partir de aquí que el nivel irá subiendo de manera progresiva. De nuevo tenemos a Dennis Hoey como inspector Lestrade para ser humillado por las lecciones de deducción de Holmes.

Continuará…

NOTAS:

(1) Greene se haría después famoso por dar vida a otro mito, Robin Hood, en diversas series y películas. También encarnaría a Sir Nayland Smith, evidente imitación de Sherlock Holmes por parte de Sax Rohmer, y némesis del pérfido Fu-Manchú en la saga de películas de Christopher Lee.

(2) En el referido ciclo televisivo la película se re-titulará Las aventuras de Sherlock Holmes.

(3) Inédita en España, no será vista hasta ese ciclo televisivo como Sherlock Holmes y la voz del terror; en vídeo y dvd ha sido editada con igual título.

(4) No conviene confundir el “cine de serie” con el “serial”. Los seriales eran películas que se rodaban por capítulos con destino a los cines; cada capítulo duraba unos veinte minutos, y finalizaban siempre con un cliffhanger, esto es, con los protagonistas inmersos en un peligro del que parecía imposible salir, y siempre solventado en el capítulo siguiente; los seriales solían alcanzar entre doce y quince capítulos, si bien en España solían remontarse al modo de dos o tres largometrajes denominados “jornadas”. El cine de serie, por el contrario, era cine de bajo presupuesto, de una duración aproximada de una hora, y protagonizado por un actor fijo, por lo general en los westerns, como Rex Ritter, Tim McCoy o John Wayne antes de Las diligencia, o, en otros géneros, como el policíaco, centrados en un personaje fijo, así Dick Tracy, Charlie Chan, Mr. Moto o Bulldog Drummond.

(5) Tampoco será vista hasta ese ciclo televisivo como Sherlock Holmes y el arma secreta; en vídeo y dvd ha sido editada con igual título.

(6) El doblaje español de la época de estreno, sin embargo, convirtió al personaje en Moriarty. Las copias que circulan hoy día disponen de doblaje nuevo, proveniente de ese ciclo televisivo, y el nombre original ha sido restituido.

07
abr
11

Sherlock Holmes y los que acechan en las sombras

Así podría traducirse al español (con toques lovecraftianos) la película Sherlock Holmes and the Shadow Watchers, de la que ya os hablamos con anterioridad, entrevista con su director incluida, Anthony D. P. Mann. Ha pasado bastante tiempo desde entonces, y al fin podemos comentar que el film ha sido completado. Para ello, hubo una premiere mundial (a la que lamentablemente no pudimos asistir) ayer día 6 de abril, a las siete de la tarde, en el Empire Theatre de Kingston, Ontario (Canadá), y se espera que aparezca editada en dvd hacia mayo, y que podéis adquirir a través de esta dirección: www.sherlockholmesadventures.ca. Good luck, Tony!

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vxqN3tfdIp8

06
abr
11

El secreto de la pirámide

Título original: Young Sherlock Holmes / Pyramid of Fear

Dirección: Barry Levinson.

Guión: Chris Columbus, basado en los personajes creados por Sir Arthur Conan Doyle.

Productores: Mark Johnson, Harry Benn, Steven Spielberg, Kathleen Kennedy, Frank Marshall, Henry Winkler.

Fotografía: Stephen Goldblatt, Stephen Smith

Música: Bruce Broughton.

Intérpretes: Nicholas Rowe (Sherlock Holmes), Alan Cox (John H. Watson), Sophie Ward (Elizabeth Hardy), Anthony Higgins (profesor Rathe), Susan Fleetwood (Sra. Dribb), Freddie Jones (Craigwitch), Nigel Stock (Profesor Waxflatter), Roger Ashton-Griffiths (inspector Lestrade), Patrick Newell (Bentley Bobster)…

Nacionalidad y año: Estados Unidos, Reino Unido 1985.

Duración: 109 min. Color 1.85:1.

El adolescente Dr. Watson es enviado a una escuela privada para continuar con sus estudios de medicina donde conocerá al joven Sherlock Holmes, un muchacho con unas increíbles dotes deductivas. Cuando empiecen a ocurrir unas extrañas muertes, una de las cuales afecta personalmente al futuro Maestro de los Detectives, relacionadas con un antiguo culto del Egipto, los dos muchachos se pondrán en acción para esclarecer los hechos…

La película de Barry Levinson parte de una premisa interesante: ¿Qué habría ocurrido si Sherlock Holmes y el doctor John H. Watson se hubieran conocido durante sus años de Instituto? Esta pregunta podría dar de sí a un sinfín de variables sobre ambos personajes, pero en el caso que nos ocupa, la respuesta parece ser que ambos hubieran vivido una serie de aventuras, más cercanas a las de Indiana Jones (en especial a la segunda entrega del aventurero interpretado por Harrison Ford) y a las de otras producciones de la factoría Spielberg, que no a las narradas por Arthur Conan Doyle.

Y es que el toque spielberguiano del film está presente en todas partes, en la fotografía, en el uso de fanfarrias que ponen énfasis a las acciones de los personajes, en las escenas de acción donde las situaciones se resuelven de un modo muy deus ex machina, en el modelo básico de lo que es el bien y lo que es el mal (no se le hinca el diente a asuntos como, por ejemplo, los motivos por los cuales el malvado de la historia desea vengarse de los ingleses, los cuales arrasaron todo su pueblo, por ejemplo; es un villano simplemente porque sí). No por ello deja de ser un film de aventuras muy entretenido con algunos homenajes (los justos) a los legendarios personajes, incluso superior a muchas producciones destinadas a un público juvenil que asolaron las carteleras en aquellos años, teniendo un poquito más de miga las acciones que llevan a los dos personajes a comportarse como tal, y que en parte justifican cómo serán en años venideros…

…O quizá no del todo. La película tiene una visión “muy americanizada” de cómo son Holmes, y en especial, Watson. Este personaje es presentado a lo largo del film como un muchachillo bastante tonto, sin valor, aficionado a los pastelitos y con muy pocas luces. Es casi un precedente (en edad) de lo que sería el Nigel Bruce de las películas de Basil Rathborne, una especie de recurso cómico, más que un colaborador útil. Al igual que ocurría en las películas de aquél, no es que este personaje falle en el contexto de la historia que nos están contando (a lo que ayuda la corrección con las que se toma su papel Alan Cox), pero desde luego no es el mismo que había narrado Conan Doyle. También los excesos en la acción parecen un poco indicar que lo que vemos es casi una precuela de la popular saga de los años 30 y 40, donde Holmes era espía y hombre de acción, aunque algo menos detective.

El mayor acierto del casting fue Nicholas Rowe, cuyos rasgos físicos y gestos realmente parecen indicar, si no un Holmes cien por cien fidedigno, sí algo muy parecido. Sophie Ward, por otro lado, el interés romántico del detective, parece pasarse toda la película con la mirada perdida sin terminar de conseguir que su personaje resulte del todo interesante, más parece la fantasía de un muchacho de la época victoriana que otra cosa, y Anthony Higgins, correcto en su papel de mentor primero, y enemigo después del protagonista, exagera un tanto en sus movimientos en ocasiones su papel de malvado (levantamientos de ceja, agachar la cabeza para parecer amenazador), funcionando mucho mejor en escenas más tranquilas en las cuales no tiene que demostrar lo temible que es.

Finalmente, indicar que la película resuelve, a su particular manera, algunas de las cuestiones que han intrigado a los seguidores holmesianos desde hace más de un siglo: su rechazo a las mujeres, de doóde sacó la pipa y el abrigo Inverness (de nuevo, la pipa es de calabaza, como las que usaba Rathborne, y el abrigo lo popularizó William Gillette en su obra de teatro sobre el personaje), cómo conoció al inspector Lestrade (que si nos atenemos al canon holmesiano, si fuera tal y como se dice en la película ya sería casi un anciano en las novelas de Doyle)… y en los créditos finales, una última sorpresa, quizá la más estimulante de todas.

El resultado final es una obra divertida y carente de pretensiones, con algo más de tragedia de lo que suele ser habitual en este tipo de filmes (y que realmente funciona). No es descabellado imaginar que la película debería haber sido la primera entrega de una saga centrada en los años mozos del dúo de Baker Street, sin embargo, el fracaso considerable en taquilla (costó más de 18 millones de dólares y recaudó poco más de 4 en Estados Unidos) dio al traste con cualquier posibilidad de secuela.

Javier J. Valencia (Barcelona, España)

 

05
abr
11

“Las historias perdidas de Sherlock Holmes”

La reciente muerte de uno de los descendientes del doctor Watson ha desempolvado ocho manuscritos con otras tantas historias escritas por el galeno y donde glosaba aventuras de Sherlock Holmes que quedaron ocultas todo este tiempo, pues el mundo aún no estaba preparado para ellas. Ahora, Tony Reynolds las recopila y publica, y las ilustra Chris Coady. En noviembre de 2010 apareció en Estados Unidos por parte de MX Publishing en Estados Unidos con el título de The Lost Stories of Sherlock Holmes, y entre las historias se hallan “The Giant Rat of Sumatra”, “The Adventure of the Russian Anarchist”,  “The Adventure of the Medium”, “The Adventure of the Amazonian Explorer” y “The Adventure of the Gypsy Girl”. Imaginamos que en breve aparecerá en España, tal como nuestros prestos y avispados editores tienen por costumbre.

04
abr
11

Una cronología de los casos de Sherlock Holmes

Arthur Conan Doyle mencionó en algunas de sus aventuras sobre Sherlock Holmes determinadas fechas que pueden hacer que el lector organice mentalmente el orden de los casos en que el detective participó; sin embargo, en otras ocasiones, los datos son escasos o nulos, y ahí el estudioso de la obra sherlockiana ha de conjeturar o teorizar. En el caso del “biógrafo oficial” de Sherlock Holmes, Baring-Gould, el especialista optó por otorgar unas fechas concretas a determinados casos, que algunos seguidores han aceptado, y otros no tanto. El escritor Rodolfo Martínez, autor de cuatro libros sobre el personaje, también es un entusiasta estudioso del mismo, y en tiempos creó su propia cronología de los casos, que en determinados asuntos no se ajusta a la cronología de Baring-Gould. Creemos que es interesante, por tanto, ofrecer ese otro punto de vista, y Rodolfo nos ha permitido amablemente reproducirlo aquí.

Una cronología de los casos de Sherlock Holmes

por Rodolfo Martínez

Unas palabras iniciales

El personaje de Sherlock Holmes siempre ha ejercido una gran fascinación sobre mí. Es cierto que sus historias, como ejemplo de cuento policíaco, son muchas veces triviales y que Conan Doyle no siempre juega honestamente con el lector (de hecho, hay momentos en que ni lo intenta). Sin embargo, por encima de la intriga policíaca, más o menos lograda, la personalidad del excéntrico detective de Baker Street y, en menor medida, la de su fiel biógrafo Watson, me han atraído casi desde que tengo memoria.

Algo que siempre me ha interesado es conocer la fecha en la que tal o cual historia se desarrolla. A causa de la escasa bibliografía que se puede encontrar en este país sobre Holmes (1), la única pista que tenía para fechar sus casos eran los propios cuentos. En algunos la fecha estaba clara (indicando no solo año y mes, sino incluso el día en que la historia comenzaba), mientras que en otras Conan Doyle se despachaba con frases al estilo de «era una mañana de primavera» o similares. Ordenar, pues, cronológicamente todos los casos de Holmes no era tarea fácil y, probablemente, he cometido más de un error en algún momento. Quizá alguien con mayores conocimientos que los míos sobre la Inglaterra victoriana hubiera podido fechar con mayor exactitud algunas historias cuya datación es dudosa. Por otra parte, incluso en los momentos en que Conan Doyle da una fecha exacta, esta no representa demasiada ayuda, pues a menudo las fechas expuestas en unas historias se contradicen con las de otras y es difícil encontrar una ordenación coherente. Un solo ejemplo: El Signo de los Cuatro, la segunda novela del ciclo, donde Watson conoce a su mujer. En ella, y al principio, parece darse a entender que se desarrolla en mayo de 1888. Sin embargo, “Un Escándalo en Bohemia” se desarrolla en marzo de ese mismo año y, para entonces, Watson ya estaba casado. Ambas afirmaciones eran contradictorias: Watson no podía estar casado en marzo y conocer a su mujer en mayo. Lo que he hecho, aferrándome a que en El Signo de los Cuatro no se dan fechas concretas, sino afirmaciones al estilo de «eso sucedió en 1882, hace unos seis años», ha sido trasladar esta historia a mayo de 1887, opinión que parece apoyar el relato “El Solterón Aristocrático”, que se desarrolla sin duda en ese año y del que se dice que ocurrió «algunas semanas antes» de la boda de Watson. En otras ocasiones me he visto en tesituras semejantes y he procedido como he creído mejor. Por tanto, la cronología que sigue a estas palabras es discutible en más de un punto. Tras ella, encontrarán algunos comentarios sobre varias de las historias, que juzgo interesantes por diversos motivos.

Un estudio en escarlata

En unión a los casos que fueron merecedores de una historia por parte de Watson, incluyo otros que jamás fueron escritos, pero a los que se hace mención a lo largo de varias de estas narraciones. He suprimido la coletilla “La Aventura de…” del título de la mayoría de las historias, para no hacer la lista demasiado repetitiva. Aquellos cuentos marcados con un asterisco (*) corresponden a historias sobre cuya fecha no se da indicio alguno y que he situado en distintos lugares, un poco por instinto. Esas son, sin duda, las partes más discutibles de esta cronología.

Junto al título del relato hay una referencia al libro en el que se encuentra. Tales referencias corresponden a:

I: Estudio en Escarlata

II: El Signo de los Cuatro

III: Las Aventuras de Sherlock Holmes

IV: El Sabueso de los Baskerville

V: El Valle del Terror

VI: Las Memorias de Sherlock Holmes

VII: La Reaparición de Sherlock Holmes

VIII: Sherlock Holmes Sigue en Pie

IX: El Archivo de Sherlock Holmes

X: Su Último saludo en el Escenario

Aclarar que VIII y IX corresponden en el original a un solo libro, The Case-Book of Sherlock Holmes, que la mayoría de los editores españoles han dividido en estos dos. Por otra parte, la ordenación de los distintos libros que aquí propongo no es, aunque pueda parecerlo, arbitraria. Cierto que fueron publicados en un orden distinto, concretamente: I, II, III, VI, IV, VII, V, X, VIII-IX; y en cuanto a la publicación original de los distintos cuentos en el Strand Magazine, resulta aún más caótica, pues los distintos libros que las recogen no siempre lo hacen en orden cronológico. De todas formas, a efectos de coherencia interna deberían ser leídos en un orden bastante similar al que he propuesto.

Un estudio en escarlata

La cronología

Probablemente hacia 1870 (no más tarde de 1875):

  •  La Gloria Scott (VI)

 Hacia 1875:

  •  El Ritual de Musgrave (VI)

 Antes de 1883:

  •  La Tiara de Ópalo de la Sra. Farintosh (mencionado en La Banda de Lunares)
  • Los Asesinatos de Tarleton (mencionado en El Ritual Musgrave)
  • Vamberry, el Vinatero (mencionado en El Ritual Musgrave)
  • Una Anciana Señora Rusa (mencionado en El Ritual Musgrave)
  • La Muleta de Aluminio (mencionado en El Ritual Musgrave)
  • Ricoletti, el Patituerto y su Abominable Esposa (mencionado en El Ritual Musgrave)

 1883:

  • Estudio en Escarlata (I)
  • (abril) La Banda de Lunares (III)
  • * Los Seis Napoleones (VII)

Entre 1884 y 1886:

  • * (febrero) La Diadema de Berilo (III)
  • * Charles Augustus Milverton (VII)
  • * El Círculo Rojo (X)
  • * (octubre) El Enfermo Interno (VI)

1887:

  • La Sociedad de Mendigos Aficionados (mencionado en Las Cinco Semillas de Naranja)
  • (primavera) La Rata Gigante de Sumatra (o La Netherland-Sumatra Company y el Barón Maupertuis) (mencionado en El Vampiro de Sussex y El rompecabezas de Reigate)
  • (abril) El Rompecabezas de Reigate (VI)
  • (julio) El Signo de los Cuatro (II)
  • El Vagón de Muebles de Grosvenor Square (mencionado en El Solterón Aristocrático)
  • * (verano) La Caja de Cartón (X)
  • (otoño, poco antes de la boda de Watson) El Solterón Aristocrático (III)
  • La Desaparición del velero Sophy Anderson (mencionado en Las Cinco Semillas de Naranja)
  • Los Grice Paterson en la isla de Ufa (mencionado en Las Cinco Semillas de Naranja)
  • El Asesino Bert Stevens (mencionado en El Constructor de Norwood)
  • (septiembre) Las Cinco Semillas de Naranja (III)
  • El Envenenamiento de Camberwell (mencionado en Las Cinco Semillas de Naranja)

1888:

  • El Asesinato de Trepoff (mencionado en Un Escándalo en Bohemia)
  • La Tragedia de los Hermanos Atkinson (mencionado en Un Escándalo en Bohemia)
  • La Familia Real de Holanda (mencionado en Un Escándalo en Bohemia)
  • (marzo) Un Escándalo en Bohemia (III)
  • (junio) El Escribiente del Corredor de Bolsa (VI)
  • (julio) El Tratado Naval (VI)
  • (julio) El Capitán Cansado (mencionado en El Tratado Naval)
  • (verano) El Jorobado (VI)
  • (otoño) La Segunda Mancha (VII)

1889:

  • (junio) El Hombre del Labio Retorcido (III)
  • Los Camafeos del Vaticano (mencionado en El Sabueso de los Baskerville)
  • (verano) El Dedo Pulgar del Ingeniero (III)
  • (octubre) El Sabueso de los Baskerville (IV)
  • (noviembre) El Coronel Upwood y el Escándalo del Nonpareil Club (mencionado en El Sabueso de los Baskerville)
  • (noviembre) El Detective Moribundo (X)
  • (noviembre) Madame Montpensier y el Asesinato de su Hijastra (mencionado en El Sabueso de los Baskerville)

1890:

  •  (enero) El Valle del Terror (V)
  • La Separación del matrimonio Dundas (mencionado en Un Caso de Identidad)
  • El Caso de Manor House (mencionado en El Intérprete Griego)
  • * (verano) El Intérprete Griego (VI)
  • (setiembre) Un Caso de Identidad (III)
  • * Estrella de Plata (VI)
  • La Desaparición de Lady Frances Carfax (X)
  • (octubre) La Liga de los Pelirrojos (III)
  • * El Valle de Boscombe (III)
  • (27 de diciembre) El Carbunclo Azul (III)

1891:

  • (primavera) La Finca de Cooper Beeches (III)
  • * (primavera) La Cara Amarilla (VI)
  • (mayo) El problema final (VI)

(Entre 1891 y 1894, tiempo en el que se daba a Holmes por muerto, éste con la personalidad falsa de Sigerson, explorador noruego, viajaría por el Tibet y pasaría un tiempo con el Gran Lama. Más tarde se dirigiría a tierras árabes y cruzaría Persia, llegaría hasta la Meca y visitaría -suponemos que disfrazado de árabe- al Califa de Khartoum. Vuelve a Europa, y en Francia investiga sobre los derivados del alquitrán en un Laboratorio de Montepellier. Finalmente, vuelve a Inglaterra justo a tiempo de descifrar el misterio que se narra en “La Casa Deshabitada”. Precisamente en esa historia son mencionados todos esos datos.)

1894:

  • (abril) La Casa Deshabitada (VII)
  • La Sanguijuela Roja y el Banquero Crosby (mencionado en Los Lentes de Oro)
  • Los Documentos del ex-Presidente Murillo (mencionado en El Constructor de Norwood)
  • La Tragedia de Addleton (mencionado en Los Lentes de Oro)
  • (julio-agosto) Los Bailarines (VII)
  • La Herencia Smiths-Mortimer (mencionado en Los Lentes de Oro)
  • Hure, el Asesino de los Bulevares (mencionado en Los Lentes de Oro)
  • El Vapor Holandés Friesland (mencionado en El Constructor de Norwood)
  • (otoño) El Constructor de Norwood (VII)
  • (noviembre) Los Lentes de Oro (VII)

1895:

  • (marzo) El Pabellón Wisteria (X)
  • La Muerte del Cardenal Tosca (mencionado en El «Negro» Peter)
  • (marzo-abril) La Persecución de John Vincent Harden (mencionado en El Ciclista Solitario)
  • Wilson, el Amaestrador de Canarios (mencionado en El «Negro» Peter)
  • (abril) El Ciclista Solitario (VII)
  • Los Tres Estudiantes (VII)
  • (julio) El Negro Peter (VII)
  • (noviembre) Los Planos del Bruce-Parlington

1896:

  • (febrero) El Tres-Cuartos Desaparecido (VII)
  • (finales) La Inquilina del Velo (IX)

1897:

  • (marzo) El Pie del Diablo (X)
  • * (mayo) Shoscombre Old Place (IX)
  • (invierno) La Granja Abbey (VII)

1899:

  • (verano) El Fabricante de Colores Retirado (IX)

 1901:

  •  Los Documentos Ferrers (mencionado en El Colegio Priory)
  • El Asesinato de Abergaveny (mencionado en El Colegio Priory)
  • (mayo) El Colegio Priory (VII)

1902:

  • (junio) Los Tres Garrideb (VIII)
  • (setiembre) El Cliente Ilustre (VIII)
  • * (octubre) El Puente de Thor (IX)
  • * (noviembre) El Vampiro de Sussex (VIII)

1903:

  • La Misión del Sultán de Turquía (mencionado en El Soldado de la Piel Decolorada)
  • (enero) El Soldado de la Piel Decolorada (VIII)
  • * (verano) La Piedra Preciosa de Mazarino (VIII)
  • * Los Tres Gabletes (VIII)
  • (setiembre) El Hombre Que Reptaba (IX)

 1907:

  •  (junio) La Melena de León (IX)

 1914:

  • (2 de agosto) Su Ultimo Saludo en el Escenario (X)

La aventura de los seis napoleones

Unas palabras finales

La contradicción entre fechas a que me refería antes se debe sin duda a la desgana y rapidez con la que Conan Doyle escribía sobre su personaje (hay, incluso, una narración en la que esposa de Watson le llama James, en lugar de John, su verdadero nombre de pila). Es del dominio público que odiaba a Holmes y que estaba convencido de que escribir aquellas novelitas policíacas le rebajaba como escritor. De hecho, antes de “El Problema Final”, donde Holmes muere, ya había intentado matarlo otra vez y sólo la intervención de la madre de Conan Doyle (una de las mayores fans del personaje) lo había podido evitar. Más tarde, el escritor se verá obligado a resucitar al personaje y, a partir de entonces, parece producirse una cierta reconciliación. Hasta vemos a Holmes adoptando actitudes más humanas e, incluso, a veces, emocionales.

Resulta curioso el hecho de que fue precisamente el odio de Conan Doyle hacia Holmes el que contribuyó en gran medida a hacer de este un personaje inolvidable. Con cada nueva historia va perfilando un carácter cada vez más excéntrico: frío, caprichoso, misógino, autoritario, terriblemente vanidoso, histriónico, a veces cruel en sus burlas a Watson. Todo ese cúmulo de defectos (destinados, creo yo, a que el público odiase al detective tanto como lo hacía su creador) contribuyeron sin embargo a construir una de las personalidades más atractivas de la literatura de este tiempo.

Otro aspecto sin duda curioso es la forma en que Conan Doyle se identifica con el doctor Watson, especialmente cuando Holmes hace a éste víctima de alguna de sus burlas: es casi como si el detective se estuviera burlando de su creador y de sus vanos intentos de destruirlo. No deja de ser paradójico el que un hombre como Conan Doyle, triunfador desde todos los puntos de vista, se viera a sí mismo en cierta forma como un fracasado, obligado a escribir historias de un personaje al que odiaba y eclipsado por la fama de ese personaje. Su destino es, desde luego, uno de los más peculiares (y también de los más tristes) de la historia de la literatura. Llama también la atención que Conan Doyle, despreciando el género policíaco, sintiera predilección por la novela histórica; en realidad, sin saberlo, a ella estaba dedicando sus esfuerzos: las narraciones de Holmes constituyen para nosotros, público de inicios del siglo XXI, uno de los más completos y vívidos retratos de la Inglaterra victoriana.

Entre las distintas contradicciones que se producen al intentar fechar los relatos hay varias que resultan interesantes. Veamos algunas:

Uno de los más difíciles de solventar es, sin duda, “La Segunda Mancha”. Antes de que Conan Doyle escribiera esa historia, la menciona (o mejor dicho, nos da simplemente el título) en “El Tratado Naval”, y afirma que tuvo lugar el primer mes de julio tras el matrimonio del doctor Watson (es decir, casi con toda seguridad, julio de 1888). Sin embargo, cuando años más tarde utiliza ese título y escribe realmente el cuento, no lo sitúa en ningún año concreto, pero afirma taxativamente que sucede en la «mañana de un martes de otoño». Evidentemente, una de las dos dataciones está equivocada: me he decidido por tomar como correcta la del propio cuento y dejar como un despiste de Watson su referencia en “El Tratado Naval” a que sucedió en julio. Sí he mantenido, sin embargo, el año de 1888.

En “El Pabellón Wisteria” se afirma que esa historia ocurre en marzo de 1892, algo imposible, pues por esa época el mundo creía a Holmes muerto y no saldría de su error hasta abril de 1894. He resituado el relato en marzo de 1895.

Por otra parte, tras la resurrección de Holmes, parece como si la mujer de Watson se hubiera evaporado: toda mención a ella desaparece. De hecho, se afirma explícitamente que Watson vende su consulta y se traslada de nuevo a vivir a Baker Street. Sin embargo, en “El Soldado de la Piel Decolorada”, que transcurre sin la menor duda en 1903, Holmes comenta que «Watson me había abandonado para seguir a una esposa» como si el matrimonio del doctor fuera cosa reciente cuando, atendiendo a lo que se nos dice en otras historias, este tuvo lugar a finales de 1887 o principios de 1888. El escritor norteamericano Robert Lee Hall, en su novela Adiós, Sherlock Holmes resuelve esta aparente contradicción dando por supuesto que Mary Morstan, primera mujer del doctor, fallece, y que éste se vuelve a casar en 1902 con Violet Hunter, a la que conoció en 1891 en “La Finca de Cooper Beeches”. Pero esto, naturalmente, no pasa de una conjetura posterior a la muerte de Conan Doyle, quien jamás resolvió ese aparente misterio.

“Los Planos del «Bruce-Parlington»” se abre afirmando que esta aventura tiene lugar en noviembre de 1875, algo imposible si tenemos en cuenta que Holmes y Watson no se conocen hasta 1883 en Estudio en Escarlata. Como la aventura se refiere a los planos de un submarino y no parece muy probable que Inglaterra estuviera construyendo uno ya en 1875, y como esta historia se desarrolla sin duda con posterioridad a 1890 (en esa fecha se sitúa “El Intérprete Griego”, donde Watson conoce a Mycroft Holmes, que reaparece en este relato) la he trasladado veinte años y la he situado en 1895. Por otra parte, Robert Lee Hall, en su novela ya mencionada, sitúa este caso también en el 95, lo que me hace sospechar que la fecha que consta en la edición que poseo de las historias de Holmes bien puede ser una errata.

Mención aparte merece el relato “Charles Augustus Milverton”, en el que Watson afirma explícitamente: «el lector me disculpará que oculte fechas y cualquier otro detalle que pudiera llevar a la identificación del hecho», con lo que nos deja a oscuras sobre el momento en que podría desarrollarse tal historia. Como también nos dice que «han transcurrido muchos años desde los incidentes de que ahora hablo» he supuesto que tuvo lugar en los primeros años de la carrera de Holmes, antes del matrimonio del doctor y, por tanto, lo he situado en 1886.

En “El Problema Final”, desarrollada en 1891, Holmes le habla a Watson de Moriarty por primera vez, y es en esa misma historia donde Moriarty fallece. Sin embargo, en El Valle de Terror, que transcurre antes de esa fecha, la figura de Moriarty se vislumbra entre las sombras y Holmes y Watson hablan de él como si ya hubieran sostenido varias conversaciones sobre el tema. La solución es simple: El Valle del Terror fue escrito hacia 1915, varios años después que “El Problema Final”, y cuando Doyle escribió esta última no podía suponer que década y media más tarde reintroduciría a Moriarty en escena. Por otro lado, no deja de ser curioso que el considerado mundialmente como el archienemigo de Holmes («el Napoleón del crimen» en palabras del propio detective) sólo aparezca en estas dos historias y algunos de sus colaboradores en “La Casa Deshabitada”, secuela en cierta forma de “El Problema Final”. Volviendo a El Valle del Terror, por los datos que Watson nos da de ella, transcurre en enero, a finales de la década de 1880: la he situado en enero de 1890, último año de esa década.

Se han vertido verdaderos océanos de tinta con la intención de desentrañar determinados aspectos del mundo de Sherlock Holmes. Destaco aquí la novela de Nicholas Meyer (conocido también como director de cine por «Los Pasajeros del Tiempo», «Star Trek II: La Ira de Khan» o «Star Trek VI: Aquel País Desconocido») «Elemental Doctor Freud» (The Seven-per-cent Solution) en la que intenta explicar la figura de Moriarty como producto de una fijación obsesiva de Holmes por su antiguo profesor de matemáticas. La novela, interesante entre otras cosas por su aparición en ella del padre del psicoanálisis, maneja con bastante habilidad los distintos datos que se van desgranando en varias historias de Conan Doyle.

Y mencionar, por supuesto, Sherlock Holmes de Baker Street, de W. S. Baring-Gould, una detallada biografía del detective inglés en la que, además, se incluye una cronología de todos sus casos. Como el lector podrá suponer, esta cronología difiere de la mía en varios puntos. No dudo de la exactitud de las afirmaciones de Baring-Gould (uno de los mayores estudiosos holmesianos de todo el mundo), pero el hecho de que a menudo prescinda de justificar los motivos por los que sitúa una u otra historia en tal o cual fecha, me permite mantener las conclusiones de mi cronología allá donde difieren de las suyas sin sentirme demasiado molesto por el asunto.

Entre las distintas historias que éste nunca escribió, pero de las que da una o dos referencias (o el título de la misma) como casos de Holmes, hay una que me ha llamado poderosamente la atención. En “El Vampiro de Sussex”, Holmes habla de «la rata gigante de Sumatra, para cuyo relato el mundo aun no está preparado». Por otra parte, en “El Rompecabezas de Reigate” se menciona que Holmes estuvo implicado en un asunto referente a la Netherland-Sumatra Company y «los proyectos colosales del barón Maupertuis». Probablemente Conan Doyle nunca pensó que ambas historias pudieran ser una sola, y es más que probable que ya hubiera olvidado la primera alusión cuando hizo la segunda. Sin embargo, el hecho de que algo relacionado con Sumatra esté incluido en los dos casos, me ha llevado a considerarlos uno solo. Conectado con esto, me gustaría comentar el peculiar sentido del humor del que Conan Doyle hacía gala al mencionar esas historias que jamás fueron escritas; referencias a criminales como «Wilson, el amaestrador de canarios», «Ricoletti el Patituerto y su abominable esposa» o aquel caso que Holmes había desentrañado al demostrar que «el perejil se había hundido en la mantequilla en un día de calor» demuestran que el escritor se lo pasaba en grande inventándose esas alusiones disparatadas y tratando de poner en ridículo a Holmes con su intervención en ellas.

Existen tres casos que el lector no podrá encontrar en la lista cronológica. Watson los menciona al principio de “El Puente de Thor” como casos a los que Holmes nunca pudo encontrar solución, pero al no dar el menor indicio de una fecha en ellos y al tratarse de historias que nunca llegaron a ser escritas, no me he arriesgado a introducirlas en la cronología. Son éstas, en palabras del doctor Watson: «entre estos relatos sin final está el del señor James Phillimore, que al volver a entrar en su casa para coger el paraguas desapareció sin que jamás haya vuelto a saberse de él». «… El balandro Alicia que navegando en una mañana de primavera se metió en un banco de niebla y nunca más volvió a salir». «Isadora Persano, el célebre periodista y espadachín al que encontraron loco de atar con una caja de cerillas delante, y dentro de la caja un gusano extraordinario que, según se dijo, era desconocido por los hombres de ciencia». Es evidente que, para Conan Doyle, tras estas palabras no había historia alguna: intentaba simplemente intrigar al lector. Y, desde luego, lo consiguió, pues no han sido pocos los autores que han tratado de descubrir qué había sucedido realmente en esos supuestos casos sin solución, entre ellos Philip José Farmer con su relato “El Problema del Puente Dolorido (Entre Otros)”, o Mack Reynolds en “La Aventura del Extraterreste”. Yo mismo (y pediría perdón por la inmodestia, si no fuera inútil) he intentado dar una explicación esos tres casos en mi novela La Sabiduría de los Muertos, publicada en 1996 por la Fundación Dolores Medio, y reeditada en 2004, actualizada, por Bibliópolis.

Pretendía añadir unas breves notas a esta cronología, pero veo que me he extralimitado: es difícil detenerme cuando empiezo a hablar de algo que me fascina. Sin embargo, es mejor que lleguemos al final. Terminaré, pues, diciendo que he partido del supuesto de que Holmes nace hacia 1850. De esta forma tiene unos veinte años cuando se enfrenta a su primer caso en “La Gloria Scott”, y unos treinta y tres al conocer a Watson en Estudio en Escarlata. Cuando es dado por muerto en “El Problema Final” anda por los cuarenta y un años, y cuarenta y cuatro tiene cuando reaparece en “La Casa Deshabitada”. Finalmente, cuenta con sesenta y cuatro en el que es su último caso (al menos el último del que se tiene noticia), “Su Último Saludo en el Escenario”, que transcurre el 2 de agosto de 1914.

Bibliografía

  1. BARING-GOULD, W. S.: Sherlock Holmes de Baker Street, Valdemar, 1999.
  2. CONAN DOYLE, Arthur: Obras Completas I: Estudio en Escarlata. El Signo de los Cuatro. El Sabueso de los Baskerville. Memorias de Sherlock Holmes. Ediciones Orbis, 1987.
  3. CONAN DOYLE, Arthur: Obras Completas II: Las Aventuras de Sherlock Holmes. Sherlock Holmes Sigue en Pie. El Archivo de Sherlock Holmes. Ediciones Orbis, 1987.
  4. CONAN DOYLE, Arthur: Obras Completas III: La Reaparición de Sherlock Holmes. Su Último Saludo en el Escenario. El Valle del Terror. Ediciones Orbis, 1987.
  5. FARMER, Philip José: “El Problema del Puente Dolorido (Entre Otros)”, incluido en Sherlock Holmes a Través del Tiempo y del Espacio, Isaac Asimov, Martin H. Greenberg y Charles G. Waugh (ed.). Ediciones Júcar, colección Etiqueta Negra, febrero 1987, Gijón.
  6. HALL, Robert Lee: Adiós Sherlock Holmes. Ediciones Planeta, colección Fábula, septiembre 1980, Barcelona.
  7. MARTÍNEZ, Rodolfo: La Sabiduría de los Muertos, Fundación Dolores Medio, 1996.
  8. MEYER, Nicholas: Elemental, Doctor Freud. Salvat, col. Novela y Ocio, Barcelona, 1987.
  9. REYNOLDS, Mack: “La Aventura del Extraterrestre”, incluido en Sherlock Holmes a Través del Tiempo y del Espacio, Isaac Asimov, Martin H. Greenberg y Charles G. Waugh (ed.). Ediciones Júcar, colección Etiqueta Negra,  febrero 1987, Gijón.

 ©, 1992, 2001, Rodolfo Martínez

(1) El texto aquí transcrito fue redactado inicialmente en 1992. Ciertamente, a día de hoy no es que la cosa haya cambiado en exceso, y en concreto en el campo del ensayo literario aún estamos muy lejos de otros países, no ya sólo Estados Unidos o Inglaterra, sino cualquier otro país occidental. (Nota del Editor).




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