09
Feb
10

Gaslight Grimoire: Fantastic Tales of Sherlock Holmes

Editores: J. R. Campbell y Charles Prepolec

Pie de imprenta: Calgary, Edge Science Fiction and Fantasy Publishing, 2008

Dentro del gran número de antologías de pastiches holmesianos disponible en el mercado nos encontramos con varios tipos: las que narran casos mencionados por Doyle en el canon, las que recopilan relatos que tratan de ser lo más fieles posible al estilo de Sir Arthur, las que se centran en narrar las aventuras de Holmes durante el Gran Hiato y las que, como la que nos ocupa, parten de una determinada premisa que diversos autores elaboran a su manera. En el caso de Gaslight Grimoire, tal y como queda claro en el subtítulo del libro, se trata de relatos que enfrentan al detective con lo fantástico y lo sobrenatural (aunque no sea así, estrictamente hablando, en todos los casos).

El libro se compone de un prefacio a cargo de David Stuart Davies, viejo conocido de los que leemos con asiduidad nuevas aventuras de Sherlock Holmes. Davis nos habla de la serie de detectives de lo sobrenatural que se inspiraron de un modo u otro en Holmes (Flaxman Low, John Silence, Carnacki, Jules de Grandin…), algunos de los cuales comparten aventuras con el detective en varios de los relatos que componen la antología.

Tras el prefacio, Charles Prepolec firma una introducción en la que diserta sobre su fascinación por determinados personajes de la literatura popular, sobre todo aquellos que vivieron sus aventuras durante la época victoriana. No aporta demasiado interés, pero bueno: es uno de los editores y, puesto que J. R. Campbell (el otro editor) contribuye con un relato a la antología, imagino que el amigo Prepolec no quiso ser menos. En fin…

Cada relato va acompañado de una ilustración de Phil Cornell. Debo decir que el estilo caricaturesco de este dibujante no casa demasiado con los relatos que ilustra, pero, como se verá, no son sus ilustraciones lo peor que podemos encontrarnos en el libro.

Paso ahora a comentar brevemente los relatos:

“The Lost Boy”, de Barbara Hambly. Aburrida historia, narrada por una muy enferma Mary Morstan, en la que descubrimos que Holmes (tremendamente versado en lo oculto, algo que Watson jamás supo), es buen amigo de Peter Pan, el cual acudirá a solicitar su ayuda para encontrar a un niño desaparecido en las tierras de Nunca Jamás. Bostezos por doquier…

“His Last Arrow”, de Chistopher Sequeira. Un relato horrible, no sólo por lo mal escrito que está (con un uso de la puntuación realmente desastroso), sino también por lo que nos cuenta. Y es que uno ha leído ya muchas explicaciones sobre las capacidades de Holmes, a cual más extravagante, pero la que se plantea en esta historia es tan estúpida que se lleva la palma. Lamentable de principio a fin.

“The Things that Shall Come Upon Them”, de Barbara Roden. Un entretenido relato en el que Holmes y Flaxman Low investigan lo que ocurre en una casa que parece encerrar algún tipo de encantamiento. Aunque ambos utilizan métodos similares, llegarán a conclusiones ciertamente opuestas.

“The Finishing Stroke”, de M. J. Elliot. Una historia más que mediocre y pésimamente dialogada, en la que Holmes investiga unas muertes relacionadas con los cuadros de un joven pintor. El autor se permite el lujo de bautizar al inspector Lestrade como “George”, al tiempo que comete el imperdonable desliz de mencionar al Coronel (sic) Moriarty.

“Sherlock Holmes in the Lost World”, de Martin Powell. Entretenida historia en la que unos Holmes y Watson sesentones acompañan a Lord John Roxton y a la hija del profesor Challenger a la Tierra de Maple White, buscando al desaparecido profesor. Alterna la narración de Watson con fragmentos en tercera persona de un misterioso narrador.

“The Grantchester Grimoire”, de Chico Kidd y Rick Kennett. Holmes y Watson comparten protagonismo con Thomas Carnacki, investigador por el que el gran detective siente un tremendo rechazo en un principio. Ambos unirán esfuerzos para desentrañar la causa del misterioso coma que afecta a un profesor en cuya casa se producen fantasmagóricas apariciones. Un buen relato.

“The Steamship Friesland”, de Peter Calamai. El espíritu de James Openshaw, fallecido en “La aventura de las cinco semillas de naranja” (uno de los escasos fracasos de Holmes), se comunica con el detective para conseguir vengarse de quienes le mataron, erróneamente dados por muertos al final de la mencionada aventura. Aburrido.

“The Entwined”, de J. R. Campbell. Lamentable relato en el que Holmes y Watson se ven envueltos en la lucha entre criaturas de otro planeta que poseen cuerpos humanos. De lo peor de la antología.

“Merrydew of Abominable Memory”, de Chris Roberson. Un anciano Watson, recluido en un sanatorio debido a un principio de demencia senil, le narra a su médico una entretenida historia sobre robos y terribles asesinatos. Muy buena historia.

“Red Sunset”, de Bob Madison. Un detective privado norteamericano (que podría ser Philip Marlowe) acude en busca de ayuda a un centenario caballero británico (que podría ser Sherlock Holmes) interno en un asilo de Los Ángeles para acabar enfrentándose a cierto noble rumano (que podría ser Drácula) en esta excelente historia en la que no se menciona nombre alguno.

“The Red Planet League”, de Kim Newman. La guinda del pastel, la mejor historia de la antología, resulta no ser una aventura de Sherlock Holmes… pero, ¿qué más da, si está tan bien escrita por ese genio que es Kim Newman? En este excelente relato (narrado en parte por el coronel Sebastian Moran, y en parte reproducción del diario de uno de los protagonistas), el profesor Moriarty perpretará un elaborado plan para vengarse de un astrónomo que se atrevió a refutar su famoso libro La dinámica de un asteroide. Una delicia que por sí sola justifica la compra del libro.

En definitiva, se trata de una antología irregular en exceso, de las peores que he leído a pesar de contar con cuatro o cinco buenas historias. Pero la calidad de esos pocos relatos es lo bastante grande como para que no lamente haberla comprado.

José Rafael Martínez Pina

05
Feb
10

Trailer del “Sherlock Holmes” de la Asylum

Ya os hablamos con anterioridad del Sherlock Holmes de la Asylum, dirigido por Rachel Goldenberg, y con guión de Paul Bales, con Ben Syder como el genio de Baker Street, Gareth David-Lloyd como el doctor Watson, William Huw como Lestrade y Dominic Keating como el malo, Spring-Healed Jack. Bueno, pues ahora os ofrecemos (amén de un póster más visible) el trailer de la peli, para que os vayáis relamiendo…

http://www.youtube.com/watch?v=BaHvM9KVpcw

03
Feb
10

Rosas, diablos y sonrisas / La sonrisa de Eros

Autor: Joan Perucho

Pie de imprenta: Madrid : Espasa-Calpe, 1990

Colección: Austral ; nº 137.

Fechas de publicación original: 1965 – 1968

En términos futbolísticos, Juan Perucho sería ese tipo de jugador que se recrea en la estética de la jugada sin mayor razón o mejor que por el placer de realizarla. Seía uno de esos (pocos)maestros de un infinito repertorio de jugadas, tan insólitas como inaccesibles para otros jugadores. En fin, sería esa una categoría de jugador que un repipi argentino bautizó – y, todo sea dicho, por una vez con acierto – “de dibujos animados” o, como otro cargante comentarista define más sintéticamente: un jugón.

La inveterada tendencia de la crítica de estos pagos de desdeñar como inferior todo obra que utilice la imaginación ha sido, tal vez, la causa y razón por la que Perucho haya sido un escritor tan exquisito como secreto, tan elegante como desconocido, tan original como tradicional. Autor de una literatura brillante que convierte el artificio en arte y estilo mediante la reelaboración de materiales a veces cultistas, a veces banales y siempre apropiados para enhebrarlos en una suerte de Gran Glosa de la cultura occidental. Una glosa sofisticada, irónica, honrada (voluntariamente), esteticista y veteada por un casi imperceptible lirismo, siempre en busca de, en palabras de Carlos Pujol, “la verdad fantástica”.

Un puñado de fragmentos de su obra se puede encontrar en libros como el tomo publicado en 1990 por la Espasa Calpe en la enésima reencarnación de su venerable y (ojalá) eterna Colección Austral que reedita conjuntamente Rosas, diablos y sonrisas (1965) y La sonrisa de Eros (1968) acompañados por un atinado estudio de Fernando Valls y una exhaustiva bibliografía a cargo de Lourdes Güell.    

Rosas … se divide en dos partes: “Historias apócrifas” y “Rosas y sonrisas”. En la primera de las mismas, partiendo de hechos o anécdotas históricas, el autor se sirve de ellas como trampolín para crear una prosa estilizada y sobria que imposta un tono docente y culto (para entendernos, a la manera de Borges o Marcel Schwob),  narraciones de deliciosa historiografía: el origen galaico de Hamlet, los viajes no acreditados de Rocambole, los turbios orígenes de Risorgimiento,  un relato inédito de Lovecraft (autor por quien Perucho sentía especial predilección), una (bellísima) fábula de sirenas y comadrejas y, claro, Sherlock Holmes.

El detective aparece en una estampa en la que, bajo la apariencia de una reseña profesoral cuajada de fino humor, Perucho da noticia de Murder and fashion (un caso extraviado del Canon), en el que S.H. y Mortimer (por Moriarty) recorren el mundo, con pasión a la caza y captura de una liga de valor histórico y proveniencia aristocrática que es diseccionada y analizada con irónico apasionamiento y erudita erotomanía.

Una delicia, vamos.

Como lo es el ramillete de Rosas y sonrisas cuajado de bienhumoradas apostillas sobre, entre otros temas variopintos, el sitar de los Beatles y el kyrie eleison (en serio), inverosímiles usos gastronómicos, monasterios recónditos y su relación con la música sacra ….

Quizá sea la Sonrisa de Eros un conjunto de joviales y comprensivos comentarios de un hombre maduro sobre las distintas formas que el (ingenuo) erotismo pop adoptaba en los años 60 (en comics, en la cocina, en Bond…) donde se note más el paso del tiempo, no tanto porque la cuidadísima prosa haya perdido brillo, o sensatez las reflexiones, sino porque las modas de entonces han sido (literalmente) arrasadas por modas posteriores que las han dejado calcinadas en la memoria popular, convirtiendo al libro en un más que curioso tratado de arqueología. 

Sea como fuere, los dos libros comentados son un, créanme, festín para paladares literarios exquisitos y golosos. En serio.

Luis de Luis Otero 

01
Feb
10

Cine del Oeste – De la A a la Z

En unas breves semanas estará a la venta en toda España el libro Cine del Oeste – De la A a la Z, escrito por el que suscribe, esto es, Carlos Díaz Maroto. 496 páginas en formato 23 x 16,5 cm, donde se glosa de forma enciclopédica una gran cantidad de películas del Oeste de toda índole: desde el cine mudo hasta las más recientes muestras, los clásicos de oro de directores como John Ford, Howard Hawks o Anthony Mann, pasando por la serie B, C ó Z, versiones eróticas o porno, hasta el spaghetti-western, algunas muestras que ha aportado el cine español, u otras cinematografías como la alemana, la autraliana o la rusa.

Análisis, información y curiosidades, todo ello profusamente ilustrado, publicado por Ediciones Jaguar.

01
Feb
10

Sherlock Holmes II en pre-producción

En junio de 2010 comenzára el rodaje de la segunda entrega de la saga Sherlock Holmes que dirige Guy Ritchie y protagonizan Robert Downey Jr. y Jude Law, con vistas a estrenarse en el 2011. Para ello, Downey Jr. abandona el proyecto anunciado de Cowboys & Aliens, a dirigir por John Favreau (quien ya lo dirigió en Iron Man) y basado en un cómic, y al que sustituye Daniel Craig, esto es, James Bond reemplaza a Holmes. Eso sí, si con la primera entrega no cesaron los rumores de la aparición de Brad Pitt como Moriarty, de nuevo están empezando a surgir los mismos de cara a esta secuela. El guión, según parece, estará escrito por  Kieran y Michele Mulroney.

29
Ene
10

Sherlock Holmes en Barcelona

Los próximos días 29, 30 y 31 de enero, nuestros amigos del Círculo Holmes celebrarán un fin de semana holmesiano en el Centro Parroquial d’Horta Els Lluisos. El evento ofrecerá exposiciones, teatro, concursos, cine-fórums y otros actos más. Mi enhorabuena a los aficionados de la Ciudad Condal, y que lo disfruten. Aquí tenéis el link a la página donde se comenta todo: http://www.lluisoshorta.cat/noticies.php?ID_not=52

Fuente: Círculo Holmes

28
Ene
10

Joyas Literaria Juveniles con “El País”

Hace unos meses se comenzó a publicar vía quioscos tomos recopilatorios con las míticas “Joyas Literaria Juveniles” de Bruguera, hecho del que nos hicimos eco en este sitio, y que incluía tres cuadernillos por volumen. Pues bien, ahora, el periódico El País pone a la venta al precio de 80 céntimos 15 ediciones facsímiles de los cuadernillos. La primera entrega, gratuita, aparecerá este próximo domingo, y será La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson, y la quinta entrega será El perro de los Baskerville, de Conan Doyle, con guión de Pascual Fernández e ilustraciones de José Casanovas, y aparecido originalmente en 1970.

Fuente: Círculo Holmes

27
Ene
10

The Scroll of the Dead

Autor: David Stuart Davies

Pie de imprenta: New York: Titan Books, 2009.

Colección: The Further Adventures of Sherlock Holmes; s/n.

Fecha de publicación original: 1998

La última vez que leí un pastiche holmesiano escrito por David Stuart Davies (The Veiled Detective) acabé con muy mal sabor de boca. Por esa razón, al enfrentarme a la lectura de The Scroll of the Dead no las tenía todas conmigo. Afortunadamente, en este caso Davies se ha dejado de experimentos disparatados y ha producido una novela que, sin ser especialmente memorable, es fiel al estilo de Doyle y ofrece un rato agradable al lector que disfrute con escritos apócrifos fieles al Canon.

En esta ocasión, Holmes se ve envuelto en la búsqueda de una variante del famoso Libro de los Muertos egipcio. Quien quiera profundizar en la naturaleza de dicho “libro” (escrito en realidad en rollos de papiro), puede hacerlo en este interesante artículo: http://www.institutoestudiosantiguoegipto.com/libro_de_los_muertos.htm

Para quien no sienta demasiada curiosidad al respecto, baste decir que se trata de una serie de hechizos e invocaciones que se suelen encontrar en algunas tumbas egipcias, y que permitía al difunto enfrentarse con éxito al tránsito hacia la otra vida.

No obstante, el rollo de papiro cuya búsqueda emprenderán Holmes y Watson es una variante del tradicional, escrita por un tal Setaph, la cual se cree que permite a quien lleve a cabo los rituales en ella descritos obtener la vida eterna. Un desagradable personaje, especie de mezcla entre Oscar Wilde y Dorian Gray (al fin y al cabo, ¿cuánto de sí mismo puso el autor en su obra?), obsesionado con vencer a la muerte, será el adversario al que el Detective y el Buen Doctor se enfrentarán.

Poco más puedo decir sin desvelar elementos fundamentales de la trama. Baste decir que la novela se lee en un suspiro, que los personajes que tanto amamos son tratados con respeto y fidelidad a los Sagrados Escritos, y que la historia resulta interesante de principio a fin. Davies ha demostrado en muchas ocasiones que conoce perfectamente la obra de Doyle, y que es perfectamente capaz de escribir respetando el estilo de Sir Arthur y el espíritu de sus creaciones. Todavía no le he perdonado lo que hizo en The Veiled Detective, pero con esta nueva obra ha conseguido que me lo empiece a plantear.

José Rafael Martínez Pina

26
Ene
10

El asesinato de Lord Waterbrook

Ese es el título, traducido, de un corto de animación ruso, que ya colgamos aquí tiempo atrás con subtítulos en inglés. Se trata, obvio es, de una historia con Sherlock Holmes y el doctor Watson de protagonistas investigando un asesinato. Pues bien, Ricardo González se ha puesto a traducir los diálogos (imagino que del inglés) y ha preparado los subtítulos al castellano, y en co-producción con nuestra web amiga Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs ha sido lanzado en youtube para solaz de todos los aficionados.

Aquí os ponemos un link al Cuaderno…, donde se hace eco del hecho, y comenta algunas cosillas más. También incluye los links del propio corto. Que lo disfrutéis, y agradecimientos al amigo Alberto López Aroca, que me ha puesto al tanto del hecho.

http://sherlockholmes.lacoctelera.net/post/2010/01/25/sherlock-holmes-y-doctor-watson-en-asesinato-lord

25
Ene
10

La vida privada de Sherlock Holmes (y 4)

7. Fantasía sobre un personaje de Conan Doyle

Como ya se ha comentado, La vida privada de Sherlock Holmes fue la película más ambiciosa de Billy Wilder en todos los aspectos. Utilizando un personaje mundialmente conocido, pretendía hacer una elegante comedia de más de tres horas de duración, ambientada en la Inglaterra victoriana. Como en la inmensa mayoría de los casos, el guionista y director dependía tanto de su talento como del que los que le rodean para asegurarse de que la película fuera perfecta en todos los sentidos. Y lo es, o casi.

El diseñador de producción, Alexandre Trauner, era un fiel colaborador de Wilder, con quien había trabajado ya seis veces, incluyendo El apartamento, que le valió su primer Oscar. La recreación de la época en los decorados es absolutamente brillante. Tomando como inspiración algunas partes de Doctor Zhivago, Trauner crea no decorados, sino casas, absolutamente vivas y reales. Su falsa Baker Street es probablemente la más espectacular que se ha visto en una adaptación de Sherlock Holmes. Su inmensidad y perfección dan libertad a Wilder para enfocarla tal y como debe ser y mostrárnosla como un elemento realista y creíble de ese mundo, como también sucede con los decorados del 221B de Baker Street y el Club Diógenes.

Los decorados son fotografiados por Christopher Challis, en el que probablemente sea uno de sus mejores trabajos, complejo y elaborado, y que alcanza su perfección cuando la historia nos lleva a los parajes escoceses, igual de espectaculares en directo (el recorrido por los castillos) que en decorado (el campamento nocturno), y plagados de sus siempre bellísimos contrastes.
Pero sin duda uno de los elementos memorables y cuya contribución es esencial para la película es la partitura musical del siempre excelente Miklós Rózsa. La adaptación del concierto para violín no sólo es apropiada por la clara vinculación de Sherlock Holmes con este instrumento, sino que resulta enormemente bella, enérgica y hasta melancólica. Y es que cuando hoy día se procura sumergir cada fotograma en música, la banda sonora de La vida privada… se dosifica cuidadosamente en momentos clave, lo que la hace mucho más efectiva y, a la postre, memorable.

Todos estos elementos están al servicio de la dirección de Billy Wilder, que sabe sacar el máximo provecho de todo lo que le rodea. No sólo a los decorados, por los que se mueve con envidiable maestría, sino también a sus actores. Y es que, si bien éstos fueron presionados hasta lo inhumano, su trabajo resulta excelente. Robert Stephens, Colin Blakely, Geneviève Page, Christopher Lee, Clive Revill… recitan literalmente los diálogos de Wilder y Diamond. Y si bien esta ausencia de improvisación puede lastrar una película, como bien demostró George Lucas en sus recientes episodios galácticos, la perfección de los diálogos y el talento de los actores termina siendo una combinación perfecta. La ironía, superioridad y el pequeño amaneramiento de Robert Stephens crean un Sherlock Holmes algo soberbio, pero elegante. La corrección y el sentido del humor de Colin Blakely son perfectas para el doctor Watson y, si bien el actor no está a la altura de Peter Sellers (originalmente tentado para el papel), su voluntad de secundario le hacen ser un complemento perfecto a ese Holmes y da un toque especial a los momentos en que la historia se vuelve más personal. En papeles secundarios, no por ello menos importantes, encontramos a un hilarante Clive Revill, que repetiría un papel parecido en la reivindicable ¿Qué sucedió entre tu madre y mi padre? (Avanti!, 1972), y a un siempre perfecto Christopher Lee, aquí ejerciendo muy eficientemente de contraposición al personaje de Stephens.

Los actores se sitúan estratégicamente en los maravillosos mundos de Trauner, para ser encuadrados por Wilder, quien no sólo sabe qué es una cámara, sino cómo funciona y dónde debe ir. Como en todas sus películas anteriores, el director sabe componer un plano y rodar una escena como debe ser y lo hace dejando descansar el ritmo de las escenas en sus propios actores, que interactúan en directo y no ayudados por triquiñuelas de montaje o ahora muy socorridos plano-contraplanos. Y, por supuesto, todos estos elementos están puestos al servicio de un guión que participa de toda la ambición, complejidad y elegancia de la película.

Aprovechando el uso que hizo Billy Wilder del término “sinfonía en cuatro movimientos” para definir La vida privada de Sherlock Holmes, podríamos seguir hablando en términos musicales y aplicar otro igualmente apropiado. Y es que esta obra bien puede ser una fantasía de Wilder sobre un personaje de Conan Doyle.

Obviamente, esto implicaría que, como adaptación, La vida privada… no es la película más perfecta, ya que el guión de Wilder y Diamond presenta unos personajes algo diferentes a los protagonistas de las novelas de Conan Doyle. Pero no lo hace con afán de tornarlos más comerciales o familiares, como sí sucede en otras adaptaciones. No, esta modificación es fruto de su gran personalidad y la valentía de arrastrar a esos personajes a su universo personal y retratarlos a través de su particular prisma. No es una adaptación, es un curioso complemento a los relatos y novelas de Sherlock Holmes.


El guión toma los elementos que más fascinaron a Wilder del universo holmesiano, profundiza en ellos, los junta a otros de propia creación y los entrelaza magistralmente para dejarlos bien atados y salteados con un encomiable sentido del humor e ironía en gran parte de sus diálogos.
Así, aunque los detalles pueden ser nuevos, Wilder salpica la película de la ideología que subyacía a los relatos de Conan Doyle, aunque en ocasiones la hace más evidente que el autor inglés. Al igual que él, el director no pretende encarar su única adaptación del detective presentando un caso que sacuda los cimientos de su universo, como en Asesinato por decreto, o que inicie una saga de estrafalarias aventuras, como pretendía El secreto de la pirámide. No, Wilder, en su montaje original de cuatro movimientos, adopta el estilo de Conan Doyle y nos presenta cuatro narraciones diferentes. Y, al igual que hizo el escritor a lo largo de los cincuenta y seis relatos, los saltea con diferentes detalles de la personalidad de Sherlock Holmes, que, y esto es un aporte de la película, son unidos y cerrados con su magnífica escena final.

El gusto de Wilder por algo más que los simples whodonit o el razonamiento deductivo es claramente evidente al comprobar que absolutamente todos los casos presentados, si bien comienzan disfrazados de misteriosos encargos, terminan yendo por derroteros más peculiares o cómicos. La inclusión de la aventura del detective atontado, si bien transita por caminos más típicos que los otros, se enmarca en un tema que el propio Conan Doyle exploró en “Un escándalo en Bohemia”: el Holmes engañado que pierde el caso. Wilder utiliza este engaño para enlazar con la supuesta misoginia del personaje principal y presentar una historia que huye del tópico. A diferencia de otras adaptaciones, la introducción de un personaje femenino no es excusa para llevarnos a una obvia historia de amor, que en este caso traicionaría enormemente la naturaleza holmesiana. Wilder profundiza, dentro de sus límites, en la relación de Holmes con las mujeres y, si bien en momentos cae en la obviedad (los recuerdos en el tren), huye absolutamente de lo evidente y sitúa una historia romántica en un segundo plano, expresada con miradas, pequeños e ingeniosos diálogos (“No soy un gran admirador del genero femenino”, “Yo tampoco”) y momentos cómicos (la merienda en el campo). Un amor que, si bien en momentos puede confundirse con el respeto (especialmente en su revelación final), termina revelando su naturaleza mediante la mirada final de Robert Stephens en Escocia y su última acción en la película.

Pero no sólo de amoríos trata La vida privada de Sherlock Holmes, ni muchísimo menos. Pues, en última instancia, la película se apoya en la relación entre Sherlock Holmes y John Watson, que si resultan aquí algo típicos en ciertas ocasiones, lo son no por acomodación de Wilder a otras adaptaciones fílmicas, tanto como por estar dotados de su toque personal, que los hace más cómicos y, al mismo tiempo, más profundos. Detrás de la relación cómica se esconde una fuerte amistad que se revela con madurez, dentro de este mundo de lo cómico y en ocasiones dramático; muy especialmente en la versión de 200 minutos.

Así, la película comienza con la cómica escena del tren, con la que Wilder nos previene de que no estamos ante el Holmes de Conan Doyle o el Holmes cinematográfico, estamos ante su Holmes, tan cínico como cómico y, sobre todo, elegante.


Esta escena da paso a la primera historia, que nos introduce en la película con la mencionada amistad entre Holmes y Watson en su mayor exponente. El caso termina siendo, tras su atípica resolución, una simple excusa argumental, si bien no tan exageradamente anecdótica como la de los recién casados desnudos, para mostrarnos que, debajo de toda esta comedia, tenemos a dos amigos con su relación de mutuo cariño y respeto, capaces de hacer cualquier cosa por ayudarse. Watson prepara la escena para evitar que Holmes se amodorre y Holmes recurre a una surrealista maniobra para evitar que Watson le deje. Y, si bien en su naturaleza, el diálogo del reencuentro puede antojarse algo tópico y facilón, la perfección de la escritura de Wilder y Diamond, siempre brillantes en diálogos ingeniosos y veloces, y la cómica y a la vez emotiva actuación (en este caso, entonación, pues su voz es lo único que se ha salvado) de Stephens y Blakely, hace que todo eso no importe absolutamente nada. Así, es una lástima que esta historia se haya perdido, pues nos da el que probablemente sea el segundo momento más personal entre Watson y Holmes (por detrás de la escena final de la película) que termina con ambos riendo al unísono.

La segunda historia, aquella que acontece en el camarote de los recién casados, podría parecer la más prescindible en cuanto a su contribución al conjunto, pues el caso es aquí una simple excusa para mostrarnos breves momentos personales entre los dos (ese final, retirándose por el pasillo), pero, muy especialmente, para permitir que Colin Blakely tome brevemente protagonismo y proporcione veinte minutos de pura comedia.


Si bien la primera historia nos mostraba la relación entre ellos dos desde la perspectiva de Watson, que hace lo posible por evitar que Holmes se encierre en su universo personal, esta hace lo propio desde la perspectiva del detective. Dejamos de lado el universo de las drogas, para llegar a una cómica perversión del razonamiento deductivo. Es decir, dejamos la visión de Watson de una vida de relación difícil, para adoptar la de Holmes, de una vida esencialmente basada en el razonamiento deductivo. Y, como en la primera historia, participamos de la crispación de Watson por la soberbia de su compañero, aquí Wilder nos considera lo suficientemente sagaces como para descubrir el error de Watson en la cubierta y la cabina (que, si bien se indica, no se evidencia torpemente, lo cual es todo un acierto) y poder participar del divertido espectáculo del que disfruta Holmes. Y si bien su epílogo resulta menos rocambolesco (recordemos que Holmes disparaba a la pared en el episodio anterior), termina siendo igual de emotivo, con Holmes y Watson asumiendo cada uno su puesto y retirándose a una nueva aventura.

La tercera aventura, en torno a la bailarina rusa, aporta una nueva visión de la relación entre estos dos hombres. Ya no es desde el prisma holmesiano o watsoniano (me perdonarán ustedes las palabras), sino desde el escandaloso. Wilder recurre a un tema de cotilleo y sensacionalismo siempre vigente. Y es que ya se sabe que, aun a día de hoy, la gente siempre encuentra algo morboso y escandaloso en dudar de la orientación sexual de una persona. Así pues, nuevamente nos introduce en una trama cómica para terminar derivándola hacia esa relación de los dos compañeros, que en este caso debaten un tema que va más allá de su amistad y llega a un sitio mucho más personal y que terminaría evolucionando en Holmes en la historia del detective atontado ya comentada.


Estas cuatro historias son finalmente rematadas con la escena final. Billy Wilder huye del humor (la visita de Clive Revill) o del guiño (Lestrade y Jack el Destripador), para enfatizar que La vida privada de Sherlock Holmes es, ante todo, y como él mismo la definió, “una historia de amor entre dos hombres”. La escena nos muestra la amistad desde la perspectiva de Watson (primera historia) y la de Holmes (segunda historia), en lo que hace referencia a un hecho escandaloso (tercera historia), desencadenado por un acontecimiento de índole muy personal (cuarta historia).

Así, ante la muerte de la señora Valladon, Holmes recurre a la cocaína, parte de ese elemento morboso del personaje, al que Wilder dio, junto a su supuesta homosexualidad, gran importancia. Watson comprende ahora y simpatiza con su compañero, a diferencia de lo que sucedía en la primera historia, y le revela el escondite del maletín médico, que Holmes no había podido encontrar y por el que le felicita, lo que nos retrotrae a la batalla de ingenio de la segunda historia.

Así, Wilder presenta cuatro historias, cada una con sus elementos que aportar, pero sumergidas en el mismo ambiente. Y si el propio director las dividió en farsa, comedia, drama y romance, lo cierto es que, de una forma u otra, esos cuatro elementos no están contenidos en cada movimiento de esta sinfonía, sino que caminan de la mano durante todo el metraje.
Por último, el propio Wilder no puede evitar aparecer en su propia creación. Y es que, como admirador de la obra de Arthur Conan Doyle, se permite el lujo de ser él quien nos introduzca en su particular visión de la misma. Él, eso sí, bajo los rasgos del actor John Williams, quien encarna en la primera escena (eliminada) al director del banco. Y Wilder y Diamond no sólo le convierten en un seguidor del personaje de Conan Doyle, sino que van más allá.

En un momento en que Billy Wilder se veía rodeado de jóvenes directores que se inscribían en innovadoras e iconoclasta corrientes (o no), quizás podía verse como una persona estancada en lo ya visto. Así, Wilder aprovecha esta nostalgia para dotar de la misma al personaje de Havelock-Smith. De esa manera, toda la película desprende este tono, ayudado por la magnífica partitura de Miklós Rózsa y muy enfatizado en su montaje original.


Holmes y Watson llevan ya décadas fallecidos y han sido olvidados por las jóvenes generaciones, en favor de modas (James Bond); no por Wilder, que nos sumerge en la siempre encantadora Inglaterra victoriana, para revivir los pasos de estos dos grandes amigos. Así, Wilder incluso sitúa parte de esta nostalgia en el personaje de Holmes, cuando este muestra su descontento ante la pérdida de estilo de la clase criminal.

Y sería en este fragmento, uno del que no se conserva audio ni sonido, solamente fragmentos de guión y fotografías, el que pudiera haber resultado más fallido. A falta de ver posibles modificaciones posteriores de Wilder y Diamond sobre los diálogos y la actuación del siempre espléndido John Williams y un Colin Blakely en un personaje radicalmente distinto, lo cierto es que la escena, tal y como fue originalmente escrita, aunque curiosa e interesante en su propuesta, termina siendo demasiado obvia y por momentos conlleva toda la soberbia de un director del talento de Wilder.

8. “La película me gustaba, pero la estropearon”

La vida privada de Sherlock Holmes, si bien con menor fama, es una de esas películas incompletas, como Metrópolis (Metropolis, 1927), Avaricia (Greed, 1924) y una infinidad más, cuya recuperación casi podemos dar por perdida. Y uno no sabe si ésta, en el presente caso, es tan imposible como se dice o si la irrelevancia popular de la obra hace que nadie esté interesado en ella; pues resulta difícil creer que negativos de la película más cara del director de moda sean destruidos accidentalmente por los estudios MGM. Quizás es que nunca será tan rentable el montaje original de La vida privada de Sherlock Holmes como el extendido de cualquier blockbuster actual.

Así, de las más de tres horas iniciales, sólo podemos disfrutar de dos. Y como hay casos en que una duración excesiva no sólo no cansa, sino que descansa, uno no puede evitar soñar con la experiencia de ver La vida privada de Sherlock Holmes como la película roadshow que inicialmente era. Ese montaje con cuatro historias que nos daba más comedia y más profundidad de la que podemos disfrutar en la versión final. Aun así, la meticulosidad de la recreación, la elegancia de su historia, la dignidad de sus personajes, la dirección enfermizamente calculada… todo contribuye a hacer de la versión final de La vida privada de Sherlock Holmes la cuidada y personalísima “Fantasía sobre un personaje de Arthur Conan Doyle”, esa maravillosa sinfonía de dos movimientos.

“Era la película más elegante que he rodado.”

 

La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes). Dirección: Billy Wilder. Productor: Billy Wilder para Compton Films, The Mirisch Corporation, Phalanx Productions, Sir Nigel Films. Productor asociado: I.A.L. Diamond. Guión: Billy Wilder, I.A.L. Diamond, según los personajes creados por Sir Arthur Conan Doyle. Fotografía: Christopher Challis. Música: Miklós Rózsa. Montaje: Ernest Walter. Intérpretes: Robert Stephens (Sherlock Holmes), Colin Blakely (Dr. Watson), Geneviève Page (Gabrielle Valladon), Christopher Lee (Mycroft Holmes), Tamara Toumanova (Madame Petrova), Clive Revill (Rogozhin), Irene Handl (Mrs. Hudson), Mollie Maureen (reina Victoria), Stanley Holloway, Catherine Lacey, Peter Madden, Michael Balfour, James Copeland, John Garrie, Godfrey James, Robert Cawdron, Alex McCrindle… Nacionalidad y año: Reino Unido 1970. Duración y datos técnicos: 125 min. color 2.35:1.

Fran Abril

Nota: El presente artículo fue publicado originalmente en El chispeante blog del tipo llamado Bob – http://elblogmortal.blogspot.com/ -, y se reproduce aquí con autorización de su autor.